Música ….Maestros

Hay momentos en la vida que una tiene que aceptar las cosas que no puede cambiar y valor para cambiar aquellas que si puede.  Llegado a este momento está todo el pescado vendido , vale más llevar 20 temas bien que 25 colgados, ya tenéis que tener todo encuadernado y por diosss nada del típico anillado que lleva todo el mundo.

Al ver las Progras de tus amigas o sus Planes de Apoyo no empieces a dudar de lo tuyo , no empieces a querer cambiar cosas, a querer meter todas las ideas que aportan tus compañeras por mucha innovación pedagógica que les veas , por muy novedosas que te parezcan, Como dice una gran amiga mía y compañera, si lo que llevas es una mierda es tuya defiéndela como si te fuera la vida en ello, actitud es lo que les falta a muchas de las Programaciones y eso no va escrito en ningún lado , eso… esooo lo trasmites Tú.

A continuación os hago llegar una historia de superación y adaptación que quizás os sirva.

Una anécdota que se menciona en los talleres de superación personal tiene como protagonista a un violinista que en pleno concierto en Nueva York vio cómo se rompía una de las cuatro cuerdas de su violín. En lugar de detenerse, decidió adaptar la melodía a las otras tres cuerdas, algo realmente difícil con este instrumento. Cuando le preguntaron por qué había elegido esa opción, respondió: “Hay momentos en los que la tarea del artista es saber cuánto puede llegar a hacer con lo que le queda”.

Sin duda, la realidad nos pone a prueba y a menudo estamos expuestos a circunstancias indeseadas. La cuerda rota del violinista tiene su equivalente, en la vida cotidiana, en situaciones con mucho menos público, pero más dolorosas. En lugar de lamentar nuestra suerte, podemos preguntarnos qué es lo que nos queda y qué podemos hacer para restablecer el equilibrio en nuestra vida. Para que vuelva a sonar la música, no obstante, es necesario aceptar las cosas como nos ha tocado vivirlas, ya que son un reto y un aprendizaje. Al mismo tiempo, en lugar de buscar culpables, debemos aceptar a los demás y no fijarnos en su cuerda rota, sino en las otras tres que siguen sonando.

Facebooktwitter

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *