La disonancia Cognitiva

En la sociedad actual las cifras del divorcio son cada vez mas altas y en España se encamina hacia el 50% sobre el total de los matrimonios celebrados. Lo que ha llevado a hacer estudios sobre la influencia que puede tener sobre los hijos.

La función de la “familia” va más allá de garantizar la supervivencia y el crecimiento físico del hijo y bien los padres estén juntos o separados deben garantizar el bienestar físico y psicológico de los hijos.

En una separación está claro que sufren todos, padres, hijos, familias. No es agradable la situación, se sufre y muchas veces se empeora esta situación, si uno de los progenitores  tiene una mala aceptación del divorcio y puede generar el convivir con una persona deprimida u hostil y eso muchas veces lo pagan los niños, consciente o inconscientemente… la otra parte no está.

 

Un divorcio conlleva, sobre todo al principio una cierta hostilidad entre los padres. Somos animales heridos y hay veces que no ves más allá de ti, y no ves que afecta a los niños y te vuelves egoísta. Cuantos casos conozco yo, que solo por fastidiar a la otra parte, no deja que el niño vaya de excursión, que no salga en las fotos del colegio  o no paga las extraescolares porque sabe que la otra parte no dispone del dinero suficiente. Cuando esa hostilidad se traslada a los hijos, intentando que tomen partido o que vean a la otra persona como un ser con muchos defectos, se está presionando al niño para que vea a su padre/madre desde un punto de vista equivocado, porque tendrá muchos defectos; pero siempre será su padre/madre.

Porque está es una mala praxis de padres…, pero casi no sé qué es peor, si esta opción, de fastidiar al otro o la de malcriar al niño, haciendo promesas, y creando falsas esperanzas de juegos y días maravillosos al sol.

Lo ideal claro está, es que todos seamos felices y comamos perdices, y estemos juntos para siempre y en la misma casa y que no nos falte de nada.

Pero vamos a poner los pies en la tierra. Y vamos a pensar en lo mejor para los niños, y desde la experiencia de madre, profesora y amiga, es que entre los padres haya entendimiento y una educación basada en la colaboración. Los padres que adoptan un estilo cooperativo, se caracterizan por hablar frecuentemente entre ellos acerca de los asuntos que conciernen a los hijos, procurando no interferirse mutuamente y acordando entre ambos las funciones a desempeñar dentro de cada hogar respecto a los mismos. Se ponen de acuerdo para que  las normas sean las mismas en las dos casas, las consecuencias también haya una continuidad en la educación…ahora si ya dentro del matrimonio no la había, apaga y vámonos.

Hay varios estudios que hablan de si custodia compartida, si con la madre, que si mejor con el padre. Cada caso es único y debe valorarse de forma particular, hay padres que dan todo por sus hijos, hay madres despreocupadas y hay padres implicados. Pero si es verdad que todos los estudios acaban coincidiendo que la figura materna tiene un gran peso. Las madres tenemos una capacidad protectora, empatizamos mejor y  muchas veces somos las que creamos la base de la buena educación.

Yo cada vez voy leyendo más, investigando sobre este tema, quizás porque cada vez lo veo más en mi entorno y no vale ser ciegos, no se vale decir, que tu hijo no tiene ansiedad, que no tiene pesadillas, que no se muerde las uñas, no por negarlo va a dejar de suceder. Se realista joder… que ya sé que no quieres oírlo, pero hazme caso, se dé que hablo. Tu hijo sufre por tus manipulaciones, por tus comentarios, y eso algún día se volverá en tu contra,( eso si ya no lo hizo) y te hará sufrir y te hará muy difícil la convivencia, pero hoy no lo ves, o no quieres verlo.¡¡ Abre los ojos!!

Como siempre hay que señalar que las reacciones emocionales que se dan en los hijos no están predeterminadas. Dependen de un número importante de factores, el tipo de familia, situación económica, apego a los progenitores, si hay hermanos…Quizás las características que más se ven a primera vista son:

Una pérdida de auto concepto y autoestima. Muchas veces ellos se creen los culpables de la ruptura .Ellos quieren ayudar y no saben cómo. Si a esto le sumas las constantes idas y venidas y comentarios inapropiados hacia la otra parte. Hacemos incluso que nuestro hijo pueda tener ansiedad, miedo depresión. Consecuencia directo de ello por tanto dificultades de socialización, de conducta y como uno un menor rendimiento escolar.

Para poder ayudaros os digo por edades algunos de los ítems que suelen aparecer

De tres a cinco años:

  • Se creen culpables por no haber hecho la tarea o no haber comido. Su pensamiento mágico les lleva a tomar responsabilidades tremendamente imaginarias.
  • Temen quedarse solos y abandonados. Hay que recordar que en estas edades los padres constituyen el universo entero de los niños y que la relación en la pareja es el medio en el que ellos están cuidados y mantenidos.
  • Creen que es una situación transitoria y en una temporada se acaba, porque no acaban de entender porque tanto cambio de casa.

La edad más difícil es la de 6 a 12 años.

  • Se dan cuenta de que tienen un problema y que duele y no saben como reaccionar ante ese dolor. Les da miedo  posicionarse con mama o papa por las posibles consecuencias con la otra parte.
  • Creen que los padres pueden volver a juntarse y presionan o realizan actos que no llevan más que a un sentimiento de fracaso o a problemas adicionales en la pareja.
  • Sienten ansiedad porque ya no controlan cosas que antes si. Y les descoloca la nueva situación porque ahora las normas y rutinas que conocen están cambiando

Los adolescentes experimentan:

  • Miedo, soledad, depresión, y culpabilidad.
  • Dudan de su habilidad para casarse o para mantener su relación.

 

Si es verdad que el divorcio no puede considerarse como una causa de problemas psicológicos, sino como un factor que hace a la persona más vulnerable (Vangyseghem y Appelboom, 2004)

Lo que por desgracia no cambia, y da igual si tu hijo tiene tres o nieve o quince años es la temida manipulación emocional. El que manipula emocionalmente, lo tiene todo planificado, tiene un mapa de actuación perfectamente definido en su cabeza y sabe cómo hacer daño y cómo controlar, porque conoce perfectamente a su víctima, y si es una pena llamar victima a un niño de tres años, pero así es de dura la vida.

El manipulador es consciente de las debilidades de “su victima/presa” y sabe cómo desmontar sus defensas para salirse con la suya. Salirse con la suya puede implicar que él sea la víctima y el otro el culpable, son muy agiles y te hacen ser culpables. Se salen con la suya también cuando consiguen generar determinadas emociones en el otro en función de lo que les interese, que se sientan culpables, hacer culpable al otro progenitor

 

En psicología esto se llama “disonancia cognitiva“. La disonancia cognitiva hace referencia al conflicto interno que tenemos cuando en nuestra mente se albergan dos pensamientos que no parecen congruentes entre sí. Y podemos incluso llevarnos al auto engaño y el manipulador es muy listo y traslada la culpabilidad a la otra persona. Y esto si hay que tratarlo. Nuestros hijos no son títeres de feria, son niños, son personas, son nuestros seres más queridos. No juguemos con ellos, con sus sentimientos y por favor no los manipules

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