5 Dinámicas para trabajar las emociones en el aula

 

En nuestro último artículo te contábamos por qué era importante trabajar las emociones en el aula y cuáles eran sus beneficios. Te prometimos ejercicios para trabajarlas en clase, y … ¡aquí estamos!

Hoy nosotros te traemos algunas dinámicas para poder trabajar las emociones en el aula.

1. El semáforo
Objetivo: Comprender cómo reaccionar en momentos de enojo.
Material: Cartulinas de color rojo, amarillo y verde.
Ejercicio: Sentamos a toda la clase en círculo y le damos a cada alumno una cartulina roja, una amarilla y una verde. Vamos a describir situaciones conflictivas que puedan provocarles enfado, como por ejemplo, que quieran algo y no se lo compren, que quieran jugar con un juguete con el que quiere jugar otro niño, etc. Después de exponer la situaciones, pediremos a un niño que responda a la situación. El resto de los alumnos deberá valorar su reacción levantando la cartulina verde si creen que ha parado a pensar y actúa de forma comprensiva, la amarilla si su reacción muestra signos de enojo pero no es desmesurada y roja si no hay un razonamiento y es una reacción desmesurada. Después valoraremos la respuesta y explicaremos cómo se podría reaccionar en estas circunstancias.
Una forma alternativa de realizar la actividad, es exponiendo directamente la situación y la reacción y valorándola. Hay un montón de maneras de trabajar el semáforo ¿Cómo lo trabajarías tu?

2. Ponerse en el lugar del otro
Objetivo: aprender a tratar a los demás, crear confianza.
Material: papel y lápiz
Desarrollo de la actividad: Recortamos cuadraditos de papel y damos un papel y un lápiz a cada alumno.
Cada alumno escoge a otro de forma secreta (en su pensamiento) y escribe en el papel lo que esa persona que ha elegido debe hacer y firmar el papel con su nombre. Por ejemplo: Yo Paula, quiero que Alejandro haga el pino.
Después de que cada alumno haya escrito su deseo, deberá doblar el papel y entregárselo al profesor. Este coje todos los papeles y exploica que el juego consiste en “no hacer a los demás lo que no quieres que hagan contigo”.
A partir de aquí, el profesor irá leyendo cada papel y el alumno deberá hacer lo que ha escrito en su propio papel. Todos deben participar.
Es una forma fantástica de aprender a tratar a los demás como quieres que te traten a ti y a respetar a todos y cada uno de los compañeros.

 

3. Confianza: “ El Lazarillo”
Objetivos: conseguir una confianza suficiente para que se pueda dar la colaboración.
Material: pañuelos o venas para tapar los ojos.
Desarrollo: La mitad del grupo tiene los ojos tapados. Están agrupados de dos en dos (un ciego y un guía). Los guías eligen a los ciegos, sin que éstos sepan quien los guía. Durante diez minutos, los lazarillos conducen a los ciegos, después hacemos un cambio de papeles (se escoge pareja de nuevo, ahora escogen los que antes habían estado ciegos).
Una vez terminada la segunda tanda, se hace un coloquio en grupo para compartir la experiencia: ¿Cómo se han sentido al hacer el papel de ciegos? ¿Se han sentido acompañados y seguros? ¿Qué es necesario tener en cuenta para que los demás se sientan comprendidos y acompañados?

 

4. La caja de las emociones
Esta actividad está pensada para ser llevada a largo plazo, por ejemplo, durante todo el curso escolar. Antes de implementar la caja de las emociones en clase, sería aconsejable trabajar las emociones y las características de estas con los alumnos. Se puede adaptar en función del grupo de alumnos y sus necesidades.
Objetivos:Conseguir que los alumnos y alumnas adquieran conocimiento de las distintas emociones y aprendan a comunicarse emocionalmente.
Materiales: Caja de cartón o plástico, papeles o cartulinas y rotuladores.
Desarrollo: Con todo el grupo de alumnos escribimos en la caja el nombre de las distintas emociones y un dibujo representativo de cada una (¡los emoticonos pueden ser muy útiles!). Colocaremos la caja en un lugar visible de la clase y accesible a todos los alumnos. La finalidad de la caja es que sea como un buzón dónde los alumnos puedan expresar, por escrito, sus emociones y sentimientos. La idea es que cada alumno pueda describir una situación concreta y la emoción que le ha provocado, sea positiva o negativa. No se puede obligar a ningún alumno a participar, pero como lo mejor es predicar con el ejemplo, puedes empezar tú poniendo algún mensaje en la caja.
Una vez al día o a la semana, se pueden leer las notas introducidas en la caja y empezar una charla a nivel grupal sobre las situaciones y emociones expresadas.

A partir de esta actividad podemos profundizar en el conocimiento de las distintas emociones y a la vez, desarrollar un trabajo preventivo respecto a posibles conflictos que surjan en clase.

 

5. El tarro de las buenas noticias:
Objetivo: Potenciar el optimismo y los pensamientos positivos de los niños.
Materiales: Un tarro, papel y lápices.
Desarrollo: Esta actividad es muy simple y está pensada para ser llevada a cabo a largo plazo, durante un trimestre o durante todo el curso escolar.
Cada vez que ocurra una buena noticia en el contexto de la clase (por ejemplo, un cumpleaños, el nacimiento de un hermano o hermana, un logro personal de algún niño, etc.) , los alumnos deben escribirlo o representarlo con algún dibujo y ponerlo dentro del tarro. El contenido del tarro puede ser revisado de forma semanal o mensual y ser hablado y festejado por toda la clase. Se puede hacer un mural e ir poniendo todas las buenas noticias que van sucediendo durante el curso, por ejemplo.

 

 

Estas son algunas de las dinámicas que se pueden llevar a cabo para trabajar las emociones, pero como ya te comentamos, existen mil formas de hacerlos. Busca aquellas actividades que puedan motivar más a tus alumnos y ponlas en práctica. Es muy positivo comentar a nivel grupal las sensaciones y emociones experimentadas con la actividad y qué han aprendido acerca de ellas.

 

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