Toca poner a prueba a tu cerebro y dejar a un lado la negatividad

Por mucho que te aconsejen y te aconsejemos que debes ser positiva y creer en ti, es posible que sigas un poco estancada en la negatividad. A las puertas del examen, atacada de nervios, estresada, preocupada y (inserta cualquier sentimiento negativo).Vamos a intentar darle la vuelta para afrontar la recta final con ánimo y fuerza.

 

 

A pesar de que tengamos una tendencia a la negatividad, esto no tiene por qué ser permanente. Todo está en nuestro cerebro y este enfoque pesimista, puede cambiar.

 

Como ya te hemos mencionado otras veces, una de las funciones más críticas de nuestro cerebro es la de mantenernos seguros. La amígdala, que es responsable de nuestras reacciones de lucha o huida, está constantemente buscando amenazas para que nos indique cómo responder y mantenernos seguros.
De acuerdo con este importante objetivo de supervivencia, nuestra amígdala tiende a estar pendiente de las malas noticias. Y así nuestros cerebros están preparados para la negatividad. Una vez que nuestros cerebros siguen las vías neuronales negativas y siguen regresando a ellas, las conexiones se vuelven más fuertes y son éstas las que se activan ante cualquier suceso.

 

PERO… Oh, la la! Existe lo que se llama neuroplasticidad, por lo que nuestros increíbles cerebros siempre pueden crear nuevas conexiones neuronales, incluidas las conectadas para la positividad.

Una vez que empezamos a enfocar nuestros pensamientos y nuestra atención a nuestro potencial y a las posibilidades maravillosas que tenemos ante nosotros, preparamos al cerebro para que busque lo positivo.

 

Cualquiera que sean los pensamientos que tengamos, cualquier cosa que escojamos para enfocar y prestar atención, es lo que el cerebro comienza a buscar en el mundo. Esto es lo que los neurocientíficos llaman el “sesgo de confirmación” del cerebro. En otras palabras, al cerebro le gusta tener razón y tiende a buscar información que coincida con lo que ya está pensando.

 

Por lo tanto, si crees que todo es complicado y solo surgen problemas, cada pequeña cosa te parecerá un nuevo handicap. Si vas creyendo que no estás preparada para opositar y el exámen te irá mal, sufrirás hasta el día que te den los resultados y este último mes se te hará una montaña.

En cambio cuando te orientas a la parte positiva y te sientes agradecida por lo que tienes, no solo te sentirás más tranquila y feliz, sinó que todo lo que hagas, lo harás con mucha más energía y fuerza., creyendo que lo conseguirás.

 

Y el poder de cambiar los pensamientos, lo tienes tú.

 

Imagina que un día vas a comprarte ropa y te dejas el móvil en el probador. Cuando estás en caja pagando, un dependiente se te acerca con el móvil en la mano y te pregunta si es tuyo.

Puedes maldecirte por ser tan despistada y pasarte el resto del día tirándote puñales. O puedes sentirte súper afortunada que el chico lo haya encontrado y haya tenido la amabilidad de venir corriendo hacia ti para devolvértelo.

Parece un ejemplo muy tonto, pero en la reacción negativa, no solo te estás amargando sino que te estás juzgando y poniendo un montón de etiquetas que te quitan energía, debilitan tu autoestima y que a la larga son muy destructivos.

En la segunda reacción, te focalizas en que hay gente atenta y amable. Esto te genera un sentimiento alegre y positivo y de confianza. Y ojo, eso no quita que puedas pensar: “Tengo que ir más cuidado”

 

¿Cómo cambiar el enfoque negativo?

Esto no es algo que suceda de la noche a la mañana con solo desearlo. Como la mayoría de cosas, necesita su tiempo y constancia por tu parte.

 

Hay muchísimas maneras de trabajarlo y practicarlo, pero hoy te daremos un par de ideas.

Cuando te suceda algo inesperado y estés entrando en la espiral de negatividad, PARA y sé realista y racional. ¿Qué significa eso?

Que te pares a reflexionar qué significa, qué es cierto y qué se está inventando tu cerebro.

 

“Me van a ir mal las pruebas, voy a suspender”

¿Por qué? ¿Qué hechos demostrables apoyan esta suposición? ¿Has estado todo este tiempo tocándote las narices sin hacer nada? No, ¿verdad? ¿Entonces?

 

“Es que seguro que los demás opositores lo llevan mejor”

¿Has hablado y evaluado de forma objetiva a TODOS los opositores que se presenten en tu CCAA? Espero que no, porque en ese caso… ¡cuánto tiempo habrás perdido! Que hayas hablado con uno o dos compañeros y CREAS que lo llevan mejor por lo que te cuentan, ni significa que estén más preparados que tú ni que vayan a hacerlo mejor en las pruebas.

 

SÉ OBJETIVA Y PIENSA EN TODO LO QUE TÚ SÍ HAS HECHO Y ESTÁS HACIENDO, POR FAVOR. ¡Que no es poco!

 

La positividad está estrechamente relacionada con la gratitud. Sentirse agradecida por lo que tienes te permite darte cuenta de lo afortunada que eres y de todas las posibilidades que has tenido y tienes por delante.

Otra idea que funciona bien, es empezar o terminar el día escribiendo entre tres y cinco cosas por las que te sientas agradecida.  Fíjate en las cosas simples a lo largo del día que te dan placer como comer algo que te guste, una canción que te ponga de buen humor o jugar cinco minutos con tu perro.

Al principio habrá días en que te parecerá imposible encontrar algo bueno. LLevo todo el día en casa, estudiando y repasando, sin quitarme el pijama.. ¿qué puede haber de bueno? Te preguntarás.

Pero aquí está la magia; tienes que encontrar algo bueno por pequeñito que sea.

SI lo haces a diario, poquito a poco te irás dando cuenta de estas cosas mientras las estés viviendo y te sentirás más contenta.

 

Esto son solo dos ideas para empezar, pero hay muchísimas formas de hacer ese cambio de chip e ir entrenando tu cerebro para cambiar la forma en que percibe lo que sucede.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

8 maneras de darles a tus estudiantes más control de su aprendizaje

Permitir que tus estudiantes se involucren y tomen el control de su educación les da las herramientas para ser mucho más exitosos y poder llegar más lejos. Sentir el control de lo que hacemos, es una poderosa herramienta de motivación.

 

Como educadoras, la idea de dar a los estudiantes el control puede parecer un movimiento un poco loco, pero en realidad les da propiedad en su aprendizaje. Renunciar al control en algunas áreas del aula hace que los estudiantes sean más receptivos a la instrucción, los mantiene comprometidos con lo que están aprendiendo y los hace más dispuestos a asumir desafíos. Entonces, ¿cómo les das a los estudiantes el control sin que se convierta en un caos total?

 

Hoy te enseñamos 8 formas de darles a tus alumnas y alumnos un poco de espacio para tomar las riendas de su aprendizaje.

 

1. Darles flexibilidad en los deberes.

 

Puede parecer una locura pero una de las quejas comunes entre los alumnos son los deberes (bueno, los deberes son un debate por sí solo). De todos modos, si les permites escoger los deberes, realmente no pueden quejarse porque fue su decisión.

 

Por ejemplo, dales a tus alumnos una hoja de problemas de mates, pero déjales escoger qué 10 problemas quieren resolver.

También puedes darles distintas opciones para profundizar acerca de un tema de conocimiento del medio o de historia. Obviamente esto no va a funcionar ni en todos los temas ni en todas las asignaturas, pero poder darles esta opción de tanto en cuanto, puede cambiar su actitud ante las tareas por completo.

2. Medir la comprensión de distintas maneras.

 

Hay mucho debate y muchas investigaciones que demuestran que los estudiantes no deben ser evaluados de una manera única y estandarizada.

Dependiendo del tema, puedes incluir preguntas de opción múltiple, darles la opción de dos o tres preguntas de desarrollo para escoger, o buscar distintos tipos de trabajo para evaluarlos.

Varias las formas en que se evalúa a los estudiantes les permite demostrar mejor su comprensión, ya que pueden comunicar su aprendizaje de la forma en que se sientan más cómodos.

 

 3. Personalizar los contenidos y materiales.

 

Dales a tus alumnos y alumnas la oportunidad de elegir qué libros leer, qué experimentos científicos realizar, qué textos analizar o problemas de mates que resolver.

Incluso si estás trabajando un tema, puedes partirlo en distintos subtemas y que, en grupos, profundicen sobre uno en función de sus preferencias.

Poder elegir ayuda a coger cualquier tarea con más ganas.

 

4. Ayúdales a establecer sus propias metas.

 

Al principio de curso, pregúntales a tus alumnos que quieren sacar de la clase. Quizás en un principio sus respuestas sean vagas e imprecisas, pero puedes intentar establecer metas concretas con cada uno de ellos. Algunos realmente tendrán mucha motivación y a otros les costará más, pero crear objetivos, aunque sean pequeñitos, hacerles saber que esa es su meta y animarles puede marcar una gran diferencia.

 

 

 

5. Enséñales a autoevaluarse

 

Permitir a tus alumnos que se autoevaluen. Puede ser al final de la semana, por ejemplo, pero pídeles que reflexionen sobre su desempeño, cómo están avanzando y su actitud. Esto no solo les da la responsabilidad de su propio aprendizaje, sino que les permite ver cómo avanzan, qué están haciendo bien, qué les cuesta y cómo mejorar.

 

6. Pídeles feedback sobre ti y tu clase.

 

Como alumnos son evaluados CONSTANTEMENTE. ¿Y si les das la oportunidad de que ellos también expresen su opinión? De ti, de tu clase o de una tarea en concreto. Además de darte información muy útil a ti, esto les ayuda a que se tomen más en serio las clases porque se sienten escuchados y sienten que tienen algo que decir en su aprendizaje.

 

7. Usa el aprendizaje basado en proyectos

 

El aprendizaje basado en proyectos es una opción perfecta para muchas aulas.

Deja que los alumnos propongan sus propias ideas para los proyectos y dales la opción de que también realicen un seguimiento de su propio progreso.

Por ejemplo, crear unos objetivos con ellos para evaluarse les da la responsabilidad de cumplir con las expectativas. Puedes establecer un estándar de calificación para que, independientemente de lo que estén creando, puedan expresar su creatividad, apropiarse de su experiencia de aprendizaje y establecer pautas sobre lo que debe entregarse.

 

 

8. Establecer una guía de comportamiento y valores, conjunto.

 

Involucrar a tus estudiantes en las decisiones sobre las reglas y políticas del aula. Darles voz en este ámbito fortalece sus valores cívicos, aumenta los logros académicos y mejora su compromiso. Los hace responsables de sus acciones y los establece para asumir las consecuencias si infringen una regla.

 

Darles a tus estudiantes cierto control puede parecerte una apuesta al principio, pero la recompensa supera el riesgo a largo plazo.

Ves poquito a poco y ajusta la responsabilidad que les das en función de los resultados.

 

FormArte, el arte de formar.

 

Estrategias para motivar a tus estudiantes a leer

Para convertirse en un buen lector, se necesita cierta cantidad de lectura. La pericia no surge por ciencia infusa; se necesita participación activa.

Y conseguir que tus alumnas y alumnos lean por iniciativa propia es un gran reto. Pero también uno de los objetivos más importantes que puedes lograr.

Hay que conseguir que los estudiantes encuentren la lectura placentera y no, algo aburrido y que suponga un gran esfuerzo.

 

¿Cómo conseguirlo? Una de las claves para que los niños y niñas desarrollen pasión por la lectura es la motivación. Sí, la motivación es la base de cualquier aprendizaje o meta.

Necesitamos encontrar estrategias de motivación para alentar la lectura.

Y esto es precisamente lo que te traemos hoy; algunas ideas para motivar a leer incluso a los alumnos a los que les resulta más difícil.

 

Estrategias para motivar la lectura

 

1. Hazlo relevante

Si tus estudiantes no ven todas las puertas que puede abrirles la lectura, no estarán motivados a mejorar sus habilidades. Y si no les exponemos a material que realmente les atraiga, no querrán leer. Y es normal.

Pregúntales a tus alumnos qué les interesa. Descubre qué les importa y muéstrales cómo la lectura puede abrirles las puertas a aquello que más les interesa. Enséñales que la lectura puede ser el camino a aprender más sobre lo que les gusta o a dejarse llevar por mundos y personajes imaginarios.

 

2. Dales autonomía y déjales decidir.

La autonomía nos motiva a todos. Nos gusta sentir que estamos en control de nuestras vidas y decisiones. Queremos sentir que podemos elegir cómo gastamos nuestro tiempo y cuando tenemos esta libertad, más motivados estamos. Lo mismo les pasa a tus estudiantes. Forzarlos a leer libros o lecturas que no les interesan, les va a desmotivar y va a crearles más apatía por leer.

Una de las mejores maneras de enganchar a tus alumnas/os es dejarles elegir qué quieren leer. Puedes proponerles algunas lecturas, pero déjales su espacio para que miren las portadas, lean la contraportadas, los toquen… hay algo mágico en los libros y no todos los libros van a llamar la atención a todo el mundo. Déjales explorar y elegir.

 

3. No les fuerces.

Se trata de que alientes a tus estudiantes y seas empática (que ya sabemos que lo eres). Lo que queremos decir es que no les digas que tienen que terminarse un libro antes de cierto plazo. Esto puede ser muy fácil para algunos alumnos, pero los lectores con más dificultades pueden asustarse y perder las ganas.

Lo mismo pasa si empiezan un libro y deciden que quieren elegir uno diferente. Lo importante es que lean y además, ¿no te ha sucedido jamás esto de empezar un libro, que no te guste nada y termines dejándolo a medias? Es algo normal y se tiene que dar a los estudiantes el mismo derecho.

 

4. Hablad sobre libros.

Alguien te habla sobre una película muy entretenida, un plato que parece delicioso, una obra de teatro desternillante y… te entran unas ganas tremendas de ir. Te resulta familiar, ¿verdad?

Lo mismo puede sucederles a tus alumnos con los libros. ¿Por qué no dedicar media clase a hablar sobre diferentes libros? Busca opciones de distintos géneros, habla de su argumento y crea un poco de misterio y hype alrededor del libro. Seguro que a más de uno le apetecerá probarlo.

También puedes dedicar una sesión a que sean tus propios alumnos quienes hablen de su libro favorito e intenten “venderlo” a los demás estudiantes.

 

5. Crea confianza.

Aumenta la confianza de tus alumnos con la lectura dándoles tareas que puedan hacer. Guíalos proponiéndoles novelas que puedan manejar, ya que sino se frustrarán debido a la complejidad. Piensa que para ellos va a ser complicado entender y admitir que un libro es demasiado difícil, simplemente les parecerá aburrido y no querrán leer más.

6. Demuéstrales que están mejorando.

Tus estudiantes, como todos, necesitan saber que sus esfuerzos están valiendo la pena y están marcando una diferencia. Es fundamental que vean una correlación entre el esfuerzo que están realizando y el resultado del trabajo para mantenerse motivados.

Hay muchas maneras de que ellos noten el progreso, pero sobre todo tú debes darles feedback y ayudarles a ir cogiendo esa seguridad y confianza en sí mismos.

Por ejemplo, puedes pedirles que hagan una presentación, un póster, que hagan una descripción detallada de los personajes o simplemente un resumen… hay muchas maneras de que tanto tú como ellos podáis ver la mejoría y evolución.

 

7. Aumenta el interés y el valor

Transmitir tu propia pasión por la lectura puede ser contagioso. Léeles a tus alumnos en voz alta con entusiasmo o déjales que ellos lean interpretando cada uno a un personaje distinto. Enseña a tus estudiantes explícitamente por qué la lectura es importante. Ponlos en contacto con una gran variedad de géneros para que puedan descubrir qué les gusta e intenta guiarles en función de sus gustos.

Usa los libros como recompensa. Por ejemplo, cuando terminen una tarea o meta con éxito, déjales leer un ratito tranquilamente.

 

 

Como maestra, una labor muy importante es ayudarles a ver la lectura como un refugio seguro en lugar de como un factor estresante y tedioso.

No solo les va a ayudar en la comprensión de los textos y en ortografía sinó que les beneficiará en las distintas áreas de su vida.

 

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Opositora, estás a un paso de conseguirlo.

Después de tantos meses, ya estamos en la recta final.

Ha llegado el momento de dar el último empujón. De meterle las últimas ganas.

 

Lo sabemos; no puedes más, estás cansada y todos estos meses ya pesan. Han sido muchas horas, días y semanas estudiando, trabajando y luchando por seguir adelante.

Por mantenerte a flote.

Meses sacando la fuerza y la motivación de vete tú a saber dónde.

Y a estas alturas a mediados de mayo estás solo a un paso de enfrentarte a las temidas pruebas de oposiciones.

 

Quizás ya empiezas a sentir los nervios, la presión y el estrés te está acechando. Es normal sentir ansiedad antes de las pruebas, pero no dejes que esto te paralice.

Recuerda que llevas meses preparándote, avanzando pasito a pasito.

Tranquila. Saldrá bien.

 

No te centres en lo que no has hecho o en todo lo que podrías haber gestionado de otra manera. ¿Te va a ayudar en algo?

No. En estos momentos, absolutamente en nada.

Sigue con el plan establecido y mantén tu motivación al pie del cañón. Has trabajado duro, de forma constante, te has esforzado una barbaridad y eres totalmente capaz de conseguirlo. Cree en ti y en tus posibilidades. Si no lo haces tú, ¿quién lo va a hacer?

Una vez hayan pasado ya tendrás tiempo a reflexionar y hacer un balance, pero no te adelantes.

 

El futuro es tuyo. Sí, lucha. Te está esperando el aprobado y hay una plaza que lleva tu nombre. ¿La visualizas? ¿No? Pues hazlo. Piensa en ese futuro que esperas con tanta ilusión y ganas. Recuerda cuál es tu sueño; quieres ser maestra y crear un impacto, un cambio en las futuras generaciones. Hacerlo con la seguridad que será tu trabajo para siempre y que lo disfrutarás desde el primer minuto al último.

A estas alturas, tienes que creer en ello. Deja tus dudas, tus miedos y tus “y si…” de lado porque ahora ya no vale la pena centrarse en ellos.

 

Si te focalizas en el miedo, solo vas a generar malestar, te sentirás hundida y ¿cómo vas a afrontar las pruebas?

El miedo es totalmente normal. No hay opositor que no lo sienta, durante todo el camino y especialmente ante las pruebas. Pero, en estos momentos, es un sentimiento que te resta, por lo tanto….

Nada. Fuera. Deja de lado tus temores, el pesimismo y la negatividad. No te anticipes porque no sabes lo que va a suceder.

Concentra toda tu energía en hacer el último sprint y acuéstate cada noche con la certeza que aprobarás y que estás más cerca de tu objetivo.

 

Muchos ánimos y mucha fuerza

Recuerda que todo lo que estás invirtiendo tendrá recompensa.

 

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Por qué necesitas las soft skills como docente.

En pasados post te hablamos de las soft skills y como estas estaban relacionadas con la inteligencia emocional de una persona. Ya te contamos que son competencias difíciles de medir y un poco ambiguas, pero que son imprescindibles para desempeñar una función docente de calidad.

Las soft skills, por suerte, pueden adquirirse y desarrollarse con esfuerzo y entrenamiento. Pero una tiene que querer hacerlo para conseguirlo. Pero es como todo, ¿verdad? Hay que currárselo un poco para llegar a dar lo mejor de una misma.

 

¿Quieres saber hasta qué punto son importantes para ti como docente?

 

  • Te ayuda a que tus clases sean más interesantes. Si quieres tener un impacto poderoso en tus estudiantes y hacer que tus clases sean animadas y memorables, es vital tener unas habilidades básicas. Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

 

  • Para ser un ejemplo para tus alumnos. Las soft skills es algo que no se puede enseñar a través de un libro o de una larga explicación (y menos cuando se trata de alumnos jóvenes). Pero este tipo de competencia también es de vital importancia y es necesario que las alumnas y alumnos las adquieran. Si tú eres un ejemplo ejemplar (válgase la redundancia)  para tus estudiantes, de forma indirecta empiezan a adquirir estas destrezas porque se ajustarán a ti en su forma de comunicarse y actuar. Y esto contribuirá en su futuro. Es vital que los docentes sean personas capaces y que sean conscientes de la importancia de su rol en la vida de sus estudiantes.

 

  • Para interactuar con tus alumnos al nivel que estos necesitan.Como docente debes ser capaz de ajustar tus clases según las necesidades de tus estudiantes. Poner en práctica la empatía, ser observadora y saber adaptarte a la situación y circunstancias.

 

  • Te ayuda a ser una buena líder. Es importante ser buen líder para hacerte respetar, para que te obedezcan y para ser escuchada. Y no se trata de ser un tirano educando mediante el miedo. Pero tampoco de ser frívolo e incapaz de tener una actitud seria y severa porque los estudiantes terminarán pasando los límites y siendo indisciplinados. Es vital poder guiar desde el frente, marcando la línea del respeto pero también siendo cercana y eso se consigue con unas buenas habilidades transversales.

 

  • Te hace muuuuuucho más accesible. Una persona que domina las soft skills, es mucho más empática, serena y domina el arte de la comunicación, por lo cual, tanto tus alumnos como los padres y demás profesores te verán como alguien cercana en quién confiar.

  • Te permite ser sensible a las necesidades de las niñas y niños. Cuando eres sensible y tienes una elevada inteligencia emocional eres capaz de mirar debajo de la superficie y detectar qué necesita cada uno de tus alumnas. Hay estudiantes silenciosos que necesitan ser alentados para salir de su caparazón y otros a los que se les debe prestar una atención adicional. Para comprender y ser consciente de esto tienes que tener una sensibilidad especial.

 

 

 

No obstante, no creas que su beneficio es meramente profesional. Dominar las soft skills te da más herramientas para afrontar tu vida personal, mejorando la forma en que te comunicas e interactúas con las personas y con el mundo. Por lo cual, ¡vale la pena dominarlas!

En Formarte insistimos muchísimo en ellas y ese es el motivo por el cual nuestra formación es integral. Queremos que de esta experiencia como opositora saques algo más que un aprobado y una plaza. Queremos que salgas preparada para afrontar el reto que supone ser una buena docente y que puedas aportar tu granito de arena a un cambio en la forma de educar.

 

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Consejos para involucrar a los padres en la educación

Todos tenemos claro que el aprendizaje de un niño o adolescente no termina en el aula, ¿verdad?

Sin embargo, la mayoría de padres no tienen muy claro cómo apoyar el desarrollo intelectual de sus pequeños retoños.
Algunos, por querer hacerlo demasiado bien, están demasiado encima de ellas/os, lo que puede sofocar su creatividad y desarrollo personal.
En cambio otros, les dejan vagar libremente y apenas siguen su progreso exceptuando la revisión de notas a final de trimestre.

No obstante, hay una verdad unánime: las niñas y niños son más exitosos en el cole cuando los padres participan. Y aún hay más; tú, como profesora, también sales ganando si los padres se interesan.

 

¿Por qué? Porque si los padres están involucrados, promueven un comportamiento positivo en el aula, se aseguran de que sus hijas/os hagan los deberes, les ayudan a organizarse y les refuerzan positivamente. Laboralmente, tu satisfacción y autopercepción aumenta cuando hay una sinergia entre padres y profesores.

¿Cuál es tu desafío en este caso? Ayudarles a comprender cómo pueden ayudar a sus hijos en el aprendizaje sin ahogarles o cortarles las alas.

 

Hoy te contamos dos consejos para involucrar a las madres y padres en la educación de las niñas/os.

 

1. Crear un entorno de estudio positivo

 

Quizás los padres se sienten muy perdidos y no saben cómo encontrar una dinámica o equilibrio que funcione para su hija/o. Cada persona es un mundo. Tú puedes proporcionarles información e ideas sobre cómo ayudar a sus hijos/as a mejorar con las asignaturas, tareas y otras actividades curriculares.

Detállales como pueden participar, establece un guión lo más claro posible de hasta qué punto deben ayudar y, si es necesario, podéis crear de forma conjunta una rutina de estudio. Eso sí, déjales claro hasta qué punto deben ayudarles. Estar demasiado encima suyo puede ser contraproducente.

Incluso puedes ir un paso hacia adelante y sugerir otras actividades de enriquecimiento. Por ejemplo, fomentar la lectura en casa creando una lista de lectura personalizada basada en la personalidad, intereses y el nivel del niño/a en cuestión. O quizás proponerles obras de teatro, exposiciones de museo o experimentos científicos que pueden ser del interés de tu alumno. Sea como sea, intenta personalizarlo lo máximo posible. No solo contribuyes con el aprendizaje del pequeño, sino que los padres también agradecerán tu implicación.

 

2. La comunicación es clave

 

Es fundamental construir un puente y mantener una política de puertas abiertas para que los padres puedan entender lo que estás intentando lograr. Solo así podrán complementar tus esfuerzos dentro del aula.

 

Se trata de establecer una relación de igualdad y crear una atmósfera cómoda dónde la prioridad y el centro de toda comunicación sea el estudiante. Intenta ser concisa y evitar tecnicismos o una jerga que ellos no entiendan.

Por mucho que un estudiante tenga resultados negativos, no centres toda la comunicación en los aspectos limitantes, comparte también las buenas noticias.

 

Puedes preguntar a las familias a principio de curso sobre sus preferencias de comunicación. Frecuencia deseada y medio de comunicación. Eso sí, pon límites si es necesario. Habrá padres que querrán un seguimiento más constante y otros lo preferirán más espaciado. Ajústalo en función de los requisitos y demandas del alumno también.

 

Si te gusta escribir, otro proyecto interesante para que los padres estén en contacto contigo y para saber qué hacen sus alumnos es crear un blog dónde compartas las actividades que se llevan a cabo en el aula, qué estáis trabajando, excursiones… así como proponer actividades que pueden hacer en casa o explicar qué tareas y objetivos tienes.

Aquí te proponemos un blog pero hay mil opciones. Seguro que encuentras algo que te guste y que sirva como canal de comunicación.

Pero no todo termina aquí. Puedes invitar a los padres a hablar de sus trabajos o habilidades según qué materia estéis dando en clase y así incluirlos en el aula y que tengan la opción de participar.

 

Hay muchísimas formas de establecer una buena relación con los padres y conseguir que ellos participen y se involucren en la educación de los alumnos/as. Todo es empezar y probar qué funciona mejor y con qué te sientes más cómoda.

 

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3 maneras de ayudar a tus estudiantes a mejorar sus habilidades de ciudadanía digital

Ya te hablamos de la importancia de ayudar a tus alumnas y alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes.

De la misma forma que los estudiantes deben aprender a ser buenos ciudadanos dentro de la comunidad, también tienen que saber cómo comportarse y ser una parte positiva de la comunidad digital. Internet es un espacio donde también hay unas normas.

 

La ciudadanía digital es una responsabilidad importante que todos deben comprender, ya que abarca tantos aspectos del comportamiento y las acciones como lo hace la interacción física. Se puede enfocar desde muchos puntos de vista diferentes y mediante una gran variedad de dinámicas, pero hoy te daremos algunos consejos acerca de cómo tratar el tema.

 

 

1. Incorporar la ciudadanía digital dentro de las lecciones diarias:

 

La mejor forma de garantizar que los niños y niñas entienden qué significa ser un ciudadano digital y qué conlleva, es incorporar el tema en el día a día. Si se trata a diario, se convierte en una segunda naturaleza, independientemente de la edad que tengan. No es que sea algo que requiera mucho tiempo o esfuerzo extra, dado que probablemente trabajéis con la tecnología a diario.

 

Por ejemplo, si tus estudiantes hacen presentaciones, puede ser un buen momento de sacar a colación el tema de los derechos de autor y los derechos intelectuales.  Puedes hablar con ellos de plagio y de la importancia de citar las fuentes. Preguntarles cómo se sentirían si alguien se atribuyera su trabajo sin su consentimiento después de pasarse muchas horas haciéndolo.

Otro ejemplo: Para trabajar la importancia de ser respetuosos y cuidadosos, tus alumnos pueden crear perfiles sociales de las personas que están estudiando en historia. Además de ayudarles a pensar sobre los personajes desde otro punto de vista, se puede tratar la importancia de ser precavido y consecuente con lo que se comparte y cómo se hace.

 

Seguro que con lo creativa que eres se te ocurren mil ideas más! Puedes compartirlas con nosotros en comentarios y así nos ayudamos unos a otros 😉

 

 

2. Busca y encuentra recursos para fomentar la ciudadanía digital

 

Hay muchísimos proyectos y recursos interesantes, cuyo objetivo es el de fomentar una ciudadanía digital responsable desde una propuesta educativa.

 

Por ejemplo:

 

Algunos están orientados a niños, en forma de juegos, para que aprendan sobre el tema y otros van dirigidos a educadores y padres para consultar y formarse. Todos estos recursos te pueden ayudar tanto a nivel formativo para aprender más sobre el tema, como a desarrollar dinámicas y actividades para tus alumnos.

Precisamente uno de los puntos fuertes de la era digital es que tenemos acceso a muchísima información que, bien usada, pueden ser herramientas educativas fantásticas.

3. Enfoca los temas en función de la edad de tus alumnos.

No te olvides de considerar el grupo de edad de tus estudiantes. Cada rango de edad requerirá de un enfoque y nivel de complejidad distinto. Tienes que mantener los objetivos y expectativas apropiadas para la edad con la que estás trabajando.

En estudiantes más pequeños te puedes centrar en temas como la seguridad al usar Internet. Cuando son algo mayores se pueden introducir temas como el acoso cibernético, cómo tratar a los demás en el terreno digital y cómo actuar ante determinados casos.

Cuando ya son mayores y tienen una edad en que ya están usando redes sociales, puede ser el momento idóneo para tratar el tema de las redes sociales, la huella digital que se deja, etc.

 

 

Como profesora, puedes comenzar a instruir a tus alumnas y alumnos sobre cómo ser cuidadosos y respetuosos para que puedan disfrutar de todas las increíbles posibilidades de la era digital.

Por lo tanto, te corresponde hacer de la ciudadanía digital una parte de nuestro plan de estudios. Solo así podremos crear un futuro digital del que nos sentiremos orgullosos.

 

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Por qué enseñar a nuestros alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes

¿Recuerdas esa época en que buscabas las definiciones de las palabras en el diccionario? ¿cuándo tenías que coger una enciclopedia para hablar sobre algún concepto? ¿cuándo la biblioteca era el mejor lugar para encontrar libros para hacer un trabajo?

O bien, ¿ cuándo tenías que alquilar o comprar un vhs para ver una película? ¿cuándo tenías que descargarte la música y hacer CD’s en casa porque los discmans eran la última revolución?

 

Es posible que recuerdes esa época con cariño, pero, hoy en día podemos decir que tus estudiantes ni recuerdan ni pueden imaginar la mayoría de estas situaciones.

 

Los estudiantes de hoy en día (y los futuros que vas a tener) no sólo han crecido en el mundo digital, sino que directamente nacieron en él. Esto crea una brecha generacional muy real, ¿verdad?

Nosotras, estamos al día en la red digital, claro,  pero también recordamos cómo era el mundo sin Internet y tenemos más en mente y somos más conscientes de los riesgos de Internet.

Algunas de estas ideas serán totalmente nuevas para tus estudiantes, lo que representa una oportunidad para desarrollar un pensamiento más consciente de lo que significa ser ciudadanos digitales.

¿Qué significa ser un ciudadano digital?

 

Tal como define wikipedia: “Un ciudadano digital tiene derecho al acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y a su apropiación, al desarrollo de habilidades digitales, al acceso a la información en línea de forma segura, transparente y privada, así como a la participación a través de medios tecnológicos.”

 

Internet es la mejor herramienta jamás inventada para conectar a cada uno de nosotros con una comunidad verdaderamente global y para hacer que lo global sea local. Piensa en todos los cambios que ha adoptado tu vida desde que Internet ha pasado a formar parte de tu vida. Ha revolucionado la forma de conectar, comprar, entretenerse, aprender y acceder a una cantidad impresionante de servicios, bienes y oportunidades.

 

Como sabrás, los beneficios para el logro educativo y la equidad son inmensos, pero como educadoras también tenemos la tarea de enseñar a nuestros estudiantes qué significa ser un ciudadano digital responsable y qué riesgos existen. 

La pregunta a responder sería: ¿Cómo podemos todos ser miembros productivos y destacados del mundo digital?

 

Tratar este tema, como todo, tiene sus desafíos.

Aunque puedes haber crecido de la mano del mundo digital y eres millennial, tu infancia probablemente fue muy distinta a la de tus estudiantes (tecnológicamente hablando, claro). Comprender el día a día y la realidad de tus estudiantes, cerrando la brecha generacional es importante.

Como también lo es que los temas de ciudadanía digital sean reales y relevantes para ellos. Puede haber mil conceptos y perspectivas que jamás han considerado.

¿Qué significa realmente que algo que digas con 15 años en internet quede para siempre registrado? ¿Qué implicaciones negativas tiene el acceso a cualquier contenido gratuito? ¿Y a la libertad para crear lo que uno quiera? ¿y si quién crea contenido no tiene intención de ser sincero o no se rige por la moralidad?

 

Estas cuestiones, pueden ser evidentes y lógicas para nosotras. Hemos crecido con las reticencias iniciales de Internet y siendo adultas, tenemos unas creencias y valores claros, pero… ¿y las niñas y niños?

 

Es importante ser conscientes de las consecuencias de nuestra conducta en la red. Tú como educadora, el mismo centro escolar y las familias, tenemos que acompañar en este proceso, sensibilizar y enseñar a moverse por el entorno digital de forma segura, tolerante y consciente.

 

¿De qué formas crees que podemos llevar a cabo esta tarea?

 

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Los pasos para controlar el caos y hacer todas tus tareas

¿Te está costando más abordar todas las tareas que tienes pendientes porque estás más dispersa o más agobiada?

Teniendo en cuenta que las oposiciones están a la vuelta de la esquina, no es nada raro.

Cuando tienes un montón de tareas pendientes en tu cabeza, es complicado saber por dónde empezar.

Y encima, necesitas energía mental para tener todas las tareas en mente. Es extenuante y agotador ir arrastrando de un lado para otro todos los “debería hacer”.

 

¿Cómo puedes abordar el caos?

 

A menudo, la simple idea de tener que abordar el caos puede ser abrumadora y puede escaparse de tu control.

Y sentir que no tienes el control, te lleva de cabeza al estrés .

 

En el pasado post te hablamos del estrés y que éste puede iniciar una espiral negativa en tu cerebro. Y como consecuencia aún es más difícil planificar y abordar la lista de tareas pendientes. Menudo panorama más desalentador, ¿verdad?

 

Que no cunda el pánico.

 

Primero de todo, debes ser comprensiva y amable contigo misma cuando no estés en tu punto más productivo. No puedes estar cada día a tope y criticarte y enfadarte por ello, lo único que hace es frustrarte más y aumentar tu estrés.

En lugar de castigarte, necesitas darle a tu cerebro lo que quiere.

 

Tu cerebro está constantemente tratando de guiar tu comportamiento y acciones. No obstante, sin claridad y sin un plan, tu cerebro seguirá el camino más sencillo.

Lo que tu cerebro quiere es que actúes para reducir el caos. Y para actuar, se necesita una meta y un plan. Una vez tomas medidas para lograr un objetivo, basado en un plan, tu cerebro se da cuenta que estás controlando tus acciones y buscando un resultado.

Este sentimiento de control ayuda a calmar el caos. Cuando reconoces que tienes una opción ya no eres una víctima de las circunstancias.

 

¿Cómo controlar el caos?

 

1. Frena y ve más despacio.

Para ver a través del caos, es necesario hacer una pausa y disminuir la velocidad. Si puedes hacer una pausa, frenar un poco y respirar profundamente, les estarás diciendo a tu cerebro que no estás en una situación de lucha o huida estresante.

 

2. Escríbelo.

Pon todos tus pensamientos caóticos o tus tareas pendientes en un papel. Ya no tendrás que gastar energía para recordarlos todos.

 

3. Evalúa los elementos de tu lista

Plantéate, por un lado qué es lo más importante y urgente, y por otro, si hay algo que puedes dejar de lado o delegar. Sé honesta sobre lo que es verdaderamente importante.

 

 

4. Determina el valor

Una vez que has descubierto lo que es importante, se trata de tener claro por qué es importante. Es más probable que tu cerebro actúe si siente que está trabajando hacia un valor o una recompensa que te importa. Para tenerlo aún más claro, puedes clasificar la importancia en una escala del 1 al 10.

 

 

5. Crea un plan

Cuando ya tienes claro el valor de cada tarea, puedes empezar a priorizar la lista. A partir de ahí decide qué hay que hacer y cuándo hay que hacerlo.

 

6. Divídelo en acciones factibles

Las acciones pequeñas son una buena forma de empezar porque son factibles y no te abrumarán. De esta forma, a medida que vayas completando las tareas, sentirás que vuelves a tener el control y el estrés irá disminuyendo.

 

7. Haz breaks

No te canses por hacer, hacer y seguir haciendo. Se necesita energía para controlar tus acciones y comportamiento y. la energía también puede agotarse. Además, un tiempo de inactividad, permite que lleguen nuevas ideas y nuevas perspectivas.

 

¿Lo intentamos? Cada pequeño paso te permitirá ir recuperando el control y dejar el estrés atrás.

 

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Cómo mejorar tu tolerancia al estrés

Si te preguntamos si tu vida tiene cero estrés, ¿qué responderías?

Probablemente dirías que ni de broma, y menos en estos momentos, inmersa en el estudio y con las oposiciones a la vuelta de la esquina.

 

Es normal. El mundo está cargado de presión, tensión y problemas. Todos lo sentimos; en diferentes grados, por distintos motivos y con diferentes consecuencias.

Sin embargo, algunas personas responden a las circunstancias tensas mejor que otras.

 

¿Por qué algunas personas son capaces de afrontar las adversidades de una forma más positiva y otras se estancan?

La respuesta a esta pregunta está relacionada con la tolerancia al estrés y la resiliencia.

La tolerancia al estrés soporta las presiones, mientras que la resiliencia surge, una vez sucumbimos al estrés.

Usamos el adjetivo “estresada” en muchos momentos diferentes. Es una palabra que describe nuestra reacción ante una amplia gama de situaciones; desde tener muchos temas por estudiar para las oposiciones, cambiar de trabajo o quedarse atrapada en medio de un atasco.

 

El estrés se podría definir como una condición que se experimenta cuando una persona percibe que las demandas que se le imponen exceden a los recursos disponibles.

 

Seguramente, eres consciente de cuándo y por qué sufres estrés, sin embargo, es mucho más complicado cuantificar cuánto estrés estás soportando.

Hay veces en que sufres pequeñas tensiones constantes que se van acumulando paulatinamente y van pasando desapercibidas hasta que el saco se rompe.

 

Cuando te sientes estresada por algo, tu cuerpo reacciona liberando hormonas de “lucha o huida”, como la adrenalina, en tu sangre para producir más fuerza, energía o concentración. Esto puede ser bueno si el estrés es causado por el peligro físico. Pero esto puede ser dañino si es una respuesta a algo emocional y no hay salida para esta energía y fuerza extra. El estrés emocional que se mantiene durante semanas o meses puede debilitar el sistema inmunológico y causar presión arterial alta, fatiga, depresión, ansiedad e incluso enfermedades cardíacas.

El estrés no es algo para tomarse en broma.

 

Por lo tanto, el estrés, tiene dos caras: nos protege y, a la vez, nos atormenta.

Pero, puedes evitar que el estrés te supere desarrollando estrategias saludables y positivas.

 

Primero de todo, NO LE TENGAS MIEDO AL ESTRÉS. A veces, nos agobiamos por el hecho de estar estresadas y eso, aún lo dispara más. Incluso aunque notes signos físicos (aumento de la frecuencia cardíaca, tic en el ojo, dolor en el pecho…), recuerda que el estrés es una respuesta natural y, en algunos casos, incluso útil. Es posible manejar el estrés, por lo tanto, no te angusties cuando lo sientas, simplemente piensa que vas a afrontarlo y a superarlo.

 

Después tienes que reconocer el estrés y aceptarlo. Ignorar el estrés, ni mejora tu tolerancia a él, ni lo hace desaparecer. Más bien lo contrario. Prestarle atención (la necesaria, no más de la cuenta) y ponerlo en palabras puede mejorar tu respuesta.

Estoy estresada por X, Y o Z porque….

 

Toma una acción. Cuando estás estresada, tu cerebro y tu cuerpo quieren que hagas algo al respecto. Quizás no puedes cambiar las circunstancias que te provocan estrés pero… ¿puedes tomar otras medidas? o mejor aún, ¿puedes cambiar tu actitud o perspectiva? Esto puede significar una gran variedad de acciones; desde alejarse de la situación hasta que puedas hacer algo a cambiar la forma de comprenderla o verla desde otro prisma.

 

Enfócate en lo que es importante para ti. Una de las causas del estrés interno más comunes, es no prestar atención a lo que quieres o a lo que realmente te importa. Si no te sientes bien con lo que estás haciendo, puedes estresarte incluso en situaciones de baja presión. A la inversa, si valoras lo que estás haciendo, te sientes bien al respecto y, entonces puedes manejar mejor cualquier dificultad. Por lo tanto, vale la pena averiguar qué es lo que valoras si quieres manejar mejor tu estrés.

 

La recuperación. Es vital darse espacio para recuperarse de un evento estresante para evitar que se haga una bola y termines aún más agobiada. Esto es especialmente importante después de una decepción o un cambio significativo. Tu cuerpo y tu cerebro necesitan tiempo para volver a la posición neutral después de haber sido inundados con hormonas de estrés durante un período prolongado de tiempo. Come bien, descansa, relájate y encuentra formas de divertirte, ya sea viendo una peli, yendo al teatro o a tomar algo con tus amigos.

 

El apoyo es muy importante para manejar el estrés. Rodéate de personas de confianza y que sepas que pueden brindarte su ayuda. A veces estamos tan ofuscadas que no somos capaces de ver las cosas tal como son, y las personas que te conocen pueden ayudarte a tomar perspectiva y encontrar soluciones para las situaciones más estresantes.

 

Otra vía útil para mejorar la tolerancia al estrés es la meditación. Hoy en día hay miles de cursos, talleres, centros, prácticas en audio guiadas e ¡incluso libros! Al meditar, no solo aprendes a desconectar y relajarte sino que descubres cómo estar más presente.

Y si el estrés está afectando a tu vida y no eres capaz de manejarlo, no dudes en contactar con algún coach o psicólogo para que te ayude a encontrar estrategias para afrontarlo. El objetivo siempre es que TÚ ESTÉS BIEN.

 

No olvides que no aprendes a manejar el estrés de un día a otro. Como todo, requiere su tiempo y su práctica. Tu cerebro y tu cuerpo te lo agradecerán.

 

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