Las dimensiones del juego

Ya te hemos hablado en más de una ocasión sobre el juego y lo beneficioso que es para los más pequeños. Siempre te animamos a que salgas de los esquemas convencionales y te animes a probar otras actividades para enseñar. Y, ¿hay algo mejor que el juego para los niños/as?

 

En los primeros años de nuestra vida el juego favorece nuestro desarrollo integral a distintos niveles. Todo lo que aprendemos a través del juego lo asimilamos de modo más rápido y eficaz.

Por este motivo se acentúa la importancia de las actividades lúdicas en un entorno educativo, porque motivar a los niños/as resulta muchísimo más sencillo.

 

Es lógico, ¿verdad? seguro que cuando eras pequeña lo que más te gustaba era jugar.

 

Además probablemente era una de las mejores formas para relacionarte con tus compañeros. Parece mentira lo rápido que hacíamos amigos de pequeños solo por compartir juegos. Porque sí, el juego es un instrumento muy valioso para facilitar y mantener la interacción entre iguales.

El juego es perfecto porque aborda distintas dimensiones del desarrollo y es lo que venimos a contarte en el post de hoy. Es un poco más teórico pero perfecto para terminar de convencerte y ponerlo en práctica en tu clase. ¿Quieres saber cuáles son las dimensiones que aborda el juego? ¡Vamos a darle un repaso!

Las dimensiones del juego

Dimensión afectiva-emocional:

Expresión y control emocional a través del juego.

Como sabes, el afecto es imprescindible para un desarrollo equilibrado. Esto es cierto durante toda nuestra vida, (¿Cómo sería tu vida sin el afecto de tus seres queridos?) pero muy especialmente durante los primeros años, dado que unas carencias afectivas durante la primera infancia pueden marcarnos para siempre.

El juego en sí mismo es una actividad que provoca placer, satisfacción y motivación. Permite al niño/a aprender a controlar la ansiedad que le producen ciertas situaciones de la vida cotidiana como por ejemplo el enfado de padres o profesores, la pérdida de un juguete o no poder salir a jugar fuera porque está lloviendo. A través del juego se exteriorizan las emociones y estimula la autoestima y la autoconfianza en el niño/a.

 

Además, la mayor parte de las relaciones y contactos afectivos tienen lugar durante el juego.

 

Dimensión social:

Integración, adaptación, igualdad y convivencia.

El juego es el principal recurso que tienen los niños/as para iniciar sus primeras relaciones con sus iguales. Conforme el niño se va relacionando con otros aprende a asimilar conductas deseables como compartir, saludar, respetar turnos… y aprende también a no manifestar conductas no deseables como pegar a los demás o ejercer su voluntad

El juego permite el autoconocimiento y el conocimiento del entorno y de las personas que lo comparten con nosotros. A nivel social el juego es básico porque es un elemento socializador que nos ayuda a construir la forma en que nos relacionamos con los demás. Permite conocer y respetar las normas, fomenta la comunicación, promueve la cooperación y favorece los procesos de inserción social.

 

Dimensión cultural:

Transmisión de tradiciones y valores.

El niño imita elementos del entorno en el que se mueve. Es su modo de adaptarse y de conocer el mundo adulto.

 

Dimensión creativa:

La inteligencia creativa.

El juego potencia la imaginación a través del juego simbólico. La creatividad permite la agilidad del pensamiento y el desarrollo de habilidades.

La creatividad consiste en ver lo que otros no ven y de realiza cambios en el entorno de un modo perceptible para los demás.

Un entorno lúdico es facilitador del pensamiento creativo porque desarrolla la autonomía de pensamiento y expresión, la capacidad productiva e inventativa.

 

Dimensión cognitiva:

Gimnasia para el cerebro.

Los juegos manipulativos favorecen el desarrollo del pensamiento y el juego simbólico favorece la empatía, es decir, la capacidad del niño/a de ponerse en el lugar del otro.

Además el juego facilita el proceso de abstracción del pensamiento, es decir, la creación de representaciones mentales.

 

Dimensión sensorial:

A través del juego el niño puede descubrir una serie de sensaciones que no podría experimentar de otro modo.

El juego permite la exploración de las propias posibilidades sensoriales y motoras y su desarrollo a través del ejercicio repetido.

 

Dimensión motora:

Es la dimensión más evidente del juego.

El juego facilita la adquisición del esquema corporal además de permitir el aprendizaje de las relaciones causa-efecto. Se da cuenta que lo que hace modifica su entorno, produciendo unas reacciones en los demás y así se reconoce a sí mismo/a como agente causante de cambios.

 

Esperamos que ahora ya sabes todas las áreas en las que ayuda el juego a los niños/as estés súper convencida de usarlo en clase. ¿Pensando qué tipo de juegos poner en marcha?

¡Apostemos por la gamificación, que los niños aprendan jugando!

 

 

 

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5 Dinámicas para trabajar las emociones en el aula

 

En nuestro último artículo te contábamos por qué era importante trabajar las emociones en el aula y cuáles eran sus beneficios. Te prometimos ejercicios para trabajarlas en clase, y … ¡aquí estamos!

Hoy nosotros te traemos algunas dinámicas para poder trabajar las emociones en el aula.

1. El semáforo
Objetivo: Comprender cómo reaccionar en momentos de enojo.
Material: Cartulinas de color rojo, amarillo y verde.
Ejercicio: Sentamos a toda la clase en círculo y le damos a cada alumno una cartulina roja, una amarilla y una verde. Vamos a describir situaciones conflictivas que puedan provocarles enfado, como por ejemplo, que quieran algo y no se lo compren, que quieran jugar con un juguete con el que quiere jugar otro niño, etc. Después de exponer la situaciones, pediremos a un niño que responda a la situación. El resto de los alumnos deberá valorar su reacción levantando la cartulina verde si creen que ha parado a pensar y actúa de forma comprensiva, la amarilla si su reacción muestra signos de enojo pero no es desmesurada y roja si no hay un razonamiento y es una reacción desmesurada. Después valoraremos la respuesta y explicaremos cómo se podría reaccionar en estas circunstancias.
Una forma alternativa de realizar la actividad, es exponiendo directamente la situación y la reacción y valorándola. Hay un montón de maneras de trabajar el semáforo ¿Cómo lo trabajarías tu?

2. Ponerse en el lugar del otro
Objetivo: aprender a tratar a los demás, crear confianza.
Material: papel y lápiz
Desarrollo de la actividad: Recortamos cuadraditos de papel y damos un papel y un lápiz a cada alumno.
Cada alumno escoge a otro de forma secreta (en su pensamiento) y escribe en el papel lo que esa persona que ha elegido debe hacer y firmar el papel con su nombre. Por ejemplo: Yo Paula, quiero que Alejandro haga el pino.
Después de que cada alumno haya escrito su deseo, deberá doblar el papel y entregárselo al profesor. Este coje todos los papeles y exploica que el juego consiste en “no hacer a los demás lo que no quieres que hagan contigo”.
A partir de aquí, el profesor irá leyendo cada papel y el alumno deberá hacer lo que ha escrito en su propio papel. Todos deben participar.
Es una forma fantástica de aprender a tratar a los demás como quieres que te traten a ti y a respetar a todos y cada uno de los compañeros.

 

3. Confianza: “ El Lazarillo”
Objetivos: conseguir una confianza suficiente para que se pueda dar la colaboración.
Material: pañuelos o venas para tapar los ojos.
Desarrollo: La mitad del grupo tiene los ojos tapados. Están agrupados de dos en dos (un ciego y un guía). Los guías eligen a los ciegos, sin que éstos sepan quien los guía. Durante diez minutos, los lazarillos conducen a los ciegos, después hacemos un cambio de papeles (se escoge pareja de nuevo, ahora escogen los que antes habían estado ciegos).
Una vez terminada la segunda tanda, se hace un coloquio en grupo para compartir la experiencia: ¿Cómo se han sentido al hacer el papel de ciegos? ¿Se han sentido acompañados y seguros? ¿Qué es necesario tener en cuenta para que los demás se sientan comprendidos y acompañados?

 

4. La caja de las emociones
Esta actividad está pensada para ser llevada a largo plazo, por ejemplo, durante todo el curso escolar. Antes de implementar la caja de las emociones en clase, sería aconsejable trabajar las emociones y las características de estas con los alumnos. Se puede adaptar en función del grupo de alumnos y sus necesidades.
Objetivos:Conseguir que los alumnos y alumnas adquieran conocimiento de las distintas emociones y aprendan a comunicarse emocionalmente.
Materiales: Caja de cartón o plástico, papeles o cartulinas y rotuladores.
Desarrollo: Con todo el grupo de alumnos escribimos en la caja el nombre de las distintas emociones y un dibujo representativo de cada una (¡los emoticonos pueden ser muy útiles!). Colocaremos la caja en un lugar visible de la clase y accesible a todos los alumnos. La finalidad de la caja es que sea como un buzón dónde los alumnos puedan expresar, por escrito, sus emociones y sentimientos. La idea es que cada alumno pueda describir una situación concreta y la emoción que le ha provocado, sea positiva o negativa. No se puede obligar a ningún alumno a participar, pero como lo mejor es predicar con el ejemplo, puedes empezar tú poniendo algún mensaje en la caja.
Una vez al día o a la semana, se pueden leer las notas introducidas en la caja y empezar una charla a nivel grupal sobre las situaciones y emociones expresadas.

A partir de esta actividad podemos profundizar en el conocimiento de las distintas emociones y a la vez, desarrollar un trabajo preventivo respecto a posibles conflictos que surjan en clase.

 

5. El tarro de las buenas noticias:
Objetivo: Potenciar el optimismo y los pensamientos positivos de los niños.
Materiales: Un tarro, papel y lápices.
Desarrollo: Esta actividad es muy simple y está pensada para ser llevada a cabo a largo plazo, durante un trimestre o durante todo el curso escolar.
Cada vez que ocurra una buena noticia en el contexto de la clase (por ejemplo, un cumpleaños, el nacimiento de un hermano o hermana, un logro personal de algún niño, etc.) , los alumnos deben escribirlo o representarlo con algún dibujo y ponerlo dentro del tarro. El contenido del tarro puede ser revisado de forma semanal o mensual y ser hablado y festejado por toda la clase. Se puede hacer un mural e ir poniendo todas las buenas noticias que van sucediendo durante el curso, por ejemplo.

 

 

Estas son algunas de las dinámicas que se pueden llevar a cabo para trabajar las emociones, pero como ya te comentamos, existen mil formas de hacerlos. Busca aquellas actividades que puedan motivar más a tus alumnos y ponlas en práctica. Es muy positivo comentar a nivel grupal las sensaciones y emociones experimentadas con la actividad y qué han aprendido acerca de ellas.

 

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