¡Gracias por ser la mejor profe!

 

Enseñarás a volar
pero no volarán tu vuelo.

Enseñarás a soñar
pero no soñarán tu sueño.

Enseñarás a vivir
pero no vivirán tu vida.

Enseñarás a cantar
pero no cantarán tu canción.

Enseñarás a pensar
pero no pensarán como tú.

Pero sabrás que cada vez que ellos vuelen, sueñen, vivan, canten y piensen estará la semilla del camino enseñado y aprendido.

 

Todos te dicen lo afortunada que eres por tener esas vacaciones tan largas, por salir a una hora razonable del trabajo y poder ir a excursiones y colonias durante tu jornada laboral. Eso lo saben todos, claro.

 

Lo que ya no saben son las horas que te tiras en tu casa corrigiendo exámenes, preparando actividades o buscando nuevas formas de que tus alumnos se diviertan y motiven.

Las preocupaciones que te llevas cuando ves que uno de tus alumnos no avanza como te gustaría.

Cuando sabes que otro está sufriendo por el divorcio de sus padres.

Cuando detectas que las dificultades de lectura de alguno en particular pueden ser algo más.

O cuando aparece un conflicto en clase que va mucho más allá que una simple discusión entre alumnos.

 

Tampoco saben que tú también tienes días en que estás cansada, menos animada o sumida en tus propias preocupaciones pero que debes ponerte una máscara y seguir al pie del cañón con tu clase, que no puedes escudarte detrás de la pantalla de un ordenador, poner la música a tope y desconectar del mundo.

Que hay días en que te gustaría pegar cuatro gritos pero debes contenerte y que hay veces en que debes mantenerte firme ante tus pupilos y no es tan fácil. Que hay ocasiones en que tienes que hacer de tripas corazón.

No tienen ni idea de lo cansada que terminas después de 8 horas entre 20 alumnos tan distintos entre ellos, con sus particularidades, con sus días malos, con su inocencia, alboroto e inmadurez propia de la niñez. Y que después de eso, tú también tienes una casa que poner en orden, amigos, familia y pareja con quien quieres pasar un rato, cursos por hacer y otras responsabilidades.

 

No tienen ni puñetera idea de todo esto.

 

Pero tampoco de lo feliz que te sientes cuando consigues que tus alumnos rían, progresen y disfruten aprendiendo. Que se motivan y poco a poco van cogiendo confianza en sí mismos. Que los no , los no puedo, pasan a ser intentos para lograr una meta.

De esa alegría que sientes cuando una actividad que llevas días preparando, es útil y os permite pasar una hora agradable.

De la ilusión de ver que hay un progreso de conocimientos, sí, pero también a nivel personal.

De cuando te das cuenta que te respetan y se respetan entre ellos, que hay un compañerismo que muchos quisieran en sus puestos de trabajo.

Que al entrar en clase, entran en un espacio seguro, feliz y tolerante.

 

No saben el orgullo que sientes al ver cómo tu trabajo transforma, guía y aporta algo día tras día. No perciben lo mucho que ganas tú con tu vocación, la pasión que hay detrás.

En FormArte lo sabemos. Sabemos que ser profesora es duro a veces pero que es algo que te aporta mucho más y te realiza.

Estás aquí porque quieres ser un agente transformador, porque lo crees, porque sientes pasión por la enseñanza.

 

No te rindas, sigue así.

Valoramos inmensamente lo que haces. Y tus alumnos, también.

 

Gracias.

 

FormArte, el arte de formar

 

 

 

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