La montaña rusa de las oposiciones.

Sí, ser opositora es enfrentarse a una montaña rusa de emociones que, a veces, ni tu misma consigues comprender.

Imagínate lo que es que los demás lo entiendan. Misión imposible, casi.

 

Seguro que te sientes identificada y sabes a lo que me refiero.

 

Un día te levantas por la mañana llena de energía, literalmente saltas de la cama dispuesta a comerte el mundo (bueno, en tu caso las oposiciones). Si tienes ganas y todo de sentarte en tu trono particular y ponerte a estudiar.

 

Al cabo de unos días, cuando suena el despertador te apetece salir de la cama y empezar a estudiar, lo mismo que hacer 1.000 sentadillas. Estás desanimada, sin motivación y sin entender qué era aquello que te había dado ese chute de energía unos días antes.

 

Hay momentos en que te sientes fuerte, inspirada y que ver tus progresos te emociona. “Joder, qué lejos he llegado” Te dices a ti misma.

 

Pero hay otros en que te recreas en tu propio drama personal, solo quieres llorar o gritarle a alguien y te sientes una drama queen. ¿En qué momento me metí en este berenjenal?

Y aunque a veces sientas que estás loca y que no tiene sentido, quiero decirte que esto es totalmente normal. Te pasa a ti, a la mayoría de opositores y a muchísima más gente que ni oposita ni tiene intención de hacerlo.

 

Pero créeme, las oposiciones van acompañadas de esta montaña rusa emocional. Es un regalo, que nadie te cuenta que viene incluido, que te llevas cuando decides colgarte el hábito de opositora.

Y estoy segura que a veces estás harta de que sea así y que te preguntes cuál es la solución o cómo dejar de sentir este remolino de emociones sin ton ni son.

 

¿Cómo dejar de lado esta montaña rusa emocional? Creo que no hay nada que pueda garantizarte salir de ella por completo. Y si hay una manera, cuéntamela, por lo que más quieras.

 

Con el tiempo puedes aprender a gestionarlo y a que los días malos sean menos malos. Sin embargo, siempre habrá alguno en que solo te apetecerá irte a la cama de cabeza.

 

Una buena técnica para que las bajadas sean menos duras es ser consciente de lo que te está pasando por dentro, estar presente, tanto en las buenas como en las malas.

¿A qué me refiero con esto? A que observes tus emociones, pensamientos y sensaciones como una mera espectadora. Sobre todo los pensamientos que desencadenan y arraigan las emociones.

Los pensamientos NO SON TÚ, son sólo UNA PARTE DE TI. Tal como dice Mo Gawdat en su libro El alogaritmo de la felicidad (libro más que recomendado, por cierto): esa vocecita que te habla no eres tú, por lo que no tienes que  obedecerlos. Depende de ti lo que hagas con ellos, ¿quién es la jefa aquí? ¿Tú o la vocecita?

Míralos desde fuera, dejándolos ir. Y cuestiónalos cuando sea necesario. Habla con ellos, llévales la contraria cuando no se ajusten a la realidad.

 

“No estás avanzando, no vas a conseguir tu plaza”

A ver, alma de cántaro, llevas meses estudiando día tras día. ¿Cómo puede ser que no hayas avanzado nada? Vamos a repasar todo lo que hemos aprendido: A, B, C, D….

Conseguir la plaza, no sé si la vas a conseguir porque no depende solo de ti, pero currártelo, te lo has currado.

 

“Opositar fue una mala idea. ¿En qué momento se me ocurrió?”

Opositar fue una decisión que tomaste por algo. Opositar me va a permitir conseguir una plaza para toda la vida. No depender de sustituciones, no tener que trabajar a decenas de km de casa, saber que tendré un lugar de trabajo siempre, pase lo que pase.

 

Ningún estado de ánimo ni ninguna emoción es eterna. Obsérvala con curiosidad y sin apego. Las emociones son como las olas del mar, van y vienen. No duran eternamente, aunque cuando estés en medio de una tormenta empieces a pensar y querer predecir el futuro creyendo que no vas a salir de ahí. El problema de esta situación es que estos pensamientos alimentan la emoción y hacen precisamente que dure más tiempo.

Cuando vas de bajada no ves nada más, solo lo oscuro que está el pozo y te sientes atrapada, oprimida y desesperada, te entra el pánico. Si alimentas al monstruo imaginario que habita en ti, éste se hace mayor.

Por eso es importante frenar la bajada. Pararte un segundo y decirte: Oye, no me cuentes milongas, que esto no durará. Que lo que me estás diciendo no es cierto.

Cuando opositas estás tú, contigo misma, haciéndolo lo mejor que puedes en este trabajo que decidiste escoger.

Siéntete orgullosa y feliz de todo lo que estás haciendo y cuando alguien o tú misma te lo cuestione, mándalo a freír espárragos.

 

FormArte, el arte de formar

 

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