Por qué es importante el repaso en las oposiciones

Repasar suele ser una de las partes del estudio que da más pereza, pero forma parte del proceso de aprendizaje. De la misma manera que has dedicado tiempo a planificarte, leer, hacer esquemas, resúmenes y comprender el temario, tienes que dedicarle un poco de tiempo al repaso. De esta forma mejorarás el rendimiento y le sacarás el máximo partido a todo lo que has hecho anteriormente.

 

¿Por qué es importante repasar?

 

¿Te suena lo que se llama la curva del olvido? Este famoso gráfico fue creado por Ebbinghaus, un psicólogo alemán que durante el siglo XIX realizó distintos experimentos sobre la memoria para estudiar los procesos implicados en la retención de información y en el olvido de ésta.

A través de los resultados de estos experimentos se elaboró la curva del olvido, que básicamente lo que viene a decir es que el nivel de retención de lo que aprendes, disminuye con el paso del tiempo.

¿Cómo va este olvido exactamente? Tras adquirir la información, el nivel de material aprendido, baja drásticamente en los primeros momentos, pudiendo perder más de la mitad a lo largo del primer día. A partir de ahí, sigue disminuyendo, aunque a paso un poco más lento, hasta que llega un punto, normalmente a partir de la semana del aprendizaje, en que se queda estable y ya no se produce mayor pérdida. En total llegamos a olvidar un 80% de la información. Dramático, ¿verdad?

 

El panorama es un poco desolador pero, la buena noticia, es que necesitas menos tiempo para reaprender esa información y que, una vez se trasladan los conocimientos de la Memoria a Corto Plazo a la Memoria a Largo Plazo, terminamos por retener esos aprendizajes.

 

Y aquí es dónde entra el repaso.

 

Durante las opos no solo es imprescindible repasar cuando tienes las pruebas a la vista, sino que es importante ir haciéndolo durante todo el proceso. Sobre todo durante estos últimos meses para mantener frescos todos los temas que ya te has estudiado.

 

Y ¿por dónde empezamos?

 

No te asustes, no debes volverte a leer todo el material,  por eso conoces el arte de hacer esquemas de profesional y cómo hacer un buen resumen digno de ser vendido y todo. Y en ellos tienes la información y los datos más relevantes que necesitas para repasar.

Lo ideal es repasar de forma espaciada, es decir a intervalos. Hacer un primer repaso al día siguiente de haber estudiado, hacer un segundo repaso a la semana, un tercer repaso al cabo de un mes y, a partir de aquí, seguir repasando mes tras mes.

 

1r repaso: Al cabo de un día

2º repaso: al cabo de una semana

3r repaso: a los 30/40 días

4º repaso: 30/40 días después del anterior

Y así sucesivamente.

 

Pero esto puede ser complicado llevarlo a rajatabla. La idea es que el repaso se vaya espaciando y haciendo cada X tiempo.

 

En cuanto a cómo repasar, hay dos grandes sistemas: el de arrastre y el de vueltas.
El de arrastre consiste en ir estudiando y repasando, lo anterior, al a vez. Ir sumando los temas que vas estudiando al repaso
. Es decir, hoy te estudias un tema, mañana te estudias otro y repasas el de hoy, pasado otro más y repasas los dos anteriores, etc.

El sistema de vueltas consiste en estudiar un bloque o grupo de temas del tirón (en el tiempo que necesites) y luego repasarlos todos.

A cada persona le puede ir mejor un sistema que otro. Debes ver tú como trabajas y asimilas conceptos mejor.

Si aún no has empezado a repasar o no llevas una planificación de tu repaso, que no cunda el pánico, aún estás a tiempo. Empieza ahora: mejor tarde que nunca.

 

¿Cuánto tiempo debes invertir en repasar?

El que necesites. Probablemente habrá temas que te serán mucho más fáciles y que los repasarás en un santiamén y otros que te van a dar más guerra. Tómatelo con calma y ajústalo en función de cómo lo veas.

 

Que no se te venga el mundo encima si tú no tienes tiempo de ir repasando cada día.

Lo que te explicamos está basado en la práctica ideal pero, ni siempre podemos ser opositoras modélicas ni disponemos de todo el tiempo del mundo. Hay prioridades dentro del propio estudio pero también hay una vida ahí fuera con la que necesitas conectar.

 

Mejor hacer algo que no hacer nada. Es decir, mejor que repases un ratito un día a la semana, que no que no lo hagas nunca. Pero también mejor que solo le dediques un ratito un día a que lo hagas 6 días y te agobies y te amargues más de la cuenta.

 

Para que esto sea más fácil, en el próximo post te contaremos algunos truquillos y tips para que repasar sea más sencillo.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

Cómo dar negativas: Tienes derecho a decir NO.

 

Aprender a decir que no es difícil.

A veces, te ves envuelta en situaciones que no quieres, te dejas llevar por otros o por las circunstancias y terminas haciendo cosas que realmente no te apetece hacer. Y todo por no haber sido capaz de decir NO.

Seguro que alguna vez te han propuesto algo, dentro de ti te has repetido veinte veces “no, no, no, ni de coña” y sin saber cómo, te encuentras haciéndolo. .

 

¿Por qué es tan complicado decir la palabra “NO”? Es solo una palabra, ¿verdad? Y encima con solo dos letras.

 

Decir que no es difícil para muchas personas. ¿Por qué? Puede haber distintos motivos pero generalmente nos encontramos el miedo. Miedo a quedar mal, a decepcionar a alguien, a hacer enfadar a alguien, a no parecer capaz, etc.

Como niños aprendimos que decir que no era descortés o inapropiado. Estaba fuera de los límites. No era sensato decirle a tu madre, padre, tíos o profesores que no a algo que te pedían. Y a partir de ahí, la creencia de que decir que NO es grosero se arraiga.

 

Este no es un reto solo para ti, muchas personas tienen la misma asignatura pendiente.

 

Primero de todo, debes tener MUY claro que decir que no, NO significa que eres una mala persona, grosera, egoísta o que no puedes hacerlo.

 

Claro que es importante ser flexibles, prestar nuestra ayuda y tomar ciertos riesgos, pero también es fundamental priorizar por nosotras y hacer aquello que realmente queremos hacer.

Antes de decir que no, asegúrate que te niegas por los motivos correctos y no por miedo ante una situación nueva.

Puede ser una buena táctica hacerte algunas preguntas:

 

¿Por qué dices que no?

¿Es porque realmente no quieres hacerlo? ¿No crees en lo que te están pidiendo/planteando? ¿o es más algo así como que crees que no eres suficientemente buena en eso? (y si es este el caso, ¿por qué no te atreves a desafiarte a ti misma?).

 

Si no estás segura de cuál es el motivo puedes crear un mapa conceptual para entenderlo. Coje una hoja, dibuja un círculo en medio de la página y escribe: “no quiero hacer X porque…”. Dibuja círculos más pequeños alrededor y escribe todo aquello que se te pase por la cabeza que pueda estar frenándote a aceptar.

Al empezar a rascar y anotar razones, vas a acabar tirando del hilo y descubriendo cuál es la verdadera razón.

 

¿Realmente merece la pena decir que sí?

 

¿Qué es lo que quieres? Dependiendo acerca de a que quieras decir que no, este puede ser un buen momento para parar a reflexionar acerca de ese aspecto. Si por ejemplo es algo relacionado con tu trabajo, entender qué nos impulsa a dar una negativa puede ayudarnos a ver hacia dónde queremos ir.

Y una vez descubierta o percibida la meta, toca pensar cómo llegar a ella.

Si sea lo que sea, ya tienes claro que tu respuesta es que no (y eso está más que perfecto), toca transmitirlo.

 

Lo que más cuesta es decirlo, pero no te andes por las ramas ni ofrezcas excusas. Di directamente NO.  Si dudas, titubeas o das vueltas antes de dar la respuestas, solo estás proporcionando una oportunidad a la otra persona para intentar convencerte.

Si lo consideras oportuno y necesario, puedes dar una breve explicación, pero no te sientas obligada a ello. Y tampoco tienes que disculparte por decir que NO.

 

Hay muchas formas de decir que no, pero si lo haces de forma asertiva y cortés, no tienes de qué preocuparte. “Lo siento, no puedo hacerlo en este momento, pero te lo comunicaré cuando pueda” o “Aprecio que me lo hayas pedido, pero en estos momentos no puedo dedicarle tiempo para hacerlo bien” son fórmulas comodín que puedes usar si no sabes cómo hacerlo.

Según el caso, siempre puedes ofrecer una alternativa que satisfaga sus necesidades y, al mismo tiempo, sea algo más preferible para ti. Pero repetimos: NO TIENES LA OBLIGACIÓN DE HACERLO.

 

Si el no se lo estás dando a un amigo, familiar o alguien de confianza, no temas. Una relación fuerte puede resistir a algún que otro no. Y si no es así, no es tu problema. Cuando alguien no puede aceptar un no, significa que esa persona no te valora y respeta tanto como debería (y que tiene algún que otro problema a la hora de aceptar negativas).

Mantente firme y no te sientas obligada a rendirte solo porque esa persona no se lo toma bien.

 

A veces una tiene que ser egoísta y mirar por sí misma. Tienes que aprender a poner tus necesidades primero y no las de la persona que te está pidiendo algo.

 

Para evitar aceptar por no ser capaz de decir que no, puedes primero ganar algo de tiempo para pensar la situación y afrontar el momento. Pide unos días para reflexionar

 

Aprender a decir que no es una de las mejores cosas que puedes hacer por ti misma. Te desafía a superar tus miedos y te ayuda a sentir que tú tienes el control.

 

Y como en comer y en rascar, en decir que no, todo es empezar.

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Eres opositora y hoy estás un poco más cerca

Eres opositora.

Te levantas cada mañana para luchar por un sueño y te acuestas cada noche un poquito más cerca de éste.

Más cerca de esa plaza que a pesar de no tener la certeza de saber si conseguirás, te da la fuerza y el ánimo necesario para seguir día tras día.

Tienes dudas. Dudas de si has escogido el camino adecuado, de si llegarás al final de la meta y de si lo estás haciendo bien. Y las dudas siempre están ahí. Duelen, joden, te reconcomen por dentro.

Pero has aprendido a acallarlas cuando toca y a convivir con ellas.

 

Eres opositora y sabes lo que significa el sacrificio. Sacrificar celebraciones, cenas, fines de semana fuera, vacaciones, noches de fiesta, de cine, teatro. Sacrificar tiempo con los tuyos. Sacrificar horas de sueño. Y sacrificar relaciones que se van enfriando porque no tienes tiempo.

 

Tiempo. ¡Qué dimensión tan distinta tiene el tiempo para ti ahora…!

¿Qué hacía antes con mi vida? ¿Cómo podía perder tanto el tiempo? ¿Por qué no lo aproveché más?

El día tiene 24h y tú necesitarías como 20 más para llegar a todo.

 

Eres opositora y sabes que el estudio es prioritario sobre cualquier cosa. Y es sacrificado. Tienes masters en organización, planificación y en robarle ratitos al día para sentarte enfrente el temario.

Tienes planificadores, agendas, libretas, bolígrafos, subrayadores, post-its y todo un arsenal de material.

Eres opositora y sabes que no puedes compararte con nadie. Nadie, sean opositores o no. Tu ritmo de vida es distinto al de los demás.

Pero eres opositora y esto es por lo que has apostado. Decidiste jugártela por ello y si lo sentiste en su momento, fue por algo.

 

Eres opositora y te mereces que te traten con respeto y que te valoren. A aquellos que digan que estudiar no es un trabajo, mándales a freír espárragos. Tú más que nadie sabes lo que es empezar la jornada a las 8h y terminarla a las 20h sin que tu cuenta corriente aumente a fin de mes. Y sin saber si esas 12h tendrán su recompensa.

 

Eres opositora y sabes que hay momentos de flaqueza. Momentos en que necesitas y te mereces darte un respiro pero sabiendo que después hay que volver a subir a floter. Aferrarse de nuevo a la meta, a la ilusión que te hizo empezar.

 

Eres opositora y sabes que las ganas tienen que poder sobre las dudas, el miedo, los días negros y el hastío.

Eres opositora y hoy estás un poco más cerca.

 

Y pase lo que pase hoy, mañana hay que levantarse con más fuerza que nunca.

 

FormArte, el arte de formar.

Las habilidades interpersonales y su importancia en tu vida

Hoy queremos hablarte de un aspecto muy importante al construir relaciones y al trabajar con otras personas, como tus alumnos, tus compañeros de trabajo e incluso tus amigos: las habilidades interpersonales.

 

¿Qué son las habilidades interpersonales?

 

Las habilidades interpersonales son las habilidades que usamos todos los días cuando nos comunicamos e interactuamos con otras personas, tanto individualmente como en grupos.

 

Las habilidades interpersonales incluyen una amplia variedad de habilidades, aunque muchas se centran en la comunicación, como escuchar, preguntar y comprender el lenguaje corporal. También incluyen las habilidades y los atributos asociados con la inteligencia emocional, o la capacidad de comprender y gestionar las emociones propias y de los demás.

 

Las personas con buenas habilidades interpersonales tienden a ser capaces de trabajar bien en un equipo o grupo, y con otras personas en general.

Pueden comunicarse eficazmente con los demás, ya sean familiares, amigos, compañeros del trabajo o, en tu caso, tus alumnos.

Por lo tanto, son vitales en todas las áreas de la vida; en el trabajo, en la educación y socialmente.

 

Todos hemos estado desarrollando estas habilidades desde la infancia, generalmente de forma inconsciente. Son algo natural que damos por sentado, no paramos a reflexionar cómo nos comunicamos con los demás. Sin embargo, a veces pueden estar frenando tus relaciones. Por ello, un buen primer paso es fijarte en cómo te comunicas tú.

 

Tomando consciencia de cómo interactúas con los demás y a través de la práctica, puedes mejorar tus habilidades interpersonales. Y esto es precisamente a lo que venimos hoy: a poner énfasis en algunos aspectos clave para tomar consciencia y mejorar tus habilidades interpersonales.

 

Consejos para mejorar las habilidades interpersonales:

Escuchar con la mente abierta.

¿Dónde está tu mente cuando estás escuchando? Hay veces en que escuchamos prestando mucha atención a lo que nos dice la persona que está hablando, con paciencia y tolerancia. En cambio, otras veces, nuestra mente vaga y se sitúa en un lugar de juicio e impaciencia, queriendo ir al grano.

Escuchar es el epicentro de cualquier relación social saludable.

 

Escuchar con la mente abierta significa hacerlo con curiosidad, compasión y de forma paciente. Dar oportunidades para profundizar y fortalecer relaciones.

 

 

Prestar atención al lenguaje corporal.

Lo habrás escuchado mil veces pero realmente la comunicación no verbal puede decir mucho más que las palabras que salen de tu boca.

A veces, el verdadero mensaje que deseas comunicar se envía a través de tu tono, volumen, ritmo y lenguaje corporal.

Es necesario e importante examinar tus propias expresiones no verbales y considerar cómo interpretas las de los demás.

A veces puedes no transmitir el mensaje que quieres por culpa del lenguaje corporal.  Cuando hablas con alguien y percibes un desajuste entre su selección de palabras y su comunicación no verbal, tu confianza en esa persona, inconscientemente, disminuye. Lo mismo al inrevés.

Por ejemplo, si alguien te dice “no pasa nada” con los brazos cruzados y un tono un poco arisco, por mucho que el mensaje sea “no te preocupes”, no lo percibes así, ¿verdad?

 

Es fundamental que ajustemos lo que decimos con lo que expresamos y el primer paso es centrar tu atención en tus propias señales no verbales. Quizás no puedes cambiar las de los demás, pero sí puedes cambiar las tuyas y aprender a interpretar las de los demás.

 

Y, ¿no te parece un aspecto interesante para poner en práctica con tus alumnos? Seguro que puedes plantear alguna actividad en la que se trabaje el lenguaje corporal y ayudarles a comprender la importancia de dar un mensaje congruente al comunicarse.

 

Ampliar la competencia cultural:

La competencia cultural es la capacidad de comprender, apreciar e interactuar con personas de culturas o sistemas de creencias distintos a los tuyos. Es la capacidad para navegar a través de las diferencias interculturales, ya sea para enseñar a los estudiantes, colaborar con compañeros de trabajo o socializar con amigos o nuevas personas.

Ser consciente de tu propia identidad pero también de las diferencias que puedan existir, ya sean generacionales, raciales, de género, nacionales, etc y de los sesgos inconscientes que realizamos.  La cultura puede desempeñar un papel importante en la comunicación, las emociones, el cumplimiento de las normas y las relaciones.

Y no olvides que los rasgos que compartimos en común (que siempre los hay), pueden ofrecer oportunidades para construir puentes en favor de las relaciones.

 

Saber gestionar los conflictos.

Ni a ti ni a nadie nos gusta tener conflictos, problemas o malentendidos con otra persona. Pero la realidad es que es muy difícil que jamás surjan. Un conflicto puede fortalecer o socavar una relación, pero la mayoría de nosotros somos reacios a ellos, intentamos sortearlos como podemos y muchas veces carecemos de las habilidades necesarias para enfrentarlos. Probablemente porque desde pequeños nos han educado para evitarlos.

Pero necesitamos aprender a manejarlos, sobre todo cuando estás al mando de una clase.

Aunque te pueda costar, si tienes un problema o una queja sobre alguien, llévalo directamente a esa persona. No te lo guardes, no empieces a contárselo a todo el mundo menos al implicado, no lo dejes ir. Las cosas hay que solucionarlas al momento para evitar rencores, resentimientos y grandes conflictos. Cuesta pero te garantizamos que, a la larga, tú y las personas de tu alrededor van a agradecértelo.

 

 

Una comunicación sólida y una comunidad saludable pueden reforzarnos a través de momentos difíciles, traer alegría a nuestras vidas y mejorar nuestra capacidad de recuperación.

 

 

Además, no solo tú puedes trabajarlas a nivel personal, sino que puedes ayudar a tus alumnos a desarrollarlas y mejorarlas a través de actividades y ejercicios, permitiéndoles ganar una herramienta muy poderosa para su futuro.

 

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En la piel de una opositora: Entrevistando a Sara

Te traemos una nueva entrevista a otra opositora para que te de energía y motivación para seguir con el estudio.

Hoy te presentamos a Sara; una chica de 30 años que aprobó las oposiciones hace algunos añitos. Estudió educación primaria mientras trabajaba como monitora de niños los fines de semana y en verano. Mientras estudió las oposiciones, a tiempo completo, seguía trabajando como monitora porque le apasionan los niños. Hoy en día es profesora de inglés en ciclo medio y superior de primaria y está encantada con su trabajo.

Le hemos pedido que nos hable un poco de su experiencia durante el camino hacia las opos, ¿quieres conocer cómo fue?

Quédate leyendo e inspírate con su caso.

 

 

¿En qué momento decidiste empezar a opositar?

Lo decidí cuando termine la carrera. Sabía que ser profesora era mi vocación, siempre me han gustado los niños y trabajaba de monitora los fines de semana y en verano.  Además mis padres son docentes, trabajan en escuelas públicas y siempre tuve claro que quería que ese fuera mi camino.

 

¿Por qué decidiste empezar a opositar?

Supongo que por el mismo motivo que la mayoría de personas que se presentan a una oposición; para tener un trabajo estable e independiente.

 

¿Cómo te preparaste? ¿Por libre, preparador, academia…?

Al principio fui a una academia pero no me terminaba de convencer y lo dejé. Seguí estudiando por libre, pero veía que me costaba mucho y que no conseguía ponerme las pilas. Entonces decidí darle otra oportunidad a las academias y me topé con FormArte.

 

¿Por qué escogiste FormArte?

Sinceramente porque sentí que era mi sitio. La primera vez que busqué academia, no me lo plantee demasiado, escogí la primera que encontré. Después de esa primera experiencia estaba bastante desencantada y no confiaba mucho en encontrar una que me convenciera, pero llegué aquí, pregunté, me gustó mucho todo lo que me contaron, ví que eran innovadores y que hacían las cosas distintas y .. me quedé.

 

 

¿Qué has aprendido a lo largo del camino de opositar?

Muchas cosas, pero se podría resumir en que si quieres, puedes.

 

 

 

¿Cuál fue el momento más duro de cara a la oposición?

Hubo algunos momentos duros, pero una de las peores épocas fue justo el enero antes de opositar. Me había pasado las Navidades estudiando, había dejado de hacer muchas cosas por estudiar, sentía que no lo llevaba tan bien como debería… Fue el momento en que pensé que quizás, después de todo lo que me estaba esforzando, no lo conseguiría.

 

¿Cómo te organizabas para estudiar? 

Diariamente. Había terminado la carrera hacía relativamente poco y fue como seguir con la dinámica de la universidad, pero más en serio.

 

 

 

¿Qué crees que es lo más importante para opositar?

Rutina y organización.

 

 

 

¿Qué es lo mejor de haber opositado?

Además de lo que te llevas a nivel personal y ver que realmente puedes conseguirlo si te lo curras, la estabilidad económica y los derechos laborales que tienes.

 

¿Ha cambiado tu punto de vista acerca de la enseñanza durante la preparación de las oposiciones?

En mi caso creo que sí. No diría que  por la preparación en sí, pero cuando compartes este proceso con otras personas tienes la oportunidad de descubrir otros puntos de vistas y de pensar, diferentes formas de enfocar las cosas…

 

 

¿Cómo se superan los momentos de “no puedo más”?

Pensando en lo que te espera al final del camino.

 

 

¿Llegaste a plantear dejarlo en algún momento? Si es que sí, ¿Por qué y cómo lo superaste?

A dejarlo no. Como ya he comentado, hubo algún momento duro de “no puedo” pero no pensé en dejarlo. Sabía que me presentaría pasara lo que pasara.

 

¿Nos puedes dar algún consejo para las futuras opositoras?

Si quieres puedes.

 

Y con esta frase tan importante, cerramos el post de hoy.

Ya sabes opositora, ¡si ella quiso y pudo, TÚ TAMBIÉN!

 

Y si quieres seguir leyendo entrevistas a otras opositoras, puedes hacerlo aquí.

 

FormArte, el arte de formar.

5 formas de que tus alumnos participen más en clase

 

Conseguir que las alumnas/os participen en clase puede ser un gran reto. Especialmente según el grupo que tengas delante; hay grupos con estudiantes muy participativos y otros a los que arrancarles algunas palabras es casi misión imposible.

La buena noticia es que existen estrategias efectivas para conseguir aumentar la participación de tus alumnas/os y es mucho más fácil de conseguir de lo que puede parecer.

 

La curiosidad de los estudiantes puede ser estimulada de manera que fortalezca su conexión con las lecciones, las interacciones entre ellos y su voluntad de comprometerse con los objetivos de aprendizaje. Hay técnicas sencillas que tú puedes usar durante tu clase para aumentar esta curiosidad y, por lo tanto, el compromiso entre los alumnos, especialmente de los más mayores, que corren un mayor riesgo de perder el interés.

 

¿Quieres descubrirlas?

¡Desvelamos el misterio!

 

Estrategias para aumentar la participación en clase:

Aprovechar el poder del misterio.

Esto lo saben a la perfección desde escritores como Agatha Christie hasta los guionistas de Stranger Things. Los humanos tenemos una necesidad compulsiva de descubrir qué sucede a continuación. Nos encanta resolver misterios y encontrar secuencias y patrones. Así que, ¿por qué no introducir tu próximo tema con algún misterio?

Puedes plantear alguna pregunta amplia relacionada con el temario y que tus estudiantes las discutan en grupo. Después se pueden debatir las respuestas y enlazarlas con el tema que toca trabajar. Las conjeturas siempre son un punto de partida estupendo para el aprendizaje.

Menos es más.

Relacionado con el punto anterior, una buena estrategia para fomentar la participación puede ser hacer menos preguntas, pero que sean más profundas. Por ejemplo, usar preguntas que empiecen con un: “Qué pasaría sí…” o “Cómo podría…” y buscar preguntas que no tengan una respuesta indiscutible de sí o no, o que se basen en simplemente recordar hechos. El objetivo es fomentar el pensamiento y la discusión colaborativa.

Si hay alumnos que son menos participativos porque son más tímidos o tienen menos confianza, puedes hacer grupos y designar a estos alumnos como portavoces.

 

 

¿Qué quieres saber sobre…?

Hay parte de la lección o del conocimiento que debe ser dado por instrucción directa; es decir, necesitan aprenderlo a través de la transmisión. Pero si se juegan bien las cartas y se orienta a la alumna/o, se puede fomentar su curiosidad y con ello, el aprendizaje.

Podemos hacer alguna actividad para ver qué saben tus estudiantes sobre el tema que se está tratando y, una vez visto cuánto saben y hasta qué punto, podemos plantearles qué creen que deberían saber y que les gustaría saber. Les apetecerá más estar atentos y aprender si es algo que les pica la curiosidad.

Se puede hacer una lista con todas las curiosidades que vayan surgiendo y pedirle a cada alumno o grupo de alumnos que se encarguen de investigar y resolver una de las dudas. Luego ellos mismos pueden hacer de profes y entre todos terminar de aprender todos los conocimientos necesarios.

 

 ¿Y para qué sirve esto?

Muchas veces hemos tenido que aprender cosas que no sabemos para qué necesitamos saberlas. Hoy en día, con  lo fácil que es acceder a Internet y a la información, está pregunta puede estar aún más en la orden del día.

Puedes mostrarles a tus alumnos por qué ese contenido es importante para ellos: cómo lo van a usar más adelante en su vida o cómo usa la gente ese conocimiento en el mundo real. Esto puede hacer mucho más interesante un tema, además de dar pie a crear proyectos diferentes para aplicar los aprendizajes.

 

Fomentar la colaboración dinámica:

En todos los puntos anteriores te lo hemos dejado caer, pero el trabajo colaborativo en grupos pequeños puede ser un gran WIN con la orientación adecuada. Permite a los estudiantes desarrollar habilidades sociales y al mismo tiempo obtener conocimientos. Aprenden cómo el éxito individual y grupal son mutuamente dependientes y cómo llenar los vacíos en el conocimiento de los compañeros, además de hacerlo en un entorno que es atractivo porque es social. No es necesario que sean actividades largas, sino que se pueden hacer perfectamente cortas e informales.

 

 

Al principio puede costar conseguir que toda la clase participe, pero no hay nada imposible con la estrategia adecuada.

De hecho, ellos mismos se sentirán más a gusto y fomentaremos que tengan más ganas de involucrarse y aprender. Además, puede ser perfecto para crear más cohesión de grupo y que pierdan el miedo en expresarse.

FormArte, el arte de formar.

 

 

Descubre estas 5 apps ideales para opositoras

Tus dispositivos digitales y tu smartphones, pueden ayudarte en tu camino hacia las opos.

Sí, como lo lees, la tecnología puede ser tu aliado para ser más productiva, llevar un planing y una organización más efectiva o dejar de distraerte con tus redes sociales.

 

¿Cómo? Usando aplicaciones diseñadas para ello.

 

Si quieres conocerlas, ¡sigue leyendo!

 

Aplicaciones perfectas para opositoras como tú

Google Drive

Más que probablemente ya la conozcas y le des uso, pero por si acaso, mejor prevenir que curar. Google Drive es un servicio de almacenamiento de archivos de Google. Con una cuenta de Google tienes 15GB de almacenamiento gratuito, que viene a ser bastante si solo es de uso personal.

En él puedes guardar fotos, vídeos, pdf, excels, words e incluso almacenar copias de seguridad de WhatsApp. Las posibilidades son infinitas.

Desde google puedes crear documentos en formato similar a word, excel y powerpoint entre otros, muy útil para trabajar en línea y desde cualquier dispositivo u ordenador.

Además puedes compartir cualquier archivo o carpeta con otras personas mediante email o enlace.

Una alternativa gratuita muy útil y práctica para estudiantes, profesores y para cualquier persona en general.

 

Evernote

Con Evernote podrás tenerlo todo organizado en una sola app. Podrás apuntar tus notas, ideas, listas, recordatorios, guardar inspiración… una gran cantidad de opciones y ¡en muchos formatos! No solo como herramienta para el estudio sino también para organizar tu día a día. Podrás descubrir un montón de usos en el siguiente artículo.

 

Además, una de las mayores ventajas de esta app es que se sincroniza automáticamente, por lo cual podrás usarla y ver todas tus notas e información guardada desde el smartphone, tu ordenador o tu tablet.

Está disponible tanto para Android como para IOS y hay una versión de pago y otra gratuita.

 

Squid Notes / Good Notes:

Si prefieres tener los apuntes en formato digital pero te gusta hacerlos a mano y a tu gusto, estas dos aplicaciones son para ti.

Sirven para tomar notas a mano mediante un lápiz digital o con los dedos (aunque puede ser una tarea mucho más complicada) que posteriormente podrás convertirlos en formato PDF. Puedes hacer esquemas, dibujos, importar imágenes, documentos… ¡prácticamente de todo!

Squid Notes es para Android y Good Notes para IOS.

En Squid Notes hay versión gratuita y premium, pero con la gratuita es suficiente en términos generales.

 

DLE descargable

Esta app ya no es gratuita pero puede resultarte muy útil tanto como profe como estudiante de las opos. Al descargártelo (que es el momento en que haces el pago), tendrás acceso al Diccionario de la lengua española de la RAE en tu móvil o tablet.

Es muy muy fácil de usar y no solo sirve para conocer el significado o cómo se escribe una palabra, sino que también puedes buscar palabras por criterios, expresiones y locuciones, conjugaciones de los verbos, etc.

 

Y ¡no necesitas conexión a Internet para usarlo!

Disponible tanto para IOS como Android.

 

Si te da un poco de pereza gastar dinero y prefieres una aplicación gratuita WordReference también puede ser tu aliada. Además, no solo podrás buscar el significado de las palabras, sinónimos y antónimos en español sinó que tiene muchos idiomas integrados.

 

OFFTIME

Ya te hablamos de esta app en nuestro artículo sobre Cómo desintoxicarse de las redes sociales, pero si no lo leíste, te la volvemos a recordar.

Además de darte información de cuánto tiempo estás con tu smartphone, podrás quitar notificaciones durante ciertos periodos de tiempo y restringir el acceso al móvil. Una buena forma de luchar contra la procrastinación y desconectar del mundo digital.

 

Tiene distintos perfiles ya predeterminados que te ofrecen diferentes posibilidades, pero si ninguno de ellos se adapta a ti, puedes crear uno que encaje con tus necesidades.

 

De este tipo de apps hay muchas, si esta no termina de convencerte puedes buscar otra que te guste más.

También te hablamos de FOREST, con la que puedes plantar árboles y crear un bosque si estás suficiente tiempo alejada de tu teléfono. Todo es cuestión de probar.

 

Esperamos que estas Apps te sean útiles en tu día a día y te pongan las cosas un poquito más fáciles.

¡Ánimo opositora, que queda menos!

FormArte, el arte de formar.

 

¡No te olvides de la autoestima de tus estudiantes!

Te hemos hablado de la importancia de tener una autoestima positiva y cómo esta repercute en tu vida.

Una buena autoestima es imprescindible para cualquier persona y también lo es para tus estudiantes.

 

La autoestima de un estudiante tiene un impacto significativo en casi todo lo que hace, en la forma en que se involucra en actividades, cómo enfrenta desafíos e interactúa con los demás.

Sin embargo, la autoestima también puede tener un impacto destacable en el rendimiento académico. La baja autoestima puede disminuir el deseo de un estudiante de aprender, su capacidad para concentrarse y su disposición para asumir riesgos.
Una autoestima positiva, por otro lado, es uno de los grandes pilares del éxito escolar. Proporciona una base firme para el aprendizaje.

 

Cuando trabajas con niños te das cuenta de que uno de los grandes problemas que tienen, es esta falta de autoestima y falta de confianza en sí mismos.

Te vamos a dar un ejemplo de ello.
Una de las asignaturas más duras de roer por la muchos alumnos/as son las matemáticas o el inglés. Ellos mismos lo dicen; no me gusta, no sé hacerlo, no se me da bien. A medida que se hacen mayores tachan algunas asignaturas de su lista y profesiones de sus posibilidades por la imposibilidad de enfrentarse a ciertas áreas o asignaturas. Sí, claro que hay cosas que se nos dan mejor que otras, pero es interesante reflexionar acerca de este pánico, desinterés o desencanto generalizado hacia algunas asignaturas.

¿Realmente hay una parte tan elevada de los estudiantes que no tengan capacidad para las matemáticas, por ejemplo?

No, creemos que no.

Quizás el problema está en cómo se enseña la asignatura. En que no entienden la base y los fundamentos y luego es imposible coger el ritmo. ¿Cómo van a resolver sistemas de ecuaciones con denominadores si no saben hacer fracciones? Es verdaderamente complicado.

Entonces, van creciendo, le ponen una cruz a las mates y se cuelgan ellos mismos el cartel de: No soy capaz.

Y si encuentran a alguien con tiempo y paciencia para ir construyendo esa base, poco a poco ven que oye, ¡no se les dan tan mal las mates!

Han ido aumentando su confianza, a medida que ven que sí tienen posibilidades.

 

Aunque habrá casos y casos y el sistema educativo tiene parte de culpa en esta situación, uno de los desafíos pasa por restaurar su creencia en sí mismos para que perseveren frente a los desafíos académicos.

Y amiga, tú como profesora tienes parte de ese super poder a tus manos. Los educadores moldeamos la autoestima todos los días, en el curso normal de la interacción con los estudiantes.

 

Aunque no puedas enseñarle directamente a un alumno a creer más en sí mismo y a sentirse bien consigo mismo, sí puedes fomentar su autoestima a través de un proceso continuo de aliento y apoyo. En su forma más básica, esto significa mostrar aprecio por las cosas que hace bien, expresar confianza en que mejorará en las áreas en las que no le va bien y adaptar la instrucción, dentro de las posibilidades, para que pueda conseguir los objetivos.

 

¿Cómo hacerlo?

 

Los elogios son una buena forma de empezar. Pero no elogiar por elogiar o hacerlo de forma vacía, sino de forma específica y genuina. Nada de palabras vagas, centrémonos en la parte de su trabajo o comportamiento que están haciendo bien. Reforzar las conductas positivas para que quieran seguir llevándolas a cabo. Cada pequeño paso cuenta.

No es necesario hacerlo delante de toda la clase si crees que eso puede hacerle sentir incómodo/a, pero todos necesitamos palabras de aliento que nos motiven a seguir dando lo mejor de nosotros mismos. ¿o a ti no te pasa con las opos?

 

Además de elogiar, porque a veces las palabras solas pueden no ser suficientes, una buena forma de fomentar esa autoconfianza es mostrar a tus estudiantes evidencia tangible de su progreso. Ayudar a la alumna/o a apreciar su propia mejora señalando signos concretos del crecimiento. ¿De qué forma? Quizás comparando los trabajos de principio de curso con los posteriores, demostrándole que los problemas de mates con los que tenía problemas al principio ahora son mucho más fáciles, o haciendo un diccionario de todas las palabras que han aprendido durante el curso (tanto su significado como ortografía).

 

Otra forma de mostrarles a tus alumnos que confias en ellos y en sus capacidades es darles alguna tarea relacionada con el aula u otros compañeros. Es una manera de contribuir a que el estudiante se sienta importante en clase y que sepa que tiene un lugar. Por ejemplo hacer parejas entre alumnos para que se ayuden mutuamente en función de sus fortalezas. Puede estar relacionado con asignaturas de clase o con aficiones suya. No solo refuerza su autoestima en cuanto a capacidad, sino que también puede reforzar las relaciones entre ellos y su sentimiento de pertinencia en el grupo.

 

Y por último, pero no por ello menos importante, dejarles muy claro que equivocarse, cometer errores o fallar es totalmente NORMAL. Que nadie es perfecto y que todos tenemos algún patinazo. Crear un ambiente que favorezca el respeto y en el que todos puedan expresarse.

Los alumnos/as suelen bloquearse en las preguntas de opinión personal. No responden porque no saben y porque no se atreven a dar una respuesta por si está mal. No preguntan sus dudas y muchas veces, aunque sepan una respuesta o crean saberla, dejan ir el clásico: No sé.

Promover una dinámica de clase que evite estas situaciones y en dónde no tengan miedo de equivocarse o de dar su opinión, es muy importante. Muchos adultos aún son incapaces de expresar lo que piensan por no decir algo fuera de lugar o quedar mal, así que cuanto antes se trabaje en ello, antes van a poder expresarse libremente.

 

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Por qué es importante saber ser autocrítica y autocompasiva contigo misma

Hace unos días te hablábamos de cómo la forma en que te hablabas era un obstáculo o una ayuda para afrontar tus objetivos y tu vida en general.

 

Todos tenemos defectos y hay aspectos de nuestra vida que no terminan de funcionar como nos gustaría. Tú, nosotros, la vecina del quinto y esa influencer que parece tener una vida tan ideal.

 

La forma en que aceptamos, afrontamos y tomamos medidas para solucionar estas cosas que nos obstaculizan, es lo que marca la diferencia.

Cuando fallas en algo importante para ti, ya sea en las relaciones, en el trabajo o en algún proyecto personal, puede ser muy doloroso y frustrante. Estas experiencias pueden amenazar la esencia de lo que piensas que eres y de lo que quieres ser.

Por eso es fundamental que sepas cómo llevarlo.

 

Cada persona hace frente al fracaso de forma distinta e incluso una misma persona, según el caso, lo toma de una manera y otra.

 

Hay veces que sacamos el látigo y empezamos a echarnos toda la mierda encima. Que si es nuestra culpa, que si somos un desastre, que no damos pie con bola, que todo lo hacemos mal, etc. Esta estrategia, como ya te contamos, es un bodrio. No te lleva a nada bueno; solo a disminuir la confianza en ti misma, desmotivarte y restarte energía. Hacerlo es fácil, eso sí y, una vez coges la práctica, no hay quién te saque de ahí.

Aunque creas que ser dura contigo misma te hará mejor, no hay investigación alguna que  respalde esta idea: se ha demostrado que la autocrítica aumenta la postergación y la reticencia e impide el progreso de las metas. Si ya te sientes inútil e incompetente, es posible que sientas que no tiene sentido intentar hacerlo mejor la próxima vez.

 

En cambio, en el otro extremo, hay otras veces que recurrimos a estrategias de autoprotección. Racionalizamos lo que sucedió para que nos deje en un lugar más positivo para nosotros, culpamos a otras personas y quitamos importancia al suceso. Estas estrategias pueden hacernos sentir mejor con nosotros mismos a corto plazo, pero es menos probable que nos ayuden a mejorar o evitar repetir nuestros errores en el futuro. La investigación muestra que las personas que tienen una visión demasiado inflada de su desempeño en una tarea profesional muestran una disminución en la motivación y el desempeño subsiguientes, en comparación con las personas que se ven a sí mismas de manera más realista.

Tiene sentido: si ya crees que eres genial, puedes sentir que no hay necesidad de esforzarse en mejorarte a ti misma.

 

¿Cuál sería la solución? Examinarnos de forma sincera con nuestras luces y nuestras sombras.

Echar un vistazo honesto hacía nosotras es, por supuesto, más fácil de decir que hacer.

Ante un suceso negativo, no solemos hacernos las preguntas adecuadas. Ponemos el foco en lo qué somos, en nuestra persona, en lugar del suceso o del hecho en sí. Por ejemplo preguntarnos ¿cómo sucedió esto y cómo puedo evitar que vuelva a suceder?

 

Es por eso que para hacer autocríticas es importante centrarnos en comportamientos específicos y modificables, y no en aquellos atributos globales e incambiables.

 

 

Una autocrítica constructiva, implica un estilo explicativo más optimista, con un enfoque en áreas específicas y modificables que necesitan mejorarse.

 

Por ejemplo, “si está semana no he llegado a mis objetivos de estudio es porque no me he organizado bien. ¿qué puedo hacer para organizarme mejor?” y a partir de aquí buscar estrategias para ayudarte a solventarlo. Recuerda que no todas las estrategias funcionan para todos. Debes encontrar aquello que te sirve A TI.

 

¿Y qué pasa cuando las circunstancias externas te empujan a hacer o dejar de hacer algo? Ok, échale parte de la responsabilidad a la situación, pero luego trata de cambiarla.

Incluso en situaciones en las que obviamente tenemos la culpa, puede haber factores situacionales que nos empujan en una dirección u otra.

 

Sí, quizás esta semana te has organizado fatal pero es que has tenido dos cumpleaños y tenías que ir al médico y a pasar la ITV y eso te ha quitado tiempo.

Vale, puede pasar. Pero si son acontecimientos que sabías con antelación podrías haber buscado otra forma de planificar tu semana o, en lugar, de quedarte tres horas viendo series en Netflix por la noche, haber dedicado un ratito al estudio o irte a dormir más temprano y levantarte antes para hacerlo.

 

Y no, el tema no es que no puedas tener una semana en que estudies menos, no pasa nada. Lo que queremos que entiendas es que si crees que eres invulnerable a la situación y que no puedes hacer nada, simplemente te dejarás llevar por ella. Y no, tú tienes poder para influir en ciertas situaciones y cómo afectan a tu vida. Pero sí cómo las afrontas.

 

¿Y qué pasa cuándo no eres capaz de dejar de echarte la culpa de todo? Pues que toca poner en práctica la autocrítica autocompasiva.

La autocompasión es como un paracaídas que te permite deslizarte de manera segura hacia las partes de ti mismo que te da miedo mirar. No te dejará salir fácilmente, pero tampoco te dejará caer en las profundidades de la desesperación. La autocompasión significa decir, “sí, me equivoqué, pero esto no me convierte en una persona horrible. Esto me convierte en una persona que tiene fortalezas y debilidades y espacio para mejorar. En esta atmósfera de calor, echar un vistazo más de cerca a esas debilidades no es tan aterrador.

 

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El mito del multitasking y porque debes hacer solo una cosa

¿Cuándo fue la última vez que hiciste una sola cosa durante un período prolongado de tiempo?

 

Piénsalo bien. Solo UNA cosa. Atención al 100% en aquello.

 

Cuando somos jóvenes, creemos firmemente en nuestra  capacidad de hacer 80 cosas a la vez; la famosa multitarea. Nos convencemos que la multitarea optimiza la eficiencia y la productividad y que, para tener éxito y triunfar, es la mejor estrategia. Además, si ponemos las nuevas tecnologías en la ecuación, aún sentimos con más fuerza que somos capaces de hacer varias cosas a la vez.

 

Error.

 

Nada más lejos de la realidad.

 

Ya te lo hemos dicho alguna vez, pero sentimos decirte que la multitarea NO existe.

 

Crees (y creemos) que la multitarea es una parte necesaria e imprescindible de nuestra vida. ¿Cómo sino llegaríamos a satisfacer todas las demandas de nuestra agitada vida?

Pero, si somos sinceros, solo es posible llevar a cabo múltiples tareas si se dan los siguientes casos:

 

  • Una o más de las tareas es de “segunda naturaleza”. ¿Qué significa eso? Que es algo aprendido y automático, que no necesitamos realmente pensar para completar la tarea. Como por ejemplo masticar chicle o caminar.
  • Las tareas que se realizan implican distintos procesos cerebrales. Por ejemplo, puedes estar escuchando música instrumental y leyendo un libro al mismo tiempo, sí. Pero si cambias el tipo de música y te pones una canción de Rosalía, la cosa cambia. Ya no serás capaz de retener la información que estás leyendo ni de la misma forma ni en la misma cantidad. ¿Por qué? Porque tanto leer como escuchar música con letras, activan el centro de lenguaje de tu cerebro y este, no puede procesar más de una tarea en una categoría cada vez.

 

Entonces, cuando decimos que somos multitarea (o multitasking, que en inglés suena todo más profesional), ¿qué es lo que significa en realidad?

 

Básicamente significa que sentimos que estamos llevando a cabo varias tareas a la vez, e incluso los demás pueden creer que lo estamos haciendo, pero NO. En realidad, vas cambiando tu foco de atención de una a otra.

 

Por mucho que creas que puedes hablar por teléfono con tu madre, leer un email y responder un whatsapp, es literalmente imposible.

Lo que en verdad estás haciendo es ir cambiando de tarea constantemente.

Hago A, lo dejo, hago B, lo dejo, vuelvo a A, lo dejo, me pongo a C, lo dejo y así sucesivamente.

 

En términos psicológicos esto se conoce como tarea en serie y no multitarea.

Y juega en tu contra y no a tu favor.

 

Existen investigaciones de la Asociación Americana de Psicología (APA) que demuestran que lo que uno cree que es, la multitarea es ineficaz e ineficiente.

Según los estudios, al pasar de una tarea a otra, la transición no es suave. Hay un tiempo de retraso mientras tu cerebro cambia la atención de una tarea a otra. Lógico, ¿verdad?.

Y por mucho que nos parezca que este cambio es ininterrumpido, en realidad toma su tiempo. ¿Cuanto tiempo? Se ha demostrado que la multitarea lleva hasta un 40% más de tiempo que concentrarse en una tarea a la vez, especialmente si se trata de tareas complejas.

 

Pero piénsalo detenidamente: si tienes que ir cambiando el foco de tu atención, ¿no cometeremos más errores? ¿no nos fijaremos menos en los detalles? ¿No tardaremos mucho más en terminar?

 

¿Qué queremos decirte con todo esto? Que cuando estés estudiando las opos, te dediques sólo a ello. Nada de consultar redes sociales, de estar pendiente de las cosas de casa o hacer la lista de la compra mental.

Pero no solo se trata de las opos, sino cuando hagas cualquier cosa, limítate a ella.

Atención plena en lo que estás haciendo.

Probablemente verás un aumento de tu productividad y, aunque parezca mentira, ahorrarás tiempo.

 

Pero no solo aumentará tu productividad, sino que puede beneficiarte en tus relaciones. Si estás leyendo un mail mientras hablas con tu madre, probablemente ni te enteres del mail ni de lo que  te dice tu madre.

 

E iremos un paso más lejos; ganarás en bienestar y disminuirás el estrés.

 

¿Qué te parece? ¿La multitarea mata tu productividad o eres la excepción?

 

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