Por qué es importante saber ser autocrítica y autocompasiva contigo misma

Hace unos días te hablábamos de cómo la forma en que te hablabas era un obstáculo o una ayuda para afrontar tus objetivos y tu vida en general.

 

Todos tenemos defectos y hay aspectos de nuestra vida que no terminan de funcionar como nos gustaría. Tú, nosotros, la vecina del quinto y esa influencer que parece tener una vida tan ideal.

 

La forma en que aceptamos, afrontamos y tomamos medidas para solucionar estas cosas que nos obstaculizan, es lo que marca la diferencia.

Cuando fallas en algo importante para ti, ya sea en las relaciones, en el trabajo o en algún proyecto personal, puede ser muy doloroso y frustrante. Estas experiencias pueden amenazar la esencia de lo que piensas que eres y de lo que quieres ser.

Por eso es fundamental que sepas cómo llevarlo.

 

Cada persona hace frente al fracaso de forma distinta e incluso una misma persona, según el caso, lo toma de una manera y otra.

 

Hay veces que sacamos el látigo y empezamos a echarnos toda la mierda encima. Que si es nuestra culpa, que si somos un desastre, que no damos pie con bola, que todo lo hacemos mal, etc. Esta estrategia, como ya te contamos, es un bodrio. No te lleva a nada bueno; solo a disminuir la confianza en ti misma, desmotivarte y restarte energía. Hacerlo es fácil, eso sí y, una vez coges la práctica, no hay quién te saque de ahí.

Aunque creas que ser dura contigo misma te hará mejor, no hay investigación alguna que  respalde esta idea: se ha demostrado que la autocrítica aumenta la postergación y la reticencia e impide el progreso de las metas. Si ya te sientes inútil e incompetente, es posible que sientas que no tiene sentido intentar hacerlo mejor la próxima vez.

 

En cambio, en el otro extremo, hay otras veces que recurrimos a estrategias de autoprotección. Racionalizamos lo que sucedió para que nos deje en un lugar más positivo para nosotros, culpamos a otras personas y quitamos importancia al suceso. Estas estrategias pueden hacernos sentir mejor con nosotros mismos a corto plazo, pero es menos probable que nos ayuden a mejorar o evitar repetir nuestros errores en el futuro. La investigación muestra que las personas que tienen una visión demasiado inflada de su desempeño en una tarea profesional muestran una disminución en la motivación y el desempeño subsiguientes, en comparación con las personas que se ven a sí mismas de manera más realista.

Tiene sentido: si ya crees que eres genial, puedes sentir que no hay necesidad de esforzarse en mejorarte a ti misma.

 

¿Cuál sería la solución? Examinarnos de forma sincera con nuestras luces y nuestras sombras.

Echar un vistazo honesto hacía nosotras es, por supuesto, más fácil de decir que hacer.

Ante un suceso negativo, no solemos hacernos las preguntas adecuadas. Ponemos el foco en lo qué somos, en nuestra persona, en lugar del suceso o del hecho en sí. Por ejemplo preguntarnos ¿cómo sucedió esto y cómo puedo evitar que vuelva a suceder?

 

Es por eso que para hacer autocríticas es importante centrarnos en comportamientos específicos y modificables, y no en aquellos atributos globales e incambiables.

 

 

Una autocrítica constructiva, implica un estilo explicativo más optimista, con un enfoque en áreas específicas y modificables que necesitan mejorarse.

 

Por ejemplo, “si está semana no he llegado a mis objetivos de estudio es porque no me he organizado bien. ¿qué puedo hacer para organizarme mejor?” y a partir de aquí buscar estrategias para ayudarte a solventarlo. Recuerda que no todas las estrategias funcionan para todos. Debes encontrar aquello que te sirve A TI.

 

¿Y qué pasa cuando las circunstancias externas te empujan a hacer o dejar de hacer algo? Ok, échale parte de la responsabilidad a la situación, pero luego trata de cambiarla.

Incluso en situaciones en las que obviamente tenemos la culpa, puede haber factores situacionales que nos empujan en una dirección u otra.

 

Sí, quizás esta semana te has organizado fatal pero es que has tenido dos cumpleaños y tenías que ir al médico y a pasar la ITV y eso te ha quitado tiempo.

Vale, puede pasar. Pero si son acontecimientos que sabías con antelación podrías haber buscado otra forma de planificar tu semana o, en lugar, de quedarte tres horas viendo series en Netflix por la noche, haber dedicado un ratito al estudio o irte a dormir más temprano y levantarte antes para hacerlo.

 

Y no, el tema no es que no puedas tener una semana en que estudies menos, no pasa nada. Lo que queremos que entiendas es que si crees que eres invulnerable a la situación y que no puedes hacer nada, simplemente te dejarás llevar por ella. Y no, tú tienes poder para influir en ciertas situaciones y cómo afectan a tu vida. Pero sí cómo las afrontas.

 

¿Y qué pasa cuándo no eres capaz de dejar de echarte la culpa de todo? Pues que toca poner en práctica la autocrítica autocompasiva.

La autocompasión es como un paracaídas que te permite deslizarte de manera segura hacia las partes de ti mismo que te da miedo mirar. No te dejará salir fácilmente, pero tampoco te dejará caer en las profundidades de la desesperación. La autocompasión significa decir, “sí, me equivoqué, pero esto no me convierte en una persona horrible. Esto me convierte en una persona que tiene fortalezas y debilidades y espacio para mejorar. En esta atmósfera de calor, echar un vistazo más de cerca a esas debilidades no es tan aterrador.

 

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