Quiero ser la opositora perfecta

Estudiar cada día durante las horas pautadas, llegar a los objetivos semanales, mensuales y trimestrales propuestos, ir al gimnasio tres veces por semana, comer saludable, poder tomarme un día libre a la semana para estar con los míos y además, aprobar las oposiciones y sacarme la plaza.

Ese fue mi planteamiento al empezar a opositar.

No solo tenía que aprobar mis opos y conseguir mi plaza, sino que mi meta venía con algunos puntos más de regalo. ¡Santas narices! ¡Qué ingenua y motivada era!

Hoy día, doy gracias si consigo aprovechar la semana y siento que he sido suficientemente productiva.

Aunque claro, para mi, nunca es suficiente.

 

Antes de empezar no tienes ni puñetera idea a lo que te vas a enfrentar. Cuando vienes de la uni, un máster o incluso si hace años que no estudias, te puede dar cierto respeto pero consideras que serás capaz y que podrás con ello.

Como mínimo eso pensaba yo.

 

Como en las relaciones, los comienzos dan cierta ilusión y todo son buenos propósitos. Compras material para organizarte y hacer tus apuntes, te preparas tu rinconcito de estudio, planeas cómo va a ser tu rutina y escoges todos los extras que acompañarán tu día a día (en mi caso ir al gimnasio 3 veces por semana, salir a correr un par y una alimentación sana por aquello de “mente sana in corpore sano”).

 

La motivación está por las nubes en esos momentos. Tienes muchas ganas de dar lo mejor de ti y de conseguir alcanzar tu gran sueño. Todo te juega a favor cuando empiezas.

 

A medida que han ido pasando los meses, me he dado de bruces con la realidad: no es tan fácil como creía y hay muchos momentos en que ni cumples ni llegas a tus propias metas.

 

Cuando me empecé a dar cuenta de esto, un sinfín de pensamientos pasaban por mi cabeza:

¿No seré suficientemente buena?

¿y si no valgo para esto?

Debería estar estudiando más.

No avanzo nada.

No he llegado a mis objetivos esta semana, pero es que tampoco llegué la pasada, ni hace dos, ni tres…

 

Como puedes ver, la cuestión era machacarme.

Obviamente que no me estoy preparando tan bien como me gustaría. Evidentemente que podría hacerlo mejor pero es que quizás parte del problema es que me he exigido y me exijo tanto que jamás estoy a la altura.

 

Bienvenida a uno de los defectos más jodidos de hoy en día: el perfeccionismo.

Lo peor, es que a simple vista parece una cualidad de la rehostia. Bueno, es lo que se llamaría un defecto-virtud. Se enchufa a tutiplén como defecto en las entrevistas de trabajo pero sabiendo que se procesará como una cualidad.

La perfección no existe. Eso lo sabemos todos. Sin embargo, cuando eres perfeccionista buscas la excelencia en todas las áreas de tu vida y obviamente, cuando estás luchando por tu sueño, las oposiciones no iban a ser menos.

 

¿Qué es exactamente el perfeccionismo?

Generalmente se suelen dar estas tres características o síntomas:

  • La incesante lucha por conseguir alcanzar objetivos y metas excesivamente elevados y rígidos. -> Mis objetivos 0 realistas sobre el estudio.
  • Juzgar tu propio valor personal en función de tu habilidad para conseguir estos objetivos autoimpuestos (y poco realistas). -> No valgo para esto, no conseguiré mi meta porque no estoy llegando a lo que me he marcado.
  • Ser consciente de las consecuencias negativas y del coste que supone, pero seguir insistiendo en alcanzarlas a pesar de ello. -> El problema no son los objetivos, el problema soy yo. La próxima semana nada de ir a comer con la família o al gimnasio, a apretar más horas.

 

¿Te suena?

 

Fijarse objetivos ambiciosos es útil. Te permite ir más lejos, luchar con más fuerza, perseguir tus sueños. Hasta aquí ningún problema. Pero cuando estos objetivos son poco realistas, inalcanzables o si conseguirlos implica mucha rigidez y un coste elevado… PUEDE SER UN PROBLEMA,

 

El perfeccionismo tiene un lado oscuro.

Cuando no puedes conseguir lo que te habías propuesto, te desmotivas, te deprimes y te sientes fracasada. No consigues alcanzar las metas de estudio y el mundo se te viene abajo. Te desanimas y no te apetece seguir estudiando. Te sientes frustrada y empiezas a plantearte si no eres tú el problema.

 

Alguien perfeccionista tiene una tolerancia muuuuuy baja a la frustración, es decir poca capacidad para aceptar la imperfección,  y esto genera una constante autocrítica.

 

La tolerancia a la frustración es una habilidad esencial para dar continuidad a los esfuerzos, perseverar y superar obstáculos. Es la clave en la motivación positiva y está en la base de lo que llamamos “fuerza de voluntad”, ya que supone afrontar el esfuerzo aceptando y valorando el resultado del mismo, esto genera la autoestima suficiente para seguir esforzándose, mejorando y avanzando.

¿Ves dónde está el problema, a veces? No eres tú. No siempre es cómo lo estás haciendo. Más bien es todo aquello que te exiges. Si tus estándares son inalcanzables o poco realistas, el resultado nunca te satisfará.

 

Yo, queriendo cumplir mis objetivos desmesurados, yendo al gimnasio, a correr, comiendo cada día saludable, teniendo algo de vida social y encima queriendo hacerlo todo PERFECTO.

 

Pero es que somos humanas; tú y yo.

 

Primero de todo, quizás debería saber cuánto puedo avanzar en una semana, de verdad. Y después aprender que hay días malos que estás cansado, que no quieres ir a sudar al maldito gimnasio o que te apetecen unas galletas de chocolate. ¿Y qué? No se acabará el mundo por eso. No seré peor opositora por eso.

Si no aceptamos que somos humanas, que cometemos errores, que hay días buenos pero también malos y que nuestra misión es dar lo mejor de nosotras, viviremos este proceso ahogándonos.

 

Y no te diré que se tiene que disfrutar siempre del proceso y que cada día sea estupendo y maravilloso y que seas positiva y que lo veas todo de color de rosa. No es así. Pero si que puedes vivirlo sin machacarte y aceptando todos tus momentos y sentimientos.

 

Seguiremos hablando de este tema porque creo que todas necesitamos una dosis de realidad, comprensión y de decirnos: keep calm, que todo no es dramático como lo pintamos.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

 

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