Comunicación efectiva para docentes – Las palabras y el lenguaje corporal. 

En el pasado post te hablamos de la importancia de la comunicación en tu vida tanto profesional como personal.

 

Uno de tus objetivos como educadora es poder crear en clase un ambiente comunicativo desde el principio, y para ello, tú debes contar con las competencias necesarias para comunicarte de forma eficaz.

Y si tenemos en cuenta que las oposiciones y la defensa ante el tribunal están a la vuelta de la esquina, es el momento de poner toda la carne en el asador e intentar mejorar las habilidades comunicativas.

 

¿Qué se considera una comunicación eficaz?

 

Podríamos definir la comunicación eficaz como aquella comunicación en que el mensaje se entiende claramente y, a ser posible, se actúa en consecuencia de este. Es tan importante lo qué dices como el cómo la dices.

Lo que dices significa tu elección de palabras. Es probable que las palabras y el lenguaje que uses cuando hables con una amiga sean muy diferentes a las que usas en una presentación o en clase con los alumnos.

Del mismo modo, la forma en que hablas también variará en diferentes situaciones.

 

Sea cuál sea la situación, debes poder comunicarte de forma efectiva y considerar todas las herramientas y aspectos posibles para garantizar que nada distraiga o reste valor a tu mensaje, sobre todo ahora que tenemos las pruebas de las oposiciones encima.

 

Hagamos un pequeño repaso a los elementos principales para que se produzca una comunicación eficaz:

 

  • Las palabras que usas.
  • El lenguaje corporal.
  • Tu voz

 

 

 

Hoy hablaremos de los dos primeros elementos: las palabras que eliges para comunicarte y el lenguaje corporal.

Las palabras que usas

Lo que dices, las palabras que elijas, importa.

 

Si a tu audiencia no le quedan suficientemente claras las palabras que usas, interpretará el mensaje en función de lo que ellos crean. Y esto muchas veces puede no ser lo que tú quieres transmitir. Por eso, tienes que elegir cuidadosamente las palabras, especialmente cuando estás diciendo algo importante.

 

Al comunicarte debes tener en cuenta a tu audiencia. Las palabras elegidas tendrán que ser diferentes si estás hablando a tus alumnos, al tribunal de las oposiciones, a tu jefe o a tus amigos. No usamos el mismo vocabulario en todos los casos. Tienes que pensar en el nivel de comprensión de tus interlocutores sobre el tema y también en el tipo de lenguaje que usan.

 

Las oraciones más cortas son más fáciles de procesar y entender. Ante una oración excesivamente larga podemos perdernos por el camino y no llegar a comprender la esencia del mensaje.

 

De la misma forma, las palabras más simples también son más fáciles de comprender. Dicen que si no puedes explicar algo en términos simples, probablemente es porque tampoco terminas de entenderlo. Esto es particularmente importante cuando se trata de niñas y niños, dado que todos tienen unas necesidades educativas diferentes.

 

 

El lenguaje corporal

 

Ya debes saber que una cantidad considerable de la comunicación no es verbal. Algunas investigaciones sugieren que más del 50%. El próximo día te hablaremos del tono de voz, el ritmo y el énfasis, pero hoy nos centraremos en el lenguaje corporal que también es importante.

 

¿Qué incluye el lenguaje corporal? Tu postura corporal, tus expresiones faciales, la forma en que usas las manos para enfatizar el habla e incluso cómo y con quién creas contacto visual.

 

El lenguaje corporal refuerza o enfatiza lo que estás diciendo y también ofrece información sobre las emociones y las actitudes de una persona.

 

Sin embargo, también es posible que los movimientos corporales entren en conflicto con lo que estás diciendo.

Para que la comunicación sea efectiva, tu comunicación no verbal necesita reforzar tus palabras: los dos deben decir lo mismo. La comunicación no verbal es mucho más difícil de disfrazar que la verbal: si ves que el lenguaje corporal de alguien está transmitiendo un mensaje diferente de sus palabras, vale la pena escuchar la comunicación no verbal primero, ya que es más probable que refleje sus puntos de vista reales.

 

¿Cómo puedes proyectar un lenguaje corporal positivo?

Cuando usas un lenguaje verbal positivo, estás dando fuerza a los mensajes verbales o ideas que quieres transmitir y evitas enviar señales confusas o mezcladas.

 

Vamos a echar un vistazo de algunas posturas básicas que proyectan confianza en ti misma y franqueza, para que las tengas en cuenta de cara a tu defensa oral o a situaciones profesionales:

 

Tener una postura abierta: ¡Relájate pero no te acomodes demasiado! Trata de mantener una postura erguida pero sin forzar.

Tanto si estás sentada o de pie, intenta colocar los brazos a los lados o de forma natural. No los pongas en jarras o los cruces  ya que da sensación de agresión o estar a la defensiva y de no estar abierta a nuevas ideas u opiniones.

 

 

Mantén un buen contacto visual. Si estás haciendo una exposición, nada de mirar al suelo todo el rato o a la lejanía. Mira a tu audiencia (o al tribunal, en el caso de las opos) cuando estés exponiendo. Pero, ¡no te pases! Dejar tu mirada fija en alguien durante demasiado tiempo puede indicar desafío o falta de confianza (y es un poco incómodo, ¿verdad?).

Expresión facial: la cara es el mejor reflejo de lo que siente una persona. La mayoría de las veces es fácil reconocer si una persona está feliz, triste, ansiosa, irritada o excitada. Es muy importante que en un escenario profesional controles tus expresiones faciales.

Por ejemplo, si en una presentación sientes que tu exposición no está funcionando tan bien como te gustaría, ¡no muestres signos de estar perdiendo la esperanza! En lugar de esto, puedes intentar que tu audiencia participe más o relajar el ambiente con una anécdota o algún dato curioso. (OJO, esto depende del tipo de exposición o presentación).

 

 

Estas son solo algunas directrices acerca del lenguaje corporal. Este es un tema que puede dar para 20 artículos más y que, volveremos a abordar en un futuro.

 

¿Con qué idea queremos que te quedes?

El objetivo de este artículo es que reflexiones acerca de cómo te comunicas. Si usas el lenguaje corporal de forma adecuada y en sincronía con tu mensaje, si sabes adaptar el mensaje a tu audiencia y elaborar un discurso coherente y comprensible, etc.

 

A la vuelta de la esquina están las pruebas orales de las exposiciones pero también tu futuro como docente. Por lo tanto, puede ser un buen momento para echar la vista hacia una misma y ver en qué podemos mejorar.

 

 

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La motivación como clave de la educación

Motivar a tus alumnas y alumnos es un big deal, un asunto complicado, tengan la edad que tengan. Pero, la motivación es un potente motor en la educación.

Sabes de lo que te hablamos: cuando algo te motiva, le pones ganas, estás activa, te implicas, pruebas, buscas, piensas… TODO. En cambio, si te enfrentas a algo sin ganas, vas a hacerlo por cumplir pero sin poner toda la carne en el asador. Desaprovechas la oportunidad porque realmente es algo que no te mueve ni te ilusiona.

 

Tus alumnas y alumnos no iban a ser menos. Para querer aprender hay que estar motivado. Sin motivación, tu clase es solo otro bloque de tiempo que tus estudiantes tienen que sufrir.

No nos engañemos, la realidad que te encuentras en el aula muchas veces puede un poco desalentadora y motivar a los estudiantes es tarea complicada, tengan la edad que tengan.

Hay un sentimiento generalizado de desmotivación y seamos realistas: es preocupante.

Pero que adquieran esa motivación que les falta, sin ser sencillo, tampoco es imposible.Conseguir despertar el gusanillo por aprender es una de tus grandes misiones como profesora. No es fácil, pero sabemos que eres más que capaz de aceptar el reto y superarlo con creces.

 

Y te preguntarás… ¿Cuáles son los pasos para motivar?

 

Primero de todo y lo más importante. La motivación viene de amar lo que haces.

Este es el quid de la cuestión. Si no amas lo que haces, no conseguirás que las niñas y niños conecten contigo y menos que estén motivados.

Por lo tanto.. primer paso: AMA LO QUE HACES.

 

Esto se aplica a todo en la vida. Conseguir tener éxito en cualquier cosa que emprendas exige que ames hacer lo que estás haciendo. Si no sientes esa pasión y no te gusta la idea de hacerlo, déjalo antes de perder tu tiempo y el de tus alumnos.

La pasión es como una energía que se transmite de forma intrínseca. Es mucho más fácil conectar con alguien que desprende esta energía y si consigues que tus alumnos conecten ya tienes un gran trecho del camino.

 

Si la pasión es la clave, entonces divertirse es la forma de activar esa pasión.

Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y clases animadas y memorables. Además de saber reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

Pero no solo se trata de salir del método tradicional de: leemos el libro, yo os explico el tema, os pongo ejercicios, los hacéis, corregimos, os mando deberes y hasta el próximo día

Bromea en clase. Invéntate canciones para aprender algo. Habla un poco de ti. Pregunta qué hicieron durante el fin de semana e interésate por sus aficiones. Sonríe mucho. Haz un blog para crear recursos fuera de clase o para mantener a los padres informados de qué hacéis en clase. Haz que sea divertido y que tus alumnos tengan ganas de que llegue tu clase.

Evidentemente no todo se limita a divertirse. Si quieres que tengan interés y ganas, haz preguntas e invita a tus estudiantes a participar, pensar, dialogar…Fomenta la participación activa no te limites a preguntas de conocimiento, ve un poco más allá.

Plantéales problemas o situaciones de la vida cotidiana relacionadas con el tema para que debatan, analicen y se expresen.

 

Recuerdo que en primero de bachillerato una de mis asignaturas favoritas era filosofía y eso que el temario ni fu ni fa. Pero tuve un profesor que en cada clase, nos planteaba situaciones de la vida real que estuvieran relacionadas con el tema y que fueran muy susceptibles a debate.  Era súper interesante porque todos nos implicábamos dando nuestra opinión y él se las ingeniaba para rebatirnos y hacernos dudar. No solo aprendimos conceptos de filosofía sino que también aprendimos a argumentar mucho mejor, a tener más seguridad en nuestras creencias y a aceptar cuando estábamos equivocados.

 

La clave de estas preguntas era que nos provocaba para que pensáramos de forma diferente y eso despertaba nuestra curiosidad. Y la curiosidad es un componente importante de la motivación. Cuando los estudiantes quieren aprender más sobre un tema, abordan tareas desafiantes para satisfacer esa curiosidad.

 

Y de esto pasamos a otro punto vital para que exista esa motivación: que todo aprendizaje tenga un propósito y que tus estudiantes sean conscientes de cuál es. Conseguir que comprendan para qué necesitan esos conocimientos o qué utilidad tendrá en su futuro.

 

Y obviamente también debes mantener tu motivación y curiosidad y para ello, no hay nada como continuar aprendiendo. Ser docente es una profesión de aprendizaje continuo. De tus experiencias en clase, de tus alumnos pero también de técnicas y estrategias para educar de la mejor manera. Lee libros, estudios y ves a conferencias sobre enseñanza, sobre tu asignatura en particular, sobre desarrollo personal, sobre arte, sobre productividad, sobre motivación… Hay tantas áreas que pueden aplicarse en el mundo educativo… ¡que no tiene fin!

 

Aprender es algo maravilloso.

Incita a tus alumnos a querer aprender pero no dejes de hacerlo tú.

 

 

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La importancia de las Soft Skills en la docencia

Las habilidades imprescindibles para los maestros hoy en día son bastante diferentes que las de hace treinta años. Y nada tienen que ver si echamos la vista unas cuantas décadas más atrás. No significa que los profesores de antaño no tuvieran esas habilidades o que no fueran importantes, simplemente que pasaban desapercibidas y no se les daba la importancia que se merecen.

Muy lejos quedan esos tiempos en que dominar una asignatura era suficiente para ser un profesor cualificado. Hoy en día se requiere una clase diferente de maestras y maestros.

Se necesita mucho más que experiencia en un campo académico para ser una buena maestra, especialmente si quieres marcar la diferencia en tus alumnos y dejar huella.

 

El conocimiento es importante, pero las educadoras de hoy en día también tienen que poseer las llamadas soft skills, para desempeñar una labor docente efectiva.

Probablemente habrás escuchado hablar de soft skills en algún momento, pero si no tienes el concepto en mente en estos momentos, vamos a explorarlo un poco.

Las soft skills son competencias conductuales que forman parte de las denominadas competencias interpersonales entre las que se encuentran elementos como la capacidad de autonomía, liderazgo, coherencia, interés, integridad, capacidad de atención y escucha, autorregulación y proactividad. Están directamente relacionadas con la inteligencia emocional.

 

Tiene gracia, ¿no? Que se las llame SOFT SKILLS, literalmente habilidades BLANDAS. Precisamente son las soft skills las que marcan la diferencia y te dan valor como un buen docente. (y quien dice docente dice profesional. Tanto valen para educación como para cualquier otra profesión). Es muy necesario saber comunicar correctamente, saber dirigir a los alumnos de forma efectiva, ser capaz de mediar y solucionar conflictos, saber motivar y realizar una escucha activa….y todas aquellas competencias que te permiten realizar una labor mucho más consciente, coherente y equilibrada.

 

Para nosotros los mejores maestros son aquellos que son muy humanos a la vez que profesionales. Que están centrados en la materia sí, pero también en el estudiante.

¿De qué sirve que alguien tenga mucho conocimiento, en matemáticas por ejemplo, si no es capaz de estimular a sus alumnos y motivarlos a querer aprender? Probablemente un % de la clase aprenda el temario pero ¿qué sucederá con los demás? Que simplemente van a dar las matemáticas como perdidas y le van a poner una cruz. Pensarán que no sirven y que no es lo suyo. Y quizás aquí terminará su relación con ellas porque año tras año arrastrarán esta creencia.

 

Suena negativo y deprimente pero… ¿no es esto lo que pasa muchas veces con las asignaturas más difíciles de roer? Las mates tienen mala fama de por si y estamos seguros que, gran parte del problema es no haber sabido motivar a los alumnos a cogerlas con ganas y ayudarles a que crean en su potencial y capacidad.

 

Un docente cualificado tiene que poder combinar a la perfección rasgos positivos de personalidad, conocimiento del contenido y habilidad pedagógica. Es más, también tiene que ser capaz de empatizar y comprender a sus estudiantes y sus necesidades de aprendizaje.

Cuando se educa es esencial involucrarse y poder conectar con los alumnos. Y para ello hay que ser capaz de dominar las soft skills. 

¿La parte positiva? Que probablemente ya tengas muchas de estas habilidades y solo te falte potenciarlas. Hay muchas maneras de desarrollar las soft skills y no solo sirven para tu vida profesional, sino que te serán de gran ayuda en tu vida personal.

 

¿Quieres marcar la diferencia?  DESTACA EN TUS SOFT SKILLS.

 

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Necesitas dormir bien para opositar.

A medida que se acerca la fecha del examen las horas de estudio, igual que los nervios, aumentan.

Probablemente estés en este punto de: oh dios mio, que esto ya está aquí..

 

Y quizás, has decidido suprimir ese día libre que te habías marcado y sacrificarlo a favor de dedicar más horas delante de los apuntes. Y puestos a sacrificar, quizás has decidido que puedes quitarte también un par de horas de sueño y forzar un poco más la máquina.

 

Es totalmente comprensible llegar a estas conclusiones y empezar a hacer cambios drásticos pero….

¡CUIDADO!

 

Descansar bien es una garantía para rendir adecuadamente. Es tan importante el tiempo de estudio como el que destinamos a descansar. Las jornadas extenuantes de estudio y trabajo, sin un descanso adecuado entre ellas o incluso en una misma jornada, no van a llevarte al éxito, más bien lo único que van a hacer es que tu rendimiento baje de forma dramática.

Dormir es imprescindible para mejorar la memoria y el aprendizaje.

¿Por qué?

Porque dormir bien te permite aprovechar al máximo del día siguiente y además que puedas consolidar lo que has hecho durante el día anterior. Si no duermes suficiente, es muy difícil aprender cosas nuevas ya que no se ha producido una limpieza de las conexiones sinápticas de tus neuronas.

Hablando en plata, tu cerebro se renueva y rejuvenece cada noche durante la fase REM del sueño. Para llegar a esta fase hay que dormir, al menos, entre hora y media – dos horas y seguir. Si no llegas a esta fase, tu cuerpo se desgastará y difícilmente serás capaz de concentrarte.

 

Por lo tanto, ¡NADA DE SALTARSE A LA BRAVA EL MOMENTO DE DESCANSO!

 

Sin embargo, quizás a estas alturas, los nervios empiecen a hacer mella en ti y eso afecte a tu descanso por mucho que no quieras.

¿Repasamos algunos tips para dormir mejor y poder afrontar las jornadas de estudio con energía?

 

Mantenerse sincronizada con el ciclo natural de sueño – vigila de tu cuerpo.

Sincronizarse con el ciclo natural o ritmo circadiano es una de las estrategias más importantes para dormir mejor. Si mantienes un horario regular de sueño – vigilia , te sentirás más renovada.
Intenta ir a dormir y levantarte a la misma hora todos los días. Ves a la cama cuando estés cansada por mucho que te apetezca ver un capítulo más.

 

Controla la exposición a la luz.

La melatonina es una hormona natural controlada por la exposición a la luz que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. Tu cerebro segrega más melatonina cuando es oscuro facilitando el sueño y menos cuando hay luz, facilitando el estado de alerta. No obstante, hay muchos aspectos de tu vida que pueden alterar esta producción natural de melatonina  y cambiar el ritmo circadiano.

Es importante que durante el día te expongas a la luz, ya sea estando un ratito al sol o estudiando con luz natural. En cambio, por la noche evita pantallas luminosas un par de horas antes de acostarte, duerme totalmente a oscuras y, si te levantas por la noche, evita encender todas las luces.

 

Muévete.

Las personas que suelen hacer deporte o ejercicio regularmente duermen mejor por la noche y se sienten menos cansados durante el día. El ejercicio regular también mejora los síntomas de insomnio y apnea del sueño. Además, hay investigaciones que han demostrado que aumenta el tiempo de la fase REM del sueño.

Como más intenso sea el ejercicio, mejor será el sueño pero aún así, hacer ejercicio ligero como caminar 15 minutos al día también mejora su calidad.

¡Eso sí! El ejercicio mejor por la mañana o tarde y no antes de acostarte. Si sólo puedes hacerlo al final del día, intenta que sean ejercicios más relajantes o de bajo impacto como el yoga.

 

Como siempre, la alimentación es importante.

Los hábitos alimenticios durante el día tienen un papel importante en la forma de dormir y descansar, sobre todo antes de ir a la cama. No te diremos nada que no sepas pero, mejor darle un repaso. Solo por si acaso.

  • Si hay dos estimulantes que debemos limitar son: la cafeína y la nicotina.
  • Evita las cenas muy copiosas y ricas en ultraprocesados e intenta cenar dos horas antes de irte a dormir para hacer una buena digestión.
  • Evita el alcohol y beber mucho líquido por la noche (si te tienes que levantar 20 veces durante la noche, descansar bien va a ser misión imposible).

 

Mejora tu entorno

Una rutina pacífica antes de decir a dormir, envía a tu cerebro la señal de que ha llegado el momento de cerrar el chiringuito. Además de algunos consejos prácticos para facilitar el descanso:

  • Mantener tu habitación fresca, a oscuras y sin ruido (dentro de lo posible). Si es necesario puedes usar antifaces o tapones para los oídos.
  • Evita, a toda costa, trabajar, ver la televisión, usar el ordenador o comer en la cama.
  • Cama cómoda.

 

Pa fuera lo malo.

El estrés y la preocupación no son muy amigos del sueño, por no decir directamente que son dos de sus grandes enemigos. Y en estos momentos, es normal que esté ahí dando por saco. Lo mejor que puedes hacer es buscar formas de gestionarlo. Ya sea usando técnicas de relajación, poniendo en marcha estrategias para afrontar las cosas de forma positiva o meditando.

 

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Cómo afrontar la prueba oral y no morir por el camino

Las opos cada vez están más cerca y con ellas, la temida prueba oral.

 

Hasta el momento no eras muy consciente de ella, pero estás empezando a entrar en pánico solo de pensar que debes ponerte ante un tribunal.

¡No te preocupes!

Es totalmente normal sentir más ansiedad ante esta parte de las oposiciones, al fin y al cabo, estás frente a un grupo de profesionales relacionados con tu sector y especialidad que no solo están valorando tus conocimientos sino también tu competencia y tus habilidades de comunicación.

 

La reacción normal es sentir temor, nervios e inseguridad.

 

Pero con una buena preparación puedes reducir parte de esta ansiedad e ir al exámen con mucha más confianza y seguridad en que lo vas a clavar.

Si eres alumna de FormArte, ya sabes que te ayudaremos todo lo que haga falta para que bordes tu prueba oral.

En caso de que aún no te hayas unido a nuestra gran familia, hoy venimos con algunos consejos para que enfrentes la prueba oral de forma positiva y no te dé un jamacuco antes de entrar.

 

Para empezar, tienes que ir segura con la programación didáctica que vas a presentar. Si no te sientes orgullosa y satisfecha del trabajo que has realizado, defenderlo te va a ser mucho más complicado y, además, vas a transmitir inseguridad. Recuerda lo mucho que te lo has currado, las horas invertidas y créete que llevas algo que merece la pena ser escuchado y valorado. Sé positiva, nadie mejor que tú conoce el trabajo y puede defenderlo. Nada de empequeñecerte ni compararte con otros.

En FormArte siempre insistimos en innovar y llamar la atención del tribunal elaborando programaciones originales y que pongan sobre la mesa estrategias y recursos revolucionarios. Desmárcate.

 

Si en algo insistimos e insistiremos hasta la saciedad  es en la organización durante las opos. Debes estar hasta las narices de leer organización por todas partes. Pues aquí no vamos a ser menos. Haz una exposición organizada y presenta tus ideas y tu propuesta de forma clara, concisa y ordenada. La exposición debe ser como un cuento, un discurso continuo y coherente con una introducción, exposición de ideas y una conclusión. Nada de ir saltando de un punto a otro como pollo sin cabeza.

Elabora un guión previo en el que aparezcan las ideas principales esquematizadas y así hilar tu discurso.

Además, puedes llevar tu propio material para hacer más dinámica y entretenida la exposición, siempre congruente con lo que estás explicando. Eso sí, asegúrate si en la convocatoria de tu comunidad se puede llevar.

 

Y una vez puestos en la presentación hay algunos detalles que debes tener en cuenta. El lenguaje no verbal transmite mucho más de lo que podamos pensar; es una forma de que el tribunal empatice contigo y transmitir buen feeling (solo te diremos que el 90% de la información que emitimos lo hacemos a través de miradas, expresiones y gestos). Sonríe, mantén contacto visual con el tribunal, evita gesticular en exceso pero tampoco te quedes clavada como un soldado, evita poner brazos en jarra o las manos en los bolsillos… etc. Otros aspectos a tener en cuenta es el uso excesivo de muletillas (a todos se nos escapa alguna) o dar la espalda al Tribunal.

 

Y claro, dado que es una exposición oral, no podemos olvidarnos de la voz. A través de la voz transmites confianza y convicción acerca de lo que estás contando. Por lo tanto, toca controlar el volumen, el tono y la velocidad. No vayas muy rápido y lo sueltes todo de carrerilla, haz las pausas adecuadas para crear expectación y evita usar un tono monótono y que pueda aburrir al jurado. Juega con los distintos aspectos de la voz, pero ¡sin pasarse!

 

Prepárate la exposición a conciencia, prueba distintas formas de llevarla a cabo y ensaya sola, con tus amigos, familia y con el gato. Obviamente si estás con nosotros, en cualquier academia o preparador, aprovecha para practicar con ellos y nutrirte de su experiencia para mejorar e ir sobre seguro.

 

¡Extra Tip! Hoy en día todos los móviles llevan una cámara, aprovéchate de ello y grábate practicando la exposición. De esta forma, podrás ver cómo te expresas, si te mueves mucho, si no te mueves nada, etc. Es decir, verás todo aquello que haces bien y todo aquello que aún puedes pulir un poquito.

 

El día de la exposición quizás vas a estar comiéndote las uñas y a punto de entrar en combustión. Intenta el día anterior no pasarte el día repasando como una loca y haz algo que te relaje y te ayude a controlar los nervios. Aún queda tiempo, por lo que si sabes que te vas a poner muy nerviosa, puedes empezar a llevar a cabo algún tipo de técnica de relajación o meditación para tenerla a mano antes de las opos.

¡No te agobies! Va a salir bien y vas a hacerlo muy bien. Y si sientes mucha ansiedad y te hace sufrir, pide ayuda. Lo importante es que estés segura y tranquila.

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Quiero ser la opositora perfecta

Estudiar cada día durante las horas pautadas, llegar a los objetivos semanales, mensuales y trimestrales propuestos, ir al gimnasio tres veces por semana, comer saludable, poder tomarme un día libre a la semana para estar con los míos y además, aprobar las oposiciones y sacarme la plaza.

Ese fue mi planteamiento al empezar a opositar.

No solo tenía que aprobar mis opos y conseguir mi plaza, sino que mi meta venía con algunos puntos más de regalo. ¡Santas narices! ¡Qué ingenua y motivada era!

Hoy día, doy gracias si consigo aprovechar la semana y siento que he sido suficientemente productiva.

Aunque claro, para mi, nunca es suficiente.

 

Antes de empezar no tienes ni puñetera idea a lo que te vas a enfrentar. Cuando vienes de la uni, un máster o incluso si hace años que no estudias, te puede dar cierto respeto pero consideras que serás capaz y que podrás con ello.

Como mínimo eso pensaba yo.

 

Como en las relaciones, los comienzos dan cierta ilusión y todo son buenos propósitos. Compras material para organizarte y hacer tus apuntes, te preparas tu rinconcito de estudio, planeas cómo va a ser tu rutina y escoges todos los extras que acompañarán tu día a día (en mi caso ir al gimnasio 3 veces por semana, salir a correr un par y una alimentación sana por aquello de “mente sana in corpore sano”).

 

La motivación está por las nubes en esos momentos. Tienes muchas ganas de dar lo mejor de ti y de conseguir alcanzar tu gran sueño. Todo te juega a favor cuando empiezas.

 

A medida que han ido pasando los meses, me he dado de bruces con la realidad: no es tan fácil como creía y hay muchos momentos en que ni cumples ni llegas a tus propias metas.

 

Cuando me empecé a dar cuenta de esto, un sinfín de pensamientos pasaban por mi cabeza:

¿No seré suficientemente buena?

¿y si no valgo para esto?

Debería estar estudiando más.

No avanzo nada.

No he llegado a mis objetivos esta semana, pero es que tampoco llegué la pasada, ni hace dos, ni tres…

 

Como puedes ver, la cuestión era machacarme.

Obviamente que no me estoy preparando tan bien como me gustaría. Evidentemente que podría hacerlo mejor pero es que quizás parte del problema es que me he exigido y me exijo tanto que jamás estoy a la altura.

 

Bienvenida a uno de los defectos más jodidos de hoy en día: el perfeccionismo.

Lo peor, es que a simple vista parece una cualidad de la rehostia. Bueno, es lo que se llamaría un defecto-virtud. Se enchufa a tutiplén como defecto en las entrevistas de trabajo pero sabiendo que se procesará como una cualidad.

La perfección no existe. Eso lo sabemos todos. Sin embargo, cuando eres perfeccionista buscas la excelencia en todas las áreas de tu vida y obviamente, cuando estás luchando por tu sueño, las oposiciones no iban a ser menos.

 

¿Qué es exactamente el perfeccionismo?

Generalmente se suelen dar estas tres características o síntomas:

  • La incesante lucha por conseguir alcanzar objetivos y metas excesivamente elevados y rígidos. -> Mis objetivos 0 realistas sobre el estudio.
  • Juzgar tu propio valor personal en función de tu habilidad para conseguir estos objetivos autoimpuestos (y poco realistas). -> No valgo para esto, no conseguiré mi meta porque no estoy llegando a lo que me he marcado.
  • Ser consciente de las consecuencias negativas y del coste que supone, pero seguir insistiendo en alcanzarlas a pesar de ello. -> El problema no son los objetivos, el problema soy yo. La próxima semana nada de ir a comer con la família o al gimnasio, a apretar más horas.

 

¿Te suena?

 

Fijarse objetivos ambiciosos es útil. Te permite ir más lejos, luchar con más fuerza, perseguir tus sueños. Hasta aquí ningún problema. Pero cuando estos objetivos son poco realistas, inalcanzables o si conseguirlos implica mucha rigidez y un coste elevado… PUEDE SER UN PROBLEMA,

 

El perfeccionismo tiene un lado oscuro.

Cuando no puedes conseguir lo que te habías propuesto, te desmotivas, te deprimes y te sientes fracasada. No consigues alcanzar las metas de estudio y el mundo se te viene abajo. Te desanimas y no te apetece seguir estudiando. Te sientes frustrada y empiezas a plantearte si no eres tú el problema.

 

Alguien perfeccionista tiene una tolerancia muuuuuy baja a la frustración, es decir poca capacidad para aceptar la imperfección,  y esto genera una constante autocrítica.

 

La tolerancia a la frustración es una habilidad esencial para dar continuidad a los esfuerzos, perseverar y superar obstáculos. Es la clave en la motivación positiva y está en la base de lo que llamamos “fuerza de voluntad”, ya que supone afrontar el esfuerzo aceptando y valorando el resultado del mismo, esto genera la autoestima suficiente para seguir esforzándose, mejorando y avanzando.

¿Ves dónde está el problema, a veces? No eres tú. No siempre es cómo lo estás haciendo. Más bien es todo aquello que te exiges. Si tus estándares son inalcanzables o poco realistas, el resultado nunca te satisfará.

 

Yo, queriendo cumplir mis objetivos desmesurados, yendo al gimnasio, a correr, comiendo cada día saludable, teniendo algo de vida social y encima queriendo hacerlo todo PERFECTO.

 

Pero es que somos humanas; tú y yo.

 

Primero de todo, quizás debería saber cuánto puedo avanzar en una semana, de verdad. Y después aprender que hay días malos que estás cansado, que no quieres ir a sudar al maldito gimnasio o que te apetecen unas galletas de chocolate. ¿Y qué? No se acabará el mundo por eso. No seré peor opositora por eso.

Si no aceptamos que somos humanas, que cometemos errores, que hay días buenos pero también malos y que nuestra misión es dar lo mejor de nosotras, viviremos este proceso ahogándonos.

 

Y no te diré que se tiene que disfrutar siempre del proceso y que cada día sea estupendo y maravilloso y que seas positiva y que lo veas todo de color de rosa. No es así. Pero si que puedes vivirlo sin machacarte y aceptando todos tus momentos y sentimientos.

 

Seguiremos hablando de este tema porque creo que todas necesitamos una dosis de realidad, comprensión y de decirnos: keep calm, que todo no es dramático como lo pintamos.

 

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Lo que puedes aprender cuando opositas

No te juzgues cuando tengas un mal día. No te juzgues si hoy necesitas levantarte ochenta veces de la silla con cualquier excusa tonta. No te juzgues si a media tarde no estás concentrada y necesitas salir a respirar aire fresco o si llamas a tu hermana con las lágrimas a punto de salir para decirle que no puedes más.

No te machaques por no ser tan productiva como te gustaría cada día. Ni por tener días en que estás más apática y cansada. ¿Qué ser humano no se siente ningún día de su vida cansado?

No le estás fallando a nadie cuando decides colgar el hábito por un día.

No te estás fallando a ti.

 

No te juzgues creyendo que deberías llevarlo mejor o que no has conseguido tus objetivos. A veces no son realistas y otras veces simplemente suceden cosas que no podemos prever.

Lo hecho, hecho está. ¿Ahora de qué sirve lamentarse? No pierdas el tiempo echándote la culpa. Una culpa que no te hace bien y que solo te hunde más.

¿Piensas que no estás dando lo suficiente?

Date espacio y date tregua. Te la mereces.

¿Te das cuenta de que no eres la misma persona que cuando empezaste a opositar?

Y esta es una de las mejores cosas que te puedes llevar; todo lo que estás aprendiendo a lo largo del camino. Por ti y para ti.

 

¿Quién te hubiera dicho a ti que te levantarías a las seis de la mañana por propia voluntad? Y que, a pesar de ser no ser capaz de tener el armario ordenado más de dos días seguidos, tus apuntes siempre estarían en su sitio y ordenados. El orden ha entrado en tu vida de una forma que jamás hubieras pensado.

Por no hablar del máster que te has sacado en planificación. Del estudio obviamente, pero también de tu vida. Y de cómo has aprendido a sacar ratitos de dónde antes parecía que no existieran. Le has dado otro valor al tiempo, aunque haya días en que parezca que se te va de las manos y corra demasiado.

Y hablando de dar valor, ahora eres capaz de vivir al 2.000% algunos de los planes que puedes permitirte el lujo de no sacrificar. Son pocos,es cierto, pero intentas maximizarlo, vivirlo tanto como puedes siendo consciente que no sabes cuando será el próximo.

 

Y la santa paciencia con la que te has armado. Es difícil luchar por algo a largo plazo hoy en día. Vivimos en un mundo de inmediatez y tú parece que vas a contracorriente.

Cuando los trabajos se empiezan, terminan, se cambian y casi nadie se plantea quedarse para toda la vida, vas tú y decides que quieres tu para siempre.

La paciencia de avanzar poco a poco. De dejar pasar los días malos. De aprovechar los buenos. De intentarlo una vez más.

Cada experiencia es una ocasión para crecer un poquito más.

 

También te ha dado la oportunidad de conocer a nuevas personas que están en la misma situación que tú. Opositoras a las que admiras y de las que aprendes. ¿Quién dijo que después de los 30 no se podían hacer amigos? Porque sabes, a ciencia cierta, que de las oposiciones te llevas una pequeña familia con la que compartir mucho más que apuntes y conversaciones sobre el temario, las pruebas y las plazas. Has trazado un vínculo con ellos en el momento en que compartiste por primera vez tus miedos, tus dudas, tus sueños…

Porque las amistades, en parte, son eso, ¿no? Compartir aquello que llevamos dentro.

Pero no son sólo las personas que has conocido a raíz de la oposición. Son también las personas que ya estaban ahí antes de que tomaras la decisión. Las que, aunque no puedan comprenderte y a veces les quede un poco lejos tu realidad, intentan apoyarte como buenamente saben. Las que, a pesar de solo poder decirte “ánimos, tú puedes con esto”, te escuchan aunque les vuelvas a repetir lo mismo o les hables de tu programación y no entiendan de la misa la mitad, te abrazan, te llevan de cañas y todos los pequeños gestos que te dedican. Porque te quieren, porque están contigo aunque no te comprendan.

 

Y hay algo más increíble en todo esto. Y eres TÚ.

Sí, TÚ. Lo que estás sacando de ti y no tenías ni puñetera idea que llevabas dentro.

Has aprendido a chutarte tus propias dosis de motivación y hacerlo de forma intrínseca. A sacarte de ese agujero en el que a veces te metes. A mandar callar la vocecita esa que te toca los ovarios cuando le apetece. A defender con uñas y dientes tu elección. A pelear día a día sin garantías.

 

Y si estos no son motivos suficientes para sentirte orgullosa de ti y de tu decisión, ya me dirás tú cuáles lo son.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

 

 

La montaña rusa de las oposiciones.

Sí, ser opositora es enfrentarse a una montaña rusa de emociones que, a veces, ni tu misma consigues comprender.

Imagínate lo que es que los demás lo entiendan. Misión imposible, casi.

 

Seguro que te sientes identificada y sabes a lo que me refiero.

 

Un día te levantas por la mañana llena de energía, literalmente saltas de la cama dispuesta a comerte el mundo (bueno, en tu caso las oposiciones). Si tienes ganas y todo de sentarte en tu trono particular y ponerte a estudiar.

 

Al cabo de unos días, cuando suena el despertador te apetece salir de la cama y empezar a estudiar, lo mismo que hacer 1.000 sentadillas. Estás desanimada, sin motivación y sin entender qué era aquello que te había dado ese chute de energía unos días antes.

 

Hay momentos en que te sientes fuerte, inspirada y que ver tus progresos te emociona. “Joder, qué lejos he llegado” Te dices a ti misma.

 

Pero hay otros en que te recreas en tu propio drama personal, solo quieres llorar o gritarle a alguien y te sientes una drama queen. ¿En qué momento me metí en este berenjenal?

Y aunque a veces sientas que estás loca y que no tiene sentido, quiero decirte que esto es totalmente normal. Te pasa a ti, a la mayoría de opositores y a muchísima más gente que ni oposita ni tiene intención de hacerlo.

 

Pero créeme, las oposiciones van acompañadas de esta montaña rusa emocional. Es un regalo, que nadie te cuenta que viene incluido, que te llevas cuando decides colgarte el hábito de opositora.

Y estoy segura que a veces estás harta de que sea así y que te preguntes cuál es la solución o cómo dejar de sentir este remolino de emociones sin ton ni son.

 

¿Cómo dejar de lado esta montaña rusa emocional? Creo que no hay nada que pueda garantizarte salir de ella por completo. Y si hay una manera, cuéntamela, por lo que más quieras.

 

Con el tiempo puedes aprender a gestionarlo y a que los días malos sean menos malos. Sin embargo, siempre habrá alguno en que solo te apetecerá irte a la cama de cabeza.

 

Una buena técnica para que las bajadas sean menos duras es ser consciente de lo que te está pasando por dentro, estar presente, tanto en las buenas como en las malas.

¿A qué me refiero con esto? A que observes tus emociones, pensamientos y sensaciones como una mera espectadora. Sobre todo los pensamientos que desencadenan y arraigan las emociones.

Los pensamientos NO SON TÚ, son sólo UNA PARTE DE TI. Tal como dice Mo Gawdat en su libro El alogaritmo de la felicidad (libro más que recomendado, por cierto): esa vocecita que te habla no eres tú, por lo que no tienes que  obedecerlos. Depende de ti lo que hagas con ellos, ¿quién es la jefa aquí? ¿Tú o la vocecita?

Míralos desde fuera, dejándolos ir. Y cuestiónalos cuando sea necesario. Habla con ellos, llévales la contraria cuando no se ajusten a la realidad.

 

“No estás avanzando, no vas a conseguir tu plaza”

A ver, alma de cántaro, llevas meses estudiando día tras día. ¿Cómo puede ser que no hayas avanzado nada? Vamos a repasar todo lo que hemos aprendido: A, B, C, D….

Conseguir la plaza, no sé si la vas a conseguir porque no depende solo de ti, pero currártelo, te lo has currado.

 

“Opositar fue una mala idea. ¿En qué momento se me ocurrió?”

Opositar fue una decisión que tomaste por algo. Opositar me va a permitir conseguir una plaza para toda la vida. No depender de sustituciones, no tener que trabajar a decenas de km de casa, saber que tendré un lugar de trabajo siempre, pase lo que pase.

 

Ningún estado de ánimo ni ninguna emoción es eterna. Obsérvala con curiosidad y sin apego. Las emociones son como las olas del mar, van y vienen. No duran eternamente, aunque cuando estés en medio de una tormenta empieces a pensar y querer predecir el futuro creyendo que no vas a salir de ahí. El problema de esta situación es que estos pensamientos alimentan la emoción y hacen precisamente que dure más tiempo.

Cuando vas de bajada no ves nada más, solo lo oscuro que está el pozo y te sientes atrapada, oprimida y desesperada, te entra el pánico. Si alimentas al monstruo imaginario que habita en ti, éste se hace mayor.

Por eso es importante frenar la bajada. Pararte un segundo y decirte: Oye, no me cuentes milongas, que esto no durará. Que lo que me estás diciendo no es cierto.

Cuando opositas estás tú, contigo misma, haciéndolo lo mejor que puedes en este trabajo que decidiste escoger.

Siéntete orgullosa y feliz de todo lo que estás haciendo y cuando alguien o tú misma te lo cuestione, mándalo a freír espárragos.

 

FormArte, el arte de formar

 

Una habilidad más para tu mochila: la flexibilidad

La flexibilidad es una habilidad muy importante.

Como profesora.

Como opositora.

Y en la vida en general.

 

Hay factores que dependen de ti, de las elecciones que haces, de cómo afrontas las situaciones, etc. Pero hay otros que quedan lejos de tu control.

No siempre va a salir todo como esperas, como te han dicho que sucedería o cómo has planeado concienzudamente. Este es un hecho que probablemente has aprendido a lo largo de tu vida.

 

De buenas a primeras suena un poco decepcionante.

Te has estado preparando durante meses, has dado lo mejor de ti, llegan las opos, apruebas pero te quedas sin plaza.

Parece que el mundo se te viene abajo.

Tu plan inicial, y quizás el único que tenías en mente, se ha ido al garete.

 

 

Pero aunque parezca un verdadero drama, no lo es tanto.

Primero de todo porque vas a llegar a la meta. Quizás no ahora, quizás aún tienes que dar una vuelta más para descubrir nuevas cosas o para disfrutar de algo que no conoces. O quizás para aprender a ser más flexible. Porque sí, la flexibilidad es necesaria y, si la tienes por mano, estarás preparada para los giros inesperados de guión y para adaptarte a ellos y sacar lo mejor de ti y del momento.

En términos psicológicos, la flexibilidad es la capacidad para adaptarnos rápidamente a las circunstancias para convivir de forma sana y amena con nuestro entorno.

La flexibilidad te permite adoptar una actitud más abierta y positiva ante una situación que no se sucede como quieres/deseas/esperas/piensas.

 

Como profesora tendrás que poner en práctica la flexibilidad mil millones de veces. Si ya trabajas de profe, sabrás perfectamente que no puedes controlarlo todo y que ya puedes llevar una súper actividad planeada que, entre a,b y c, puede no salir como habías imaginado en tu cabeza. Incluso puedes creer que es la mejor actividad jamás hecha y luego te das cuenta que tu concepto de diversión y el suyo distan un poco.  (Te dejamos un vídeo genial de un maestro y cómo lo explica)

 

¿Por qué es importante ser flexible?

 

La flexibilidad te permite afrontar desafíos.

Si eres flexible, puedes cambiar el chip cuando sea necesario. Esto es fundamental cuando se trata de hacer frente a los retos.

Un ejemplo muy sencillo, estás haciendo un informe en el portátil y de repente te quedas sin internet a casa. Ante esto una persona flexible se irá a una cafetería o a la biblioteca y lo terminará, en cambio, una persona que no es tan flexible entrará en pánico, perderá mucho rato agobiada sin saber que hacer y quizás no lo llega a terminar.

 

 

La flexibilidad está relacionada con el éxito.

Si eres flexible, tienes ventaja ante las personas que te rodean. Te adaptas mejor a tu entorno, afrontas los desafíos con más facilidad y, lo que es  más importante, eres más eficaz y resolutiva ante los cambios.

Ante esta perspectiva, tus posibilidades de éxito son mucho más altas.

 

La flexibilidad facilita la convivencia.

Cuando eres flexible estás más abierto al diálogo y a la conciliación. Para ser flexible se debe sentir empatía por los demás, ser capaz de ponerse en su lugar, entender sus circunstancias particulares. Y esto facilita llegar a acuerdos y tener relaciones más saludables. Esto se puede aplicar a todos los ámbitos de tu vida y, en tu caso que trabajas día a día y mano a mano con estudiantes, otros profesores y padres, es fundamental.

 

La flexibilidad te da paz y reduce el estrés.

Todo problema, solo es preocupante si no puedes adaptarte. Incluso las peores situaciones se pueden superar si eres capaz de aprender a vivir con ello.

Así que, si eres flexible, puedes moldearte y superar todos los handicaps de la vida.

Saber que pase lo que pase, puedes sobreponerte y seguir adelante te da tranquilidad y reduce tu nivel de estrés.

 

¿Qué te parece? Es una buena estrategia ser más flexible, ¿verdad?

 

Y no olvides, ser flexible no es ceder en todo para evitar conflictos u optar por las soluciones fáciles por miedo. ¡Para nada! Ser flexible es adaptarse siempre en consonancia con tus valores y con lo que realmente sientes y quieres.

 

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Por qué el sentimiento de pertenencia es clave para el aprendizaje.

El sentimiento de pertenencia es un factor clave tanto en la educación como en la vida en general. Todos necesitamos sentir que formamos parte de un grupo ya que nos permite sentirnos acompañados por nuestros iguales y nos ayuda a desarrollar nuestra identidad.

Como bien sabrás, el colegio no es solo una institución de formación académica, sino que también es un espacio afectivo en el que niñas/os y jóvenes se forman como personas. Tanto en sus primeros años de escolaridad, como durante la adolescencia, es fundamental sentirse parte de un todo y percibir el apoyo tanto de padres como de docentes. Esto permitirá que tanto ellos como tú os incolucréis más y que se cree un ambiente apto para el desarrollo de ideas, acciones y actitudes.

 

No se habla mucho de ello, pero el sentimiento de pertenencia puede incidir de forma significativa en el aprendizaje.

La identidad no surge de forma espontánea, sino que se construye a partir de la cultura, el contexto social y la participación en una o distintas comunidades.

 

El sentido de pertenencia en la escuela es el grado en que los estudiantes se sienten respetados, aceptados y apoyados por profesoras/es y compañeras/os. Como ya te hemos comentado, se ha relacionado con la atención y el esfuerzo de los alumnos en clase, su persistencia y la finalización de las actividades de aprendizaje.

 

Comprender el sentido de pertenencia es importante para las educadoras, como tú. Te permite planificar prácticas efectivas para apoyar a los estudiantes, tanto en el aula como en la escuela en general.

 

Según investigaciones internacionales, cuando los estudiantes sienten que son parte de una comunidad escolar, participarán activamente en actividades tanto académicas como no académicas.

 

Mejorar los sentimientos de pertenencia en la escuela puede apoyar tanto el compromiso como el logro de los estudiantes. Los estudiantes que reportan un alto sentido de pertenencia en la escuela generalmente se esfuerzan más y están más motivados. En cambio, un bajo sentido de pertenencia se asocia a comportamientos negativos y a más probabilidades de abandono escolar.

 

Y tú como maestra tienes un papel importantísimo en el fomento del sentido de pertenencia de los estudiantes. Sí, como lo lees.

Si un estudiante considera que su maestra/o le está cuidando y aceptando, es más probable que adopte los valores académicos y sociales que le estás transmitiendo. Y esto puede influir en cómo se sienten tus estudiantes sobre el trabajo escolar y cuánto (o qué poco), lo valoran.

Las prácticas de enseñanza que adoptes en el aula, son claves. ¿Sabes cuáles son los enfoques que fomentan la pertenencia?

 

  • Priorizar relaciones de alta calidad entre maestros y estudiantes
  • Crear un ambiente de aprendizaje solidario
  • Ofrecer apoyo emocional a los estudiantes siempre que sea necesario.
  • Ser sensible a las necesidades y emociones de las/os alumnas/os.
  • Mostrar interés por ellos, más allá de sus notas y sus logros académicos.
  • Intentar comprender el punto de vista de los estudiantes (aunque a veces diste mucho del tuyo).
  • Trato respetuoso y justo
  • Fomentar relaciones positivas entre compañeros y el respeto mutuo entre ellos para establecer un sentido de comunidad.
  • Gestionar el aula de forma positiva.

 

Queremos recalcar que hay algunos grupos de estudiantes que pueden sentir niveles más bajos de pertenencia, por la falta de tolerancia que aún existe en nuestra sociedad (es triste que a estas alturas aún estemos así). Algunos ejemplos podrían ser estudiantes con distintos orígenes culturales o lingüísticos, estudiantes con discapacidades o que se identifican como LGBT+.

Por ejemplo, hay estudios que exponen que los estudiantes de origen inmigrante tienen actitudes más positivas y mayor motivación académica si sienten que sus profesoras/es se preocupan por ellos, les dan feedback académico y orientación y les prestan su ayuda cuando es necesario.

 

Por lo que es necesario que existan estrategias escolares que aumenten el sentido de pertenencia en estudiantes en riesgo. Esto podría reducir las tasas de abandono escolar y mejorar su rendimiento académico.

Pero no nos olvidemos que es fundamental para TODOS los alumnos.

 

Luchar por promover el respeto a la diversidad étnica, ser intolerante a la discriminación, implementar prácticas de concienciación y respeto, fomentar la participación de los padres en la escuela para crear conexiones sociales entre hogar y colegio y crear una cultura escolar de aceptación, son puntos que deberían ser prioritarios para cualquier escuela.

 

 

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