OPOSITORA, no dejes de lado el descanso.

Queda un mes y pico para el GRAN día y empezamos a sentir que el tiempo apremia. Este periodo suele ser una etapa complicada en la que se juntan una mezcla de presión, estrés, alta exigencia y falta de tiempo para ti misma.

Ante esta situación, un pensamiento muy común suele ser el de: voy a dedicarle más horas. Miramos el calendario y nuestra agenda para descubrir de dónde podemos sacar más horas y momentos de estudio.

 

Sabemos que, por mucho que te digamos que no es momento de empezar a meterle más horas, no nos vas a hacer ni caso. Pero si lo haces, como mínimo, hazlo con cabeza.

 

Ten en cuenta que la capacidad de memorización y aprendizaje de nuestro cerebro es limitada. Por muchas horas que pases delante de los apuntes y temario, este tiempo no va a ser directamente proporcional a lo que vayas a retener.

Proponerse estudiar 12 o 14 horas al día es una locura, se recomienda un máximo de 8 horas bien empleadas. No pretendas pasarte todo el día “estudiando” porque esto no va a traducirse en aprendizaje y vas a quemarte.

 

Y obviamente, si estudias más horas, necesitas un mayor descanso. No quieres llegar al examen hecha polvo, por lo tanto, no menosprecies este punto.

 

¡Tienes que llegar en perfectas condiciones tanto físicas como mentales!

 

Cuando hablamos de descanso nos referimos tanto a dormir bien como a desconectar del estudio.

 

Necesitas dormir tus horas. Tanto para que el tiempo en que repasas y estudias sea útil y productivo como para estar fresca el día del exámen. Si entras en una espiral de descansar menos de lo necesario, vas a ir acumulando cansancio y llegará un punto en que no podrás más.

 

Ya te hablamos de la importancia de dormir bien, pero como recordatorio:

  • Duerme las horas que necesites. Cada cuerpo es un mundo pero todos necesitamos nuestras 7 u 8 horas para rendir como campeonas.
  • Mantén una rutina de sueño intentando acostarte y levantarte siempre en horas parecidas. De esta forma tu cuerpo se acostumbrará y estará más preparado para el descanso.
  • Duerme en un lugar fresco, bien ventilado, sin luz y con el mínimo ruido posible.
  • Si te cuesta dormir, puedes tomarte una infusión relajante o meditar.

 

Si maltratas tu cuerpo, no podrás rendir como quieres ni ahora, ni el día de las pruebas.

 

Y en cuanto al descanso mental…. Podemos entender que si antes te tomabas un día y medio libre, reduzcas tu tiempo de ocio a dos medio días o a un solo día, a medio día si nos apuras mucho, pero bajo ningún concepto se te ocurra pasarte 24h/7dias estudiando sin descansar de las opos.

 

Aunque en tu mente suene de lo más productivo estudiar cada día sin parar, esto solo te va a generar más estrés y ansiedad.

 

Estos breaks son importantes para despejar tu mente y no saturarte. Hacer un descanso mental pero también cambiar de ambiente y olvidarte, por un ratito, de tu rincón de opositora.

 

Tampoco te olvides de cuidar tu cuerpo siguiendo una alimentación sana y ejercitándote un poco.

Si no eres muy aficionada al deporte, como mínimo, camina media horita al día. No solo te ayudará a despejarte sino que puede ser una buena forma de evitar calambres, agarrotamiento y dolores de espalda. ¡No quieres llegar a las pruebas llena de dolores!

 

Y en cuanto a la alimentación… come en suficiente cantidad y prioriza la comida real que está llena de nutrientes. Quizás con el estrés y la presión, no tengas mucho hambre y se te pasen las horas, pero necesitas alimentarte bien.

¡Y no abuses de la cafeína o los estimulantes para rendir más horas!

 

KEEP CALM OPOSITORA. Llevas muuuuchos meses con esto, que no cunda el pánico. Cuídate y descansa  para afrontar las pruebas y sacar lo mejor de ti.

 

 

FormArte, el arte de formar.

Toca poner a prueba a tu cerebro y dejar a un lado la negatividad

Por mucho que te aconsejen y te aconsejemos que debes ser positiva y creer en ti, es posible que sigas un poco estancada en la negatividad. A las puertas del examen, atacada de nervios, estresada, preocupada y (inserta cualquier sentimiento negativo).Vamos a intentar darle la vuelta para afrontar la recta final con ánimo y fuerza.

 

 

A pesar de que tengamos una tendencia a la negatividad, esto no tiene por qué ser permanente. Todo está en nuestro cerebro y este enfoque pesimista, puede cambiar.

 

Como ya te hemos mencionado otras veces, una de las funciones más críticas de nuestro cerebro es la de mantenernos seguros. La amígdala, que es responsable de nuestras reacciones de lucha o huida, está constantemente buscando amenazas para que nos indique cómo responder y mantenernos seguros.
De acuerdo con este importante objetivo de supervivencia, nuestra amígdala tiende a estar pendiente de las malas noticias. Y así nuestros cerebros están preparados para la negatividad. Una vez que nuestros cerebros siguen las vías neuronales negativas y siguen regresando a ellas, las conexiones se vuelven más fuertes y son éstas las que se activan ante cualquier suceso.

 

PERO… Oh, la la! Existe lo que se llama neuroplasticidad, por lo que nuestros increíbles cerebros siempre pueden crear nuevas conexiones neuronales, incluidas las conectadas para la positividad.

Una vez que empezamos a enfocar nuestros pensamientos y nuestra atención a nuestro potencial y a las posibilidades maravillosas que tenemos ante nosotros, preparamos al cerebro para que busque lo positivo.

 

Cualquiera que sean los pensamientos que tengamos, cualquier cosa que escojamos para enfocar y prestar atención, es lo que el cerebro comienza a buscar en el mundo. Esto es lo que los neurocientíficos llaman el “sesgo de confirmación” del cerebro. En otras palabras, al cerebro le gusta tener razón y tiende a buscar información que coincida con lo que ya está pensando.

 

Por lo tanto, si crees que todo es complicado y solo surgen problemas, cada pequeña cosa te parecerá un nuevo handicap. Si vas creyendo que no estás preparada para opositar y el exámen te irá mal, sufrirás hasta el día que te den los resultados y este último mes se te hará una montaña.

En cambio cuando te orientas a la parte positiva y te sientes agradecida por lo que tienes, no solo te sentirás más tranquila y feliz, sinó que todo lo que hagas, lo harás con mucha más energía y fuerza., creyendo que lo conseguirás.

 

Y el poder de cambiar los pensamientos, lo tienes tú.

 

Imagina que un día vas a comprarte ropa y te dejas el móvil en el probador. Cuando estás en caja pagando, un dependiente se te acerca con el móvil en la mano y te pregunta si es tuyo.

Puedes maldecirte por ser tan despistada y pasarte el resto del día tirándote puñales. O puedes sentirte súper afortunada que el chico lo haya encontrado y haya tenido la amabilidad de venir corriendo hacia ti para devolvértelo.

Parece un ejemplo muy tonto, pero en la reacción negativa, no solo te estás amargando sino que te estás juzgando y poniendo un montón de etiquetas que te quitan energía, debilitan tu autoestima y que a la larga son muy destructivos.

En la segunda reacción, te focalizas en que hay gente atenta y amable. Esto te genera un sentimiento alegre y positivo y de confianza. Y ojo, eso no quita que puedas pensar: “Tengo que ir más cuidado”

 

¿Cómo cambiar el enfoque negativo?

Esto no es algo que suceda de la noche a la mañana con solo desearlo. Como la mayoría de cosas, necesita su tiempo y constancia por tu parte.

 

Hay muchísimas maneras de trabajarlo y practicarlo, pero hoy te daremos un par de ideas.

Cuando te suceda algo inesperado y estés entrando en la espiral de negatividad, PARA y sé realista y racional. ¿Qué significa eso?

Que te pares a reflexionar qué significa, qué es cierto y qué se está inventando tu cerebro.

 

“Me van a ir mal las pruebas, voy a suspender”

¿Por qué? ¿Qué hechos demostrables apoyan esta suposición? ¿Has estado todo este tiempo tocándote las narices sin hacer nada? No, ¿verdad? ¿Entonces?

 

“Es que seguro que los demás opositores lo llevan mejor”

¿Has hablado y evaluado de forma objetiva a TODOS los opositores que se presenten en tu CCAA? Espero que no, porque en ese caso… ¡cuánto tiempo habrás perdido! Que hayas hablado con uno o dos compañeros y CREAS que lo llevan mejor por lo que te cuentan, ni significa que estén más preparados que tú ni que vayan a hacerlo mejor en las pruebas.

 

SÉ OBJETIVA Y PIENSA EN TODO LO QUE TÚ SÍ HAS HECHO Y ESTÁS HACIENDO, POR FAVOR. ¡Que no es poco!

 

La positividad está estrechamente relacionada con la gratitud. Sentirse agradecida por lo que tienes te permite darte cuenta de lo afortunada que eres y de todas las posibilidades que has tenido y tienes por delante.

Otra idea que funciona bien, es empezar o terminar el día escribiendo entre tres y cinco cosas por las que te sientas agradecida.  Fíjate en las cosas simples a lo largo del día que te dan placer como comer algo que te guste, una canción que te ponga de buen humor o jugar cinco minutos con tu perro.

Al principio habrá días en que te parecerá imposible encontrar algo bueno. LLevo todo el día en casa, estudiando y repasando, sin quitarme el pijama.. ¿qué puede haber de bueno? Te preguntarás.

Pero aquí está la magia; tienes que encontrar algo bueno por pequeñito que sea.

SI lo haces a diario, poquito a poco te irás dando cuenta de estas cosas mientras las estés viviendo y te sentirás más contenta.

 

Esto son solo dos ideas para empezar, pero hay muchísimas formas de hacer ese cambio de chip e ir entrenando tu cerebro para cambiar la forma en que percibe lo que sucede.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

8 maneras de darles a tus estudiantes más control de su aprendizaje

Permitir que tus estudiantes se involucren y tomen el control de su educación les da las herramientas para ser mucho más exitosos y poder llegar más lejos. Sentir el control de lo que hacemos, es una poderosa herramienta de motivación.

 

Como educadoras, la idea de dar a los estudiantes el control puede parecer un movimiento un poco loco, pero en realidad les da propiedad en su aprendizaje. Renunciar al control en algunas áreas del aula hace que los estudiantes sean más receptivos a la instrucción, los mantiene comprometidos con lo que están aprendiendo y los hace más dispuestos a asumir desafíos. Entonces, ¿cómo les das a los estudiantes el control sin que se convierta en un caos total?

 

Hoy te enseñamos 8 formas de darles a tus alumnas y alumnos un poco de espacio para tomar las riendas de su aprendizaje.

 

1. Darles flexibilidad en los deberes.

 

Puede parecer una locura pero una de las quejas comunes entre los alumnos son los deberes (bueno, los deberes son un debate por sí solo). De todos modos, si les permites escoger los deberes, realmente no pueden quejarse porque fue su decisión.

 

Por ejemplo, dales a tus alumnos una hoja de problemas de mates, pero déjales escoger qué 10 problemas quieren resolver.

También puedes darles distintas opciones para profundizar acerca de un tema de conocimiento del medio o de historia. Obviamente esto no va a funcionar ni en todos los temas ni en todas las asignaturas, pero poder darles esta opción de tanto en cuanto, puede cambiar su actitud ante las tareas por completo.

2. Medir la comprensión de distintas maneras.

 

Hay mucho debate y muchas investigaciones que demuestran que los estudiantes no deben ser evaluados de una manera única y estandarizada.

Dependiendo del tema, puedes incluir preguntas de opción múltiple, darles la opción de dos o tres preguntas de desarrollo para escoger, o buscar distintos tipos de trabajo para evaluarlos.

Varias las formas en que se evalúa a los estudiantes les permite demostrar mejor su comprensión, ya que pueden comunicar su aprendizaje de la forma en que se sientan más cómodos.

 

 3. Personalizar los contenidos y materiales.

 

Dales a tus alumnos y alumnas la oportunidad de elegir qué libros leer, qué experimentos científicos realizar, qué textos analizar o problemas de mates que resolver.

Incluso si estás trabajando un tema, puedes partirlo en distintos subtemas y que, en grupos, profundicen sobre uno en función de sus preferencias.

Poder elegir ayuda a coger cualquier tarea con más ganas.

 

4. Ayúdales a establecer sus propias metas.

 

Al principio de curso, pregúntales a tus alumnos que quieren sacar de la clase. Quizás en un principio sus respuestas sean vagas e imprecisas, pero puedes intentar establecer metas concretas con cada uno de ellos. Algunos realmente tendrán mucha motivación y a otros les costará más, pero crear objetivos, aunque sean pequeñitos, hacerles saber que esa es su meta y animarles puede marcar una gran diferencia.

 

 

 

5. Enséñales a autoevaluarse

 

Permitir a tus alumnos que se autoevaluen. Puede ser al final de la semana, por ejemplo, pero pídeles que reflexionen sobre su desempeño, cómo están avanzando y su actitud. Esto no solo les da la responsabilidad de su propio aprendizaje, sino que les permite ver cómo avanzan, qué están haciendo bien, qué les cuesta y cómo mejorar.

 

6. Pídeles feedback sobre ti y tu clase.

 

Como alumnos son evaluados CONSTANTEMENTE. ¿Y si les das la oportunidad de que ellos también expresen su opinión? De ti, de tu clase o de una tarea en concreto. Además de darte información muy útil a ti, esto les ayuda a que se tomen más en serio las clases porque se sienten escuchados y sienten que tienen algo que decir en su aprendizaje.

 

7. Usa el aprendizaje basado en proyectos

 

El aprendizaje basado en proyectos es una opción perfecta para muchas aulas.

Deja que los alumnos propongan sus propias ideas para los proyectos y dales la opción de que también realicen un seguimiento de su propio progreso.

Por ejemplo, crear unos objetivos con ellos para evaluarse les da la responsabilidad de cumplir con las expectativas. Puedes establecer un estándar de calificación para que, independientemente de lo que estén creando, puedan expresar su creatividad, apropiarse de su experiencia de aprendizaje y establecer pautas sobre lo que debe entregarse.

 

 

8. Establecer una guía de comportamiento y valores, conjunto.

 

Involucrar a tus estudiantes en las decisiones sobre las reglas y políticas del aula. Darles voz en este ámbito fortalece sus valores cívicos, aumenta los logros académicos y mejora su compromiso. Los hace responsables de sus acciones y los establece para asumir las consecuencias si infringen una regla.

 

Darles a tus estudiantes cierto control puede parecerte una apuesta al principio, pero la recompensa supera el riesgo a largo plazo.

Ves poquito a poco y ajusta la responsabilidad que les das en función de los resultados.

 

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Opositora, estás a un paso de conseguirlo.

Después de tantos meses, ya estamos en la recta final.

Ha llegado el momento de dar el último empujón. De meterle las últimas ganas.

 

Lo sabemos; no puedes más, estás cansada y todos estos meses ya pesan. Han sido muchas horas, días y semanas estudiando, trabajando y luchando por seguir adelante.

Por mantenerte a flote.

Meses sacando la fuerza y la motivación de vete tú a saber dónde.

Y a estas alturas a mediados de mayo estás solo a un paso de enfrentarte a las temidas pruebas de oposiciones.

 

Quizás ya empiezas a sentir los nervios, la presión y el estrés te está acechando. Es normal sentir ansiedad antes de las pruebas, pero no dejes que esto te paralice.

Recuerda que llevas meses preparándote, avanzando pasito a pasito.

Tranquila. Saldrá bien.

 

No te centres en lo que no has hecho o en todo lo que podrías haber gestionado de otra manera. ¿Te va a ayudar en algo?

No. En estos momentos, absolutamente en nada.

Sigue con el plan establecido y mantén tu motivación al pie del cañón. Has trabajado duro, de forma constante, te has esforzado una barbaridad y eres totalmente capaz de conseguirlo. Cree en ti y en tus posibilidades. Si no lo haces tú, ¿quién lo va a hacer?

Una vez hayan pasado ya tendrás tiempo a reflexionar y hacer un balance, pero no te adelantes.

 

El futuro es tuyo. Sí, lucha. Te está esperando el aprobado y hay una plaza que lleva tu nombre. ¿La visualizas? ¿No? Pues hazlo. Piensa en ese futuro que esperas con tanta ilusión y ganas. Recuerda cuál es tu sueño; quieres ser maestra y crear un impacto, un cambio en las futuras generaciones. Hacerlo con la seguridad que será tu trabajo para siempre y que lo disfrutarás desde el primer minuto al último.

A estas alturas, tienes que creer en ello. Deja tus dudas, tus miedos y tus “y si…” de lado porque ahora ya no vale la pena centrarse en ellos.

 

Si te focalizas en el miedo, solo vas a generar malestar, te sentirás hundida y ¿cómo vas a afrontar las pruebas?

El miedo es totalmente normal. No hay opositor que no lo sienta, durante todo el camino y especialmente ante las pruebas. Pero, en estos momentos, es un sentimiento que te resta, por lo tanto….

Nada. Fuera. Deja de lado tus temores, el pesimismo y la negatividad. No te anticipes porque no sabes lo que va a suceder.

Concentra toda tu energía en hacer el último sprint y acuéstate cada noche con la certeza que aprobarás y que estás más cerca de tu objetivo.

 

Muchos ánimos y mucha fuerza

Recuerda que todo lo que estás invirtiendo tendrá recompensa.

 

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Consejos para involucrar a los padres en la educación

Todos tenemos claro que el aprendizaje de un niño o adolescente no termina en el aula, ¿verdad?

Sin embargo, la mayoría de padres no tienen muy claro cómo apoyar el desarrollo intelectual de sus pequeños retoños.
Algunos, por querer hacerlo demasiado bien, están demasiado encima de ellas/os, lo que puede sofocar su creatividad y desarrollo personal.
En cambio otros, les dejan vagar libremente y apenas siguen su progreso exceptuando la revisión de notas a final de trimestre.

No obstante, hay una verdad unánime: las niñas y niños son más exitosos en el cole cuando los padres participan. Y aún hay más; tú, como profesora, también sales ganando si los padres se interesan.

 

¿Por qué? Porque si los padres están involucrados, promueven un comportamiento positivo en el aula, se aseguran de que sus hijas/os hagan los deberes, les ayudan a organizarse y les refuerzan positivamente. Laboralmente, tu satisfacción y autopercepción aumenta cuando hay una sinergia entre padres y profesores.

¿Cuál es tu desafío en este caso? Ayudarles a comprender cómo pueden ayudar a sus hijos en el aprendizaje sin ahogarles o cortarles las alas.

 

Hoy te contamos dos consejos para involucrar a las madres y padres en la educación de las niñas/os.

 

1. Crear un entorno de estudio positivo

 

Quizás los padres se sienten muy perdidos y no saben cómo encontrar una dinámica o equilibrio que funcione para su hija/o. Cada persona es un mundo. Tú puedes proporcionarles información e ideas sobre cómo ayudar a sus hijos/as a mejorar con las asignaturas, tareas y otras actividades curriculares.

Detállales como pueden participar, establece un guión lo más claro posible de hasta qué punto deben ayudar y, si es necesario, podéis crear de forma conjunta una rutina de estudio. Eso sí, déjales claro hasta qué punto deben ayudarles. Estar demasiado encima suyo puede ser contraproducente.

Incluso puedes ir un paso hacia adelante y sugerir otras actividades de enriquecimiento. Por ejemplo, fomentar la lectura en casa creando una lista de lectura personalizada basada en la personalidad, intereses y el nivel del niño/a en cuestión. O quizás proponerles obras de teatro, exposiciones de museo o experimentos científicos que pueden ser del interés de tu alumno. Sea como sea, intenta personalizarlo lo máximo posible. No solo contribuyes con el aprendizaje del pequeño, sino que los padres también agradecerán tu implicación.

 

2. La comunicación es clave

 

Es fundamental construir un puente y mantener una política de puertas abiertas para que los padres puedan entender lo que estás intentando lograr. Solo así podrán complementar tus esfuerzos dentro del aula.

 

Se trata de establecer una relación de igualdad y crear una atmósfera cómoda dónde la prioridad y el centro de toda comunicación sea el estudiante. Intenta ser concisa y evitar tecnicismos o una jerga que ellos no entiendan.

Por mucho que un estudiante tenga resultados negativos, no centres toda la comunicación en los aspectos limitantes, comparte también las buenas noticias.

 

Puedes preguntar a las familias a principio de curso sobre sus preferencias de comunicación. Frecuencia deseada y medio de comunicación. Eso sí, pon límites si es necesario. Habrá padres que querrán un seguimiento más constante y otros lo preferirán más espaciado. Ajústalo en función de los requisitos y demandas del alumno también.

 

Si te gusta escribir, otro proyecto interesante para que los padres estén en contacto contigo y para saber qué hacen sus alumnos es crear un blog dónde compartas las actividades que se llevan a cabo en el aula, qué estáis trabajando, excursiones… así como proponer actividades que pueden hacer en casa o explicar qué tareas y objetivos tienes.

Aquí te proponemos un blog pero hay mil opciones. Seguro que encuentras algo que te guste y que sirva como canal de comunicación.

Pero no todo termina aquí. Puedes invitar a los padres a hablar de sus trabajos o habilidades según qué materia estéis dando en clase y así incluirlos en el aula y que tengan la opción de participar.

 

Hay muchísimas formas de establecer una buena relación con los padres y conseguir que ellos participen y se involucren en la educación de los alumnos/as. Todo es empezar y probar qué funciona mejor y con qué te sientes más cómoda.

 

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3 maneras de ayudar a tus estudiantes a mejorar sus habilidades de ciudadanía digital

Ya te hablamos de la importancia de ayudar a tus alumnas y alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes.

De la misma forma que los estudiantes deben aprender a ser buenos ciudadanos dentro de la comunidad, también tienen que saber cómo comportarse y ser una parte positiva de la comunidad digital. Internet es un espacio donde también hay unas normas.

 

La ciudadanía digital es una responsabilidad importante que todos deben comprender, ya que abarca tantos aspectos del comportamiento y las acciones como lo hace la interacción física. Se puede enfocar desde muchos puntos de vista diferentes y mediante una gran variedad de dinámicas, pero hoy te daremos algunos consejos acerca de cómo tratar el tema.

 

 

1. Incorporar la ciudadanía digital dentro de las lecciones diarias:

 

La mejor forma de garantizar que los niños y niñas entienden qué significa ser un ciudadano digital y qué conlleva, es incorporar el tema en el día a día. Si se trata a diario, se convierte en una segunda naturaleza, independientemente de la edad que tengan. No es que sea algo que requiera mucho tiempo o esfuerzo extra, dado que probablemente trabajéis con la tecnología a diario.

 

Por ejemplo, si tus estudiantes hacen presentaciones, puede ser un buen momento de sacar a colación el tema de los derechos de autor y los derechos intelectuales.  Puedes hablar con ellos de plagio y de la importancia de citar las fuentes. Preguntarles cómo se sentirían si alguien se atribuyera su trabajo sin su consentimiento después de pasarse muchas horas haciéndolo.

Otro ejemplo: Para trabajar la importancia de ser respetuosos y cuidadosos, tus alumnos pueden crear perfiles sociales de las personas que están estudiando en historia. Además de ayudarles a pensar sobre los personajes desde otro punto de vista, se puede tratar la importancia de ser precavido y consecuente con lo que se comparte y cómo se hace.

 

Seguro que con lo creativa que eres se te ocurren mil ideas más! Puedes compartirlas con nosotros en comentarios y así nos ayudamos unos a otros 😉

 

 

2. Busca y encuentra recursos para fomentar la ciudadanía digital

 

Hay muchísimos proyectos y recursos interesantes, cuyo objetivo es el de fomentar una ciudadanía digital responsable desde una propuesta educativa.

 

Por ejemplo:

 

Algunos están orientados a niños, en forma de juegos, para que aprendan sobre el tema y otros van dirigidos a educadores y padres para consultar y formarse. Todos estos recursos te pueden ayudar tanto a nivel formativo para aprender más sobre el tema, como a desarrollar dinámicas y actividades para tus alumnos.

Precisamente uno de los puntos fuertes de la era digital es que tenemos acceso a muchísima información que, bien usada, pueden ser herramientas educativas fantásticas.

3. Enfoca los temas en función de la edad de tus alumnos.

No te olvides de considerar el grupo de edad de tus estudiantes. Cada rango de edad requerirá de un enfoque y nivel de complejidad distinto. Tienes que mantener los objetivos y expectativas apropiadas para la edad con la que estás trabajando.

En estudiantes más pequeños te puedes centrar en temas como la seguridad al usar Internet. Cuando son algo mayores se pueden introducir temas como el acoso cibernético, cómo tratar a los demás en el terreno digital y cómo actuar ante determinados casos.

Cuando ya son mayores y tienen una edad en que ya están usando redes sociales, puede ser el momento idóneo para tratar el tema de las redes sociales, la huella digital que se deja, etc.

 

 

Como profesora, puedes comenzar a instruir a tus alumnas y alumnos sobre cómo ser cuidadosos y respetuosos para que puedan disfrutar de todas las increíbles posibilidades de la era digital.

Por lo tanto, te corresponde hacer de la ciudadanía digital una parte de nuestro plan de estudios. Solo así podremos crear un futuro digital del que nos sentiremos orgullosos.

 

FormArte, el arte de formar

Por qué enseñar a nuestros alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes

¿Recuerdas esa época en que buscabas las definiciones de las palabras en el diccionario? ¿cuándo tenías que coger una enciclopedia para hablar sobre algún concepto? ¿cuándo la biblioteca era el mejor lugar para encontrar libros para hacer un trabajo?

O bien, ¿ cuándo tenías que alquilar o comprar un vhs para ver una película? ¿cuándo tenías que descargarte la música y hacer CD’s en casa porque los discmans eran la última revolución?

 

Es posible que recuerdes esa época con cariño, pero, hoy en día podemos decir que tus estudiantes ni recuerdan ni pueden imaginar la mayoría de estas situaciones.

 

Los estudiantes de hoy en día (y los futuros que vas a tener) no sólo han crecido en el mundo digital, sino que directamente nacieron en él. Esto crea una brecha generacional muy real, ¿verdad?

Nosotras, estamos al día en la red digital, claro,  pero también recordamos cómo era el mundo sin Internet y tenemos más en mente y somos más conscientes de los riesgos de Internet.

Algunas de estas ideas serán totalmente nuevas para tus estudiantes, lo que representa una oportunidad para desarrollar un pensamiento más consciente de lo que significa ser ciudadanos digitales.

¿Qué significa ser un ciudadano digital?

 

Tal como define wikipedia: “Un ciudadano digital tiene derecho al acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y a su apropiación, al desarrollo de habilidades digitales, al acceso a la información en línea de forma segura, transparente y privada, así como a la participación a través de medios tecnológicos.”

 

Internet es la mejor herramienta jamás inventada para conectar a cada uno de nosotros con una comunidad verdaderamente global y para hacer que lo global sea local. Piensa en todos los cambios que ha adoptado tu vida desde que Internet ha pasado a formar parte de tu vida. Ha revolucionado la forma de conectar, comprar, entretenerse, aprender y acceder a una cantidad impresionante de servicios, bienes y oportunidades.

 

Como sabrás, los beneficios para el logro educativo y la equidad son inmensos, pero como educadoras también tenemos la tarea de enseñar a nuestros estudiantes qué significa ser un ciudadano digital responsable y qué riesgos existen. 

La pregunta a responder sería: ¿Cómo podemos todos ser miembros productivos y destacados del mundo digital?

 

Tratar este tema, como todo, tiene sus desafíos.

Aunque puedes haber crecido de la mano del mundo digital y eres millennial, tu infancia probablemente fue muy distinta a la de tus estudiantes (tecnológicamente hablando, claro). Comprender el día a día y la realidad de tus estudiantes, cerrando la brecha generacional es importante.

Como también lo es que los temas de ciudadanía digital sean reales y relevantes para ellos. Puede haber mil conceptos y perspectivas que jamás han considerado.

¿Qué significa realmente que algo que digas con 15 años en internet quede para siempre registrado? ¿Qué implicaciones negativas tiene el acceso a cualquier contenido gratuito? ¿Y a la libertad para crear lo que uno quiera? ¿y si quién crea contenido no tiene intención de ser sincero o no se rige por la moralidad?

 

Estas cuestiones, pueden ser evidentes y lógicas para nosotras. Hemos crecido con las reticencias iniciales de Internet y siendo adultas, tenemos unas creencias y valores claros, pero… ¿y las niñas y niños?

 

Es importante ser conscientes de las consecuencias de nuestra conducta en la red. Tú como educadora, el mismo centro escolar y las familias, tenemos que acompañar en este proceso, sensibilizar y enseñar a moverse por el entorno digital de forma segura, tolerante y consciente.

 

¿De qué formas crees que podemos llevar a cabo esta tarea?

 

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La emoción en la educación; por qué es tan importante.

 

Emoción.

 

Imaginación.

 

Sensación.

Estas palabras deberían ser los pilares en las conversaciones educativas. Pero no siempre sucede.

 

Lo extraño es que ¿qué educadora no valora el compromiso emocional?

 

Todos los educadores queremos que los estudiantes se involucren, ¿verdad?

Todos los educadores deseamos que nuestros estudiantes sean imaginativos, que experimenten y demuestren una comprensión creativa y flexible del conocimiento.

Todos los educadores queremos que los estudiantes recuerden lo que están aprendiendo para que el contenido del plan de estudios tenga un impacto en sus vidas fuera de la escuela.

 

Es cierto que los estudiantes de nuestras clases son increíblemente diversos. Los contextos en los que enseñamos y las demandas de nuestros diversos planes de estudio son increíblemente variados. Pero todos los educadores queremos lo mismo:

 

Crear significado, un impacto.

Y, al final del día, el significado requiere emoción

La emoción es el timón de la mente.

La emoción dirige todo el aprendizaje.

 

¿Y si centramos la educación en la emoción?

 

Nuestros estudiantes frecuentemente y de forma rutinaria piensan en el mundo de una manera que evoca sus emociones e imaginaciones. Por ejemplo, disfrutan universalmente de historias o narraciones de todo tipo. Todos disfrutan de las bromas y del humor. Todos ellos identifican patrones en el mundo que los rodea. Muchos están fascinados por los extremos de la experiencia y los límites de la realidad. Muchos se asocian con héroes e incluso idolatran a personas, ideas o instituciones. Muchos comienzan a coleccionar cosas y se obsesionan con sus aficiones.

Las palabras hacen que las imágenes surjan en todas sus mentes. Todos disfrutan de un buen misterio y pueden quedar atemorizados por preguntas sin respuesta o eventos extraños. Los más mayores pueden disfrutar de ideas abstractas y teorías que los representan. Algunos buscan formas de promulgar cambios en sus entornos.

Podríamos seguir y seguir; La vida emocional e imaginativa de nuestras alumnas y alumnos se manifiesta de muchísimas formas.

 

Estas diferentes formas de compromiso no son insignificantes o sin valor, al contrario. Son formas de pensar que ayudan a los seres humanos a aprender. Que pueden ayudarles a aprender.

Todos los seres humanos, de una forma u otra, usan sus herramientas y estrategias particulares para dar sentido emocional al mundo que les rodea y aquí es dónde puedes entrar tú. Tú puedes usar esas mismas herramientas introduciéndolos en tu forma de enseñar.

 

¿Cuáles son estas herramientas? Juegos, narraciones, misterios, buscar patrones, pasatiempos, fenómenos curiosos, ritmo… THINK OUTSIDE THE BOX.

No se trata de hacer actividades extraordinarias continuamente, sino de buscar la forma de conectar con tus alumnos. Encontrar actividades o herramientas que despierten su curiosidad, que congenien con sus aficiones, que le den un sentido más emocional al aprendizaje.

Y ¿cómo lograrlo? Informándote, buscando inspiración, pensando, probando… no hay una fórmula mágica, simplemente es ponerle muchas ganas y esfuerzo.

 

 

FormArte, el arte de formar

 

La otra cara de opositar

Como opositores nos empeñamos frecuentemente en decir lo duro y desmotivante que puede ser opositar. Más que nada porque es una verdad como una catedral.

 

Es muy fácil entrar en el bucle de: no puedo más, no me da la vida, estoy harta, lo mandaría todo a tomar por saco…

Pero no es porque nos guste quejarnos de por sí, es simplemente que es una parte de lo que vivimos, una realidad que está ahí día tras día.

 

Esta es la parte negativa. Hasta aquí todo claro.

 

Sin embargo, esto es como la vida maravillosa de algunas influencers en redes sociales. Aunque nos parezca que su vida es lo más de lo más, también sufren, tienen sus momentos bajos y les suceden cosas poco agradables. Pero se lo guardan para ellas.

 

Con las oposiciones sucede al revés. Aunque nos parezca el pozo más hondo y sin salida de la historia, también hay cosas positivas que, entre tanto estudio y frustración, se nos pasan por alto.

Y este es el objetivo del post de hoy. Darnos cuenta de todo lo bueno que te está aportando opositar como una campeona.

 

Hay aspectos que saltan a la vista de buenas a primeras. El máster en organización que te estás marcando, por ejemplo. Antes de opositar mi capacidad de organización era más bien precaria; me consideraba desorganizada por naturaleza y ahí no había nada que hacer. ¡Si incluso mi madre me lo decía!

Opositando me di cuenta que no era cierto. Soy capaz de planificarme tanto en cuestión de horas como de objetivos a cumplir (cumplirlos siempre todos a rajatabla, ya es otra historia).

A partir de esto he aprendido tres cosas:

 

  1. La primera y más obvia, a organizarme.
  2. La segunda es que lo que creemos de nosotros no es siempre cierto y que muchas veces nos empeñamos en ponernos etiquetas que solo nos limitan.
  3. Y la tercera y última que hay mil capacidades que, quizás de buenas a primeras no tenemos, pero que se pueden desarrollar.

 

Este último punto, si te soy sincera, me da mucha fuerza. Pienso que hay tantas cosas que puedo mejorar de mi misma… y precisamente, que sé que soy capaz. Que solo necesito tiempo y poner el chip adecuado. ¿No son eso buenas noticias?

 

También he aprendido a sacar horas al reloj. No te voy a decir que estoy en el club de las 5 de la mañana porque de eso aún no he sido capaz, pero madrugar forma parte de mi rutina. Y la verdad es que el día tiene más horas de lo que creía. Bueno, no. Tiene 24 horas y ya lo sabía, pero he cambiado la forma de emplearlas.

Opositando me he dado cuenta que antes perdía mucho tiempo en tonterías. Ahora soy capaz de estructurar mis horas mucho mejor y aprovecharlas.

Y con esto de aprovechar el tiempo… he sido capaz de entender con quién quiero aprovecharlo. Es normal dejar atrás a personas a lo largo del camino pero he acelerado bastante este proceso opositando.

Lo que quiero decir es que, como probablemente tú, tengo poco tiempo para pasar con mis amigos. Suelo perderme planes y evidentemente me encantaría poder disfrutar de ellos mucho más de lo que lo hago.

Ante esta situación me he dado cuenta de a quién realmente quiero ver y a quién no me apetece tanto. Al principio me costó aceptarlo porque es duro darse cuenta que hay gente que no es tan importante como pensabas. Pero forma parte de la vida.

Hay personas que te restan más que sumarte. Quedas con ellas y vuelves a casa un poco de bajón y sin muchos ánimos. Sinceramente, esto es lo último que necesito. Por lo tanto, he acabado quedándome con los que estoy a gusto al 100%.

 

Y no solo se trata de amigos sino de actividades que antes hacía por hacer y que realmente no quería hacer. ¿Por qué matarme en el gimnasio si no me gusta? Prefiero ir a yoga que me relaja y le estoy pillando el gustillo.

 

También he aprendido a pasar más tiempo conmigo misma. Cuando opositas, por mucho que vayas a una academia, estás sola muchas horas. Por ejemplo, antes jamás me planteaba ir a pasear yo sola.

¿Yo sola? ¡Pero qué dices!

Hasta que un día, cuando estaba hasta las narices de las paredes de mi casa, decidí ponerme mi música e ir a dar un paseo. Y me gustó. Ese fue el pistoletazo de salida para ser capaz de hacer cosas por mi misma sin necesidad de compañía.

Y es algo muy importante que nadie nos enseña nunca.

 

Y otra cosa que me ha enseñado opositar es que me encanta la profesión que elegí en su momento. Me apasiona ser profesora. Es mi vocación y estoy 100% segura.

No sé si fue cosa de mi universidad pero, durante la carrera no sentí ningún tipo de motivación. Las clases eran más bien aburridas, salvo por algún profesor que realmente quería hacer las cosas distintas.

El mejor momento fueron las prácticas que hice a lo largo de la carrera.

Opositando se ha abierto un mundo nuevo ante mi. Estoy bastante segura que he aprendido más en casi un año y medio opositando que en 4 años de carrera.

 

Ha sido como si se abriera una puerta llena de nuevas ideas, otras forma de abordar la educación, puntos de vista, recursos distintos… Ganas de leer libros, artículos, blogs, de buscar fuentes de inspiración e incluso de replantearme lo que pensaba. Me he dado cuenta que casi cualquier cosa puede convertirse en algo educativo.

Pero además, a no limitarme a la educación en sí, sino a un conjunto de recursos para mi misma. Ser más flexible, más consciente de lo que hago, más abierta de mente..

Otra forma de entender mi profesión como educadora.

 

Y lo pienso y.. guau! qué suerte la mía de haber podido aprender y de darme cuenta de todo esto. Es un enfoque distinto que me da más fuerza para seguir currando y para ir a por ese aprobado y esa plaza. ¿no te pasa a ti?

 

Y tú, ¿qué estás aprendiendo opositando? ¡Cuéntamelo, que seguro que hay muchas cosas en las que no he caído!

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

Comunicación efectiva para docentes – Las palabras y el lenguaje corporal. 

En el pasado post te hablamos de la importancia de la comunicación en tu vida tanto profesional como personal.

 

Uno de tus objetivos como educadora es poder crear en clase un ambiente comunicativo desde el principio, y para ello, tú debes contar con las competencias necesarias para comunicarte de forma eficaz.

Y si tenemos en cuenta que las oposiciones y la defensa ante el tribunal están a la vuelta de la esquina, es el momento de poner toda la carne en el asador e intentar mejorar las habilidades comunicativas.

 

¿Qué se considera una comunicación eficaz?

 

Podríamos definir la comunicación eficaz como aquella comunicación en que el mensaje se entiende claramente y, a ser posible, se actúa en consecuencia de este. Es tan importante lo qué dices como el cómo la dices.

Lo que dices significa tu elección de palabras. Es probable que las palabras y el lenguaje que uses cuando hables con una amiga sean muy diferentes a las que usas en una presentación o en clase con los alumnos.

Del mismo modo, la forma en que hablas también variará en diferentes situaciones.

 

Sea cuál sea la situación, debes poder comunicarte de forma efectiva y considerar todas las herramientas y aspectos posibles para garantizar que nada distraiga o reste valor a tu mensaje, sobre todo ahora que tenemos las pruebas de las oposiciones encima.

 

Hagamos un pequeño repaso a los elementos principales para que se produzca una comunicación eficaz:

 

  • Las palabras que usas.
  • El lenguaje corporal.
  • Tu voz

 

 

 

Hoy hablaremos de los dos primeros elementos: las palabras que eliges para comunicarte y el lenguaje corporal.

Las palabras que usas

Lo que dices, las palabras que elijas, importa.

 

Si a tu audiencia no le quedan suficientemente claras las palabras que usas, interpretará el mensaje en función de lo que ellos crean. Y esto muchas veces puede no ser lo que tú quieres transmitir. Por eso, tienes que elegir cuidadosamente las palabras, especialmente cuando estás diciendo algo importante.

 

Al comunicarte debes tener en cuenta a tu audiencia. Las palabras elegidas tendrán que ser diferentes si estás hablando a tus alumnos, al tribunal de las oposiciones, a tu jefe o a tus amigos. No usamos el mismo vocabulario en todos los casos. Tienes que pensar en el nivel de comprensión de tus interlocutores sobre el tema y también en el tipo de lenguaje que usan.

 

Las oraciones más cortas son más fáciles de procesar y entender. Ante una oración excesivamente larga podemos perdernos por el camino y no llegar a comprender la esencia del mensaje.

 

De la misma forma, las palabras más simples también son más fáciles de comprender. Dicen que si no puedes explicar algo en términos simples, probablemente es porque tampoco terminas de entenderlo. Esto es particularmente importante cuando se trata de niñas y niños, dado que todos tienen unas necesidades educativas diferentes.

 

 

El lenguaje corporal

 

Ya debes saber que una cantidad considerable de la comunicación no es verbal. Algunas investigaciones sugieren que más del 50%. El próximo día te hablaremos del tono de voz, el ritmo y el énfasis, pero hoy nos centraremos en el lenguaje corporal que también es importante.

 

¿Qué incluye el lenguaje corporal? Tu postura corporal, tus expresiones faciales, la forma en que usas las manos para enfatizar el habla e incluso cómo y con quién creas contacto visual.

 

El lenguaje corporal refuerza o enfatiza lo que estás diciendo y también ofrece información sobre las emociones y las actitudes de una persona.

 

Sin embargo, también es posible que los movimientos corporales entren en conflicto con lo que estás diciendo.

Para que la comunicación sea efectiva, tu comunicación no verbal necesita reforzar tus palabras: los dos deben decir lo mismo. La comunicación no verbal es mucho más difícil de disfrazar que la verbal: si ves que el lenguaje corporal de alguien está transmitiendo un mensaje diferente de sus palabras, vale la pena escuchar la comunicación no verbal primero, ya que es más probable que refleje sus puntos de vista reales.

 

¿Cómo puedes proyectar un lenguaje corporal positivo?

Cuando usas un lenguaje verbal positivo, estás dando fuerza a los mensajes verbales o ideas que quieres transmitir y evitas enviar señales confusas o mezcladas.

 

Vamos a echar un vistazo de algunas posturas básicas que proyectan confianza en ti misma y franqueza, para que las tengas en cuenta de cara a tu defensa oral o a situaciones profesionales:

 

Tener una postura abierta: ¡Relájate pero no te acomodes demasiado! Trata de mantener una postura erguida pero sin forzar.

Tanto si estás sentada o de pie, intenta colocar los brazos a los lados o de forma natural. No los pongas en jarras o los cruces  ya que da sensación de agresión o estar a la defensiva y de no estar abierta a nuevas ideas u opiniones.

 

 

Mantén un buen contacto visual. Si estás haciendo una exposición, nada de mirar al suelo todo el rato o a la lejanía. Mira a tu audiencia (o al tribunal, en el caso de las opos) cuando estés exponiendo. Pero, ¡no te pases! Dejar tu mirada fija en alguien durante demasiado tiempo puede indicar desafío o falta de confianza (y es un poco incómodo, ¿verdad?).

Expresión facial: la cara es el mejor reflejo de lo que siente una persona. La mayoría de las veces es fácil reconocer si una persona está feliz, triste, ansiosa, irritada o excitada. Es muy importante que en un escenario profesional controles tus expresiones faciales.

Por ejemplo, si en una presentación sientes que tu exposición no está funcionando tan bien como te gustaría, ¡no muestres signos de estar perdiendo la esperanza! En lugar de esto, puedes intentar que tu audiencia participe más o relajar el ambiente con una anécdota o algún dato curioso. (OJO, esto depende del tipo de exposición o presentación).

 

 

Estas son solo algunas directrices acerca del lenguaje corporal. Este es un tema que puede dar para 20 artículos más y que, volveremos a abordar en un futuro.

 

¿Con qué idea queremos que te quedes?

El objetivo de este artículo es que reflexiones acerca de cómo te comunicas. Si usas el lenguaje corporal de forma adecuada y en sincronía con tu mensaje, si sabes adaptar el mensaje a tu audiencia y elaborar un discurso coherente y comprensible, etc.

 

A la vuelta de la esquina están las pruebas orales de las exposiciones pero también tu futuro como docente. Por lo tanto, puede ser un buen momento para echar la vista hacia una misma y ver en qué podemos mejorar.

 

 

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