La verdad de ser opositora que nadie te cuenta.

Ser opositora es jodido a veces. Te lo digo por experiencia.

Para todos aquellos que no lo conocen de cerca parece algo fácil. Solo tienes que estudiar, no puede ser para tanto. Y se quedan tan anchos.

Las personas que te rodean, que te conocen y que viven esta situación de cerca, asumen un poco mejor la complejidad de la situación y que es más complicada de lo que se imaginaron cuando les dijiste que pensabas opositar.

Sin embargo, aunque intenten ayudarte, ponerse en tu lugar y empatizar contigo, no pueden llegar a comprenderlo en toda su magnitud. Hay que vivirlo para saber realmente lo que significa opositar, todo lo que sacrificas y la frustración que la acompaña.

Y no hablo solo de la frustración e impotencia de pasarse meses preparándose para no conseguir tu plaza.

Este momento duele. Duele de verdad y te sume en una desilusión importante. Has peleado mucho, has dejado pasar muchos momentos por esto, te has vuelto un poco loca, has llorado, has tenido días de apaga y vámonos y… no hay sitio para ti.

Es como si empiezas a correr para llegar a un lugar y, aunque parecía que te sabías el camino y que no estaba tan lejos, no consigues llegar nunca. Y sigues corriendo y empiezas a estar muy cansada, tus piernas desfallecen, te duelen, te quedas sin aire, anoche, apenas te queda agua… pero no ves el final nunca. Entiendes de lo que te hablo, ¿verdad?

 

Pero no es solo el final lo que te quita la vida. Ojalá.

Hay mañanas en que te levantas y no te apetece salir de la cama. No te apetece porque sabes que no tienes ningún lugar al que ir. Tu puesto de trabajo está a unos cuantos metros de distancia, en esa mesa llena de tus apuntes, libretas y los malditos bolígrafos y subrayadores de colores que te compraste con toda tu ilusión para esto. Por no hablar de los post-its, la agenda, el planificador semanal y una larga lista de material.

A veces odias las paredes, el escritorio, la silla y aborreces tu propia casa porque la tienes demasiado vista y te recuerda que aún no lo has conseguido. A ratos es como una cárcel.

Al principio te vestías para empezar el día y ponerte a estudiar. Ahora ya ni eso. Tal como te levantas, te preparas un café y te sientas en la silla.

 

Y eso agota. Sobre todo emocionalmente.

 

Como cuando sientes que no estás avanzando, que estás teniendo un mal día y que te está costando más de la cuenta. Que empiezas a llegar a tu límite, estás cansada, cada vez se acerca más el examen, no te está saliendo algo que en teoría era fácil y no puedes más. Quieres llorar o directamente lloras porque total, no hay nadie más para verlo y sentir tus sollozos. Y con las lágrimas aún en los ojos, sigues. Porque es tu maldito trabajo en estos momentos y porque no hay otra opción que hacerlo.

 

Te sientes sola muchas veces. La soledad es muy jodida porque realmente no estás sola. Tienes familia, pareja y amigos a los que sabes que puedes llamar. Pero también sabes que lo máximo que te dirán es: venga, va, ánimo que tu puedes.

Y no quieres escucharlo una vez más. Por mucho que sepas que lo hacen con la mejor intención del mundo.

 

Te sientes sola viviendo unas circunstancias que solo lo que están en el mismo proceso pueden comprender. Cuesta entender que tu vida gira alrededor del estudio.

Un mal día en el trabajo se deja de lado al salir del trabajo. Una semana infernal se olvida un poco al llegar el fin de semana. Aquí no. Un mal día no termina hasta que te acuestas si, con suerte, te levantas con otro ánimo a la mañana siguiente. Y el fin de semana deja de existir cuanto más se acerca la oposición.

Y cuando vas sumando días y semanas malos, se acumulan y terminan por robarte la energía y hundirte. Una oposición puede desmoronarte.

 

¿Y sabes lo que pasa?

Que sólo puedes salir de esto tú solita.

Cuando crees que no puedes más eres TÚ la que se levanta, se dice que es capaz y sigue luchando y batallando. La que saca la fuerza que le queda, la motivación de vete tú a saber dónde, se sienta en la silla y persiste.

 

Y,  ¿te puedo decir algo más? Opositando he aprendido que soy mucho más fuerte de lo que jamás pensé. Que sí, que puedo superar lo que me pongan por delante. Que esta vida es mía, que un día fui valiente o una loca, quién sabe, y aposté por esto y aquí estoy. Peleando con uñas y dientes.

No tengo la certeza de que este año conseguiré mi plaza (aunque estoy segura que algún día será mía), pero sé a ciencia cierta, que esta experiencia me está cambiando y me está enseñando de todo lo que soy capaz.

 

Puedes pensar que este es el post más deprimente de la historia, pero lo que quiero que veas es que no estás sola. Que hay alguien más ahí fuera que se siente como tú y que no pasa nada. Te comprendo y sé lo que estás pasando. Y te prometo que saldremos de esta.

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

Por qué el sentimiento de pertenencia es clave para el aprendizaje.

El sentimiento de pertenencia es un factor clave tanto en la educación como en la vida en general. Todos necesitamos sentir que formamos parte de un grupo ya que nos permite sentirnos acompañados por nuestros iguales y nos ayuda a desarrollar nuestra identidad.

Como bien sabrás, el colegio no es solo una institución de formación académica, sino que también es un espacio afectivo en el que niñas/os y jóvenes se forman como personas. Tanto en sus primeros años de escolaridad, como durante la adolescencia, es fundamental sentirse parte de un todo y percibir el apoyo tanto de padres como de docentes. Esto permitirá que tanto ellos como tú os incolucréis más y que se cree un ambiente apto para el desarrollo de ideas, acciones y actitudes.

 

No se habla mucho de ello, pero el sentimiento de pertenencia puede incidir de forma significativa en el aprendizaje.

La identidad no surge de forma espontánea, sino que se construye a partir de la cultura, el contexto social y la participación en una o distintas comunidades.

 

El sentido de pertenencia en la escuela es el grado en que los estudiantes se sienten respetados, aceptados y apoyados por profesoras/es y compañeras/os. Como ya te hemos comentado, se ha relacionado con la atención y el esfuerzo de los alumnos en clase, su persistencia y la finalización de las actividades de aprendizaje.

 

Comprender el sentido de pertenencia es importante para las educadoras, como tú. Te permite planificar prácticas efectivas para apoyar a los estudiantes, tanto en el aula como en la escuela en general.

 

Según investigaciones internacionales, cuando los estudiantes sienten que son parte de una comunidad escolar, participarán activamente en actividades tanto académicas como no académicas.

 

Mejorar los sentimientos de pertenencia en la escuela puede apoyar tanto el compromiso como el logro de los estudiantes. Los estudiantes que reportan un alto sentido de pertenencia en la escuela generalmente se esfuerzan más y están más motivados. En cambio, un bajo sentido de pertenencia se asocia a comportamientos negativos y a más probabilidades de abandono escolar.

 

Y tú como maestra tienes un papel importantísimo en el fomento del sentido de pertenencia de los estudiantes. Sí, como lo lees.

Si un estudiante considera que su maestra/o le está cuidando y aceptando, es más probable que adopte los valores académicos y sociales que le estás transmitiendo. Y esto puede influir en cómo se sienten tus estudiantes sobre el trabajo escolar y cuánto (o qué poco), lo valoran.

Las prácticas de enseñanza que adoptes en el aula, son claves. ¿Sabes cuáles son los enfoques que fomentan la pertenencia?

 

  • Priorizar relaciones de alta calidad entre maestros y estudiantes
  • Crear un ambiente de aprendizaje solidario
  • Ofrecer apoyo emocional a los estudiantes siempre que sea necesario.
  • Ser sensible a las necesidades y emociones de las/os alumnas/os.
  • Mostrar interés por ellos, más allá de sus notas y sus logros académicos.
  • Intentar comprender el punto de vista de los estudiantes (aunque a veces diste mucho del tuyo).
  • Trato respetuoso y justo
  • Fomentar relaciones positivas entre compañeros y el respeto mutuo entre ellos para establecer un sentido de comunidad.
  • Gestionar el aula de forma positiva.

 

Queremos recalcar que hay algunos grupos de estudiantes que pueden sentir niveles más bajos de pertenencia, por la falta de tolerancia que aún existe en nuestra sociedad (es triste que a estas alturas aún estemos así). Algunos ejemplos podrían ser estudiantes con distintos orígenes culturales o lingüísticos, estudiantes con discapacidades o que se identifican como LGBT+.

Por ejemplo, hay estudios que exponen que los estudiantes de origen inmigrante tienen actitudes más positivas y mayor motivación académica si sienten que sus profesoras/es se preocupan por ellos, les dan feedback académico y orientación y les prestan su ayuda cuando es necesario.

 

Por lo que es necesario que existan estrategias escolares que aumenten el sentido de pertenencia en estudiantes en riesgo. Esto podría reducir las tasas de abandono escolar y mejorar su rendimiento académico.

Pero no nos olvidemos que es fundamental para TODOS los alumnos.

 

Luchar por promover el respeto a la diversidad étnica, ser intolerante a la discriminación, implementar prácticas de concienciación y respeto, fomentar la participación de los padres en la escuela para crear conexiones sociales entre hogar y colegio y crear una cultura escolar de aceptación, son puntos que deberían ser prioritarios para cualquier escuela.

 

 

FormArte, el arte de formar

Educación inclusiva

 

La educación inclusiva tiene que implicar la plena inclusión de TODOS los niños. Es decir, que TODOS LOS NIÑOS/AS SE INCLUYEN EN TODOS LOS SENTIDOS; NO SOLO EN LA TEORÍA. No hay niños segregados.

Los soportes para la inclusión deben incluirse en prácticas cotidianas. ¿Qué debería significar eso? Que todos y cada uno de los niños sean apoyados para participar en todos los aspectos del aprendizaje. Que existan adaptaciones de materiales y planes de estudio, sí, pero que no implique que un alumno/a deba realizar el 50% de su educación en un rincón solo.

 

En un artículo sobre la inclusión, ponían un ejemplo muy claro sobre cómo se puede llevar a cabo de forma satisfactoria.

En una escuela, un niño con síndrome de Down aprendía la lengua de signos para complementarla con la lengua hablada, que usaba para comunicarse con el resto de clase. Sus profesores decidieron llevar a cabo un taller de signos de palabras clave con el resto de los alumnos, para que cada semana aprendieran nuevos signos.

Esto creó la oportunidad para él de compartir sus conocimientos y además, reforzar no solo su aprendizaje, sino también su comunicación.

 

Esto es realmente INCLUSIÓN.

Que todos los estudiantes puedan participar en las experiencias del aula con el resto de alumnas/os, pero con los soportes y adaptaciones necesarias. Tanto para ellos como para sus compañeros.

No ignorar las diferencias individuales, sino aceptarlas, quererlas y valorarlas como la clave de que cada persona sea única i especial. El objetivo jamás tiene que ser que un niño/a sea “normal” (¿qué diablos es normalidad?), sino que todos puedan crecer y aprender juntos.

 

Que se separe al niño con discapacidad o problemas de aprendizaje, dándole clase a él solo con un ayudante o soporte, no es inclusión. ¿No sería más bien exclusión? No está participando en la clase realmente, no está viviendo el día a día con sus compañeros, se limita a estar un reducido % con ellos, hecho que promueve la separación y que sus compañeros lo vean como alguien diferente al resto.

 

Abracemos la diferencia, sí, pero de todos. Que no hay dos personas iguales, que tú y yo somos distintos, pero esas diferencias individuales no tienen que frenarnos.

Uno de los grandes handicaps es que se confunden los términos. Se usa inclusión como sinónimo de integración y… ¡ERROR!

Aunque pueda parecer que tienen objetivos aparentemente iguales, la integración es un paso hacia la inclusión pero no es la última parada del camino.

 

La integración se centra el los alumnos con necesidades educativas especiales, en normalizar su vida habilitando distintos soportes, recursos y profesionales. La inclusión, en cambio, se dirige a TODAS/OS LAS/OS ALUMNAS/OS, teniendo como objetivo mejorar la calidad educativa en su conjunto y para todos.

 

La integración propone la adaptación curricular como medida de superación de las diferencias de los alumnos especiales. La inclusión propone un currículum inclusivo, común para todos los alumnos en el que, implícitamente, vayan incorporadas estas adaptaciones. No es que cada alumno aprenda cosas distintas, sino que aprendan lo mismo pero de distinta forma.

La integración presupone que existe una separación o segregación de unos pocos y que estos deben adaptarse al sistema existente. La inclusión presupone que todos somos distintos y que hay un único sistema para todos, pero que es el sistema el que se adapta a la diversidad.

 

Resumiendo, el gran error es creer que la inclusión se centra en solo unos cuantos estudiantes y no en todos. Este malentendido conduce, al fin y al cabo, a la exclusión, sea del tipo que sea. Tanto si está separado en una aula, unidad o colegio a parte, como si se le separa durante la mayor parte del día.

 

La inclusión de niños con discapacidad o trastornos educativos NO disminuye el estándar educativo del resto de la clase. Totalmente al contrario, aporta muchos beneficios, incluyendo el desarrollo social y de comunicación, la empatía, comprensión positiva, etc. Es un plus para todos los alumnos compartir su día a día y su aprendizaje. ¿No nos damos cuenta?

 

Luchemos por una educación inclusiva en que se de apoyo a CADA niño en la pertenencia, la participación y el acceso a la oportunidades, siendo reconocido y valorado por la contribución que aporta.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

Aún puedes dar un poco más.

En la película En busca de la felicidad de Will Smith, dicen algo así como:

 

“No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos”

Quizás estás en ese punto en que tú misma te dices que no vas a conseguirlo.

 

Estás harta de estudiar y hay momentos en que sencillamente no puedes más. Te gustaría tirarlo todo por la borda y hacer cualquier otra cosa. Te preguntas más de una vez ¿en qué momento pensé que era una buena idea eso de opositar?

 

Cuando te despiertas y recuerdas que te espera otro día más delante de libros y apuntes, lo último que te apetece es salir de la cama. Te gustaría cerrar los ojos, que avanzara el reloj y terminar de una vez por todas. Hacer los exámenes y pruebas y poder desconectar.

Tus fines de semana son una prolongación de la semana, estás harta de las paredes de tu casa y de estar sentada en una silla durante horas. Estás cansada de ser la que siempre dice que no a todos los planes, la que tiene que hacer malabarismos para poder ir a cenar o a hacer un café con una amiga. Y ni hablar de unos días de vacaciones.

 

Lo sé, te entiendo y te comprendo. Sé que estás desanimada y que últimamente ves tu alrededor un poco más gris de la cuenta. Lo sé.

 

Pero no te rindas ahora, por favor. No dejes que la desmotivación y el hastío te ganen la partida. No cedas. Aguanta un poquito más.

Solo un poquito.

Te quedan cuatro meses. Cuatro meses y no más. Unos 100 y pico días.

¿Qué son 100 días comparado con todo lo que has recorrido hasta ahora?

¿Recuerdas por qué empezaste?

¿Recuerdas la ilusión?

¿Recuerdas cuál es tu sueño?

Sé que hay momentos en que lo ves tan lejos… tan inalcanzable que da miedo y te frustra y te apetece llorar de impotencia. Pero hay otros en que simplemente lo ves. Ves tu plaza, tu sitio, tu pasión, tus ganas. Te ves a ti misma feliz en el lugar en el que siempre has querido estar. Es tu vocación.

 

El mundo necesita más personas como tu. Más luchadoras que pongan todo su empeño en alcanzar sus metas. Más mujeres dispuestas a cambiar el mundo, a enseñar valores, a crear una sociedad mejor. Y sí, tú tienes ese poder en tus manos y sé que lo vas a hacer bien. Sé que eres de las buenas, de las que conseguirán dejar huella, que tienes mucho que dar y algo muy bonito que crear. No desfallezcas. No dejes que todo lo que llevas currado, caminado y sacrificado hasta ahora, sea en balde.

Todo aquello a lo que has tenido que renunciar, todos los no que has tenido que dar a amigos y familiares por arrancarle unas horas más al día y seguir preparándote, todo eso.. haz que cuente.

 

Porque cuando crees que no puedes más, en realidad, sí puedes.

No te permitas a ti misma decirte que eres incapaz de hacerlo.

Hazlo.

Sigue.

Alcanzar tu sueño no es una utopía. Puede ser una realidad.

TU realidad.

Y este es el momento de pelear con uñas y dientes y dejarse la piel.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

 

Descubre cómo mejorar el trabajo en grupo de tus alumnos

Los trabajos en grupo son una forma estupenda de trabajar en el aula, pero hay ocasiones en que pueden suponer un verdadero drama.

Ponte en situación: preparas una clase súper interesante y amena que estás convencida que a tus alumnos les encantará. ¿Lo mejor de todo? ¡Podrán trabajar en grupos! ¡Aún más divertido!

Todo parece perfecto hasta que:

  • En un grupo hay una persona que no está haciendo su parte y trabaja menos (por no decir que no hace nada).
  • En otro grupo hay un estudiante que lo hace absolutamente todo y los demás solo miran.
  • Los alumnos más introspectivos apenas participan por miedo o vergüenza.

Al final terminas la clase un poco frustrada porque no ha ido cómo tu esperabas o cómo te gustaría.

Si bien saber trabajar en grupo es una habilidad imprescindible para la vida en general, puede ser complicado de poner en práctica cuando se trata de niñas y niños cuyas habilidades y actitudes varían enormemente.

Sus grandes problemas parecen ser claros: uno o dos de los estudiantes hacen la mayor parte del trabajo, las alumnas/os más introvertidos pueden encontrar más dificultades y a veces calificar al grupo no es justo para los individuos.

 

Pero una cierta cantidad de trabajo en grupo es beneficioso ya que favorece la creatividad y el aprendizaje, genera relaciones positivas además de mejorar las relaciones sociales e interpersonales, aumenta su interés y permite crear una sinergia con las distintas destrezas y fortalezas individuales.

 

Así que el objetivo es tratar de solucionar los problemas comunes que presentan los trabajos en grupo y que tus alumnos aprendan a trabajar con otros compañeros. Si esto no se aprende desde el cole, se puede ir arrastrando durante años.

Probablemente cuando ibas a la universidad y tenías que hacer trabajos en grupo, hubo veces en que terminaste harta porque había ciertos sujetos que no tenían claro cómo funcionaba eso de trabajar con otras personas codo con codo.

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Deja claro qué esperas:

Para empezar, puede ser muy útil dejarles claro a tus alumnos cómo debe ser una dinámica de trabajo en equipo, establecer unas pautas. Cuáles son los objetivos del proyecto en sí, pero también por qué trabajan en equipo, cómo trabajar entre ellos, qué esperas de cada uno y de los grupos, etc. Si desde principio de curso has trabajado en la cohesión de grupo y en la importancia de la cooperación, ya tienes gran parte del trabajo hecho.

 

Hacer los grupos:

Organizar los grupos puede ser misión imposible.

Primero de todo, ¿de qué tamaño formarlos? Un tamaño adecuado puede ayudar a establecer la dinámica de trabajo correcta. Por lo general, los grupos más pequeños son mejores porque los estudiantes no pueden esconderse y dejar que el trabajo lo completen otros. De esta forma lograremos un trabajo fluido y evitaremos problemas de organización.

Se recomiendan grupos de entre 3 y 5 participantes, en función del tipo de trabajo y la edad de tus estudiantes.

Después está el tema más complicado, ¿cómo hacer los grupos en sí? Este punto depende de muchos factores. Lo ideal es crear grupos equilibrados en que haya estudiantes de distintos niveles, visiones y formas de trabajar, así podrán aprovechar el potencial de todos. Puedes pedirles sus preferencias para tenerlas en cuenta al formar los grupos. Con la práctica te convertirás en una crack al hacer los grupos y será mucho más fácil.

 

 

Asegurarse de que todos participan

Seguro que alguna vez has te ha tocado un grupo en que la mitad no hacían nada, has tenido que currar más de la cuenta para hacerlo y encima todos os habéis llevado la misma nota.

La participación desigual es quizás la queja más común sobre el trabajo en grupo. La buena noticia es que hay prácticas que puedes usar para promover una participación igualitaria. Esto implica establecer expectativas claras para el trabajo en grupo, aumentar la responsabilidad entre los participantes y fomentar una dinámica de trabajo en grupo productivo.

Una buena práctica consiste en asignar a cada estudiante del grupo un rol único para que todos tengan que trabajar en grupo para que el proyecto sea un éxito Si hay que hacer un bizcocho, se reparten los ingredientes a llevar y uno se deja el suyo, no habrá bizcocho. Ser el único responsable de una parte del trabajo les da a los estudiantes la responsabilidad sobre el resultado final del trabajo.

El tipo de proyecto es el que determinará los roles, sin embargo no todos los roles son útiles. Estos deben ser significativos e interdependientes. Por ejemplo, guardar los materiales del grupo puede no ser un buen rol dado que no involucra al estudiante activamente.

 

Pídeles feedback:

Al final de un trabajo en grupo, puede ser muy interesante pedirles a tus alumnos una breve reflexión sobre cómo ha ido. Algunas preguntas que puedes hacerles son:

¿Qué fue fácil del trabajo?
¿Qué fue un reto?
¿Qué puntuación le darías a cada miembro del grupo y por qué?

Evidentemente lo mejor es mantener sus reflexiones de forma confidencial pero teniendo en cuenta sus palabras. Escuchar la opinión de tus estudiantes te dará información extra de cómo ha funcionado cada grupo y podrás tenerla en cuenta en el futuro.

 

 

Obviamente, es fundamental asegurarse de que un proyecto sea desafiante y convincente. Una tarea rica es un problema que tiene múltiples vías para llegar a la solución y que una sola persona tendría dificultades para resolver por sí sola. Lo importante es que todos participen, por lo tanto tendremos que buscar proyectos que les motiven y les den ganas de trabajar en él.

 

Hay mil posibilidades para llevar a cabo trabajos en grupo. Un poco de aire fresco, no trabajar solo siempre es emocionante y puedes conseguir una mayor involucración y más ganas de aprender. Además, como ya te hemos dicho, saber cooperar es una habilidad imprescindible que si se adquiere desde pequeños aporta muchas facilidades.

 

 

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Consejos prácticos para repasar para las oposiciones

En el pasado post te hablamos de la importancia de repasar y que era importante que incluyeras esta práctica a tu rutina de estudio. Con ellos vas a afianzar mucho mejor todos los conocimientos y en el momento de la verdad, lo notarás.

 

Al principio, cuando tienes que empezar, te apetece absolutamente nada ponerte a repasar. (Si no es tu caso, ¡enhorabuena! ya tienes mucho ganado).

Es normal que te cueste ponerte manos a la obra; la perspectiva de volver a tocar un tema que ya has hecho, es aburrido y nada motivante, pero a medida que vayas haciéndolo, le irás cogiendo el gustillo.

 

Como ya sabes por qué repasar, cómo distribuir los repasos y qué material repasar, vayamos a la parte práctica: consejos para hacerlo.

 

La organización, la madre de las oposiciones.

Sí amiga, sí: otra vez la planificación aparece en escena. Sin embargo, será mucho más fácil si te distribuyes los temas de alguna forma; te lo tomarás más en serio, llevarás la cuenta de qué temas estás repasando y podrás repartirlos de una forma que te funcione. Es decir, si un día de la semana estás más ocupada y estudias más horas, quizás es mejor repasar un tema que no te cueste demasiado.

 

El sistema

Uno de los sistemas que, por lo general, mejor funcionan, es el de repetición oral. Explicarte a ti misma la información en voz alta. Está comprobado que cuando la información llega por dos canales, visual (al leerlo) y oral (al escucharte decirlo), se retiene mejor y más rápidamente.

Ponerlo por escrito también funciona muy bien, aunque da mucha más pereza. Pero volver a hacer los esquemas o desarrollar algún tema, será de gran ayuda.

Otra forma de repasar es grabarte y luego escucharte mientras lees e ir tomando algunas notas.

 

Encontrar aquello que se adapte a ti.

En el pasado post te comentamos cuál era la forma más idónea de distribuir los repasos. Si cada día no puedes repasar lo que estudiaste el día anterior, no te agobies. Quizás puedes hacerlo un día a la semana todo lo que has hecho durante la misma, dedicarle dos noches por semana o hacerlo una vez cada quince días.

Lo mismo con el sistema que te hemos comentado.

Cada persona es un mundo, tanto para aprender como las circunstancias que le rodean o sus propias necesidades. Lo que funciona para ti puede no funcionarle a otra persona y viceversa.

Explora y encuentra tu fórmula comodín.

 

Cualquier  momento es bueno para repasar.

Tienes que encontrar tiempo para hacer tus repasos concentrada y focalizándote en lo que estás haciendo pero eso no quita que no puedas aprovechar cualquier ratito que encuentres para hacer microrepasos.

Si al hacer el primer repaso, tomas notas en las típicas fichas de cartulina de tamaño A6, luego puedes llevártelas a todas partes contigo y aprovechar para hacer repasos mientras estés en la cola del súper, en la peluquería o en el autobús.

Te hemos comentado que una de las formas de repasar es grabándote, ¿verdad? Lo bueno de esta técnica es que puedes hacerlo con el  móvil y aprovechar para escucharte cuando vayas andando, estés en gimnasio o preparándote la cena. No es tan animado como escuchar el último temazo de la radio pero después lo agradecerás.

 

 

Los repasos finales.

Si hay  un momento en que es imprescindible repasar es antes de presentarse a las oposiciones. No dos días antes, a contracorriente, agobiada y estresada. Eso no.

Hacerlo a un mes vista, bien planificado e ir paso a paso. Tienes todo el material que has hecho en todo este tiempo, y habrás hecho repasos previos, por lo que será fácil y la manera de terminar de afianzar todo lo aprendido.

 

 

 

Con el repaso podrás ver los progresos en tu estudio y te darán tranquilidad. Afrontarás las pruebas un poco más segura y confiada y te relajarás un poquito al ver que lo llevas mucho mejor de lo que piensas (muchas veces los nervios son inevitables, lo sabemos). 

 

 

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Por qué es importante el repaso en las oposiciones

Repasar suele ser una de las partes del estudio que da más pereza, pero forma parte del proceso de aprendizaje. De la misma manera que has dedicado tiempo a planificarte, leer, hacer esquemas, resúmenes y comprender el temario, tienes que dedicarle un poco de tiempo al repaso. De esta forma mejorarás el rendimiento y le sacarás el máximo partido a todo lo que has hecho anteriormente.

 

¿Por qué es importante repasar?

 

¿Te suena lo que se llama la curva del olvido? Este famoso gráfico fue creado por Ebbinghaus, un psicólogo alemán que durante el siglo XIX realizó distintos experimentos sobre la memoria para estudiar los procesos implicados en la retención de información y en el olvido de ésta.

A través de los resultados de estos experimentos se elaboró la curva del olvido, que básicamente lo que viene a decir es que el nivel de retención de lo que aprendes, disminuye con el paso del tiempo.

¿Cómo va este olvido exactamente? Tras adquirir la información, el nivel de material aprendido, baja drásticamente en los primeros momentos, pudiendo perder más de la mitad a lo largo del primer día. A partir de ahí, sigue disminuyendo, aunque a paso un poco más lento, hasta que llega un punto, normalmente a partir de la semana del aprendizaje, en que se queda estable y ya no se produce mayor pérdida. En total llegamos a olvidar un 80% de la información. Dramático, ¿verdad?

 

El panorama es un poco desolador pero, la buena noticia, es que necesitas menos tiempo para reaprender esa información y que, una vez se trasladan los conocimientos de la Memoria a Corto Plazo a la Memoria a Largo Plazo, terminamos por retener esos aprendizajes.

 

Y aquí es dónde entra el repaso.

 

Durante las opos no solo es imprescindible repasar cuando tienes las pruebas a la vista, sino que es importante ir haciéndolo durante todo el proceso. Sobre todo durante estos últimos meses para mantener frescos todos los temas que ya te has estudiado.

 

Y ¿por dónde empezamos?

 

No te asustes, no debes volverte a leer todo el material,  por eso conoces el arte de hacer esquemas de profesional y cómo hacer un buen resumen digno de ser vendido y todo. Y en ellos tienes la información y los datos más relevantes que necesitas para repasar.

Lo ideal es repasar de forma espaciada, es decir a intervalos. Hacer un primer repaso al día siguiente de haber estudiado, hacer un segundo repaso a la semana, un tercer repaso al cabo de un mes y, a partir de aquí, seguir repasando mes tras mes.

 

1r repaso: Al cabo de un día

2º repaso: al cabo de una semana

3r repaso: a los 30/40 días

4º repaso: 30/40 días después del anterior

Y así sucesivamente.

 

Pero esto puede ser complicado llevarlo a rajatabla. La idea es que el repaso se vaya espaciando y haciendo cada X tiempo.

 

En cuanto a cómo repasar, hay dos grandes sistemas: el de arrastre y el de vueltas.
El de arrastre consiste en ir estudiando y repasando, lo anterior, al a vez. Ir sumando los temas que vas estudiando al repaso
. Es decir, hoy te estudias un tema, mañana te estudias otro y repasas el de hoy, pasado otro más y repasas los dos anteriores, etc.

El sistema de vueltas consiste en estudiar un bloque o grupo de temas del tirón (en el tiempo que necesites) y luego repasarlos todos.

A cada persona le puede ir mejor un sistema que otro. Debes ver tú como trabajas y asimilas conceptos mejor.

Si aún no has empezado a repasar o no llevas una planificación de tu repaso, que no cunda el pánico, aún estás a tiempo. Empieza ahora: mejor tarde que nunca.

 

¿Cuánto tiempo debes invertir en repasar?

El que necesites. Probablemente habrá temas que te serán mucho más fáciles y que los repasarás en un santiamén y otros que te van a dar más guerra. Tómatelo con calma y ajústalo en función de cómo lo veas.

 

Que no se te venga el mundo encima si tú no tienes tiempo de ir repasando cada día.

Lo que te explicamos está basado en la práctica ideal pero, ni siempre podemos ser opositoras modélicas ni disponemos de todo el tiempo del mundo. Hay prioridades dentro del propio estudio pero también hay una vida ahí fuera con la que necesitas conectar.

 

Mejor hacer algo que no hacer nada. Es decir, mejor que repases un ratito un día a la semana, que no que no lo hagas nunca. Pero también mejor que solo le dediques un ratito un día a que lo hagas 6 días y te agobies y te amargues más de la cuenta.

 

Para que esto sea más fácil, en el próximo post te contaremos algunos truquillos y tips para que repasar sea más sencillo.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

Cómo dar negativas: Tienes derecho a decir NO.

 

Aprender a decir que no es difícil.

A veces, te ves envuelta en situaciones que no quieres, te dejas llevar por otros o por las circunstancias y terminas haciendo cosas que realmente no te apetece hacer. Y todo por no haber sido capaz de decir NO.

Seguro que alguna vez te han propuesto algo, dentro de ti te has repetido veinte veces “no, no, no, ni de coña” y sin saber cómo, te encuentras haciéndolo. .

 

¿Por qué es tan complicado decir la palabra “NO”? Es solo una palabra, ¿verdad? Y encima con solo dos letras.

 

Decir que no es difícil para muchas personas. ¿Por qué? Puede haber distintos motivos pero generalmente nos encontramos el miedo. Miedo a quedar mal, a decepcionar a alguien, a hacer enfadar a alguien, a no parecer capaz, etc.

Como niños aprendimos que decir que no era descortés o inapropiado. Estaba fuera de los límites. No era sensato decirle a tu madre, padre, tíos o profesores que no a algo que te pedían. Y a partir de ahí, la creencia de que decir que NO es grosero se arraiga.

 

Este no es un reto solo para ti, muchas personas tienen la misma asignatura pendiente.

 

Primero de todo, debes tener MUY claro que decir que no, NO significa que eres una mala persona, grosera, egoísta o que no puedes hacerlo.

 

Claro que es importante ser flexibles, prestar nuestra ayuda y tomar ciertos riesgos, pero también es fundamental priorizar por nosotras y hacer aquello que realmente queremos hacer.

Antes de decir que no, asegúrate que te niegas por los motivos correctos y no por miedo ante una situación nueva.

Puede ser una buena táctica hacerte algunas preguntas:

 

¿Por qué dices que no?

¿Es porque realmente no quieres hacerlo? ¿No crees en lo que te están pidiendo/planteando? ¿o es más algo así como que crees que no eres suficientemente buena en eso? (y si es este el caso, ¿por qué no te atreves a desafiarte a ti misma?).

 

Si no estás segura de cuál es el motivo puedes crear un mapa conceptual para entenderlo. Coje una hoja, dibuja un círculo en medio de la página y escribe: “no quiero hacer X porque…”. Dibuja círculos más pequeños alrededor y escribe todo aquello que se te pase por la cabeza que pueda estar frenándote a aceptar.

Al empezar a rascar y anotar razones, vas a acabar tirando del hilo y descubriendo cuál es la verdadera razón.

 

¿Realmente merece la pena decir que sí?

 

¿Qué es lo que quieres? Dependiendo acerca de a que quieras decir que no, este puede ser un buen momento para parar a reflexionar acerca de ese aspecto. Si por ejemplo es algo relacionado con tu trabajo, entender qué nos impulsa a dar una negativa puede ayudarnos a ver hacia dónde queremos ir.

Y una vez descubierta o percibida la meta, toca pensar cómo llegar a ella.

Si sea lo que sea, ya tienes claro que tu respuesta es que no (y eso está más que perfecto), toca transmitirlo.

 

Lo que más cuesta es decirlo, pero no te andes por las ramas ni ofrezcas excusas. Di directamente NO.  Si dudas, titubeas o das vueltas antes de dar la respuestas, solo estás proporcionando una oportunidad a la otra persona para intentar convencerte.

Si lo consideras oportuno y necesario, puedes dar una breve explicación, pero no te sientas obligada a ello. Y tampoco tienes que disculparte por decir que NO.

 

Hay muchas formas de decir que no, pero si lo haces de forma asertiva y cortés, no tienes de qué preocuparte. “Lo siento, no puedo hacerlo en este momento, pero te lo comunicaré cuando pueda” o “Aprecio que me lo hayas pedido, pero en estos momentos no puedo dedicarle tiempo para hacerlo bien” son fórmulas comodín que puedes usar si no sabes cómo hacerlo.

Según el caso, siempre puedes ofrecer una alternativa que satisfaga sus necesidades y, al mismo tiempo, sea algo más preferible para ti. Pero repetimos: NO TIENES LA OBLIGACIÓN DE HACERLO.

 

Si el no se lo estás dando a un amigo, familiar o alguien de confianza, no temas. Una relación fuerte puede resistir a algún que otro no. Y si no es así, no es tu problema. Cuando alguien no puede aceptar un no, significa que esa persona no te valora y respeta tanto como debería (y que tiene algún que otro problema a la hora de aceptar negativas).

Mantente firme y no te sientas obligada a rendirte solo porque esa persona no se lo toma bien.

 

A veces una tiene que ser egoísta y mirar por sí misma. Tienes que aprender a poner tus necesidades primero y no las de la persona que te está pidiendo algo.

 

Para evitar aceptar por no ser capaz de decir que no, puedes primero ganar algo de tiempo para pensar la situación y afrontar el momento. Pide unos días para reflexionar

 

Aprender a decir que no es una de las mejores cosas que puedes hacer por ti misma. Te desafía a superar tus miedos y te ayuda a sentir que tú tienes el control.

 

Y como en comer y en rascar, en decir que no, todo es empezar.

FormArte, el arte de formar.

Eres opositora y hoy estás un poco más cerca

Eres opositora.

Te levantas cada mañana para luchar por un sueño y te acuestas cada noche un poquito más cerca de éste.

Más cerca de esa plaza que a pesar de no tener la certeza de saber si conseguirás, te da la fuerza y el ánimo necesario para seguir día tras día.

Tienes dudas. Dudas de si has escogido el camino adecuado, de si llegarás al final de la meta y de si lo estás haciendo bien. Y las dudas siempre están ahí. Duelen, joden, te reconcomen por dentro.

Pero has aprendido a acallarlas cuando toca y a convivir con ellas.

 

Eres opositora y sabes lo que significa el sacrificio. Sacrificar celebraciones, cenas, fines de semana fuera, vacaciones, noches de fiesta, de cine, teatro. Sacrificar tiempo con los tuyos. Sacrificar horas de sueño. Y sacrificar relaciones que se van enfriando porque no tienes tiempo.

 

Tiempo. ¡Qué dimensión tan distinta tiene el tiempo para ti ahora…!

¿Qué hacía antes con mi vida? ¿Cómo podía perder tanto el tiempo? ¿Por qué no lo aproveché más?

El día tiene 24h y tú necesitarías como 20 más para llegar a todo.

 

Eres opositora y sabes que el estudio es prioritario sobre cualquier cosa. Y es sacrificado. Tienes masters en organización, planificación y en robarle ratitos al día para sentarte enfrente el temario.

Tienes planificadores, agendas, libretas, bolígrafos, subrayadores, post-its y todo un arsenal de material.

Eres opositora y sabes que no puedes compararte con nadie. Nadie, sean opositores o no. Tu ritmo de vida es distinto al de los demás.

Pero eres opositora y esto es por lo que has apostado. Decidiste jugártela por ello y si lo sentiste en su momento, fue por algo.

 

Eres opositora y te mereces que te traten con respeto y que te valoren. A aquellos que digan que estudiar no es un trabajo, mándales a freír espárragos. Tú más que nadie sabes lo que es empezar la jornada a las 8h y terminarla a las 20h sin que tu cuenta corriente aumente a fin de mes. Y sin saber si esas 12h tendrán su recompensa.

 

Eres opositora y sabes que hay momentos de flaqueza. Momentos en que necesitas y te mereces darte un respiro pero sabiendo que después hay que volver a subir a floter. Aferrarse de nuevo a la meta, a la ilusión que te hizo empezar.

 

Eres opositora y sabes que las ganas tienen que poder sobre las dudas, el miedo, los días negros y el hastío.

Eres opositora y hoy estás un poco más cerca.

 

Y pase lo que pase hoy, mañana hay que levantarse con más fuerza que nunca.

 

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Las habilidades interpersonales y su importancia en tu vida

Hoy queremos hablarte de un aspecto muy importante al construir relaciones y al trabajar con otras personas, como tus alumnos, tus compañeros de trabajo e incluso tus amigos: las habilidades interpersonales.

 

¿Qué son las habilidades interpersonales?

 

Las habilidades interpersonales son las habilidades que usamos todos los días cuando nos comunicamos e interactuamos con otras personas, tanto individualmente como en grupos.

 

Las habilidades interpersonales incluyen una amplia variedad de habilidades, aunque muchas se centran en la comunicación, como escuchar, preguntar y comprender el lenguaje corporal. También incluyen las habilidades y los atributos asociados con la inteligencia emocional, o la capacidad de comprender y gestionar las emociones propias y de los demás.

 

Las personas con buenas habilidades interpersonales tienden a ser capaces de trabajar bien en un equipo o grupo, y con otras personas en general.

Pueden comunicarse eficazmente con los demás, ya sean familiares, amigos, compañeros del trabajo o, en tu caso, tus alumnos.

Por lo tanto, son vitales en todas las áreas de la vida; en el trabajo, en la educación y socialmente.

 

Todos hemos estado desarrollando estas habilidades desde la infancia, generalmente de forma inconsciente. Son algo natural que damos por sentado, no paramos a reflexionar cómo nos comunicamos con los demás. Sin embargo, a veces pueden estar frenando tus relaciones. Por ello, un buen primer paso es fijarte en cómo te comunicas tú.

 

Tomando consciencia de cómo interactúas con los demás y a través de la práctica, puedes mejorar tus habilidades interpersonales. Y esto es precisamente a lo que venimos hoy: a poner énfasis en algunos aspectos clave para tomar consciencia y mejorar tus habilidades interpersonales.

 

Consejos para mejorar las habilidades interpersonales:

Escuchar con la mente abierta.

¿Dónde está tu mente cuando estás escuchando? Hay veces en que escuchamos prestando mucha atención a lo que nos dice la persona que está hablando, con paciencia y tolerancia. En cambio, otras veces, nuestra mente vaga y se sitúa en un lugar de juicio e impaciencia, queriendo ir al grano.

Escuchar es el epicentro de cualquier relación social saludable.

 

Escuchar con la mente abierta significa hacerlo con curiosidad, compasión y de forma paciente. Dar oportunidades para profundizar y fortalecer relaciones.

 

 

Prestar atención al lenguaje corporal.

Lo habrás escuchado mil veces pero realmente la comunicación no verbal puede decir mucho más que las palabras que salen de tu boca.

A veces, el verdadero mensaje que deseas comunicar se envía a través de tu tono, volumen, ritmo y lenguaje corporal.

Es necesario e importante examinar tus propias expresiones no verbales y considerar cómo interpretas las de los demás.

A veces puedes no transmitir el mensaje que quieres por culpa del lenguaje corporal.  Cuando hablas con alguien y percibes un desajuste entre su selección de palabras y su comunicación no verbal, tu confianza en esa persona, inconscientemente, disminuye. Lo mismo al inrevés.

Por ejemplo, si alguien te dice “no pasa nada” con los brazos cruzados y un tono un poco arisco, por mucho que el mensaje sea “no te preocupes”, no lo percibes así, ¿verdad?

 

Es fundamental que ajustemos lo que decimos con lo que expresamos y el primer paso es centrar tu atención en tus propias señales no verbales. Quizás no puedes cambiar las de los demás, pero sí puedes cambiar las tuyas y aprender a interpretar las de los demás.

 

Y, ¿no te parece un aspecto interesante para poner en práctica con tus alumnos? Seguro que puedes plantear alguna actividad en la que se trabaje el lenguaje corporal y ayudarles a comprender la importancia de dar un mensaje congruente al comunicarse.

 

Ampliar la competencia cultural:

La competencia cultural es la capacidad de comprender, apreciar e interactuar con personas de culturas o sistemas de creencias distintos a los tuyos. Es la capacidad para navegar a través de las diferencias interculturales, ya sea para enseñar a los estudiantes, colaborar con compañeros de trabajo o socializar con amigos o nuevas personas.

Ser consciente de tu propia identidad pero también de las diferencias que puedan existir, ya sean generacionales, raciales, de género, nacionales, etc y de los sesgos inconscientes que realizamos.  La cultura puede desempeñar un papel importante en la comunicación, las emociones, el cumplimiento de las normas y las relaciones.

Y no olvides que los rasgos que compartimos en común (que siempre los hay), pueden ofrecer oportunidades para construir puentes en favor de las relaciones.

 

Saber gestionar los conflictos.

Ni a ti ni a nadie nos gusta tener conflictos, problemas o malentendidos con otra persona. Pero la realidad es que es muy difícil que jamás surjan. Un conflicto puede fortalecer o socavar una relación, pero la mayoría de nosotros somos reacios a ellos, intentamos sortearlos como podemos y muchas veces carecemos de las habilidades necesarias para enfrentarlos. Probablemente porque desde pequeños nos han educado para evitarlos.

Pero necesitamos aprender a manejarlos, sobre todo cuando estás al mando de una clase.

Aunque te pueda costar, si tienes un problema o una queja sobre alguien, llévalo directamente a esa persona. No te lo guardes, no empieces a contárselo a todo el mundo menos al implicado, no lo dejes ir. Las cosas hay que solucionarlas al momento para evitar rencores, resentimientos y grandes conflictos. Cuesta pero te garantizamos que, a la larga, tú y las personas de tu alrededor van a agradecértelo.

 

 

Una comunicación sólida y una comunidad saludable pueden reforzarnos a través de momentos difíciles, traer alegría a nuestras vidas y mejorar nuestra capacidad de recuperación.

 

 

Además, no solo tú puedes trabajarlas a nivel personal, sino que puedes ayudar a tus alumnos a desarrollarlas y mejorarlas a través de actividades y ejercicios, permitiéndoles ganar una herramienta muy poderosa para su futuro.

 

FormArte, el arte de formar.