Ser una buena maestra

Tu trabajo como profesora es un viaje.

Ya sea que dure 30 años o cinco, tu viaje como maestra empieza cuando empieza y termina cuando termina y, a lo largo del camino, con suerte, habrás hecho todo aquello que creías más razonable. Y no hay más. Esto se puede aplicar a todos los ámbitos de tu vida; desde las relaciones, hasta la crianza de los hijos, la compra de un piso o la decisión de retirarte.

 

A veces durante este viaje cuesta saber cómo lo estamos haciendo. Es complicado ponernos en perspectiva y hacer balance, ¿cómo se puede medir la buena enseñanza?

Quedarnos con las notas de nuestros alumnos es muy reduccionista; sobre todo si partimos de la base de que, enseñar es muchísimo más que transmitir unos conocimientos sobre historia, matemáticas, inglés, etc.

 

De un modo más abstracto, una buena enseñanza podría estar relacionada con la calidad de vida de tus alumnas y alumnos después de compartir parte de su educación contigo. Pero claro, es algo que no tiene límites por qué.. ¿hasta qué punto tú has influido en ellos y en su futuro?

 

Pero puedes hacerlo con “otros datos”; una nota de agradecimiento de un padre, la sonrisa de un niño, un estudiante que se implica mucho en un trabajo o simplemente que hace una pregunta interesante durante una clase. No hay reglas sobre ello.

 

Puede parecerte poco.

Simple.

Sin más.

 

Pero siendo educadora, los días son inesperados; te vas a encontrar días de todo. Y aceptémoslo; habrá días malos. Algunas lecciones, clases de alumnos o incluso años escolares te desafiarán en todos los aspectos: intelectual, profesional, físico y psicológico.

Habrá días en que tu paciencia llegará al límite y te sentirás sobrepasada, que no puedes más.

También habrá momentos en que te vas a cuestionar a ti misma, te preguntarás si lo estás haciendo bien, si tomaste la decisión acertada y un montón de dudas más te asaltarán.

Cualquier trabajo tiene días de estos. Es algo normal que tenemos que aceptar.

 

Por eso es importante encontrar pequeños puntos de información, formales o informales, que tengan sentido para ti y que te permitan saber que lo estás haciendo bien.

 

Ya te lo hemos dicho al principio, enseñar (igual que opositar) es un viaje. Y durante un viaje hay momentos increíbles que guardas como un tesoro (y recuerdas incluso décadas más tarde) pero también hay contratiempos. Situaciones inesperadas que nos descolocan y nos dejan un poco más fríos y sin ánimos.

Hay algo común en la mayoría de viajes largos y es lo mucho que se crece en ellos.

Y en este viaje que es ser maestra, crecer también es un requisito y una consecuencia importante.

 

Algunos días o incluso semanas, puede que retrocedas un poco y que parezca que, en lugar de ir hacia arriba, vas hacia abajo. No obstante, lo que estás haciendo es coger más impulso para dar un salto hacia adelante.

 

Si la calidad de la enseñanza fuera un gráfico no sería regular. Subiría y bajaría por las decisiones que tomamos, a veces desacertadas, y por las decisiones que toman otros. Lo importante no es que sea irregular, lo importante es que a la larga, con el tiempo, vaya aumentando.

Nadie nace sabiendo nada. Se aprende con el tiempo. Una carrera no te da todos los conocimientos para ser maestra, ni las oposiciones, ni un libro o un curso. Es el conjunto más la práctica. En el día a día es cuándo vemos realmente de qué va esto. Lo que te moldea como profesora es la experiencia que vas ganando y las ganas de seguir aprendiendo tú y ser una mejor versión de ti como mujer y como maestra.

 

Necesitas creer que eres una buena docente y que lo estás haciendo bien. Encuentra estas pequeñas señales que te indican que vas por buen camino y mira el conjunto entero.

No dejes de entusiasmarte, de buscar  nuevas ideas y de intentar mejorar como maestra. Confía en que dentro de cinco años, vas a ser un poco más eficiente, un poco más sabia y vas a conocer nuevas ideas, estrategias, formas de educar y pensamientos que pueden ayudarte a hacerlo tú un poquito mejor y a que tus alumnas y alumnos también lo hagan mejor.

 

Para que tus alumnos crezcan, necesitas hacerlo tú primero. El viaje empieza contigo.

¿Cómo mejorar como profesora? Un poquito cada día

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

OPOSITORA, no dejes de lado el descanso.

Queda un mes y pico para el GRAN día y empezamos a sentir que el tiempo apremia. Este periodo suele ser una etapa complicada en la que se juntan una mezcla de presión, estrés, alta exigencia y falta de tiempo para ti misma.

Ante esta situación, un pensamiento muy común suele ser el de: voy a dedicarle más horas. Miramos el calendario y nuestra agenda para descubrir de dónde podemos sacar más horas y momentos de estudio.

 

Sabemos que, por mucho que te digamos que no es momento de empezar a meterle más horas, no nos vas a hacer ni caso. Pero si lo haces, como mínimo, hazlo con cabeza.

 

Ten en cuenta que la capacidad de memorización y aprendizaje de nuestro cerebro es limitada. Por muchas horas que pases delante de los apuntes y temario, este tiempo no va a ser directamente proporcional a lo que vayas a retener.

Proponerse estudiar 12 o 14 horas al día es una locura, se recomienda un máximo de 8 horas bien empleadas. No pretendas pasarte todo el día “estudiando” porque esto no va a traducirse en aprendizaje y vas a quemarte.

 

Y obviamente, si estudias más horas, necesitas un mayor descanso. No quieres llegar al examen hecha polvo, por lo tanto, no menosprecies este punto.

 

¡Tienes que llegar en perfectas condiciones tanto físicas como mentales!

 

Cuando hablamos de descanso nos referimos tanto a dormir bien como a desconectar del estudio.

 

Necesitas dormir tus horas. Tanto para que el tiempo en que repasas y estudias sea útil y productivo como para estar fresca el día del exámen. Si entras en una espiral de descansar menos de lo necesario, vas a ir acumulando cansancio y llegará un punto en que no podrás más.

 

Ya te hablamos de la importancia de dormir bien, pero como recordatorio:

  • Duerme las horas que necesites. Cada cuerpo es un mundo pero todos necesitamos nuestras 7 u 8 horas para rendir como campeonas.
  • Mantén una rutina de sueño intentando acostarte y levantarte siempre en horas parecidas. De esta forma tu cuerpo se acostumbrará y estará más preparado para el descanso.
  • Duerme en un lugar fresco, bien ventilado, sin luz y con el mínimo ruido posible.
  • Si te cuesta dormir, puedes tomarte una infusión relajante o meditar.

 

Si maltratas tu cuerpo, no podrás rendir como quieres ni ahora, ni el día de las pruebas.

 

Y en cuanto al descanso mental…. Podemos entender que si antes te tomabas un día y medio libre, reduzcas tu tiempo de ocio a dos medio días o a un solo día, a medio día si nos apuras mucho, pero bajo ningún concepto se te ocurra pasarte 24h/7dias estudiando sin descansar de las opos.

 

Aunque en tu mente suene de lo más productivo estudiar cada día sin parar, esto solo te va a generar más estrés y ansiedad.

 

Estos breaks son importantes para despejar tu mente y no saturarte. Hacer un descanso mental pero también cambiar de ambiente y olvidarte, por un ratito, de tu rincón de opositora.

 

Tampoco te olvides de cuidar tu cuerpo siguiendo una alimentación sana y ejercitándote un poco.

Si no eres muy aficionada al deporte, como mínimo, camina media horita al día. No solo te ayudará a despejarte sino que puede ser una buena forma de evitar calambres, agarrotamiento y dolores de espalda. ¡No quieres llegar a las pruebas llena de dolores!

 

Y en cuanto a la alimentación… come en suficiente cantidad y prioriza la comida real que está llena de nutrientes. Quizás con el estrés y la presión, no tengas mucho hambre y se te pasen las horas, pero necesitas alimentarte bien.

¡Y no abuses de la cafeína o los estimulantes para rendir más horas!

 

KEEP CALM OPOSITORA. Llevas muuuuchos meses con esto, que no cunda el pánico. Cuídate y descansa  para afrontar las pruebas y sacar lo mejor de ti.

 

 

FormArte, el arte de formar.

La otra cara de opositar

Como opositores nos empeñamos frecuentemente en decir lo duro y desmotivante que puede ser opositar. Más que nada porque es una verdad como una catedral.

 

Es muy fácil entrar en el bucle de: no puedo más, no me da la vida, estoy harta, lo mandaría todo a tomar por saco…

Pero no es porque nos guste quejarnos de por sí, es simplemente que es una parte de lo que vivimos, una realidad que está ahí día tras día.

 

Esta es la parte negativa. Hasta aquí todo claro.

 

Sin embargo, esto es como la vida maravillosa de algunas influencers en redes sociales. Aunque nos parezca que su vida es lo más de lo más, también sufren, tienen sus momentos bajos y les suceden cosas poco agradables. Pero se lo guardan para ellas.

 

Con las oposiciones sucede al revés. Aunque nos parezca el pozo más hondo y sin salida de la historia, también hay cosas positivas que, entre tanto estudio y frustración, se nos pasan por alto.

Y este es el objetivo del post de hoy. Darnos cuenta de todo lo bueno que te está aportando opositar como una campeona.

 

Hay aspectos que saltan a la vista de buenas a primeras. El máster en organización que te estás marcando, por ejemplo. Antes de opositar mi capacidad de organización era más bien precaria; me consideraba desorganizada por naturaleza y ahí no había nada que hacer. ¡Si incluso mi madre me lo decía!

Opositando me di cuenta que no era cierto. Soy capaz de planificarme tanto en cuestión de horas como de objetivos a cumplir (cumplirlos siempre todos a rajatabla, ya es otra historia).

A partir de esto he aprendido tres cosas:

 

  1. La primera y más obvia, a organizarme.
  2. La segunda es que lo que creemos de nosotros no es siempre cierto y que muchas veces nos empeñamos en ponernos etiquetas que solo nos limitan.
  3. Y la tercera y última que hay mil capacidades que, quizás de buenas a primeras no tenemos, pero que se pueden desarrollar.

 

Este último punto, si te soy sincera, me da mucha fuerza. Pienso que hay tantas cosas que puedo mejorar de mi misma… y precisamente, que sé que soy capaz. Que solo necesito tiempo y poner el chip adecuado. ¿No son eso buenas noticias?

 

También he aprendido a sacar horas al reloj. No te voy a decir que estoy en el club de las 5 de la mañana porque de eso aún no he sido capaz, pero madrugar forma parte de mi rutina. Y la verdad es que el día tiene más horas de lo que creía. Bueno, no. Tiene 24 horas y ya lo sabía, pero he cambiado la forma de emplearlas.

Opositando me he dado cuenta que antes perdía mucho tiempo en tonterías. Ahora soy capaz de estructurar mis horas mucho mejor y aprovecharlas.

Y con esto de aprovechar el tiempo… he sido capaz de entender con quién quiero aprovecharlo. Es normal dejar atrás a personas a lo largo del camino pero he acelerado bastante este proceso opositando.

Lo que quiero decir es que, como probablemente tú, tengo poco tiempo para pasar con mis amigos. Suelo perderme planes y evidentemente me encantaría poder disfrutar de ellos mucho más de lo que lo hago.

Ante esta situación me he dado cuenta de a quién realmente quiero ver y a quién no me apetece tanto. Al principio me costó aceptarlo porque es duro darse cuenta que hay gente que no es tan importante como pensabas. Pero forma parte de la vida.

Hay personas que te restan más que sumarte. Quedas con ellas y vuelves a casa un poco de bajón y sin muchos ánimos. Sinceramente, esto es lo último que necesito. Por lo tanto, he acabado quedándome con los que estoy a gusto al 100%.

 

Y no solo se trata de amigos sino de actividades que antes hacía por hacer y que realmente no quería hacer. ¿Por qué matarme en el gimnasio si no me gusta? Prefiero ir a yoga que me relaja y le estoy pillando el gustillo.

 

También he aprendido a pasar más tiempo conmigo misma. Cuando opositas, por mucho que vayas a una academia, estás sola muchas horas. Por ejemplo, antes jamás me planteaba ir a pasear yo sola.

¿Yo sola? ¡Pero qué dices!

Hasta que un día, cuando estaba hasta las narices de las paredes de mi casa, decidí ponerme mi música e ir a dar un paseo. Y me gustó. Ese fue el pistoletazo de salida para ser capaz de hacer cosas por mi misma sin necesidad de compañía.

Y es algo muy importante que nadie nos enseña nunca.

 

Y otra cosa que me ha enseñado opositar es que me encanta la profesión que elegí en su momento. Me apasiona ser profesora. Es mi vocación y estoy 100% segura.

No sé si fue cosa de mi universidad pero, durante la carrera no sentí ningún tipo de motivación. Las clases eran más bien aburridas, salvo por algún profesor que realmente quería hacer las cosas distintas.

El mejor momento fueron las prácticas que hice a lo largo de la carrera.

Opositando se ha abierto un mundo nuevo ante mi. Estoy bastante segura que he aprendido más en casi un año y medio opositando que en 4 años de carrera.

 

Ha sido como si se abriera una puerta llena de nuevas ideas, otras forma de abordar la educación, puntos de vista, recursos distintos… Ganas de leer libros, artículos, blogs, de buscar fuentes de inspiración e incluso de replantearme lo que pensaba. Me he dado cuenta que casi cualquier cosa puede convertirse en algo educativo.

Pero además, a no limitarme a la educación en sí, sino a un conjunto de recursos para mi misma. Ser más flexible, más consciente de lo que hago, más abierta de mente..

Otra forma de entender mi profesión como educadora.

 

Y lo pienso y.. guau! qué suerte la mía de haber podido aprender y de darme cuenta de todo esto. Es un enfoque distinto que me da más fuerza para seguir currando y para ir a por ese aprobado y esa plaza. ¿no te pasa a ti?

 

Y tú, ¿qué estás aprendiendo opositando? ¡Cuéntamelo, que seguro que hay muchas cosas en las que no he caído!

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

Ha llegado el momento de usar la imaginación en clase.

Pocas veces se habla de la imaginación en la educación.

Y seguramente sea porque tenemos mal entendido el concepto de imaginación. Generalmente lo asociamos con lo irracional; la imaginación es “fantasía” y “hacer creer”.

Se equipara la imaginación exclusivamente con el aprendizaje temprano. Y es un gran fallo.

Otras veces se asocia la imaginación en la educación como parte de un plan de estudios para asignaturas de arte. Otro fallo.

O directamente se considera que la imaginación es un pensamiento fantástico y ¿quién tiene tiempo para imaginación con el poco tiempo del que se dispone y las elevadas demandas curriculares?

 

Esta idea de que la imaginación está reñida con el aprendizaje académico es errónea. Y son creencias que están profundamente arraigadas.

Quizás deberíamos dedicamos a descubrir cómo involucrar la imaginación en el aprendizaje.

 

En general, nadie considera que ser imaginativo sea una cualidad inútil o una característica inútil de la mente humana, ¿verdad? De hecho, los padres quieren que sus hijos sean imaginativos y solemos admirarla en los demás.

 

No obstante, nos la dejamos en la puerta de las escuelas.

 

Vygotsky, que realizó importantes contribuciones en la psicología del desarrollo y la educación, mantenía que la imaginación es una función psicológica superior conectada con la emoción y con toda actividad intelectual.

 

Citando sus propias palabras:

“… La imaginación es tan necesaria en geometría como en poesía. Todo lo que requiere la transformación artística de la realidad, todo lo que está conectado con la interpretación y la construcción de algo nuevo, requiere la participación indispensable de la imaginación “.

 

Y, de hecho, no ha sido el único que ha hablado de la imaginación como motor de aprendizaje. Kieran Egan situaba la imaginación en el corazón de todo aprendizaje. La imaginación representa la capacidad de imaginar lo posible en todas las cosas. La imaginación es algo que podemos educar; podemos enriquecer esta capacidad en nuestros estudiantes a medida que aprenden todos los aspectos del currículo.

 

¿Por qué es tan importante aprender con la imaginación como tener conocimiento? ¿Por qué deben los profesores y los alumnos utilizar la imaginación en el aprendizaje?

 

La imaginación se considera la facultad o acción de formar nuevas ideas o conceptos de objetos externos que no están presentes en los sentidos. Por otro lado, el conocimiento se trata de hechos e información. Abarca las habilidades que adquirimos a través de la experiencia o la educación; La comprensión teórica o práctica de una asignatura.
Pero, ¿cómo se complementan en el aprendizaje?

Nuestra imaginación cambia; es orgánico y crece a medida que nuestro conocimiento crece. El conocimiento alimenta la imaginación que, a su vez, nos impulsa a un nuevo conocimiento. En última instancia, este es el ciclo de descubrimiento y aprendizaje que perseguimos en la educación.

Un estudiante imaginativo, por ejemplo, sería libre de tomar riesgos y ser un líder, y de expresar opiniones en lugar de solo respuestas correctas. De la misma manera, un maestro imaginativo también puede tomar riesgos, ser un líder y adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes.

 

Como educadoras, es importante traer la imaginación dentro del aula. Hay herramientas cognitivas particulares que usamos para dar sentido al mundo como seres imaginativos que somos. ¿Por qué no usarlas en clase para que el aprendizaje sea significativo, memorable e inspirador?

 

Y también para ayudarles  a desarrollar su propia imaginación y creatividad.

 

¿Cómo podemos hacerlo?

 

Fomentando el crecimiento y la curiosidad. Los hechos y el conocimiento son el punto de partida, pero desde ahí se puede llegar mucho más lejos. Una vez tus alumnas y alumnos conocen los hechos, ¿cómo se puede usar esa información para resolver diferentes problemas? ¿Cómo lo trasladamos a un plano más cotidiano?

No importa el qué, cuando enseñes con imaginación, debes enfocarte en una mentalidad abierta y de crecimiento. En despertarles la curiosidad y las ganas de querer saber más, de romperse el coco, de ir siempre un paso más lejos. Tu propia curiosidad puede ser contagiosa, ¿lo sabías?

 

Tampoco nos olvidemos de seguir jugando.

No dejes de jugar en clase. Prueba con juegos de palabras, acertijos, cuentos para resolver un misterio, rompecabezas de pensamiento lateral y todo lo que se te ocurra. Y si dejas que sean ellos los que se inventen los juegos, aún se involucrarán más. ¿Qué pierdes con probar? Quizás descubres un mundo nuevo lleno de posibilidades 😉

 

La imaginación inspira, pero ¿sabes que tú puedes inspirar a tus alumnos? Las ganas de aprender y la curiosidad son contagiosos y si tú eres la primera que lo siente, vas a transmitirles el gusanillo a tus estudiantes. Puedes darle la vuelta a tus clases. Por mucho que los hechos sean, en general, el punto de partida ¿Por qué no girar la tortilla y dejarlos para el final? ¿y si empezamos jugando, investigando, explorando? Cuando se pone en marcha el mecanismo de la imaginación y la curiosidad, aparecen nuevas preguntas e incógnitas. Y es en este punto donde se pueden presentar los hechos o conocimiento más reglado.

 

El “ problema” de la imaginación es que no se puede enseñar en sí misma, solo puedes enseñar cómo  desarrollarla y potenciarla. Pero no puedes imaginar por tus alumnos.

 

Ten en cuenta que el miedo suele ser un gran enemigo de la imaginación. .Por lo que no te olvides de crear un espacio donde todos tus alumnas y alumnos se sientan seguras/os para hablar, jugar, reflexionar y discutir ideas.

Aprender con imaginación es un ciclo sin fin.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Comunicación efectiva para docentes – La voz. 

Retomando el hilo de artículos anteriores (que si no lo leíste, te recomendamos que primero le vayas a echar un vistazo ), volvemos a tocar el tema de la comunicación.

 

Te contamos que  había tres elementos importantes para poder comunicarte de forma eficaz: las palabras que usas, el lenguaje corporal y la voz.

 

Hoy atacaremos el tema de la voz.

 

Tu voz puede revelar tanto sobre tu historia personal como tu apariencia. El sonido de una voz y el contenido del habla pueden proporcionar pistas sobre el estado emocional de un individuo.

 

Por ejemplo, si la autoestima es baja, se puede reflejar con vacilación en la voz. Una persona tímida puede hablar en voz baja, pero es más probable que una persona que confíe en sí misma tenga dominio de su voz y claridad en el habla.

Vale la pena tomarse el tiempo para mejorar tu dominio sobre la voz, especialmente si te resulta difícil hablar en público. ¡Incluso puede ayudarte a aumentar tu confianza!

 

Es importante acostumbrarse al sonido de tu propia voz. La mayoría de las personas se sienten más relajadas en una situación privada, especialmente en casa o con personas de confianza, donde no hay presiones para cumplir con otras normas y expectativas sociales. Este no es el caso en situaciones públicas cuando hay todo tipo de influencias ejercidas sobre la forma en que las personas hablan.

 

Vamos a ver un pequeño ejercicio para mejorar el hecho de hablar en público:

 

Graba tu propia voz en un entorno informal (en casa o con amigos), pero intenta que sea un lugar relajado sin mucho ruido. Escucha atentamente cómo suenas. Observa cualquier aspecto de tu discurso que reduzca la efectividad de tu mensaje. Por ejemplo, una tendencia a usar onomatopeyas como “um” o “eh…”. a tartamudear ligeramente, o a repetir mucho una palabra para empezar las frases como “en plan”.

 

La mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a escuchar nuestras propias voces y por norma, suele no gustarnos. Pasa de la etapa inicial, ‘¿Realmente suena así?’ Y desarrolla una mejor comprensión de tu voz.

Cuanto más te acostumbras al sonido de tu voz que funciona de una manera un poco más formal, más fácil es hacerlo “de verdad”. En una conversación, las personas tienden a hablar en frases cortas, unas pocas a la vez. Hablar o leer en voz alta le ayuda a acostumbrarse al sonido más fluido de tu voz.

 

Cualquiera puede mejorar el sonido de su voz y la forma en que hablan en cuestión de días a través de unos simples ejercicios. Eso sí, para mejorar tendrás que mantener un cierto compromiso y practicar regularmente durante unos minutos.

 

Un ejercicio para practicar puede ser el siguiente:

Escoge algún documento, artículo o las dos primeras páginas de un libro. Eso sí, que lo que vayas a leer esté en soporte físico, es decir, en papel.

Primero, léelo en silencio, luego léelo en voz alta como lo harías en un ambiente relajada. No te preocupes si tropiezas o vacilas en algún momento, simplemente sigue hasta el final.

Después léelo  una tercera vez y graba tu voz al hacerlo. En esta tercera lectura, recuerda las siguientes cosas: .

 

Disminuye la velocidad: es una reacción natural querer superarlo lo más rápido posible y esto a menudo hace que las personas tropiecen con sus palabras. La aceleración también ocurre cuando estás nervioso y por lo general te hace más difícil de entender.

Mantén la cabeza en alto: trata de no meter la barbilla en el libro, ya que tu voz se dirige al suelo y no a la audiencia. Mantén el libro o las hojas lo más alto posible y proyecta tu voz.

Haz una pausa de vez en cuando: deja que el final de una oración o el final de un párrafo te den la posibilidad de descansar dos o tres segundos. Las pausas pueden ser útiles para enfatizar.

Practica este ejercicio tan a menudo como puedas.

 

La voz responde a las emociones y, a veces, se “bloquea”, lo que puede impedir u obstaculizar la expresión de diversos sentimientos.

 

Cuando estás bajo estrés, el patrón de respiración cambia. Cuando tus músculos están tensos, no puedes usar tus pulmones en toda su capacidad. Cuando alguien está asustado o nervioso, un síntoma común es la tensión en el cuello y los hombros. Esto ocurre porque, cuando estamos bajo presión, tendemos a respirar más rápido. Esto significa que inhalamos mucho aire, pero no hay tiempo suficiente para exhalar y relajarnos por completo, por lo que no obtenemos el beneficio completo.

 

 

 

La buena respiración es esencial por dos razones:

 

  1. Al utilizar la capacidad pulmonar total, la respiración apoyará la voz y la voz se volverá más rica, más completa y más fuerte.
    Esto beneficiará a las personas que tienen una pequeña voz y que se preocupan de que no puedan ser escuchadas cuando hablan con un grupo de personas. El volumen se controla en el abdomen y no en la garganta, por lo que respirar con toda tu fuerza permitirá un mayor control de la voz.
  2. La respiración profunda y rítmica tiene un efecto calmante y terapéutico, ya que libera la tensión y promueve la relajación. Las personas que están relajadas son más equilibradas, receptivas y confiadas y, por ende, se comunican mejor.

 

 

Hay otros elementos de la producción vocal que se deben tener en cuenta para comunicar bien. Uno de ellos es la variedad, que ayuda a mantener el interés de la audiencia y hace el discurso mucho más llevadero.

 

Para que el habla sea efectiva e interesante, se pueden aplicar ciertas técnicas. Sin embargo, es importante no sonar falso o como si estuvieras actuando. Las palabras transmiten significado, pero la forma en que se dicen refleja sentimientos y emociones.

 

Aspectos a tener en cuenta:

 

La velocidad a la que hablas. Si hablas demasiado rápido, entonces los oyentes no tendrán tiempo para asimilar lo que estás diciendo, pero si hablas excesivamente lento, pueden morirse del aburrimiento. Variar el ritmo, acelerando a veces y luego disminuyendo la velocidad, puede ser una buena idea porque esto ayudará a mantener el interés.

 

El volumen: Subir o bajar el volumen ocasionalmente, puede crear énfasis. Si bajas tu voz a casi un susurro (siempre y cuando se proyecte) para una oración o dos, tu audiencia se pondrá súbitamente alerta. Sin embargo, ten cuidado de no abusar de esta técnica, ya que perderá su impacto.

 

Énfasis: Cuando hables en público, intenta transmitir la información con la mayor energía vocal y entusiasmo posible. Enfatiza ciertas palabras y frases dentro de la conversación para transmitir su importancia y ayudar a agregar variedad.

Las pausas son poderosas. Se pueden usar para resaltar una declaración anterior o para llamar la atención antes de un mensaje importante. Las pausas significan silencio por unos segundos. Los oyentes interpretan el significado durante las pausas, así que ten el coraje de permanecer callada por hasta cinco segundos; pausas dramáticas como esta transmiten autoridad y confianza.

 

 

Y esta es la última entrega de la trilogía de la comunicación. Esperamos que te sea útil para encarar las pruebas de las oposiciones. Y también para tu futuro.

 

Recuerda que nadie nace enseñado y que, la clave para dominar la comunicación es practicar, practicar y practicar hasta decir basta.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

Opositando en Semana Santa

Este año ha tardado en llegar, pero ya tenemos aquí al semana santa; esos días de vacaciones después del largo periodo invernal. ¡Qué lejos queda la Navidad!

 

Y por mucha Semana Santa que sea, tú sigues con las oposiciones por delante.

 

Una de las claves para aprobar las oposiciones es encararlas como si fueran un trabajo; ser constante y tener una rutina de estudio bien marcada. Pero llegan vacaciones y no sabes qué hacer. Por un lado, desaprovechar los días y perder la rutina puede afectar tus resultados, pero por otro tú también necesitas un descanso y oxigenarte.

 

Dependiendo de si trabajas o no, si tienes hijos o cómo vives la semana santa, tu rutina puede cambiar más o menos durante estos días. Los cambios de rutina o que la mayor parte de tus conocidos estén de vacaciones, no es excusa para dejar de estudiar. Sin embargo, tampoco debes obsesionarte con estudiar sin parar. No es cierto que cuanto más estudies y menos descanses, más avances, en realidad, lo único que te generará es más ansiedad y estrés.

 

Por lo tanto, nuestro consejo es que aproveches estos días para darle caña pero sin agobiarte o ponerte al límite. Encuentra el equilibrio entre el estudio y el ocio.

Tan importante es que aproveches los días festivos para avanzar todo lo posible, como para tomarte un break. Los descansos sirven para renovar energías y recargar pilas para seguir (y para divertirte y despejarte, obviamente).

 

Si quieres que realmente los momentos de descanso sean efectivos, necesitas desconectar por completo del estudio y de la oposición.

Disfruta de las procesiones de semana santa si te gustan, sal con tu familia y amigos, ves al cine, al teatro, aprovecha para ir de excursión, para hacer deporte o algún taller de algo que te apetezca. El qué es lo de menos, siempre y cuando consigas aprovechar el momento, olvidar un poquito la oposición y divertirte.

 

Como es habitual, te recomendamos planificar el estudio de esta semana. Decide qué vas a hacer cada día y márcate objetivos REALISTAS. Hacer un planning de las horas está bien pero no te estanques en medir el tiempo por horas. Mídelo por tareas concretas y objetivos. Es decir, mejor dí: hoy voy a hacer X, Y y Z, en lugar de: Hoy voy a estudiar 8 horas.

 

Respeta tu ritmo biológico y estudia cuando te sea más fácil y efectivo hacerlo, independientemente de si es de noche o de día. Eso sí, no te duermas en los laureles y ponte alarmas para recordar que es momento de empezar.

 

Si estudias en casa y durante estos días crees que no vas a poder concentrarte bien con toda la familia a tu alrededor, busca algún lugar que te  inspire a estudiar. También puedes hacerlo si crees que cambiar de aires te va a sentar bien.

Una biblioteca, una cafetería tranquila… encuentra tu lugar ¡y a darle duro!

 

Un truquito para estos días es que aproveches los primeros días para emplearte a fondo en el estudio. ¿Por qué? Porque aún tienes el chip de la rutina en marcha y te costará mucho menos ponerte a ello. Empieza fuerte y ve disminuyendo el ritmo hasta poder tomarte un par de días para ti, alejada de las opos.

Si tienes que volver a estudiar cuando todos están aún de vacaciones va a ser más duro. En cambio, cuando el lunes  debas volver a la rutina, al igual que la mayoría de la gente, será un poco más fácil. Ya sabes lo que dicen: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero consuelo, al fin y al cabo 😉

 

Esperamos que te lo tomes con calma estos días y que disfrutes de momentos para ti.

¡Feliz Semana Santa!

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Comunicación efectiva para docentes – Las palabras y el lenguaje corporal. 

En el pasado post te hablamos de la importancia de la comunicación en tu vida tanto profesional como personal.

 

Uno de tus objetivos como educadora es poder crear en clase un ambiente comunicativo desde el principio, y para ello, tú debes contar con las competencias necesarias para comunicarte de forma eficaz.

Y si tenemos en cuenta que las oposiciones y la defensa ante el tribunal están a la vuelta de la esquina, es el momento de poner toda la carne en el asador e intentar mejorar las habilidades comunicativas.

 

¿Qué se considera una comunicación eficaz?

 

Podríamos definir la comunicación eficaz como aquella comunicación en que el mensaje se entiende claramente y, a ser posible, se actúa en consecuencia de este. Es tan importante lo qué dices como el cómo la dices.

Lo que dices significa tu elección de palabras. Es probable que las palabras y el lenguaje que uses cuando hables con una amiga sean muy diferentes a las que usas en una presentación o en clase con los alumnos.

Del mismo modo, la forma en que hablas también variará en diferentes situaciones.

 

Sea cuál sea la situación, debes poder comunicarte de forma efectiva y considerar todas las herramientas y aspectos posibles para garantizar que nada distraiga o reste valor a tu mensaje, sobre todo ahora que tenemos las pruebas de las oposiciones encima.

 

Hagamos un pequeño repaso a los elementos principales para que se produzca una comunicación eficaz:

 

  • Las palabras que usas.
  • El lenguaje corporal.
  • Tu voz

 

 

 

Hoy hablaremos de los dos primeros elementos: las palabras que eliges para comunicarte y el lenguaje corporal.

Las palabras que usas

Lo que dices, las palabras que elijas, importa.

 

Si a tu audiencia no le quedan suficientemente claras las palabras que usas, interpretará el mensaje en función de lo que ellos crean. Y esto muchas veces puede no ser lo que tú quieres transmitir. Por eso, tienes que elegir cuidadosamente las palabras, especialmente cuando estás diciendo algo importante.

 

Al comunicarte debes tener en cuenta a tu audiencia. Las palabras elegidas tendrán que ser diferentes si estás hablando a tus alumnos, al tribunal de las oposiciones, a tu jefe o a tus amigos. No usamos el mismo vocabulario en todos los casos. Tienes que pensar en el nivel de comprensión de tus interlocutores sobre el tema y también en el tipo de lenguaje que usan.

 

Las oraciones más cortas son más fáciles de procesar y entender. Ante una oración excesivamente larga podemos perdernos por el camino y no llegar a comprender la esencia del mensaje.

 

De la misma forma, las palabras más simples también son más fáciles de comprender. Dicen que si no puedes explicar algo en términos simples, probablemente es porque tampoco terminas de entenderlo. Esto es particularmente importante cuando se trata de niñas y niños, dado que todos tienen unas necesidades educativas diferentes.

 

 

El lenguaje corporal

 

Ya debes saber que una cantidad considerable de la comunicación no es verbal. Algunas investigaciones sugieren que más del 50%. El próximo día te hablaremos del tono de voz, el ritmo y el énfasis, pero hoy nos centraremos en el lenguaje corporal que también es importante.

 

¿Qué incluye el lenguaje corporal? Tu postura corporal, tus expresiones faciales, la forma en que usas las manos para enfatizar el habla e incluso cómo y con quién creas contacto visual.

 

El lenguaje corporal refuerza o enfatiza lo que estás diciendo y también ofrece información sobre las emociones y las actitudes de una persona.

 

Sin embargo, también es posible que los movimientos corporales entren en conflicto con lo que estás diciendo.

Para que la comunicación sea efectiva, tu comunicación no verbal necesita reforzar tus palabras: los dos deben decir lo mismo. La comunicación no verbal es mucho más difícil de disfrazar que la verbal: si ves que el lenguaje corporal de alguien está transmitiendo un mensaje diferente de sus palabras, vale la pena escuchar la comunicación no verbal primero, ya que es más probable que refleje sus puntos de vista reales.

 

¿Cómo puedes proyectar un lenguaje corporal positivo?

Cuando usas un lenguaje verbal positivo, estás dando fuerza a los mensajes verbales o ideas que quieres transmitir y evitas enviar señales confusas o mezcladas.

 

Vamos a echar un vistazo de algunas posturas básicas que proyectan confianza en ti misma y franqueza, para que las tengas en cuenta de cara a tu defensa oral o a situaciones profesionales:

 

Tener una postura abierta: ¡Relájate pero no te acomodes demasiado! Trata de mantener una postura erguida pero sin forzar.

Tanto si estás sentada o de pie, intenta colocar los brazos a los lados o de forma natural. No los pongas en jarras o los cruces  ya que da sensación de agresión o estar a la defensiva y de no estar abierta a nuevas ideas u opiniones.

 

 

Mantén un buen contacto visual. Si estás haciendo una exposición, nada de mirar al suelo todo el rato o a la lejanía. Mira a tu audiencia (o al tribunal, en el caso de las opos) cuando estés exponiendo. Pero, ¡no te pases! Dejar tu mirada fija en alguien durante demasiado tiempo puede indicar desafío o falta de confianza (y es un poco incómodo, ¿verdad?).

Expresión facial: la cara es el mejor reflejo de lo que siente una persona. La mayoría de las veces es fácil reconocer si una persona está feliz, triste, ansiosa, irritada o excitada. Es muy importante que en un escenario profesional controles tus expresiones faciales.

Por ejemplo, si en una presentación sientes que tu exposición no está funcionando tan bien como te gustaría, ¡no muestres signos de estar perdiendo la esperanza! En lugar de esto, puedes intentar que tu audiencia participe más o relajar el ambiente con una anécdota o algún dato curioso. (OJO, esto depende del tipo de exposición o presentación).

 

 

Estas son solo algunas directrices acerca del lenguaje corporal. Este es un tema que puede dar para 20 artículos más y que, volveremos a abordar en un futuro.

 

¿Con qué idea queremos que te quedes?

El objetivo de este artículo es que reflexiones acerca de cómo te comunicas. Si usas el lenguaje corporal de forma adecuada y en sincronía con tu mensaje, si sabes adaptar el mensaje a tu audiencia y elaborar un discurso coherente y comprensible, etc.

 

A la vuelta de la esquina están las pruebas orales de las exposiciones pero también tu futuro como docente. Por lo tanto, puede ser un buen momento para echar la vista hacia una misma y ver en qué podemos mejorar.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

¿Para qué te sirve saber comunicarte de forma eficaz?

La comunicación es esencial en cualquier campo de interacción humana. Por medio de la comunicación, ya sea oral o escrita, podemos transmitir y compartir conocimientos, conceptos, sentimientos, ideas, emociones, estados de ánimo…

Comunicarse de forma eficaz es imprescindible, simplemente por el hecho de ser seres sociales y vivir en relación con las demás personas.

 

Sin embargo, para ti es aún más importante ya que necesitarás una buena comunicación para llevar a cabo tu labor docente.

 

Enseñar tiene que ver con la comunicación: escuchar, hablar, leer, presentar y escribir. Si como maestra perfeccionas tus habilidades de comunicación, estarás preparada para instruir, asesorar y orientar a los estudiantes que tengas a tu cuidado.

Sin embargo, no solo en clase es importante saber comunicarse. También debes comunicarte bien para colaborar de forma efectiva con los demás profesores y con los padres de tus alumnas y alumnos.

 

Tal como decía Paulo Freire, educador y uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX, la comunicación y la educación son una misma cosa, es decir, no puede existir una sin la otra. Para él el proceso docente educativo es un proceso comunicativo donde el profesor y el alumno participan activamente en la solución de las tareas y en la adquisición de nuevos conocimientos. Por tanto, aprenden unos de otros durante el proceso.

 

Nos encontramos que la comunicación es el principio de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, una forma de conectar con tus alumnos.

 

La comunicación es tanto receptiva como expresiva. Debes ser experta en escuchar a tus alumnos/as y explicar las cosas claramente. Necesitas claridad de pensamiento para presentar el material. Debes ser capaz de desglosar ideas complejas en partes más simples y pasos más pequeños para transmitirlos a tus estudiantes. Debes poder adaptar tus métodos de comunicación a todos los estudiantes, independientemente de su capacidad o estilo de aprendizaje. Tienes que poder “leer” a tus estudiantes y adaptarte a las necesidades del individuo. La comunicación efectiva incluye transformar lo aburrido en interesante y tener buenas habilidades de presentación.

 

Como buena docente podrás comunicar preocupación y atención por tu tono de voz y el uso del lenguaje corporal. La comunicación es la forma de transmitir un genuino compromiso y cariño por tus alumnos. Además, ¿verdad que te preocupas por el progreso de tus alumnos? Es importante hacérselo saber en todo momento. Aprender los nombres de tus estudiantes a principios del año escolar y usar sus nombres cuando te dirijas a ellos. Conocer las esperanzas, los temores y las preferencias de tus estudiantes y comunicarles este conocimiento a ellos. Comunicar tu aprecio por lo que hacen tus estudiantes al celebrar sus éxitos y alentarlos constantemente. Esto les ayuda a sentirse reconocidos y validados.

Y todo ello se consigue mediante una buena comunicación y habilidades para llevarla a cabo.

Pero, como ya te hemos comentado al principio, no solo te comunicas profesionalmente con tus alumnos. Aquí es donde entran los padres.

Tienes que poder expresarte tanto verbalmente como por escrito, para informales del progreso de sus hijos. Poder explicarles sus fortalezas y debilidades para que los padres entiendan el mensaje y sean receptivos, en lugar de estar a la defensiva. Esto es especialmente importante cuando tienes que transmitir un mensaje difícil sobre una mala conducta de algún alumno o problemas de aprendizaje.

El mensaje debe ser comunicado de forma clara y con tacto. No todo vale. Y por eso es importante tener los recursos y las destrezas necesarias para hacerlo. Y nadie nace enseñado, tienes que desarrollarlas y reforzarlas.

Tienes que sentirte cómoda comunicándote con los padres regularmente, sea mediante llamadas telefónicas, emails, notas informativas o cara a cara. Y tener en cuenta que habrá padres que querrán comunicarse contigo de forma muy constante (por mucho que  tú creas que no es necesario).

 

Aunque una buena parte de tu función educadora se realiza en el aula sin la presencia de otros adultos, trabajas codo a codo con otros docentes y, una buena enseñanza también implica cooperar y coordinarse con los demás compañeros. Una escuela es una comunidad de aprendizaje profesional, al fin y al cabo, y se debe impulsar a que los maestros planifiquen proyectos, actividades y lecciones juntos para poder aprender unos de otros. Ser un equipo en el que se compartan  y discutan nuevas ideas y recursos con la finalidad de ponerlos en práctica. Para conseguirlo se requiere una excelente comunicación.

 

Y obviamente tener unas buenas habilidades comunicativas y ser capaz de transmitir tus ideas y cavilaciones de forma efectiva, no es solo útil en tu entorno profesional. También te va a ayudar en tu vida personal. De hecho, una buena comunicadora lo es en todos los planos de su vida.

 

Formarte, el arte de formar.

 

Educación inclusiva

 

La educación inclusiva tiene que implicar la plena inclusión de TODOS los niños. Es decir, que TODOS LOS NIÑOS/AS SE INCLUYEN EN TODOS LOS SENTIDOS; NO SOLO EN LA TEORÍA. No hay niños segregados.

Los soportes para la inclusión deben incluirse en prácticas cotidianas. ¿Qué debería significar eso? Que todos y cada uno de los niños sean apoyados para participar en todos los aspectos del aprendizaje. Que existan adaptaciones de materiales y planes de estudio, sí, pero que no implique que un alumno/a deba realizar el 50% de su educación en un rincón solo.

 

En un artículo sobre la inclusión, ponían un ejemplo muy claro sobre cómo se puede llevar a cabo de forma satisfactoria.

En una escuela, un niño con síndrome de Down aprendía la lengua de signos para complementarla con la lengua hablada, que usaba para comunicarse con el resto de clase. Sus profesores decidieron llevar a cabo un taller de signos de palabras clave con el resto de los alumnos, para que cada semana aprendieran nuevos signos.

Esto creó la oportunidad para él de compartir sus conocimientos y además, reforzar no solo su aprendizaje, sino también su comunicación.

 

Esto es realmente INCLUSIÓN.

Que todos los estudiantes puedan participar en las experiencias del aula con el resto de alumnas/os, pero con los soportes y adaptaciones necesarias. Tanto para ellos como para sus compañeros.

No ignorar las diferencias individuales, sino aceptarlas, quererlas y valorarlas como la clave de que cada persona sea única i especial. El objetivo jamás tiene que ser que un niño/a sea “normal” (¿qué diablos es normalidad?), sino que todos puedan crecer y aprender juntos.

 

Que se separe al niño con discapacidad o problemas de aprendizaje, dándole clase a él solo con un ayudante o soporte, no es inclusión. ¿No sería más bien exclusión? No está participando en la clase realmente, no está viviendo el día a día con sus compañeros, se limita a estar un reducido % con ellos, hecho que promueve la separación y que sus compañeros lo vean como alguien diferente al resto.

 

Abracemos la diferencia, sí, pero de todos. Que no hay dos personas iguales, que tú y yo somos distintos, pero esas diferencias individuales no tienen que frenarnos.

Uno de los grandes handicaps es que se confunden los términos. Se usa inclusión como sinónimo de integración y… ¡ERROR!

Aunque pueda parecer que tienen objetivos aparentemente iguales, la integración es un paso hacia la inclusión pero no es la última parada del camino.

 

La integración se centra el los alumnos con necesidades educativas especiales, en normalizar su vida habilitando distintos soportes, recursos y profesionales. La inclusión, en cambio, se dirige a TODAS/OS LAS/OS ALUMNAS/OS, teniendo como objetivo mejorar la calidad educativa en su conjunto y para todos.

 

La integración propone la adaptación curricular como medida de superación de las diferencias de los alumnos especiales. La inclusión propone un currículum inclusivo, común para todos los alumnos en el que, implícitamente, vayan incorporadas estas adaptaciones. No es que cada alumno aprenda cosas distintas, sino que aprendan lo mismo pero de distinta forma.

La integración presupone que existe una separación o segregación de unos pocos y que estos deben adaptarse al sistema existente. La inclusión presupone que todos somos distintos y que hay un único sistema para todos, pero que es el sistema el que se adapta a la diversidad.

 

Resumiendo, el gran error es creer que la inclusión se centra en solo unos cuantos estudiantes y no en todos. Este malentendido conduce, al fin y al cabo, a la exclusión, sea del tipo que sea. Tanto si está separado en una aula, unidad o colegio a parte, como si se le separa durante la mayor parte del día.

 

La inclusión de niños con discapacidad o trastornos educativos NO disminuye el estándar educativo del resto de la clase. Totalmente al contrario, aporta muchos beneficios, incluyendo el desarrollo social y de comunicación, la empatía, comprensión positiva, etc. Es un plus para todos los alumnos compartir su día a día y su aprendizaje. ¿No nos damos cuenta?

 

Luchemos por una educación inclusiva en que se de apoyo a CADA niño en la pertenencia, la participación y el acceso a la oportunidades, siendo reconocido y valorado por la contribución que aporta.

 

 

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Consejos prácticos para repasar para las oposiciones

En el pasado post te hablamos de la importancia de repasar y que era importante que incluyeras esta práctica a tu rutina de estudio. Con ellos vas a afianzar mucho mejor todos los conocimientos y en el momento de la verdad, lo notarás.

 

Al principio, cuando tienes que empezar, te apetece absolutamente nada ponerte a repasar. (Si no es tu caso, ¡enhorabuena! ya tienes mucho ganado).

Es normal que te cueste ponerte manos a la obra; la perspectiva de volver a tocar un tema que ya has hecho, es aburrido y nada motivante, pero a medida que vayas haciéndolo, le irás cogiendo el gustillo.

 

Como ya sabes por qué repasar, cómo distribuir los repasos y qué material repasar, vayamos a la parte práctica: consejos para hacerlo.

 

La organización, la madre de las oposiciones.

Sí amiga, sí: otra vez la planificación aparece en escena. Sin embargo, será mucho más fácil si te distribuyes los temas de alguna forma; te lo tomarás más en serio, llevarás la cuenta de qué temas estás repasando y podrás repartirlos de una forma que te funcione. Es decir, si un día de la semana estás más ocupada y estudias más horas, quizás es mejor repasar un tema que no te cueste demasiado.

 

El sistema

Uno de los sistemas que, por lo general, mejor funcionan, es el de repetición oral. Explicarte a ti misma la información en voz alta. Está comprobado que cuando la información llega por dos canales, visual (al leerlo) y oral (al escucharte decirlo), se retiene mejor y más rápidamente.

Ponerlo por escrito también funciona muy bien, aunque da mucha más pereza. Pero volver a hacer los esquemas o desarrollar algún tema, será de gran ayuda.

Otra forma de repasar es grabarte y luego escucharte mientras lees e ir tomando algunas notas.

 

Encontrar aquello que se adapte a ti.

En el pasado post te comentamos cuál era la forma más idónea de distribuir los repasos. Si cada día no puedes repasar lo que estudiaste el día anterior, no te agobies. Quizás puedes hacerlo un día a la semana todo lo que has hecho durante la misma, dedicarle dos noches por semana o hacerlo una vez cada quince días.

Lo mismo con el sistema que te hemos comentado.

Cada persona es un mundo, tanto para aprender como las circunstancias que le rodean o sus propias necesidades. Lo que funciona para ti puede no funcionarle a otra persona y viceversa.

Explora y encuentra tu fórmula comodín.

 

Cualquier  momento es bueno para repasar.

Tienes que encontrar tiempo para hacer tus repasos concentrada y focalizándote en lo que estás haciendo pero eso no quita que no puedas aprovechar cualquier ratito que encuentres para hacer microrepasos.

Si al hacer el primer repaso, tomas notas en las típicas fichas de cartulina de tamaño A6, luego puedes llevártelas a todas partes contigo y aprovechar para hacer repasos mientras estés en la cola del súper, en la peluquería o en el autobús.

Te hemos comentado que una de las formas de repasar es grabándote, ¿verdad? Lo bueno de esta técnica es que puedes hacerlo con el  móvil y aprovechar para escucharte cuando vayas andando, estés en gimnasio o preparándote la cena. No es tan animado como escuchar el último temazo de la radio pero después lo agradecerás.

 

 

Los repasos finales.

Si hay  un momento en que es imprescindible repasar es antes de presentarse a las oposiciones. No dos días antes, a contracorriente, agobiada y estresada. Eso no.

Hacerlo a un mes vista, bien planificado e ir paso a paso. Tienes todo el material que has hecho en todo este tiempo, y habrás hecho repasos previos, por lo que será fácil y la manera de terminar de afianzar todo lo aprendido.

 

 

 

Con el repaso podrás ver los progresos en tu estudio y te darán tranquilidad. Afrontarás las pruebas un poco más segura y confiada y te relajarás un poquito al ver que lo llevas mucho mejor de lo que piensas (muchas veces los nervios son inevitables, lo sabemos). 

 

 

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