Los pasos para controlar el caos y hacer todas tus tareas

¿Te está costando más abordar todas las tareas que tienes pendientes porque estás más dispersa o más agobiada?

Teniendo en cuenta que las oposiciones están a la vuelta de la esquina, no es nada raro.

Cuando tienes un montón de tareas pendientes en tu cabeza, es complicado saber por dónde empezar.

Y encima, necesitas energía mental para tener todas las tareas en mente. Es extenuante y agotador ir arrastrando de un lado para otro todos los “debería hacer”.

 

¿Cómo puedes abordar el caos?

 

A menudo, la simple idea de tener que abordar el caos puede ser abrumadora y puede escaparse de tu control.

Y sentir que no tienes el control, te lleva de cabeza al estrés .

 

En el pasado post te hablamos del estrés y que éste puede iniciar una espiral negativa en tu cerebro. Y como consecuencia aún es más difícil planificar y abordar la lista de tareas pendientes. Menudo panorama más desalentador, ¿verdad?

 

Que no cunda el pánico.

 

Primero de todo, debes ser comprensiva y amable contigo misma cuando no estés en tu punto más productivo. No puedes estar cada día a tope y criticarte y enfadarte por ello, lo único que hace es frustrarte más y aumentar tu estrés.

En lugar de castigarte, necesitas darle a tu cerebro lo que quiere.

 

Tu cerebro está constantemente tratando de guiar tu comportamiento y acciones. No obstante, sin claridad y sin un plan, tu cerebro seguirá el camino más sencillo.

Lo que tu cerebro quiere es que actúes para reducir el caos. Y para actuar, se necesita una meta y un plan. Una vez tomas medidas para lograr un objetivo, basado en un plan, tu cerebro se da cuenta que estás controlando tus acciones y buscando un resultado.

Este sentimiento de control ayuda a calmar el caos. Cuando reconoces que tienes una opción ya no eres una víctima de las circunstancias.

 

¿Cómo controlar el caos?

 

1. Frena y ve más despacio.

Para ver a través del caos, es necesario hacer una pausa y disminuir la velocidad. Si puedes hacer una pausa, frenar un poco y respirar profundamente, les estarás diciendo a tu cerebro que no estás en una situación de lucha o huida estresante.

 

2. Escríbelo.

Pon todos tus pensamientos caóticos o tus tareas pendientes en un papel. Ya no tendrás que gastar energía para recordarlos todos.

 

3. Evalúa los elementos de tu lista

Plantéate, por un lado qué es lo más importante y urgente, y por otro, si hay algo que puedes dejar de lado o delegar. Sé honesta sobre lo que es verdaderamente importante.

 

 

4. Determina el valor

Una vez que has descubierto lo que es importante, se trata de tener claro por qué es importante. Es más probable que tu cerebro actúe si siente que está trabajando hacia un valor o una recompensa que te importa. Para tenerlo aún más claro, puedes clasificar la importancia en una escala del 1 al 10.

 

 

5. Crea un plan

Cuando ya tienes claro el valor de cada tarea, puedes empezar a priorizar la lista. A partir de ahí decide qué hay que hacer y cuándo hay que hacerlo.

 

6. Divídelo en acciones factibles

Las acciones pequeñas son una buena forma de empezar porque son factibles y no te abrumarán. De esta forma, a medida que vayas completando las tareas, sentirás que vuelves a tener el control y el estrés irá disminuyendo.

 

7. Haz breaks

No te canses por hacer, hacer y seguir haciendo. Se necesita energía para controlar tus acciones y comportamiento y. la energía también puede agotarse. Además, un tiempo de inactividad, permite que lleguen nuevas ideas y nuevas perspectivas.

 

¿Lo intentamos? Cada pequeño paso te permitirá ir recuperando el control y dejar el estrés atrás.

 

FormArte, el arte de formar

 

La otra cara de opositar

Como opositores nos empeñamos frecuentemente en decir lo duro y desmotivante que puede ser opositar. Más que nada porque es una verdad como una catedral.

 

Es muy fácil entrar en el bucle de: no puedo más, no me da la vida, estoy harta, lo mandaría todo a tomar por saco…

Pero no es porque nos guste quejarnos de por sí, es simplemente que es una parte de lo que vivimos, una realidad que está ahí día tras día.

 

Esta es la parte negativa. Hasta aquí todo claro.

 

Sin embargo, esto es como la vida maravillosa de algunas influencers en redes sociales. Aunque nos parezca que su vida es lo más de lo más, también sufren, tienen sus momentos bajos y les suceden cosas poco agradables. Pero se lo guardan para ellas.

 

Con las oposiciones sucede al revés. Aunque nos parezca el pozo más hondo y sin salida de la historia, también hay cosas positivas que, entre tanto estudio y frustración, se nos pasan por alto.

Y este es el objetivo del post de hoy. Darnos cuenta de todo lo bueno que te está aportando opositar como una campeona.

 

Hay aspectos que saltan a la vista de buenas a primeras. El máster en organización que te estás marcando, por ejemplo. Antes de opositar mi capacidad de organización era más bien precaria; me consideraba desorganizada por naturaleza y ahí no había nada que hacer. ¡Si incluso mi madre me lo decía!

Opositando me di cuenta que no era cierto. Soy capaz de planificarme tanto en cuestión de horas como de objetivos a cumplir (cumplirlos siempre todos a rajatabla, ya es otra historia).

A partir de esto he aprendido tres cosas:

 

  1. La primera y más obvia, a organizarme.
  2. La segunda es que lo que creemos de nosotros no es siempre cierto y que muchas veces nos empeñamos en ponernos etiquetas que solo nos limitan.
  3. Y la tercera y última que hay mil capacidades que, quizás de buenas a primeras no tenemos, pero que se pueden desarrollar.

 

Este último punto, si te soy sincera, me da mucha fuerza. Pienso que hay tantas cosas que puedo mejorar de mi misma… y precisamente, que sé que soy capaz. Que solo necesito tiempo y poner el chip adecuado. ¿No son eso buenas noticias?

 

También he aprendido a sacar horas al reloj. No te voy a decir que estoy en el club de las 5 de la mañana porque de eso aún no he sido capaz, pero madrugar forma parte de mi rutina. Y la verdad es que el día tiene más horas de lo que creía. Bueno, no. Tiene 24 horas y ya lo sabía, pero he cambiado la forma de emplearlas.

Opositando me he dado cuenta que antes perdía mucho tiempo en tonterías. Ahora soy capaz de estructurar mis horas mucho mejor y aprovecharlas.

Y con esto de aprovechar el tiempo… he sido capaz de entender con quién quiero aprovecharlo. Es normal dejar atrás a personas a lo largo del camino pero he acelerado bastante este proceso opositando.

Lo que quiero decir es que, como probablemente tú, tengo poco tiempo para pasar con mis amigos. Suelo perderme planes y evidentemente me encantaría poder disfrutar de ellos mucho más de lo que lo hago.

Ante esta situación me he dado cuenta de a quién realmente quiero ver y a quién no me apetece tanto. Al principio me costó aceptarlo porque es duro darse cuenta que hay gente que no es tan importante como pensabas. Pero forma parte de la vida.

Hay personas que te restan más que sumarte. Quedas con ellas y vuelves a casa un poco de bajón y sin muchos ánimos. Sinceramente, esto es lo último que necesito. Por lo tanto, he acabado quedándome con los que estoy a gusto al 100%.

 

Y no solo se trata de amigos sino de actividades que antes hacía por hacer y que realmente no quería hacer. ¿Por qué matarme en el gimnasio si no me gusta? Prefiero ir a yoga que me relaja y le estoy pillando el gustillo.

 

También he aprendido a pasar más tiempo conmigo misma. Cuando opositas, por mucho que vayas a una academia, estás sola muchas horas. Por ejemplo, antes jamás me planteaba ir a pasear yo sola.

¿Yo sola? ¡Pero qué dices!

Hasta que un día, cuando estaba hasta las narices de las paredes de mi casa, decidí ponerme mi música e ir a dar un paseo. Y me gustó. Ese fue el pistoletazo de salida para ser capaz de hacer cosas por mi misma sin necesidad de compañía.

Y es algo muy importante que nadie nos enseña nunca.

 

Y otra cosa que me ha enseñado opositar es que me encanta la profesión que elegí en su momento. Me apasiona ser profesora. Es mi vocación y estoy 100% segura.

No sé si fue cosa de mi universidad pero, durante la carrera no sentí ningún tipo de motivación. Las clases eran más bien aburridas, salvo por algún profesor que realmente quería hacer las cosas distintas.

El mejor momento fueron las prácticas que hice a lo largo de la carrera.

Opositando se ha abierto un mundo nuevo ante mi. Estoy bastante segura que he aprendido más en casi un año y medio opositando que en 4 años de carrera.

 

Ha sido como si se abriera una puerta llena de nuevas ideas, otras forma de abordar la educación, puntos de vista, recursos distintos… Ganas de leer libros, artículos, blogs, de buscar fuentes de inspiración e incluso de replantearme lo que pensaba. Me he dado cuenta que casi cualquier cosa puede convertirse en algo educativo.

Pero además, a no limitarme a la educación en sí, sino a un conjunto de recursos para mi misma. Ser más flexible, más consciente de lo que hago, más abierta de mente..

Otra forma de entender mi profesión como educadora.

 

Y lo pienso y.. guau! qué suerte la mía de haber podido aprender y de darme cuenta de todo esto. Es un enfoque distinto que me da más fuerza para seguir currando y para ir a por ese aprobado y esa plaza. ¿no te pasa a ti?

 

Y tú, ¿qué estás aprendiendo opositando? ¡Cuéntamelo, que seguro que hay muchas cosas en las que no he caído!

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

Por qué el sentimiento de pertenencia es clave para el aprendizaje.

El sentimiento de pertenencia es un factor clave tanto en la educación como en la vida en general. Todos necesitamos sentir que formamos parte de un grupo ya que nos permite sentirnos acompañados por nuestros iguales y nos ayuda a desarrollar nuestra identidad.

Como bien sabrás, el colegio no es solo una institución de formación académica, sino que también es un espacio afectivo en el que niñas/os y jóvenes se forman como personas. Tanto en sus primeros años de escolaridad, como durante la adolescencia, es fundamental sentirse parte de un todo y percibir el apoyo tanto de padres como de docentes. Esto permitirá que tanto ellos como tú os incolucréis más y que se cree un ambiente apto para el desarrollo de ideas, acciones y actitudes.

 

No se habla mucho de ello, pero el sentimiento de pertenencia puede incidir de forma significativa en el aprendizaje.

La identidad no surge de forma espontánea, sino que se construye a partir de la cultura, el contexto social y la participación en una o distintas comunidades.

 

El sentido de pertenencia en la escuela es el grado en que los estudiantes se sienten respetados, aceptados y apoyados por profesoras/es y compañeras/os. Como ya te hemos comentado, se ha relacionado con la atención y el esfuerzo de los alumnos en clase, su persistencia y la finalización de las actividades de aprendizaje.

 

Comprender el sentido de pertenencia es importante para las educadoras, como tú. Te permite planificar prácticas efectivas para apoyar a los estudiantes, tanto en el aula como en la escuela en general.

 

Según investigaciones internacionales, cuando los estudiantes sienten que son parte de una comunidad escolar, participarán activamente en actividades tanto académicas como no académicas.

 

Mejorar los sentimientos de pertenencia en la escuela puede apoyar tanto el compromiso como el logro de los estudiantes. Los estudiantes que reportan un alto sentido de pertenencia en la escuela generalmente se esfuerzan más y están más motivados. En cambio, un bajo sentido de pertenencia se asocia a comportamientos negativos y a más probabilidades de abandono escolar.

 

Y tú como maestra tienes un papel importantísimo en el fomento del sentido de pertenencia de los estudiantes. Sí, como lo lees.

Si un estudiante considera que su maestra/o le está cuidando y aceptando, es más probable que adopte los valores académicos y sociales que le estás transmitiendo. Y esto puede influir en cómo se sienten tus estudiantes sobre el trabajo escolar y cuánto (o qué poco), lo valoran.

Las prácticas de enseñanza que adoptes en el aula, son claves. ¿Sabes cuáles son los enfoques que fomentan la pertenencia?

 

  • Priorizar relaciones de alta calidad entre maestros y estudiantes
  • Crear un ambiente de aprendizaje solidario
  • Ofrecer apoyo emocional a los estudiantes siempre que sea necesario.
  • Ser sensible a las necesidades y emociones de las/os alumnas/os.
  • Mostrar interés por ellos, más allá de sus notas y sus logros académicos.
  • Intentar comprender el punto de vista de los estudiantes (aunque a veces diste mucho del tuyo).
  • Trato respetuoso y justo
  • Fomentar relaciones positivas entre compañeros y el respeto mutuo entre ellos para establecer un sentido de comunidad.
  • Gestionar el aula de forma positiva.

 

Queremos recalcar que hay algunos grupos de estudiantes que pueden sentir niveles más bajos de pertenencia, por la falta de tolerancia que aún existe en nuestra sociedad (es triste que a estas alturas aún estemos así). Algunos ejemplos podrían ser estudiantes con distintos orígenes culturales o lingüísticos, estudiantes con discapacidades o que se identifican como LGBT+.

Por ejemplo, hay estudios que exponen que los estudiantes de origen inmigrante tienen actitudes más positivas y mayor motivación académica si sienten que sus profesoras/es se preocupan por ellos, les dan feedback académico y orientación y les prestan su ayuda cuando es necesario.

 

Por lo que es necesario que existan estrategias escolares que aumenten el sentido de pertenencia en estudiantes en riesgo. Esto podría reducir las tasas de abandono escolar y mejorar su rendimiento académico.

Pero no nos olvidemos que es fundamental para TODOS los alumnos.

 

Luchar por promover el respeto a la diversidad étnica, ser intolerante a la discriminación, implementar prácticas de concienciación y respeto, fomentar la participación de los padres en la escuela para crear conexiones sociales entre hogar y colegio y crear una cultura escolar de aceptación, son puntos que deberían ser prioritarios para cualquier escuela.

 

 

FormArte, el arte de formar

Cómo dar negativas: Tienes derecho a decir NO.

 

Aprender a decir que no es difícil.

A veces, te ves envuelta en situaciones que no quieres, te dejas llevar por otros o por las circunstancias y terminas haciendo cosas que realmente no te apetece hacer. Y todo por no haber sido capaz de decir NO.

Seguro que alguna vez te han propuesto algo, dentro de ti te has repetido veinte veces “no, no, no, ni de coña” y sin saber cómo, te encuentras haciéndolo. .

 

¿Por qué es tan complicado decir la palabra “NO”? Es solo una palabra, ¿verdad? Y encima con solo dos letras.

 

Decir que no es difícil para muchas personas. ¿Por qué? Puede haber distintos motivos pero generalmente nos encontramos el miedo. Miedo a quedar mal, a decepcionar a alguien, a hacer enfadar a alguien, a no parecer capaz, etc.

Como niños aprendimos que decir que no era descortés o inapropiado. Estaba fuera de los límites. No era sensato decirle a tu madre, padre, tíos o profesores que no a algo que te pedían. Y a partir de ahí, la creencia de que decir que NO es grosero se arraiga.

 

Este no es un reto solo para ti, muchas personas tienen la misma asignatura pendiente.

 

Primero de todo, debes tener MUY claro que decir que no, NO significa que eres una mala persona, grosera, egoísta o que no puedes hacerlo.

 

Claro que es importante ser flexibles, prestar nuestra ayuda y tomar ciertos riesgos, pero también es fundamental priorizar por nosotras y hacer aquello que realmente queremos hacer.

Antes de decir que no, asegúrate que te niegas por los motivos correctos y no por miedo ante una situación nueva.

Puede ser una buena táctica hacerte algunas preguntas:

 

¿Por qué dices que no?

¿Es porque realmente no quieres hacerlo? ¿No crees en lo que te están pidiendo/planteando? ¿o es más algo así como que crees que no eres suficientemente buena en eso? (y si es este el caso, ¿por qué no te atreves a desafiarte a ti misma?).

 

Si no estás segura de cuál es el motivo puedes crear un mapa conceptual para entenderlo. Coje una hoja, dibuja un círculo en medio de la página y escribe: “no quiero hacer X porque…”. Dibuja círculos más pequeños alrededor y escribe todo aquello que se te pase por la cabeza que pueda estar frenándote a aceptar.

Al empezar a rascar y anotar razones, vas a acabar tirando del hilo y descubriendo cuál es la verdadera razón.

 

¿Realmente merece la pena decir que sí?

 

¿Qué es lo que quieres? Dependiendo acerca de a que quieras decir que no, este puede ser un buen momento para parar a reflexionar acerca de ese aspecto. Si por ejemplo es algo relacionado con tu trabajo, entender qué nos impulsa a dar una negativa puede ayudarnos a ver hacia dónde queremos ir.

Y una vez descubierta o percibida la meta, toca pensar cómo llegar a ella.

Si sea lo que sea, ya tienes claro que tu respuesta es que no (y eso está más que perfecto), toca transmitirlo.

 

Lo que más cuesta es decirlo, pero no te andes por las ramas ni ofrezcas excusas. Di directamente NO.  Si dudas, titubeas o das vueltas antes de dar la respuestas, solo estás proporcionando una oportunidad a la otra persona para intentar convencerte.

Si lo consideras oportuno y necesario, puedes dar una breve explicación, pero no te sientas obligada a ello. Y tampoco tienes que disculparte por decir que NO.

 

Hay muchas formas de decir que no, pero si lo haces de forma asertiva y cortés, no tienes de qué preocuparte. “Lo siento, no puedo hacerlo en este momento, pero te lo comunicaré cuando pueda” o “Aprecio que me lo hayas pedido, pero en estos momentos no puedo dedicarle tiempo para hacerlo bien” son fórmulas comodín que puedes usar si no sabes cómo hacerlo.

Según el caso, siempre puedes ofrecer una alternativa que satisfaga sus necesidades y, al mismo tiempo, sea algo más preferible para ti. Pero repetimos: NO TIENES LA OBLIGACIÓN DE HACERLO.

 

Si el no se lo estás dando a un amigo, familiar o alguien de confianza, no temas. Una relación fuerte puede resistir a algún que otro no. Y si no es así, no es tu problema. Cuando alguien no puede aceptar un no, significa que esa persona no te valora y respeta tanto como debería (y que tiene algún que otro problema a la hora de aceptar negativas).

Mantente firme y no te sientas obligada a rendirte solo porque esa persona no se lo toma bien.

 

A veces una tiene que ser egoísta y mirar por sí misma. Tienes que aprender a poner tus necesidades primero y no las de la persona que te está pidiendo algo.

 

Para evitar aceptar por no ser capaz de decir que no, puedes primero ganar algo de tiempo para pensar la situación y afrontar el momento. Pide unos días para reflexionar

 

Aprender a decir que no es una de las mejores cosas que puedes hacer por ti misma. Te desafía a superar tus miedos y te ayuda a sentir que tú tienes el control.

 

Y como en comer y en rascar, en decir que no, todo es empezar.

FormArte, el arte de formar.

Descubre cómo tus pensamientos te están frenando y cámbialos (II)

En el pasado post te hablamos de la importancia del diálogo interno y de cómo éste podía tener un importante impacto en tu vida.

 

Como lo prometido es deuda, hoy te vamos a contar cómo domesticar a la crítica imparable que vive en ti y que no para de tirarse dardos envenenados.

¿Empezamos?

 

Pasos para ser conscientes y cambiar tus pensamientos:

Paso número 1: Prestar atención a tus pensamientos.

Estás tan acostumbrada a escuchar tu propia voz y tu propio cuento que es muy fácil volverse inmune a los mensajes que te estás dando a ti mismas.

Se estima que tienes alrededor de 60.000 pensamientos por día. Menuda pasada, ¿verdad?

Pues estas son las 60.000 oportunidades de hacerte más fuerte o de derribarte.

Aprender a reconocer tus patrones de pensamientos es clave para entender cómo tu forma de pensar afecta a tu vida.

Intenta detectar qué tipo de pensamientos tienes. ¿Suelen ser negativos? ¿positivos? ¿focalizas en aquello que no has hecho? ¿te pre-ocupas de cosas que aún no han sucedido? ¿te machacas con cosas del pasado? ¿piensas en las oportunidades que tienes?

Sea cuál sea, ves apuntando los pensamientos que tienes durante un día. Y no solo el contenido sino también cómo lo expresas. ¿Reprendiéndote? ¿Quejándote? ¿Con compasión?

Si tus pensamientos suelen ser positivos y te hablas como hablarías a alguien a quién quieres, puedes dejar el artículo aquí. Si no, ¡vamos a cambiarlo!

 

Paso número 2: Cambia el canal.

Cuando te sigues repitiendo (y reprendiendo) por un error que has cometido una y otra vez o no puedes dejar de pensar en algo malo que te ha sucedido, te estás arrastrando hacia el pozo. Ese lugar en que todo va terriblemente mal, en el que sientes que solo cometes errores y que no tienes ni un ápice de fuerza o motivación para casi nada.

 

La mejor forma de cambiar el canal es activándote. Busca una actividad o algo que te distraiga temporalmente de esta canción negativa que se reproduce en tu cabeza.

 

Puedes probar un día el siguiente ejercicio: Cada vez que  tengas un pensamiento destructivo o que no te aporte nada, coloca tus dedos en forma de pistola, haz como si estuvieran apuntando a tu cabeza y dispara a ese pensamiento. Empezarás a ser consciente REALMENTE de la cantidad de pensamientos negativos que tienes y, simbólicamente los estarás echando.

 

Paso número 3: Examina las pruebas

Tus pensamientos no son siempre verdaderos. De hecho, apostamos lo que quieras a que, a menudo, son EXAGERADAMENTE NEGATIVOS.

Entonces, antes de creerte nada, es importante que examines si son ciertos o no.

Si piensas: “no voy a hacer bien la prueba oral de las opos”, coge un trozo de papel y apunta todas las evidencias que den soporte a esta afirmación. Después, enumera todas las pruebas de que no vas a hacerlo mal.

Mirar la evidencia en ambos lados puede ayudarte a ver la situación de forma más racional y menos emocionalmente. Recordarte a ti misma que tus pensamientos no son 100% verdaderos puede darte un impulso de confianza.

 

Paso número 4: Reemplaza los pensamientos negativos con declaraciones realistas.

Este paso requiere muuuuuuucha práctica. Mucha.

Cuando reconozcas que tus pensamientos negativos no son del todo ciertos, debes intentar reemplazarlos con declaraciones realistas. Si piensas: “Nunca voy a aprobar las opos”, una buena declaración para reemplazarlo podría ser: “Si trabajo duro e invierto en esta meta, es posible que consiga mi plaza algún día”.

 

No es necesario que te vayas al otro extremo happy flower y hagas declaraciones positivas poco realistas. También puede ser contraproducente. Pero una perspectiva equilibrada y realista es clave para volverte mentalmente más fuerte.

 

No hace falta decir que, cuando los pensamientos negativos son acerca de ti misma y tus propias cualidades, debes poner mucho más empeño en ser justa y realista contigo misma.

Debemos ser realistas con nuestras habilidades, virtudes y ser conscientes de nuestros defectos, pero una cosa es ser olvidadiza y otra ser un desastre y no hacer nada bien.

Cuando tus pensamientos sean autrodestructivos, piensa en todas aquellas cualidades que tienes, en todo lo que has conseguido con esfuerzo y en todas las personas que te quieren.

Paso 5: Pregúntate qué consejo le darías a un amigo.

Es mucho más fácil que seas compasiva y amable con otras personas, en lugar de hacia ti misma. Si muy fácilmente puedes llamarte (inserta aquí el insulto que más veces te dedicas). pero es poco probable que le digas eso a uno de tus seres queridos.

Cuando estés en un momento complicado, en un mal día o dudando de ti misma y tu capacidad para alcanzar tus metas, pregúntate: ¿Qué le diría a un amigo que está teniendo ese problema, esas dudas o pensando eso?

Una vez lo tengas, ofrécete estas mismas palabras amables y sabias a ti misma.

 

Paso 6: Equilibrar la superación personal con la autoaceptación.

Hay una diferencia abismal entre decirte que no eres suficientemente buena y recordarte que aún puedes llegar a una mejor versión de ti misma y de tu situación.

Acepta tus defectos por lo que son en este momento mientras te comprometes a hacerlo mejor en el futuro. Aunque suene un poco contradictorio, puedes hacer ambas cosas a la vez.

 

Puedes aceptar que se te olvidan las cosas, pero tomar la decisión de comprometerte a usar una agenda, apuntarlo todo y revisarla cada mañana y noche.

Y recuérdate lo bueno también.

 

FormArte, el arte de formar

 

 

 

7 mujeres inspiradoras a través de la historia que deberías conocer

Dicen que detrás de cada hombre exitoso, hay una mujer. Este proverbio se ha extendido por todo el mundo y, a menudo, ha demostrado ser cierto. Pero, la contribución de una mujer al mundo nunca puede limitarse al éxito de un individuo. Durante décadas, las mujeres han desempeñado un papel importante en el desarrollo de ideas y en la búsqueda de un futuro mejor para el mundo.

Las mujeres han logrado hazañas monumentales en los campos de la tecnología, la política, el bienestar humano y, lo que es más importante, la educación.

Las educadoras en todo el mundo han enseñado a miles e influenciado a millones.

Cualquier educador que se toma en serio su trabajo y que pone corazón en lo que hace, es un agente de cambio. Tú lo eres o lo vas a ser.

 

Para darte un chute extra de motivación y como pequeño homenaje, hoy queremos hablarte de 7 educadoras famosas. Quizás las conozcas a todas o no, pero seguro que pueden ser una fuente de inspiración como lo son para nosotros.

 

¿Quieres conocerlas?

 

7 mujeres inspiradoras que promovieron el cambio:

Savitribai Phule:
Fue una reformadora social,educadora y poeta india. De hecho, es considerada  la primera maestra de la India. En un país donde las mujeres todavía no se ven a la par con los hombres, el papel de Savitribai como maestra en una escuela de una aldea en Pune, apenas un año después de la independencia, fue notable. Se dice que cuando Savitribai iba a la escuela, la gente solía arrojarle estiércol de vaca, piedras y verduras y huevos podridos. Aun así, luchando contra todo pronóstico, su marido y ella fundaron la primera escuela para niñas y abrieron otras cinco escuelas, teniendo un papel importante en la mejora de los derechos de las mujeres en la India durante el gobierno británico. Además, trabajó para abolir la discriminación y el trato injusto de las personas por su casta y género. Impresionante, ¿verdad?

 

Maria Montessori:

Ella fue la mujer que comenzó la cultura de la guardería. Nacida en 1870, María Montessori dedicó su vida a la educación. Hoy en día nos puede parecer que la mayoría de sus ideas son evidentes y lógicas pero, en su momento, fueron innovaciones radicales que levantaron controversias entre los sectores más conservadores. Propagó la idea de que los niños deberían ser capaces de moldear su futuro a su manera y defendió el juego como principal actividad a través de la cual el niño lleva su vida durante sus primeros años.. Esto se denominó Método Montessori y todavía es seguido por alrededor de 30,000 escuelas en todo el mundo.

 

 

Emma Willard:
Emma fue una activista estadounidense que luchó por los derechos de las mujeres y dedicó su vida a la educación. Proviniendo de una familia humilde y sin tener los recursos, con solo 20 años, se convirtió en maestra. Fundó la primera escuela de educación superior para mujeres, el Seminario de Mujeres de Troy en Nueva York, que pasó a llamarse Escuela Emma Willard en 1895 en su honor.  Emma también se ganaba la vida con la escritura, escribiendo varios libros de texto a lo largo de su vida, incluyendo libros de historia y geografía. Una mujer todoterreno en pleno siglo XIX.

 

 

Mary Mcleod Bethune:

Mary fue una educadora estadounidense, estadista, filántropa, activista humanitaria y de los derechos civiles. Sus dos padres eran esclavos antes de que ella naciera, por lo tanto, no tenían dinero para permitir que la pequeña Mary fuera a la escuela. Sin embargo, Mary consiguió una beca y estudió para convertirse en maestra. Mary fue, sobre todo, conocida por fundar una escuela privada para estudiantes afroamericanos en Florida, gracias a a las donaciones de tiempo y dinero que obtuvo. También fue nombrada asesora nacional del presidente Franklin D. Roosevelt como parte de lo que se conoció como su Gabinete Negro. Fue conocida como “La primera dama de la lucha” debido a su compromiso de obtener mejores vidas para los afroamericanos. ¿Sabías que el nombre de Bethune es sinónimo de lucha y logro?

 

Helen Keller:

Helen Keller fue una escritora, oradora y activista política sordociega de EEUU. Nacida con una incapacidad visual y auditiva, Helen Keller estudió con su mentora personal Anne Sullivan y aprendió sobre el mundo a través del conocimiento: invisible, sin adulterar. Entre otros muchos méritos, recaudó dinero para la Fundación Americana para Ciegos y promovió el sufragio femenino, los derechos de los trabajadores, el socialismo y otras causas. Ella fue mentora de cientos de personas y aún hoy en día, continúa inspirando a millones en todo el mundo.

 

 

Clara Barton:

La educación formal puede ayudar a una persona a entender el mundo de una mejor manera, pero en una situación en la que el mundo está en peligro, las habilidades son útiles. Clara Barton es la mujer que estableció la Cruz Roja Americana en un momento en que las mujeres apenas se veían trabajando fuera de la casa. Clare, que era enfermera, asesoró a toda una generación sobre la necesidad de poseer los conocimientos médicos básicos y el sentido de enfermería.

 

 

Mary Ward:
En el año era 1609, una hermana católica inglesa pensó en establecer una escuela para niñas que fuera diferente de los conventos que existían en esos momentos. Las escuelas de niñas de entonces eran muy restrictivas. Esos institutos no permitían que las niñas salieran de las instalaciones del instituto, se vieron obligados a asistir al coro, usar uniformes prescritos, etc. Mary se separó de esto. Ella construyó las Hermanas de Loreto, con una visión del trabajo de la mujer en la iglesia en igualdad con los hombres. Hoy en día tiene centros en todo el mundo incluso ahora.

 

 

¿Conocías a estas mujeres? ¿Qué te han parecido sus historias?

Ellas son un claro ejemplo que no hay nada imposible. Con ganas, pasión y mucho esfuerzo tú también puedes llegar dónde quieras. ¿Lo sabes?

 

Sí aún no terminas de creértelo, empieza a interiorizar este mantra: Si yo quiero, puedo. 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

6 consejos para relajarte ante un momento de máximo estrés.

Hay momentos de máximo estrés en que estás a un paso de explotar. Te sientes enfadada con el mundo, cansada, estresada y con unas inmensas ganas de gritar a la primera persona que te diga cualquier cosa. ¿Te suena? ¿Te ha pasado alguna vez?

 

Es totalmente normal. Todos, incluso las personas más tranquilas y calmadas, experimentamos esta sensación alguna vez.

 

Pero en momentos álgidos de nuestra vida en que tenemos muchas cosas entre manos y en mente y apenas descansamos o paramos, como cuando estás en medio de unas opos, es aún más común.

 

Sentirse así no es nada agradable, ni a nivel psicológico ni a nivel físico. Nuestro cuerpo, a parte de estar en tensión, puede reaccionar de muchas formas distintas. Pero es que, además, nos puede llevar a tomar decisiones equivocadas y a pagarlo con quién no debemos.

 

Por eso hoy te traemos algunos consejitos fáciles, rápidos y útiles para minimizar al máximo este sentimiento y disfrutar un poquito más (o como mínimo volver a la calma).

 

6 consejos para los momentos de máximo estrés

 

1.    Dale movimiento a tu cuerpo.

Una forma estupenda para reducir el estrés y dejar ir todas la ansiedad y la presión es moverse. Sal a correr, haz boxeo, bici, crossfit, ves al gimnasio o simplemente sal a andar. Cuando llevas a cabo cualquier actividad física, tu cuerpo libera endorfinas y estas actúan como calmante natural para tu sistema nervioso. Sin contar con que te distraerá de tus preocupaciones, de las opos y de tus ganas de ladrar al primero que pase por delante.

Cuando termines de hacer deporte habrá disminuído tu tensión nerviosa y la negatividad, además, te invadirá una sensación de paz y bienestar.

 

2.     Visualiza, my friend

Pensar en algo agradable puede ayudarte a dejar de lado estas sensaciones negativas y relajarte. Piensa en una imagen mental que te haga sentir paz y felicidad. Es lo que podríamos llamar imágen guiada; cierra los ojos e intenta pensar en un lugar seguro que represente calma para ti. Puede ser una playa, un bosque, tu casa o algún lugar al que fueras de pequeña y te encantara.  Por ejemplo, si te encanta la playa y el mar, puedes imaginarte en una playa paradisíaca, un cielo azul, el agua turquesa, el sol calentándote la piel, solo con el sonido del mar de fondo. Recrea esta imagen con todo detalle posible (sonidos, colores, olores, etc) y con las sensaciones que te invadirían en ese lugar.

Cada vez que te sientas estresada recurre a esta imagen y a todo lo que te evoca, profundiza lo máximo que puedas. Al principio cuesta un poco focalizarse, pero con tiempo y práctica, mano de santo.

 

 

3.    Dale al play

Dicen que la música amansa a las fieras y extrapolándolo al tema que nos concierne, también puede ayudar a relajarte. Crea una lista con música alegre que te motive, te anime y te de un subidón de energía. Si tienes spotify ya hay listas hechas con muy buen rollito. Por ejemplo la de Hits Alegres, Happy Beats o Positive Vibes. Cuando estés en un punto álgido de estrés, para, ponte esa playlist, siéntate y céntrate en la música. Siéntela.

Y ya para relajarte al 100% y quitártelo todo de encima, canta y baila como si no hubiera mañana, verás como liberas estrés.

 

4.    Aire fresco

Deja lo que estés haciendo y sal a tomar el aire. Cambiar de ambiente te va a ayudar de salir un poco de tu espiral o bucle, y más si puedes hacerlo al aire libre. Pasea, observa tu alrededor, siéntate en algún rincón que te guste o túmbate 10 minutos a mirar el cielo.

Regresarás más relajada,  inspirada y creativa.

 

 

5.    Respirar profundamente

Te hemos hablado de esta técnica y de cómo hacerlo alguna vez, pero es que la respiración profunda contribuye a reducir el estrés y proporcionar oxígeno a tu cerebro para ayudar a concentrarte. En este punto nos encontramos un problema principal: el primero es que la mayoría de personas no saben cómo respirar profundamente, con lo cual terminan respirando de forma superficial y esto puede llevar a la hiperventilación.

Te recordamos cómo hacerlo: pon tu mano sobre el estómago y respira profundamente. Fíjate en que el estómago y el pecho se levantan. Céntrate en algún aspecto de la respiración: cómo entra el aire a través de tus fosas nasales, cómo se expanden los pulmones, etc. Aguanta el aire durante unos segundos y exhala por la boca. Ahora toca hacer varias repeticiones.

Debemos advertirte que, al principio, cuesta un poco y puede ser que te ponga nerviosa, pero con la práctica irás mejorando la técnica y cada vez será más fácil hacerlo.

 

6.    Saca la escritora que llevas dentro

Escribir es una técnica terapéutica en sí misma. Te ayudará a desahogarte, vaciar tu mente y entender cómo y por qué te sientes de esta forma. Además te puede permitir verlos desde otro prisma. No pensamos igual para hablar que para escribir y, en este último caso solemos organizar la información mucho mejor. Cuando estés etresada, coge papel y lápiz y exprésalo. Intenta buscar dentro de ti qué es lo que te ha llevado a esta situación de estrés y qué pensamientos son los que te están oprimiendo. Intenta darles la vuelta. Muchas veces son pre-ocupaciones que aún no han sucedido y que. quizás no llegarán a suceder, sin embargo tu mente se avanza. Reflexiona si lo que estás pensando es real y reemplaza ese pensamiento por uno alternativo.

 

 

Estos son solo alguno de los consejos, pero hay miles más, como por ejemplo, llamar a alguna amiga/o para que te tranquilice o meditar.

De todas formas, si ves que tus niveles de ansiedad y estrés son elevados y están afectando a tu vida diaria, no dudes en acudir a un psicólogo de confianza que te de técnicas y estrategias más específicas para ti. Pedir ayuda siempre es de valientes.

 

Y si lo que realmente te estresa son las opos y cómo gestionar el estudio, no dudes en acudir a nosotros que para eso estamos.

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Feliz Navidad Opositora

Llega Navidad y…

Y es momento de tomarse un break.

Estos días, si tienes la suerte de tener vacaciones, son un fantástico momento para adelantar estudio y dedicarle todas las horas que no puedes durante la semana.

 

Por un lado, queremos animarte a aprovechar estas horas libres para avanzar temario y para acercarte un poquito más a tu objetivo. Llegar a los objetivos que te habías planteado o bien ir más allá.

 

Pero por otro lado.. queremos pedirte que disfrutes.

 

¿Sabes? Estas Navidades son irrepetibles. Por mucho que te juntes de nuevo el próximo año, con las mismas personas durante la cena de Nochebuena, por ejemplo, no va a ser igual. Aunque lo intentárais reproducir.

Cada instante es único.

 

Pero además, los momentos son efímeros y tal como vienen, se van. No sabes qué va a pasar durante este año y dónde ni cuándo estarás en 365 días. Por mucho que lo intuyas no tienes ninguna certeza, por lo tanto, vive el momento.

No dejes que pasen los trenes, no te permitas no disfrutar del tiempo que tienes, porque es un regalo.

 

Independientemente del significado que tenga para ti la Navidad, suele ser sinónimo de reunirse y reencontrarse con los tuyos. Con las personas a las que aprecias y quieres, las que te acompañan en tu día a día, las que te hacen la vida un poquito más fácil. Y esta es la verdadera magia, ¿no?

 

Evidentemente que esto se puede hacer durante todo el año, pero parece ser que nos gustan las tradiciones y reunirnos por estas fechas, abrazándonos muy fuerte y recordando con nostalgia a los que no están en la mesa. ¿Vas a perdértelo?

 

No dejes escapar este momento. No permitas que nada (ni nadie) te lo quite.

Haz que sea especial y eso no quiere decir que sea exuberante o con grandes galas, presentes o festines, para nada.

Lo especial y lo verdaderamente valioso es regalar tu tiempo y regalar tu cariño. Y también empápate del de los tuyos.

 

 

Deja por un día, dos  o tres, las opos, el estudio, las preocupaciones y los miedos a un lado, y céntrate en las personas que tienes delante.

En escuchar cómo están, cómo se sienten, qué sueños les quedan por cumplir y en reíros juntos que, al final, son las anécdotas con las que te quedas.

 

Comparte con ellos tu tiempo porque es lo más preciado que puedes dar.

 

De pequeños nos dedicábamos a hacer listas gigantes con todas aquellas cosas que nos gustaban; coches teledirigidos, muñecas increíbles, playmobils con todos los detalles y accesorios, game boys con los juegos de moda, máquinas para hacer helados, gominolas e incluso experimentos y otros muchos tantos juegos y juguetes que anunciaban por la tele. En general pedíamos cosas materiales con las que poder jugar y divertirnos. (y cuando nos traían un pijama no entendíamos por qué).

 

Pero cuando te haces mayor te das cuenta que las cosas materiales no lo son todo. Que tener lo último en tecnología, un reloj bonito, un coche fabuloso o ir a la última moda, no sirve de nada si no hay nadie que te abrace, te escuche y esté a tu lado.

Con el tiempo aprendes que el tiempo es, verdaderamente y aunque suene a tópico, lo mejor que tenemos y lo mejor que podemos dar.

 

Por eso queremos pedirte que lo des y te lo des. Que te hagas ese regalo a ti misma y lo disfrutes como una enana.

 

Que retengas cada instante bonito en tu memoria y hagas un álbum en tu cabeza con los recuerdos de estas Navidades. No se trata de hacer fotos con el móvil para compartirlas por instagram, se trata de hacer fotos mentales para retenerlas y recordar esos momentos cuando vengan días malos o cuando los eches de menos.

 

¿Estás lista?

 

Disfruta de estas Navidades.

 

Desde FormArte te deseamos unas muy felices fiestas llenas de instantes preciosos y de felicidad.

 

 

 

 

 

 

 

Las dudas te están quitando la oportunidad de alcanzar tu sueño

Quizás tienes dudas sobre si empezar a opositar.

 

Tú quieres ser maestra, te apasiona la enseñanza y crees que es aquello que te hará realmente feliz. Esto lo sabes.

Es tu sueño.

 

Pero cuando piensas en opositar, que es un camino muy largo y que no sabes si lo conseguirás, te entra vértigo. Te paraliza y te invade una sensación de desesperanza que te echa para atrás.

No quizás mejor no oposito, tengo que hacer otras cosas, aún no es el momento.

¿Cuántas veces no ha sido el momento?

 

“Pero es que tengo que mejorar mi inglés y me estoy mirando un postgrado de inteligencia emocional y hay un par de cursillos que me interesan.”

 

¿Te contamos un secreto? Siempre habrá algo más que hacer, siempre encontrarás un motivo para no empezar.

Siempre encontrarás UNA EXCUSA.

 

Todos los seres humanos tenemos cierta tendencia a justificar aquellas acciones que nos dan miedo o que tienen que ser cambiadas con alguna excusa que nos haga sentir mejor. La originalidad de la excusa depende de cada uno y nuestro cerebro es una máquina de lo más creativa cuando se trata de inventarse excusas. ¿Sabes lo peor? Que nos las creemos.

 

Pospones el momento de empezar a opositar una vez tras otra. ¿Por qué?

Porque enfrentar la incomodidad que implica empezar a opositar es difícil.

¿Por qué es incómodo? Porque la recompensa, que nadie te asegura, es a largo plazo, porque sabes que el camino es largo y duro, y porque la incertidumbre que acompaña a una oposición jode, frustra e incluso duele.

Por eso te das excusas bastante racionales y te convences a ti misma que no es el mejor momento para hacerlo.

Además, el cerebro humano es tan perezoso cuando se trata de incorporar un nuevo hábito o empezar en una nueva situación, que intentará engañarte sea como sea con la idea de posponerlo.

 

El cerebro prefiere no empezar una actividad para evitar dejarla incompleta. Dentro de la naturaleza humana está el hecho de terminar todo lo que empezamos (excepto los álbumes de cromos cuando éramos pequeñas que era casi misión imposible) y si no está terminado, experimentamos una sensación de frustración o cierto leve grado de dolor. Dejar inconclusa una actividad nos genera culpa y decepción y cuando esto sucede, el cerebro se lo apunta para tenerlo en cuenta en el futuro.

Es por esto, precisamente, que prefiere no empezar nada nuevo. el cerebro recuerda que existe la probabilidad de dejarla incompleta y prefiere ahorrarse las sensaciones negativas que implica. Te da un miedo terrible empezar a opositar, ver que no puedes conseguirlo y dejarlo.

 

Pero eh!!!!!!!!!!! ¡Sucede lo mismo al inrevés! Cuando terminas una tarea, acción, llámale X con éxito, tu cerebro guarda esa información como positiva y esto te impulsa a empezar nuevos proyectos.

 

¿Te imaginas cómo te sentirás cuando consigas una plaza?

 

Las excusas lo que hacen es darte una explicación relativamente lógica y provisional de porque mejor no empezar con las opos. Como tienes un motivo “de suficiente peso”, descartas la opción y te dices a ti misma que es la decisión correcta

 

¿Y por qué te pones excusas para empezar a opositar? Porque tienes MIEDO. Ya te hablamos del miedo hace un tiempo.

Miedo a no hacerlo bien.

Miedo a fracasar

Miedo a no poder con ello

Miedo a lo desconocido

Miedo a no terminar con éxito

Y podemos seguir.

 

Posponerlo es el camino fácil. No hay consecuencias negativas inmediatas, en estos momentos, nada malo va a pasar. Es muy sencillo permanecer en tu zona de confort y ahorrarte el trabajo y la incertidumbre que supone opositar.

¿Nunca te has planteado por qué le llamamos zona de confort? Es un poco tonto si te lo planteas, hablamos de ello como algo negativo, pero el confort es positivo, ¿no? Estás bien cuando sientes confort, solo que es un bien de esos en que sabes que podrías estar mil veces mejor. Y cuando piensas que podrías estar mejor es que algo dentro de ti no termina de encajar.

 

Uno de los grandes problemas es que la recompensa es aún inalcanzable y seguirá siéndolo durante mucho tiempo. Nos gustan las cosas inmediatas y cuesta ir a por algo que sabes que tardará en llegar. Lo ves lejos y… desistes antes de empezar.

 

Pero amiga, el mundo está hecho para los valientes. Y tú lo eres. Tienes todo lo que necesitas para opositar y sacarte la plaza. Está dentro de ti; eres tú. Tienes la fuerza, la constancia y la capacidad de hacerlo. Es tu maldita cabeza la que te paraliza y te hace creer que no vas a poder.

Lo que no sepas, lo aprenderás por el camino, pero la base ya está en ti.

 

Si reconoces ese miedo, felicidades. Este es el primer paso para enfrentarlo y ganarle la batalla.

 

¿El segundo paso? Recordarte lo fuerte, capaz y valiente que eres.

 

Después ya te pones a mirar qué necesitas para opositar, cómo empezar, si quieres hacerlo por libre, en una academia, con preparador…

 

Pero en este barco, no estás sola. Recuérdalo.

 

“Es solo tu forma de pensar lo que decide si tendrás éxito o fracasarás.”

Henry Ford

FormArte, el arte de formar.

 

Por qué debes planificarte el estudio de las opos de magisterio desde YA.

 

Probablemente cuando estabas en bachillerato te bastaba con estudiar un día o dos antes; memorizabas un tema, lo vomitabas al día siguiente y aprobabas con bastante facilidad.

Como universitaria quizás te coincidían varios exámenes en una misma semana. En ese momento había que programar un poquito cómo organizarse para que no hubiera interferencias, pero nada del otro mundo. Con suerte, si te encontraste ya con el plan Bolonia, ya habías tenido exámenes parciales que eliminaban parte del temario.

 

Ahora eres opositora y las reglas del juego han cambiado.

Ya no hay exámenes parciales que te quiten materia y te permitan dedicarte a preparar otro. Aquí no basta con conocer todos los temas, hay que asimilarlos y procurar que no se olviden de un día para otro (objetivo que puedes conseguir con la técnica del repaso). Además, tienes que relacionar los distintos temas entre sí, de forma que los aprendizajes sean significativos.

 

Para conseguir llegar a las oposiciones bien preparado ya no vale eso de vivir al límite, sobre la marcha y estudiar cuando se puede o apetece. De este modo, los resultados serán más bien pobres.

 

Ahora necesitas una planificación. 

 

Es importante que tengas cierto control para saber si estás cumpliendo con los objetivos establecidos o necesitas readaptarlos para cumplir el plan a largo plazo. Y eso lo vas a saber con una planificación meticulosa.

 

¿Qué ventajas tiene una planificación?

 

Si preparas las opos siguiendo un plan determinado que puedas readaptar, según tus necesidades y según vayas cumpliendo los objetivos que te has marcado, te aportará muchos beneficios. ¿Quieres saber cuáles?

 

Fortalece la creación de hábitos de estudio y de trabajo individual.

Ya te comentamos que si estudias de forma regular, a las mismas horas y en el mismo lugar, cuando llegue la hora de ponerse manos a la obra, ya estarás habituada y te sentirás mucho más predispuesta a hacerlo. Por el contrario, si estudias unos días, otros no y no tienes un horario fijado, cada vez que quieras ponerte a estudiar te resultará más fácil vaguear o decir: “ya me pongo mañana, total por un día…”. Y así no vamos a ninguna parte.

 

Es un control de lo más eficaz para prepararte las opos.

Si, desde un principio, has establecido la cantidad de temas que tienes que redactar, estudiar y repasar en un periodo determinado (un mes, por ejemplo), cuando termine podrás comprobar si los cálculos iniciales se están cumpliendo o si has sido poco realista. Es una buena forma de medir tus progresos y de motivarte.

Te permites hacer una readaptación, a tiempo.

Si la experiencia confirma que no puedes estudiar tantos temas en una semana, bien sea porque eran poco realistas en general o  porque con tus horarios no es posible, puedes reajustar este planing. Una vez conoces los fallos al planificarte, puedes plantearte si debes estudiar más horas a la semana o dedicarle menos horas al repaso con tal de aproximarte a los objetivos programados.

 

Es una forma de motivarte

Ya te comentamos que la motivación es esencial. En este caso, si ves que vas cumpliendo tu planificación y estás alcanzando tus objetivos, vas a tener un chute de energía brutal. Te va a permitir mantener tus propósitos y seguir trabajando y estudiando al máximo. Y sin olvidarnos que te va a dar más confianza en ti misma y a reforzar tu autoconcepto.Y ¿sabes qué? Te acerca aún más a tu deseada plaza.

 

Racionaliza el tiempo que le dedicas al estudio y al ocio

Aunque se deban hacer sacrificios, una oposición no es sinónimo de renunciar a todos los placeres y momentos de ocio, ni a vivir como una ermitaña en tu cueva estudiando.

Hacer deporte, salir con tus amigas, familia o pareja, ir al cine, a conciertos, hacer una escapada, pasar un día fuera de excursión (introduce cualquier cosa que te guste hacer), es muy saludable, vital y te proporcionan un estado de relajación necesario.

Lo que tienes que hacer es establecer el número de horas semanales que vas a dedicarle al ocio y en qué momento es más oportuno hacerlo. Intenta, dentro de la medida de lo posible, que sean un período de descanso entre maratón y maratón de estudio.

Esta planificación del tiempo de estudio – ocio, te permite no tener que renunciar a tus momentos de diversión, pero que tu rendimiento de estudio sea el que has programado. Si respetas tus horarios, puedes tenerlo todo.

 

Ahorras tiempo y energía.

Si te planificas el estudio y el repaso, lograrás fijar mejor los conceptos en la memoria. Además si sabes hacer una buena distribución de estos, podrás hacer menos y obtener los mismos resultados que haciendo un montón más distribuidos sin ton ni son.

 

 

¿Qué te parece? ¿Te animas a hacer tu propia planificación ?

Puede darte un poco de pereza en un principio, pero te aseguramos que es una estrategia clave para mantenerte activa, cuerda y motivada. Y los resultados hablarán por sí solos.

 

Desde FormArte os ayudamos a hacer una planificación de las oposiciones, tanto a nivel online como presencial. Distribuimos el temario y las distintas partes a lo largo del curso para que puedas avanzar sin prisa pero sin pausa. Y los resultados también hablan por sí solos.

 

 

FormArte, el arte de formar