Ha llegado el momento de usar la imaginación en clase.

Pocas veces se habla de la imaginación en la educación.

Y seguramente sea porque tenemos mal entendido el concepto de imaginación. Generalmente lo asociamos con lo irracional; la imaginación es “fantasía” y “hacer creer”.

Se equipara la imaginación exclusivamente con el aprendizaje temprano. Y es un gran fallo.

Otras veces se asocia la imaginación en la educación como parte de un plan de estudios para asignaturas de arte. Otro fallo.

O directamente se considera que la imaginación es un pensamiento fantástico y ¿quién tiene tiempo para imaginación con el poco tiempo del que se dispone y las elevadas demandas curriculares?

 

Esta idea de que la imaginación está reñida con el aprendizaje académico es errónea. Y son creencias que están profundamente arraigadas.

Quizás deberíamos dedicamos a descubrir cómo involucrar la imaginación en el aprendizaje.

 

En general, nadie considera que ser imaginativo sea una cualidad inútil o una característica inútil de la mente humana, ¿verdad? De hecho, los padres quieren que sus hijos sean imaginativos y solemos admirarla en los demás.

 

No obstante, nos la dejamos en la puerta de las escuelas.

 

Vygotsky, que realizó importantes contribuciones en la psicología del desarrollo y la educación, mantenía que la imaginación es una función psicológica superior conectada con la emoción y con toda actividad intelectual.

 

Citando sus propias palabras:

“… La imaginación es tan necesaria en geometría como en poesía. Todo lo que requiere la transformación artística de la realidad, todo lo que está conectado con la interpretación y la construcción de algo nuevo, requiere la participación indispensable de la imaginación “.

 

Y, de hecho, no ha sido el único que ha hablado de la imaginación como motor de aprendizaje. Kieran Egan situaba la imaginación en el corazón de todo aprendizaje. La imaginación representa la capacidad de imaginar lo posible en todas las cosas. La imaginación es algo que podemos educar; podemos enriquecer esta capacidad en nuestros estudiantes a medida que aprenden todos los aspectos del currículo.

 

¿Por qué es tan importante aprender con la imaginación como tener conocimiento? ¿Por qué deben los profesores y los alumnos utilizar la imaginación en el aprendizaje?

 

La imaginación se considera la facultad o acción de formar nuevas ideas o conceptos de objetos externos que no están presentes en los sentidos. Por otro lado, el conocimiento se trata de hechos e información. Abarca las habilidades que adquirimos a través de la experiencia o la educación; La comprensión teórica o práctica de una asignatura.
Pero, ¿cómo se complementan en el aprendizaje?

Nuestra imaginación cambia; es orgánico y crece a medida que nuestro conocimiento crece. El conocimiento alimenta la imaginación que, a su vez, nos impulsa a un nuevo conocimiento. En última instancia, este es el ciclo de descubrimiento y aprendizaje que perseguimos en la educación.

Un estudiante imaginativo, por ejemplo, sería libre de tomar riesgos y ser un líder, y de expresar opiniones en lugar de solo respuestas correctas. De la misma manera, un maestro imaginativo también puede tomar riesgos, ser un líder y adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes.

 

Como educadoras, es importante traer la imaginación dentro del aula. Hay herramientas cognitivas particulares que usamos para dar sentido al mundo como seres imaginativos que somos. ¿Por qué no usarlas en clase para que el aprendizaje sea significativo, memorable e inspirador?

 

Y también para ayudarles  a desarrollar su propia imaginación y creatividad.

 

¿Cómo podemos hacerlo?

 

Fomentando el crecimiento y la curiosidad. Los hechos y el conocimiento son el punto de partida, pero desde ahí se puede llegar mucho más lejos. Una vez tus alumnas y alumnos conocen los hechos, ¿cómo se puede usar esa información para resolver diferentes problemas? ¿Cómo lo trasladamos a un plano más cotidiano?

No importa el qué, cuando enseñes con imaginación, debes enfocarte en una mentalidad abierta y de crecimiento. En despertarles la curiosidad y las ganas de querer saber más, de romperse el coco, de ir siempre un paso más lejos. Tu propia curiosidad puede ser contagiosa, ¿lo sabías?

 

Tampoco nos olvidemos de seguir jugando.

No dejes de jugar en clase. Prueba con juegos de palabras, acertijos, cuentos para resolver un misterio, rompecabezas de pensamiento lateral y todo lo que se te ocurra. Y si dejas que sean ellos los que se inventen los juegos, aún se involucrarán más. ¿Qué pierdes con probar? Quizás descubres un mundo nuevo lleno de posibilidades 😉

 

La imaginación inspira, pero ¿sabes que tú puedes inspirar a tus alumnos? Las ganas de aprender y la curiosidad son contagiosos y si tú eres la primera que lo siente, vas a transmitirles el gusanillo a tus estudiantes. Puedes darle la vuelta a tus clases. Por mucho que los hechos sean, en general, el punto de partida ¿Por qué no girar la tortilla y dejarlos para el final? ¿y si empezamos jugando, investigando, explorando? Cuando se pone en marcha el mecanismo de la imaginación y la curiosidad, aparecen nuevas preguntas e incógnitas. Y es en este punto donde se pueden presentar los hechos o conocimiento más reglado.

 

El “ problema” de la imaginación es que no se puede enseñar en sí misma, solo puedes enseñar cómo  desarrollarla y potenciarla. Pero no puedes imaginar por tus alumnos.

 

Ten en cuenta que el miedo suele ser un gran enemigo de la imaginación. .Por lo que no te olvides de crear un espacio donde todos tus alumnas y alumnos se sientan seguras/os para hablar, jugar, reflexionar y discutir ideas.

Aprender con imaginación es un ciclo sin fin.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Opositando en Semana Santa

Este año ha tardado en llegar, pero ya tenemos aquí al semana santa; esos días de vacaciones después del largo periodo invernal. ¡Qué lejos queda la Navidad!

 

Y por mucha Semana Santa que sea, tú sigues con las oposiciones por delante.

 

Una de las claves para aprobar las oposiciones es encararlas como si fueran un trabajo; ser constante y tener una rutina de estudio bien marcada. Pero llegan vacaciones y no sabes qué hacer. Por un lado, desaprovechar los días y perder la rutina puede afectar tus resultados, pero por otro tú también necesitas un descanso y oxigenarte.

 

Dependiendo de si trabajas o no, si tienes hijos o cómo vives la semana santa, tu rutina puede cambiar más o menos durante estos días. Los cambios de rutina o que la mayor parte de tus conocidos estén de vacaciones, no es excusa para dejar de estudiar. Sin embargo, tampoco debes obsesionarte con estudiar sin parar. No es cierto que cuanto más estudies y menos descanses, más avances, en realidad, lo único que te generará es más ansiedad y estrés.

 

Por lo tanto, nuestro consejo es que aproveches estos días para darle caña pero sin agobiarte o ponerte al límite. Encuentra el equilibrio entre el estudio y el ocio.

Tan importante es que aproveches los días festivos para avanzar todo lo posible, como para tomarte un break. Los descansos sirven para renovar energías y recargar pilas para seguir (y para divertirte y despejarte, obviamente).

 

Si quieres que realmente los momentos de descanso sean efectivos, necesitas desconectar por completo del estudio y de la oposición.

Disfruta de las procesiones de semana santa si te gustan, sal con tu familia y amigos, ves al cine, al teatro, aprovecha para ir de excursión, para hacer deporte o algún taller de algo que te apetezca. El qué es lo de menos, siempre y cuando consigas aprovechar el momento, olvidar un poquito la oposición y divertirte.

 

Como es habitual, te recomendamos planificar el estudio de esta semana. Decide qué vas a hacer cada día y márcate objetivos REALISTAS. Hacer un planning de las horas está bien pero no te estanques en medir el tiempo por horas. Mídelo por tareas concretas y objetivos. Es decir, mejor dí: hoy voy a hacer X, Y y Z, en lugar de: Hoy voy a estudiar 8 horas.

 

Respeta tu ritmo biológico y estudia cuando te sea más fácil y efectivo hacerlo, independientemente de si es de noche o de día. Eso sí, no te duermas en los laureles y ponte alarmas para recordar que es momento de empezar.

 

Si estudias en casa y durante estos días crees que no vas a poder concentrarte bien con toda la familia a tu alrededor, busca algún lugar que te  inspire a estudiar. También puedes hacerlo si crees que cambiar de aires te va a sentar bien.

Una biblioteca, una cafetería tranquila… encuentra tu lugar ¡y a darle duro!

 

Un truquito para estos días es que aproveches los primeros días para emplearte a fondo en el estudio. ¿Por qué? Porque aún tienes el chip de la rutina en marcha y te costará mucho menos ponerte a ello. Empieza fuerte y ve disminuyendo el ritmo hasta poder tomarte un par de días para ti, alejada de las opos.

Si tienes que volver a estudiar cuando todos están aún de vacaciones va a ser más duro. En cambio, cuando el lunes  debas volver a la rutina, al igual que la mayoría de la gente, será un poco más fácil. Ya sabes lo que dicen: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero consuelo, al fin y al cabo 😉

 

Esperamos que te lo tomes con calma estos días y que disfrutes de momentos para ti.

¡Feliz Semana Santa!

FormArte, el arte de formar.

¿Para qué te sirve saber comunicarte de forma eficaz?

La comunicación es esencial en cualquier campo de interacción humana. Por medio de la comunicación, ya sea oral o escrita, podemos transmitir y compartir conocimientos, conceptos, sentimientos, ideas, emociones, estados de ánimo…

Comunicarse de forma eficaz es imprescindible, simplemente por el hecho de ser seres sociales y vivir en relación con las demás personas.

 

Sin embargo, para ti es aún más importante ya que necesitarás una buena comunicación para llevar a cabo tu labor docente.

 

Enseñar tiene que ver con la comunicación: escuchar, hablar, leer, presentar y escribir. Si como maestra perfeccionas tus habilidades de comunicación, estarás preparada para instruir, asesorar y orientar a los estudiantes que tengas a tu cuidado.

Sin embargo, no solo en clase es importante saber comunicarse. También debes comunicarte bien para colaborar de forma efectiva con los demás profesores y con los padres de tus alumnas y alumnos.

 

Tal como decía Paulo Freire, educador y uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX, la comunicación y la educación son una misma cosa, es decir, no puede existir una sin la otra. Para él el proceso docente educativo es un proceso comunicativo donde el profesor y el alumno participan activamente en la solución de las tareas y en la adquisición de nuevos conocimientos. Por tanto, aprenden unos de otros durante el proceso.

 

Nos encontramos que la comunicación es el principio de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, una forma de conectar con tus alumnos.

 

La comunicación es tanto receptiva como expresiva. Debes ser experta en escuchar a tus alumnos/as y explicar las cosas claramente. Necesitas claridad de pensamiento para presentar el material. Debes ser capaz de desglosar ideas complejas en partes más simples y pasos más pequeños para transmitirlos a tus estudiantes. Debes poder adaptar tus métodos de comunicación a todos los estudiantes, independientemente de su capacidad o estilo de aprendizaje. Tienes que poder “leer” a tus estudiantes y adaptarte a las necesidades del individuo. La comunicación efectiva incluye transformar lo aburrido en interesante y tener buenas habilidades de presentación.

 

Como buena docente podrás comunicar preocupación y atención por tu tono de voz y el uso del lenguaje corporal. La comunicación es la forma de transmitir un genuino compromiso y cariño por tus alumnos. Además, ¿verdad que te preocupas por el progreso de tus alumnos? Es importante hacérselo saber en todo momento. Aprender los nombres de tus estudiantes a principios del año escolar y usar sus nombres cuando te dirijas a ellos. Conocer las esperanzas, los temores y las preferencias de tus estudiantes y comunicarles este conocimiento a ellos. Comunicar tu aprecio por lo que hacen tus estudiantes al celebrar sus éxitos y alentarlos constantemente. Esto les ayuda a sentirse reconocidos y validados.

Y todo ello se consigue mediante una buena comunicación y habilidades para llevarla a cabo.

Pero, como ya te hemos comentado al principio, no solo te comunicas profesionalmente con tus alumnos. Aquí es donde entran los padres.

Tienes que poder expresarte tanto verbalmente como por escrito, para informales del progreso de sus hijos. Poder explicarles sus fortalezas y debilidades para que los padres entiendan el mensaje y sean receptivos, en lugar de estar a la defensiva. Esto es especialmente importante cuando tienes que transmitir un mensaje difícil sobre una mala conducta de algún alumno o problemas de aprendizaje.

El mensaje debe ser comunicado de forma clara y con tacto. No todo vale. Y por eso es importante tener los recursos y las destrezas necesarias para hacerlo. Y nadie nace enseñado, tienes que desarrollarlas y reforzarlas.

Tienes que sentirte cómoda comunicándote con los padres regularmente, sea mediante llamadas telefónicas, emails, notas informativas o cara a cara. Y tener en cuenta que habrá padres que querrán comunicarse contigo de forma muy constante (por mucho que  tú creas que no es necesario).

 

Aunque una buena parte de tu función educadora se realiza en el aula sin la presencia de otros adultos, trabajas codo a codo con otros docentes y, una buena enseñanza también implica cooperar y coordinarse con los demás compañeros. Una escuela es una comunidad de aprendizaje profesional, al fin y al cabo, y se debe impulsar a que los maestros planifiquen proyectos, actividades y lecciones juntos para poder aprender unos de otros. Ser un equipo en el que se compartan  y discutan nuevas ideas y recursos con la finalidad de ponerlos en práctica. Para conseguirlo se requiere una excelente comunicación.

 

Y obviamente tener unas buenas habilidades comunicativas y ser capaz de transmitir tus ideas y cavilaciones de forma efectiva, no es solo útil en tu entorno profesional. También te va a ayudar en tu vida personal. De hecho, una buena comunicadora lo es en todos los planos de su vida.

 

Formarte, el arte de formar.

 

La motivación como clave de la educación

Motivar a tus alumnas y alumnos es un big deal, un asunto complicado, tengan la edad que tengan. Pero, la motivación es un potente motor en la educación.

Sabes de lo que te hablamos: cuando algo te motiva, le pones ganas, estás activa, te implicas, pruebas, buscas, piensas… TODO. En cambio, si te enfrentas a algo sin ganas, vas a hacerlo por cumplir pero sin poner toda la carne en el asador. Desaprovechas la oportunidad porque realmente es algo que no te mueve ni te ilusiona.

 

Tus alumnas y alumnos no iban a ser menos. Para querer aprender hay que estar motivado. Sin motivación, tu clase es solo otro bloque de tiempo que tus estudiantes tienen que sufrir.

No nos engañemos, la realidad que te encuentras en el aula muchas veces puede un poco desalentadora y motivar a los estudiantes es tarea complicada, tengan la edad que tengan.

Hay un sentimiento generalizado de desmotivación y seamos realistas: es preocupante.

Pero que adquieran esa motivación que les falta, sin ser sencillo, tampoco es imposible.Conseguir despertar el gusanillo por aprender es una de tus grandes misiones como profesora. No es fácil, pero sabemos que eres más que capaz de aceptar el reto y superarlo con creces.

 

Y te preguntarás… ¿Cuáles son los pasos para motivar?

 

Primero de todo y lo más importante. La motivación viene de amar lo que haces.

Este es el quid de la cuestión. Si no amas lo que haces, no conseguirás que las niñas y niños conecten contigo y menos que estén motivados.

Por lo tanto.. primer paso: AMA LO QUE HACES.

 

Esto se aplica a todo en la vida. Conseguir tener éxito en cualquier cosa que emprendas exige que ames hacer lo que estás haciendo. Si no sientes esa pasión y no te gusta la idea de hacerlo, déjalo antes de perder tu tiempo y el de tus alumnos.

La pasión es como una energía que se transmite de forma intrínseca. Es mucho más fácil conectar con alguien que desprende esta energía y si consigues que tus alumnos conecten ya tienes un gran trecho del camino.

 

Si la pasión es la clave, entonces divertirse es la forma de activar esa pasión.

Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y clases animadas y memorables. Además de saber reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

Pero no solo se trata de salir del método tradicional de: leemos el libro, yo os explico el tema, os pongo ejercicios, los hacéis, corregimos, os mando deberes y hasta el próximo día

Bromea en clase. Invéntate canciones para aprender algo. Habla un poco de ti. Pregunta qué hicieron durante el fin de semana e interésate por sus aficiones. Sonríe mucho. Haz un blog para crear recursos fuera de clase o para mantener a los padres informados de qué hacéis en clase. Haz que sea divertido y que tus alumnos tengan ganas de que llegue tu clase.

Evidentemente no todo se limita a divertirse. Si quieres que tengan interés y ganas, haz preguntas e invita a tus estudiantes a participar, pensar, dialogar…Fomenta la participación activa no te limites a preguntas de conocimiento, ve un poco más allá.

Plantéales problemas o situaciones de la vida cotidiana relacionadas con el tema para que debatan, analicen y se expresen.

 

Recuerdo que en primero de bachillerato una de mis asignaturas favoritas era filosofía y eso que el temario ni fu ni fa. Pero tuve un profesor que en cada clase, nos planteaba situaciones de la vida real que estuvieran relacionadas con el tema y que fueran muy susceptibles a debate.  Era súper interesante porque todos nos implicábamos dando nuestra opinión y él se las ingeniaba para rebatirnos y hacernos dudar. No solo aprendimos conceptos de filosofía sino que también aprendimos a argumentar mucho mejor, a tener más seguridad en nuestras creencias y a aceptar cuando estábamos equivocados.

 

La clave de estas preguntas era que nos provocaba para que pensáramos de forma diferente y eso despertaba nuestra curiosidad. Y la curiosidad es un componente importante de la motivación. Cuando los estudiantes quieren aprender más sobre un tema, abordan tareas desafiantes para satisfacer esa curiosidad.

 

Y de esto pasamos a otro punto vital para que exista esa motivación: que todo aprendizaje tenga un propósito y que tus estudiantes sean conscientes de cuál es. Conseguir que comprendan para qué necesitan esos conocimientos o qué utilidad tendrá en su futuro.

 

Y obviamente también debes mantener tu motivación y curiosidad y para ello, no hay nada como continuar aprendiendo. Ser docente es una profesión de aprendizaje continuo. De tus experiencias en clase, de tus alumnos pero también de técnicas y estrategias para educar de la mejor manera. Lee libros, estudios y ves a conferencias sobre enseñanza, sobre tu asignatura en particular, sobre desarrollo personal, sobre arte, sobre productividad, sobre motivación… Hay tantas áreas que pueden aplicarse en el mundo educativo… ¡que no tiene fin!

 

Aprender es algo maravilloso.

Incita a tus alumnos a querer aprender pero no dejes de hacerlo tú.

 

 

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La importancia de las Soft Skills en la docencia

Las habilidades imprescindibles para los maestros hoy en día son bastante diferentes que las de hace treinta años. Y nada tienen que ver si echamos la vista unas cuantas décadas más atrás. No significa que los profesores de antaño no tuvieran esas habilidades o que no fueran importantes, simplemente que pasaban desapercibidas y no se les daba la importancia que se merecen.

Muy lejos quedan esos tiempos en que dominar una asignatura era suficiente para ser un profesor cualificado. Hoy en día se requiere una clase diferente de maestras y maestros.

Se necesita mucho más que experiencia en un campo académico para ser una buena maestra, especialmente si quieres marcar la diferencia en tus alumnos y dejar huella.

 

El conocimiento es importante, pero las educadoras de hoy en día también tienen que poseer las llamadas soft skills, para desempeñar una labor docente efectiva.

Probablemente habrás escuchado hablar de soft skills en algún momento, pero si no tienes el concepto en mente en estos momentos, vamos a explorarlo un poco.

Las soft skills son competencias conductuales que forman parte de las denominadas competencias interpersonales entre las que se encuentran elementos como la capacidad de autonomía, liderazgo, coherencia, interés, integridad, capacidad de atención y escucha, autorregulación y proactividad. Están directamente relacionadas con la inteligencia emocional.

 

Tiene gracia, ¿no? Que se las llame SOFT SKILLS, literalmente habilidades BLANDAS. Precisamente son las soft skills las que marcan la diferencia y te dan valor como un buen docente. (y quien dice docente dice profesional. Tanto valen para educación como para cualquier otra profesión). Es muy necesario saber comunicar correctamente, saber dirigir a los alumnos de forma efectiva, ser capaz de mediar y solucionar conflictos, saber motivar y realizar una escucha activa….y todas aquellas competencias que te permiten realizar una labor mucho más consciente, coherente y equilibrada.

 

Para nosotros los mejores maestros son aquellos que son muy humanos a la vez que profesionales. Que están centrados en la materia sí, pero también en el estudiante.

¿De qué sirve que alguien tenga mucho conocimiento, en matemáticas por ejemplo, si no es capaz de estimular a sus alumnos y motivarlos a querer aprender? Probablemente un % de la clase aprenda el temario pero ¿qué sucederá con los demás? Que simplemente van a dar las matemáticas como perdidas y le van a poner una cruz. Pensarán que no sirven y que no es lo suyo. Y quizás aquí terminará su relación con ellas porque año tras año arrastrarán esta creencia.

 

Suena negativo y deprimente pero… ¿no es esto lo que pasa muchas veces con las asignaturas más difíciles de roer? Las mates tienen mala fama de por si y estamos seguros que, gran parte del problema es no haber sabido motivar a los alumnos a cogerlas con ganas y ayudarles a que crean en su potencial y capacidad.

 

Un docente cualificado tiene que poder combinar a la perfección rasgos positivos de personalidad, conocimiento del contenido y habilidad pedagógica. Es más, también tiene que ser capaz de empatizar y comprender a sus estudiantes y sus necesidades de aprendizaje.

Cuando se educa es esencial involucrarse y poder conectar con los alumnos. Y para ello hay que ser capaz de dominar las soft skills. 

¿La parte positiva? Que probablemente ya tengas muchas de estas habilidades y solo te falte potenciarlas. Hay muchas maneras de desarrollar las soft skills y no solo sirven para tu vida profesional, sino que te serán de gran ayuda en tu vida personal.

 

¿Quieres marcar la diferencia?  DESTACA EN TUS SOFT SKILLS.

 

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Cómo poner en práctica la flexibilidad

Hace unos cuantos posts te hablamos de la flexibilidad y de por qué era importante incluir esta habilidad en tu mochila.

Ser capaz de ir con el flow y tener un pensamiento flexible es necesario para hacer frente a los cambios inevitables de la vida. Te ayudará a adaptarte más fácilmente a nuevas circunstancias, retos y situaciones tal como surgen.
Vivir sin flexibilidad en tu forma de actuar y ver el mundo, te deja con una desventaja importante.

 

Evidentemente, para la mayoría de nosotros, esto es mucho más fácil de decir que de hacer, sobre todo para aquellas personas que tienden a “quedarse atrapados” en determinados pensamientos y patrones de comportamiento. Y, como seguro sabrás a través de tus experiencias, intentarlo controlar todo no funciona a largo plazo.

El poder real proviene de la flexibilidad, no de la rigidez.

Ya te contamos qué significaba ser más flexible y por qué valía la pena serlo. Pero supongo que te habrá surgido la gran duda: ¿Cómo diantres ser más flexible?

Te vamos a ayudar con algunas reflexiones al respecto peeeero antes de ponernos al lío, no olvides que la flexibilidad es una MENTALIDAD, por lo que estas prácticas que te contaremos, debes incorporarlas de forma consciente en el run run de tu mente.

 

Primero de todo algo muy evidente: no tienes el control de muchas cosas, sólo puedes ver sus resultados.

Y aquí podemos hablar tanto del tiempo, como de las decisiones que toman otras personas. Muchas situaciones que pueden hacer que te agobies y estreses, es resultado de lo que otras personas hacen o de hechos que no puedes controlar tú misma.

Depende del caso, puedes influir hasta cierto punto pero no olvides que no puedes controlar lo que hacen los demás y que tampoco sabes exactamente qué está pasando desde su perspectiva.

Cuando se trata de acciones que llevan a cabo otras personas, intenta empatizar con ellas, evitando juzgarles. No sabes qué está pasando desde su perspectiva ni porqué actúan de la forma en que lo hacen. Haz aquello que tú consideres más adecuado siempre, pero sabiendo que no tiene porque salir como esperas.

 

Y cuando se trate de hechos externos en los que ni pinchas ni cortas, simplemente acéptalos. Dale una vuelta e intenta encontrar la parte positiva o tenlo en cuenta para futuras ocasiones. De todo se puede aprender, pero una ha de querer hacerlo.

 

Muchas veces tendemos a tener una visión túnel cuando se trata de cosas que nos proponemos lograr o que queremos que vayan de una forma determinada.

Nos volvemos más tozudas que una mula.
Ser tozuda no es un defecto porque te permite llegar lejos y esforzarte al 200%. No obstante, puede irte en contra cuando no consideras otras opciones y te dejas cegar por ese objetivo/pensamiento/idea sin mirar más allá.

Si no puedes adaptarte al mundo que te rodea, caput. Si por ejemplo, un restaurante, por muy top que sea y por muchos años que lleve triunfando, si no se adapta ofreciendo platos para celíacos, vegetarianos o veganos, va a cerrarse a un sector de la población que va a la alza. No es el mejor enfoque de negocio, ¿verdad?

 

Sal de tus metas y objetivos para reflexionar detenidamente, de vez en cuando. Sopesa si vale la pena perseguir esa idea y si te está compensando. Cuando estás envuelta en algo importante puede ser muy difícil ser objetiva.

Los cambios están bien.

 

Está bien salirse de tus pautas y esquemas algunas veces.

Cambiar tus acciones, hacer algo que no entraba en tus planes e improvisar.

No constantemente y no para todo. Necesitas un plan y más opositando.

Peeeero, hacer cosas distintas, permitirte un poco de naturalidad e improvisación, te ayudará a tener más flexibilidad. (Y a sentir más emociones, ¡ya de paso!)

Según tu grado de rigidez esto será más fácil o más difícil. Las personas perfeccionistas tienden a tener más control y les cuesta mucho salirse de la rutina. Si es tu caso, intenta empezar por cosas pequeñitas. Por ejemplo cambiando algún hábito algún día.

 

Si siempre haces algo de la misma manera o a la misma hora, intenta no hacerlo alguna vez. Pongamos por ejemplo el desayuno. Cada día desayunas las mismas tostadas con tomate y queso y no hay quien consiga sacarte de ahí.

Oblígate a cambiar el menú algún día. O sal a desayunar fuera como premio por tu esfuerzo estudiando.

 

Parece una tontería, algo muy pequeño, sin embargo, para una persona muy perfeccionista y esquemática puede ser todo un hito. Además, todo empieza con un paso, ¿no?

 

Pero no todo son acciones y hábitos.

A veces parece que cambiar de opinión o de rumbo es una señal de debilidad y que para ir bien en la vida tenemos que tenerlo todo clarísimo desde el minuto 1.

Olvídate de ello.

Cambiar es positivo siempre que lo hagas a conciencia, convencida y que lo hagas por ti. Es crecer y, no olvides que las personas estamos en constante evolución.

 

Además, frecuentemente, los pensamientos y sentimientos no duran, son transitorios. Llegan, calan un poco y se van. La forma en cómo te estás sintiendo ahora no es permanente.

Por ejemplo, si los primeros días como profe te sientes nerviosa e insegura, ¡no pasa nada. es totalmente normal! Estos sentimientos no durarán siempre. Dentro de ti sabes que con el tiempo y la práctica ganarás confianza y te sentirás como pez en el agua.

Por lo tanto, no olvides que todo es pasajero y que si tus sentimientos cambian, tu opinión y tu rumbo, también pueden hacerlo. .

 Ser capaz de adaptarse a las circunstancias es clave para afrontar las oposiciones, una profesión o el día a día. Para crecer y avanzar necesitas tener la mente abierta.

 

Pero no olvides que no es algo que se aprenda de un día para otro. Requiere esfuerzo y perseverancia. Aunque a veces no seas capaz de salirte de tus esquemas, no te machaques, lo harás mejor la próxima vez. Simplemente inténtalo con todas tus fuerzas.

 

FormArte, el arte de formar.

Necesitas dormir bien para opositar.

A medida que se acerca la fecha del examen las horas de estudio, igual que los nervios, aumentan.

Probablemente estés en este punto de: oh dios mio, que esto ya está aquí..

 

Y quizás, has decidido suprimir ese día libre que te habías marcado y sacrificarlo a favor de dedicar más horas delante de los apuntes. Y puestos a sacrificar, quizás has decidido que puedes quitarte también un par de horas de sueño y forzar un poco más la máquina.

 

Es totalmente comprensible llegar a estas conclusiones y empezar a hacer cambios drásticos pero….

¡CUIDADO!

 

Descansar bien es una garantía para rendir adecuadamente. Es tan importante el tiempo de estudio como el que destinamos a descansar. Las jornadas extenuantes de estudio y trabajo, sin un descanso adecuado entre ellas o incluso en una misma jornada, no van a llevarte al éxito, más bien lo único que van a hacer es que tu rendimiento baje de forma dramática.

Dormir es imprescindible para mejorar la memoria y el aprendizaje.

¿Por qué?

Porque dormir bien te permite aprovechar al máximo del día siguiente y además que puedas consolidar lo que has hecho durante el día anterior. Si no duermes suficiente, es muy difícil aprender cosas nuevas ya que no se ha producido una limpieza de las conexiones sinápticas de tus neuronas.

Hablando en plata, tu cerebro se renueva y rejuvenece cada noche durante la fase REM del sueño. Para llegar a esta fase hay que dormir, al menos, entre hora y media – dos horas y seguir. Si no llegas a esta fase, tu cuerpo se desgastará y difícilmente serás capaz de concentrarte.

 

Por lo tanto, ¡NADA DE SALTARSE A LA BRAVA EL MOMENTO DE DESCANSO!

 

Sin embargo, quizás a estas alturas, los nervios empiecen a hacer mella en ti y eso afecte a tu descanso por mucho que no quieras.

¿Repasamos algunos tips para dormir mejor y poder afrontar las jornadas de estudio con energía?

 

Mantenerse sincronizada con el ciclo natural de sueño – vigila de tu cuerpo.

Sincronizarse con el ciclo natural o ritmo circadiano es una de las estrategias más importantes para dormir mejor. Si mantienes un horario regular de sueño – vigilia , te sentirás más renovada.
Intenta ir a dormir y levantarte a la misma hora todos los días. Ves a la cama cuando estés cansada por mucho que te apetezca ver un capítulo más.

 

Controla la exposición a la luz.

La melatonina es una hormona natural controlada por la exposición a la luz que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. Tu cerebro segrega más melatonina cuando es oscuro facilitando el sueño y menos cuando hay luz, facilitando el estado de alerta. No obstante, hay muchos aspectos de tu vida que pueden alterar esta producción natural de melatonina  y cambiar el ritmo circadiano.

Es importante que durante el día te expongas a la luz, ya sea estando un ratito al sol o estudiando con luz natural. En cambio, por la noche evita pantallas luminosas un par de horas antes de acostarte, duerme totalmente a oscuras y, si te levantas por la noche, evita encender todas las luces.

 

Muévete.

Las personas que suelen hacer deporte o ejercicio regularmente duermen mejor por la noche y se sienten menos cansados durante el día. El ejercicio regular también mejora los síntomas de insomnio y apnea del sueño. Además, hay investigaciones que han demostrado que aumenta el tiempo de la fase REM del sueño.

Como más intenso sea el ejercicio, mejor será el sueño pero aún así, hacer ejercicio ligero como caminar 15 minutos al día también mejora su calidad.

¡Eso sí! El ejercicio mejor por la mañana o tarde y no antes de acostarte. Si sólo puedes hacerlo al final del día, intenta que sean ejercicios más relajantes o de bajo impacto como el yoga.

 

Como siempre, la alimentación es importante.

Los hábitos alimenticios durante el día tienen un papel importante en la forma de dormir y descansar, sobre todo antes de ir a la cama. No te diremos nada que no sepas pero, mejor darle un repaso. Solo por si acaso.

  • Si hay dos estimulantes que debemos limitar son: la cafeína y la nicotina.
  • Evita las cenas muy copiosas y ricas en ultraprocesados e intenta cenar dos horas antes de irte a dormir para hacer una buena digestión.
  • Evita el alcohol y beber mucho líquido por la noche (si te tienes que levantar 20 veces durante la noche, descansar bien va a ser misión imposible).

 

Mejora tu entorno

Una rutina pacífica antes de decir a dormir, envía a tu cerebro la señal de que ha llegado el momento de cerrar el chiringuito. Además de algunos consejos prácticos para facilitar el descanso:

  • Mantener tu habitación fresca, a oscuras y sin ruido (dentro de lo posible). Si es necesario puedes usar antifaces o tapones para los oídos.
  • Evita, a toda costa, trabajar, ver la televisión, usar el ordenador o comer en la cama.
  • Cama cómoda.

 

Pa fuera lo malo.

El estrés y la preocupación no son muy amigos del sueño, por no decir directamente que son dos de sus grandes enemigos. Y en estos momentos, es normal que esté ahí dando por saco. Lo mejor que puedes hacer es buscar formas de gestionarlo. Ya sea usando técnicas de relajación, poniendo en marcha estrategias para afrontar las cosas de forma positiva o meditando.

 

FormArte, el arte de formar.

 

A todos aquellos que creen que ser profesora es facilísimo

Probablemente, cuando has dicho que eras profesora, habrás escuchado alguna vez el típico comentario de: ¡Qué bien vivís los profes!

Para la gran mayoría de la población ser profesora viene a ser un trabajo fácil que consigues estudiando una carrera en la que te dedicas a pintar y hacer manualidades y que te da más vacaciones que nadie. “Te lo has montado bien”, te dicen.

 

Si preguntas a la mayoría de la población cómo debe ser la vida de profesora, probablemente te dirán que viene a ser algo así:

 

  • Tenemos más vacaciones que nadie. Dos semanas por Navidad, una enterita por semana santa, muchos puentes durante el año y tres meses de vacaciones en verano. (mientras ellos disponen solo de máximo 25 días al año).
  • Horario de 8h a 17h, lo que nos permite apuntarnos a todas las actividades que queremos, poder pasar tiempo con nuestros hijos y descansar por las tardes. Vamos que tenemos muchas horas libres durante el día.
  • Excursiones cada dos por tres, es decir, días en que no tienes que trabajar y te lo pasas de lo lindo charlando con otros profes mientras las alumnas y los alumnos, hacen actividades y juegan entre ellos.
  • Dos horas para comer y relajarse. Y si vives cerca aún tienes tiempo de irte a casa, comer y echarte una siestecilla.
  • Poner exámenes mientras lees un libro y luego corregirlos. Nada, súper sencillo.

 

Claro, esto es lo que ven todos aquellos que no han dedicado un segundo a preguntarnos cómo es realmente nuestro día a día y cuánto nos ha costado llegar hasta dónde estamos.

Como en la teoría del Iceberg, solo ven un 20% de tu trabajo y encima lo ven desde la postura Mr. Wonderful.

 

Debajo de todas estas creencias idílicas y fantásticas que ellos suponen, hay un 80% más.  En él se esconden lágrimas, esfuerzo, noches enteras de trabajo y muchas horas extra que nadie ve.

Cómo es la vida de profesora EN REALIDAD:

 

De 8h a 17h es cuando hay clases lectivas y los estudiantes están en el cole. Nadie ha dicho que trabajemos solo estas horas. Existe una preparación previa, una búsqueda incesante de actividades distintas, una formación continua para actualizarse, y obviamente, una evaluación que se debe hacer de cada alumno que tenemos. ¿Sabes cuánto puede durar una reunión de evaluación y cuánto se puede debatir a final de curso por si un estudiante debería repetir o no?

Y corregir trabajos y exámenes no es solo poner tics o cruces.

Tenemos a nuestro cargo a muchas niñas y niños a los que tenemos que controlar, comprender y enseñar y no solo acerca de matemáticas o lengua, sino que hay muchas habilidades y aspectos a los que se tienen que hacer frente en clase.

No tenemos solo una clase con treinta alumnas/os, tenemos varias. Y cada uno tiene sus propias necesidades que, en la medida de lo posible, es importante conocer y tener en cuenta. Tienes que aprender a marchas forzadas un poco sobre todo. El título de graduada en educación infantil o primaria no viene con nociones básicas sobre enfermedades y trastornos, por ejemplo. Pero si tienes a un alumno/a con diabetes tienes que saber cómo gestionarlo para no tener ningún susto y asegurar que estará bien.

Y no es solo esto; cuando un niño sufre una pérdida o le sucede cualquier cosa, hay que afrontarlo y gestionarlo también. No podemos hacer oídos sordos a lo que les pasa fuera del cole. Hay que tener 80 pares de ojos para detectar si algo no marcha como debería, no solo en el aula, sino también fuera de ella.

 

Y créeme, no es tan fácil. A veces, asusta y te pone el corazón en un puño cuando te das cuenta que alguno/a lo está pasando mal.

 

Pero hay más. Cada alumna/o tiene sus padres y también tenemos que tratar con ellos, sus expectativas, preocupaciones e incluso miedos. Intentar que comprendan que estáis yendo todos a una, no siempre es sencillo.

 

Y hay un seguido de extras que nadie tiene en cuenta, claro. ¿Quién te piensas que vigila los patios y el comedor? ¿Que ayuda al alumno que se cae y se hace una herida, se marea y desmaya o vomita? ¿Y se los lleva de excursión o de colonias asumiendo la responsabilidad que esto conlleva?

En estos momentos toca hacer de profes, de padres y madres y de enfermeras si es necesario. Todo en uno.

 

Y no te creas, podría seguir durante un buen rato.

 

Pero no nos olvidemos de lo que estás haciendo tú. Del camino que tienes que hacer si quieres una plaza pública. De todo el esfuerzo, horas de estudio, sacrificios, fuerza de voluntad y días jodidos que tienes que afrontar.

Si pudieran ponerse en tu piel, otro gallo cantaría.

 

Las cosas no son como parecen siempre, generalmente hay todo un mundo escondido bajo una impresión. Como la teoría del Iceberg, solo atendemos aquello que percibimos a simple vista pero hay toda una parte de la información que no conocemos.

El mundo ve un 20% de nuestro trabajo pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

 

Ser profesora no es pan comido. Ser profesora implica muchas cosas que pasan desapercibidas pero que tienen mucho más peso que lo que se ve.

 

FormArte, el arte de formar.

Educación inclusiva

 

La educación inclusiva tiene que implicar la plena inclusión de TODOS los niños. Es decir, que TODOS LOS NIÑOS/AS SE INCLUYEN EN TODOS LOS SENTIDOS; NO SOLO EN LA TEORÍA. No hay niños segregados.

Los soportes para la inclusión deben incluirse en prácticas cotidianas. ¿Qué debería significar eso? Que todos y cada uno de los niños sean apoyados para participar en todos los aspectos del aprendizaje. Que existan adaptaciones de materiales y planes de estudio, sí, pero que no implique que un alumno/a deba realizar el 50% de su educación en un rincón solo.

 

En un artículo sobre la inclusión, ponían un ejemplo muy claro sobre cómo se puede llevar a cabo de forma satisfactoria.

En una escuela, un niño con síndrome de Down aprendía la lengua de signos para complementarla con la lengua hablada, que usaba para comunicarse con el resto de clase. Sus profesores decidieron llevar a cabo un taller de signos de palabras clave con el resto de los alumnos, para que cada semana aprendieran nuevos signos.

Esto creó la oportunidad para él de compartir sus conocimientos y además, reforzar no solo su aprendizaje, sino también su comunicación.

 

Esto es realmente INCLUSIÓN.

Que todos los estudiantes puedan participar en las experiencias del aula con el resto de alumnas/os, pero con los soportes y adaptaciones necesarias. Tanto para ellos como para sus compañeros.

No ignorar las diferencias individuales, sino aceptarlas, quererlas y valorarlas como la clave de que cada persona sea única i especial. El objetivo jamás tiene que ser que un niño/a sea “normal” (¿qué diablos es normalidad?), sino que todos puedan crecer y aprender juntos.

 

Que se separe al niño con discapacidad o problemas de aprendizaje, dándole clase a él solo con un ayudante o soporte, no es inclusión. ¿No sería más bien exclusión? No está participando en la clase realmente, no está viviendo el día a día con sus compañeros, se limita a estar un reducido % con ellos, hecho que promueve la separación y que sus compañeros lo vean como alguien diferente al resto.

 

Abracemos la diferencia, sí, pero de todos. Que no hay dos personas iguales, que tú y yo somos distintos, pero esas diferencias individuales no tienen que frenarnos.

Uno de los grandes handicaps es que se confunden los términos. Se usa inclusión como sinónimo de integración y… ¡ERROR!

Aunque pueda parecer que tienen objetivos aparentemente iguales, la integración es un paso hacia la inclusión pero no es la última parada del camino.

 

La integración se centra el los alumnos con necesidades educativas especiales, en normalizar su vida habilitando distintos soportes, recursos y profesionales. La inclusión, en cambio, se dirige a TODAS/OS LAS/OS ALUMNAS/OS, teniendo como objetivo mejorar la calidad educativa en su conjunto y para todos.

 

La integración propone la adaptación curricular como medida de superación de las diferencias de los alumnos especiales. La inclusión propone un currículum inclusivo, común para todos los alumnos en el que, implícitamente, vayan incorporadas estas adaptaciones. No es que cada alumno aprenda cosas distintas, sino que aprendan lo mismo pero de distinta forma.

La integración presupone que existe una separación o segregación de unos pocos y que estos deben adaptarse al sistema existente. La inclusión presupone que todos somos distintos y que hay un único sistema para todos, pero que es el sistema el que se adapta a la diversidad.

 

Resumiendo, el gran error es creer que la inclusión se centra en solo unos cuantos estudiantes y no en todos. Este malentendido conduce, al fin y al cabo, a la exclusión, sea del tipo que sea. Tanto si está separado en una aula, unidad o colegio a parte, como si se le separa durante la mayor parte del día.

 

La inclusión de niños con discapacidad o trastornos educativos NO disminuye el estándar educativo del resto de la clase. Totalmente al contrario, aporta muchos beneficios, incluyendo el desarrollo social y de comunicación, la empatía, comprensión positiva, etc. Es un plus para todos los alumnos compartir su día a día y su aprendizaje. ¿No nos damos cuenta?

 

Luchemos por una educación inclusiva en que se de apoyo a CADA niño en la pertenencia, la participación y el acceso a la oportunidades, siendo reconocido y valorado por la contribución que aporta.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

Descubre cómo mejorar el trabajo en grupo de tus alumnos

Los trabajos en grupo son una forma estupenda de trabajar en el aula, pero hay ocasiones en que pueden suponer un verdadero drama.

Ponte en situación: preparas una clase súper interesante y amena que estás convencida que a tus alumnos les encantará. ¿Lo mejor de todo? ¡Podrán trabajar en grupos! ¡Aún más divertido!

Todo parece perfecto hasta que:

  • En un grupo hay una persona que no está haciendo su parte y trabaja menos (por no decir que no hace nada).
  • En otro grupo hay un estudiante que lo hace absolutamente todo y los demás solo miran.
  • Los alumnos más introspectivos apenas participan por miedo o vergüenza.

Al final terminas la clase un poco frustrada porque no ha ido cómo tu esperabas o cómo te gustaría.

Si bien saber trabajar en grupo es una habilidad imprescindible para la vida en general, puede ser complicado de poner en práctica cuando se trata de niñas y niños cuyas habilidades y actitudes varían enormemente.

Sus grandes problemas parecen ser claros: uno o dos de los estudiantes hacen la mayor parte del trabajo, las alumnas/os más introvertidos pueden encontrar más dificultades y a veces calificar al grupo no es justo para los individuos.

 

Pero una cierta cantidad de trabajo en grupo es beneficioso ya que favorece la creatividad y el aprendizaje, genera relaciones positivas además de mejorar las relaciones sociales e interpersonales, aumenta su interés y permite crear una sinergia con las distintas destrezas y fortalezas individuales.

 

Así que el objetivo es tratar de solucionar los problemas comunes que presentan los trabajos en grupo y que tus alumnos aprendan a trabajar con otros compañeros. Si esto no se aprende desde el cole, se puede ir arrastrando durante años.

Probablemente cuando ibas a la universidad y tenías que hacer trabajos en grupo, hubo veces en que terminaste harta porque había ciertos sujetos que no tenían claro cómo funcionaba eso de trabajar con otras personas codo con codo.

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Deja claro qué esperas:

Para empezar, puede ser muy útil dejarles claro a tus alumnos cómo debe ser una dinámica de trabajo en equipo, establecer unas pautas. Cuáles son los objetivos del proyecto en sí, pero también por qué trabajan en equipo, cómo trabajar entre ellos, qué esperas de cada uno y de los grupos, etc. Si desde principio de curso has trabajado en la cohesión de grupo y en la importancia de la cooperación, ya tienes gran parte del trabajo hecho.

 

Hacer los grupos:

Organizar los grupos puede ser misión imposible.

Primero de todo, ¿de qué tamaño formarlos? Un tamaño adecuado puede ayudar a establecer la dinámica de trabajo correcta. Por lo general, los grupos más pequeños son mejores porque los estudiantes no pueden esconderse y dejar que el trabajo lo completen otros. De esta forma lograremos un trabajo fluido y evitaremos problemas de organización.

Se recomiendan grupos de entre 3 y 5 participantes, en función del tipo de trabajo y la edad de tus estudiantes.

Después está el tema más complicado, ¿cómo hacer los grupos en sí? Este punto depende de muchos factores. Lo ideal es crear grupos equilibrados en que haya estudiantes de distintos niveles, visiones y formas de trabajar, así podrán aprovechar el potencial de todos. Puedes pedirles sus preferencias para tenerlas en cuenta al formar los grupos. Con la práctica te convertirás en una crack al hacer los grupos y será mucho más fácil.

 

 

Asegurarse de que todos participan

Seguro que alguna vez has te ha tocado un grupo en que la mitad no hacían nada, has tenido que currar más de la cuenta para hacerlo y encima todos os habéis llevado la misma nota.

La participación desigual es quizás la queja más común sobre el trabajo en grupo. La buena noticia es que hay prácticas que puedes usar para promover una participación igualitaria. Esto implica establecer expectativas claras para el trabajo en grupo, aumentar la responsabilidad entre los participantes y fomentar una dinámica de trabajo en grupo productivo.

Una buena práctica consiste en asignar a cada estudiante del grupo un rol único para que todos tengan que trabajar en grupo para que el proyecto sea un éxito Si hay que hacer un bizcocho, se reparten los ingredientes a llevar y uno se deja el suyo, no habrá bizcocho. Ser el único responsable de una parte del trabajo les da a los estudiantes la responsabilidad sobre el resultado final del trabajo.

El tipo de proyecto es el que determinará los roles, sin embargo no todos los roles son útiles. Estos deben ser significativos e interdependientes. Por ejemplo, guardar los materiales del grupo puede no ser un buen rol dado que no involucra al estudiante activamente.

 

Pídeles feedback:

Al final de un trabajo en grupo, puede ser muy interesante pedirles a tus alumnos una breve reflexión sobre cómo ha ido. Algunas preguntas que puedes hacerles son:

¿Qué fue fácil del trabajo?
¿Qué fue un reto?
¿Qué puntuación le darías a cada miembro del grupo y por qué?

Evidentemente lo mejor es mantener sus reflexiones de forma confidencial pero teniendo en cuenta sus palabras. Escuchar la opinión de tus estudiantes te dará información extra de cómo ha funcionado cada grupo y podrás tenerla en cuenta en el futuro.

 

 

Obviamente, es fundamental asegurarse de que un proyecto sea desafiante y convincente. Una tarea rica es un problema que tiene múltiples vías para llegar a la solución y que una sola persona tendría dificultades para resolver por sí sola. Lo importante es que todos participen, por lo tanto tendremos que buscar proyectos que les motiven y les den ganas de trabajar en él.

 

Hay mil posibilidades para llevar a cabo trabajos en grupo. Un poco de aire fresco, no trabajar solo siempre es emocionante y puedes conseguir una mayor involucración y más ganas de aprender. Además, como ya te hemos dicho, saber cooperar es una habilidad imprescindible que si se adquiere desde pequeños aporta muchas facilidades.

 

 

FormArte, el arte de formar