Opositora, estás a un paso de conseguirlo.

Después de tantos meses, ya estamos en la recta final.

Ha llegado el momento de dar el último empujón. De meterle las últimas ganas.

 

Lo sabemos; no puedes más, estás cansada y todos estos meses ya pesan. Han sido muchas horas, días y semanas estudiando, trabajando y luchando por seguir adelante.

Por mantenerte a flote.

Meses sacando la fuerza y la motivación de vete tú a saber dónde.

Y a estas alturas a mediados de mayo estás solo a un paso de enfrentarte a las temidas pruebas de oposiciones.

 

Quizás ya empiezas a sentir los nervios, la presión y el estrés te está acechando. Es normal sentir ansiedad antes de las pruebas, pero no dejes que esto te paralice.

Recuerda que llevas meses preparándote, avanzando pasito a pasito.

Tranquila. Saldrá bien.

 

No te centres en lo que no has hecho o en todo lo que podrías haber gestionado de otra manera. ¿Te va a ayudar en algo?

No. En estos momentos, absolutamente en nada.

Sigue con el plan establecido y mantén tu motivación al pie del cañón. Has trabajado duro, de forma constante, te has esforzado una barbaridad y eres totalmente capaz de conseguirlo. Cree en ti y en tus posibilidades. Si no lo haces tú, ¿quién lo va a hacer?

Una vez hayan pasado ya tendrás tiempo a reflexionar y hacer un balance, pero no te adelantes.

 

El futuro es tuyo. Sí, lucha. Te está esperando el aprobado y hay una plaza que lleva tu nombre. ¿La visualizas? ¿No? Pues hazlo. Piensa en ese futuro que esperas con tanta ilusión y ganas. Recuerda cuál es tu sueño; quieres ser maestra y crear un impacto, un cambio en las futuras generaciones. Hacerlo con la seguridad que será tu trabajo para siempre y que lo disfrutarás desde el primer minuto al último.

A estas alturas, tienes que creer en ello. Deja tus dudas, tus miedos y tus “y si…” de lado porque ahora ya no vale la pena centrarse en ellos.

 

Si te focalizas en el miedo, solo vas a generar malestar, te sentirás hundida y ¿cómo vas a afrontar las pruebas?

El miedo es totalmente normal. No hay opositor que no lo sienta, durante todo el camino y especialmente ante las pruebas. Pero, en estos momentos, es un sentimiento que te resta, por lo tanto….

Nada. Fuera. Deja de lado tus temores, el pesimismo y la negatividad. No te anticipes porque no sabes lo que va a suceder.

Concentra toda tu energía en hacer el último sprint y acuéstate cada noche con la certeza que aprobarás y que estás más cerca de tu objetivo.

 

Muchos ánimos y mucha fuerza

Recuerda que todo lo que estás invirtiendo tendrá recompensa.

 

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Consejos para involucrar a los padres en la educación

Todos tenemos claro que el aprendizaje de un niño o adolescente no termina en el aula, ¿verdad?

Sin embargo, la mayoría de padres no tienen muy claro cómo apoyar el desarrollo intelectual de sus pequeños retoños.
Algunos, por querer hacerlo demasiado bien, están demasiado encima de ellas/os, lo que puede sofocar su creatividad y desarrollo personal.
En cambio otros, les dejan vagar libremente y apenas siguen su progreso exceptuando la revisión de notas a final de trimestre.

No obstante, hay una verdad unánime: las niñas y niños son más exitosos en el cole cuando los padres participan. Y aún hay más; tú, como profesora, también sales ganando si los padres se interesan.

 

¿Por qué? Porque si los padres están involucrados, promueven un comportamiento positivo en el aula, se aseguran de que sus hijas/os hagan los deberes, les ayudan a organizarse y les refuerzan positivamente. Laboralmente, tu satisfacción y autopercepción aumenta cuando hay una sinergia entre padres y profesores.

¿Cuál es tu desafío en este caso? Ayudarles a comprender cómo pueden ayudar a sus hijos en el aprendizaje sin ahogarles o cortarles las alas.

 

Hoy te contamos dos consejos para involucrar a las madres y padres en la educación de las niñas/os.

 

1. Crear un entorno de estudio positivo

 

Quizás los padres se sienten muy perdidos y no saben cómo encontrar una dinámica o equilibrio que funcione para su hija/o. Cada persona es un mundo. Tú puedes proporcionarles información e ideas sobre cómo ayudar a sus hijos/as a mejorar con las asignaturas, tareas y otras actividades curriculares.

Detállales como pueden participar, establece un guión lo más claro posible de hasta qué punto deben ayudar y, si es necesario, podéis crear de forma conjunta una rutina de estudio. Eso sí, déjales claro hasta qué punto deben ayudarles. Estar demasiado encima suyo puede ser contraproducente.

Incluso puedes ir un paso hacia adelante y sugerir otras actividades de enriquecimiento. Por ejemplo, fomentar la lectura en casa creando una lista de lectura personalizada basada en la personalidad, intereses y el nivel del niño/a en cuestión. O quizás proponerles obras de teatro, exposiciones de museo o experimentos científicos que pueden ser del interés de tu alumno. Sea como sea, intenta personalizarlo lo máximo posible. No solo contribuyes con el aprendizaje del pequeño, sino que los padres también agradecerán tu implicación.

 

2. La comunicación es clave

 

Es fundamental construir un puente y mantener una política de puertas abiertas para que los padres puedan entender lo que estás intentando lograr. Solo así podrán complementar tus esfuerzos dentro del aula.

 

Se trata de establecer una relación de igualdad y crear una atmósfera cómoda dónde la prioridad y el centro de toda comunicación sea el estudiante. Intenta ser concisa y evitar tecnicismos o una jerga que ellos no entiendan.

Por mucho que un estudiante tenga resultados negativos, no centres toda la comunicación en los aspectos limitantes, comparte también las buenas noticias.

 

Puedes preguntar a las familias a principio de curso sobre sus preferencias de comunicación. Frecuencia deseada y medio de comunicación. Eso sí, pon límites si es necesario. Habrá padres que querrán un seguimiento más constante y otros lo preferirán más espaciado. Ajústalo en función de los requisitos y demandas del alumno también.

 

Si te gusta escribir, otro proyecto interesante para que los padres estén en contacto contigo y para saber qué hacen sus alumnos es crear un blog dónde compartas las actividades que se llevan a cabo en el aula, qué estáis trabajando, excursiones… así como proponer actividades que pueden hacer en casa o explicar qué tareas y objetivos tienes.

Aquí te proponemos un blog pero hay mil opciones. Seguro que encuentras algo que te guste y que sirva como canal de comunicación.

Pero no todo termina aquí. Puedes invitar a los padres a hablar de sus trabajos o habilidades según qué materia estéis dando en clase y así incluirlos en el aula y que tengan la opción de participar.

 

Hay muchísimas formas de establecer una buena relación con los padres y conseguir que ellos participen y se involucren en la educación de los alumnos/as. Todo es empezar y probar qué funciona mejor y con qué te sientes más cómoda.

 

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3 maneras de ayudar a tus estudiantes a mejorar sus habilidades de ciudadanía digital

Ya te hablamos de la importancia de ayudar a tus alumnas y alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes.

De la misma forma que los estudiantes deben aprender a ser buenos ciudadanos dentro de la comunidad, también tienen que saber cómo comportarse y ser una parte positiva de la comunidad digital. Internet es un espacio donde también hay unas normas.

 

La ciudadanía digital es una responsabilidad importante que todos deben comprender, ya que abarca tantos aspectos del comportamiento y las acciones como lo hace la interacción física. Se puede enfocar desde muchos puntos de vista diferentes y mediante una gran variedad de dinámicas, pero hoy te daremos algunos consejos acerca de cómo tratar el tema.

 

 

1. Incorporar la ciudadanía digital dentro de las lecciones diarias:

 

La mejor forma de garantizar que los niños y niñas entienden qué significa ser un ciudadano digital y qué conlleva, es incorporar el tema en el día a día. Si se trata a diario, se convierte en una segunda naturaleza, independientemente de la edad que tengan. No es que sea algo que requiera mucho tiempo o esfuerzo extra, dado que probablemente trabajéis con la tecnología a diario.

 

Por ejemplo, si tus estudiantes hacen presentaciones, puede ser un buen momento de sacar a colación el tema de los derechos de autor y los derechos intelectuales.  Puedes hablar con ellos de plagio y de la importancia de citar las fuentes. Preguntarles cómo se sentirían si alguien se atribuyera su trabajo sin su consentimiento después de pasarse muchas horas haciéndolo.

Otro ejemplo: Para trabajar la importancia de ser respetuosos y cuidadosos, tus alumnos pueden crear perfiles sociales de las personas que están estudiando en historia. Además de ayudarles a pensar sobre los personajes desde otro punto de vista, se puede tratar la importancia de ser precavido y consecuente con lo que se comparte y cómo se hace.

 

Seguro que con lo creativa que eres se te ocurren mil ideas más! Puedes compartirlas con nosotros en comentarios y así nos ayudamos unos a otros 😉

 

 

2. Busca y encuentra recursos para fomentar la ciudadanía digital

 

Hay muchísimos proyectos y recursos interesantes, cuyo objetivo es el de fomentar una ciudadanía digital responsable desde una propuesta educativa.

 

Por ejemplo:

 

Algunos están orientados a niños, en forma de juegos, para que aprendan sobre el tema y otros van dirigidos a educadores y padres para consultar y formarse. Todos estos recursos te pueden ayudar tanto a nivel formativo para aprender más sobre el tema, como a desarrollar dinámicas y actividades para tus alumnos.

Precisamente uno de los puntos fuertes de la era digital es que tenemos acceso a muchísima información que, bien usada, pueden ser herramientas educativas fantásticas.

3. Enfoca los temas en función de la edad de tus alumnos.

No te olvides de considerar el grupo de edad de tus estudiantes. Cada rango de edad requerirá de un enfoque y nivel de complejidad distinto. Tienes que mantener los objetivos y expectativas apropiadas para la edad con la que estás trabajando.

En estudiantes más pequeños te puedes centrar en temas como la seguridad al usar Internet. Cuando son algo mayores se pueden introducir temas como el acoso cibernético, cómo tratar a los demás en el terreno digital y cómo actuar ante determinados casos.

Cuando ya son mayores y tienen una edad en que ya están usando redes sociales, puede ser el momento idóneo para tratar el tema de las redes sociales, la huella digital que se deja, etc.

 

 

Como profesora, puedes comenzar a instruir a tus alumnas y alumnos sobre cómo ser cuidadosos y respetuosos para que puedan disfrutar de todas las increíbles posibilidades de la era digital.

Por lo tanto, te corresponde hacer de la ciudadanía digital una parte de nuestro plan de estudios. Solo así podremos crear un futuro digital del que nos sentiremos orgullosos.

 

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Por qué enseñar a nuestros alumnos a ser ciudadanos digitales conscientes

¿Recuerdas esa época en que buscabas las definiciones de las palabras en el diccionario? ¿cuándo tenías que coger una enciclopedia para hablar sobre algún concepto? ¿cuándo la biblioteca era el mejor lugar para encontrar libros para hacer un trabajo?

O bien, ¿ cuándo tenías que alquilar o comprar un vhs para ver una película? ¿cuándo tenías que descargarte la música y hacer CD’s en casa porque los discmans eran la última revolución?

 

Es posible que recuerdes esa época con cariño, pero, hoy en día podemos decir que tus estudiantes ni recuerdan ni pueden imaginar la mayoría de estas situaciones.

 

Los estudiantes de hoy en día (y los futuros que vas a tener) no sólo han crecido en el mundo digital, sino que directamente nacieron en él. Esto crea una brecha generacional muy real, ¿verdad?

Nosotras, estamos al día en la red digital, claro,  pero también recordamos cómo era el mundo sin Internet y tenemos más en mente y somos más conscientes de los riesgos de Internet.

Algunas de estas ideas serán totalmente nuevas para tus estudiantes, lo que representa una oportunidad para desarrollar un pensamiento más consciente de lo que significa ser ciudadanos digitales.

¿Qué significa ser un ciudadano digital?

 

Tal como define wikipedia: “Un ciudadano digital tiene derecho al acceso a las Tecnologías de Información y Comunicación (TIC) y a su apropiación, al desarrollo de habilidades digitales, al acceso a la información en línea de forma segura, transparente y privada, así como a la participación a través de medios tecnológicos.”

 

Internet es la mejor herramienta jamás inventada para conectar a cada uno de nosotros con una comunidad verdaderamente global y para hacer que lo global sea local. Piensa en todos los cambios que ha adoptado tu vida desde que Internet ha pasado a formar parte de tu vida. Ha revolucionado la forma de conectar, comprar, entretenerse, aprender y acceder a una cantidad impresionante de servicios, bienes y oportunidades.

 

Como sabrás, los beneficios para el logro educativo y la equidad son inmensos, pero como educadoras también tenemos la tarea de enseñar a nuestros estudiantes qué significa ser un ciudadano digital responsable y qué riesgos existen. 

La pregunta a responder sería: ¿Cómo podemos todos ser miembros productivos y destacados del mundo digital?

 

Tratar este tema, como todo, tiene sus desafíos.

Aunque puedes haber crecido de la mano del mundo digital y eres millennial, tu infancia probablemente fue muy distinta a la de tus estudiantes (tecnológicamente hablando, claro). Comprender el día a día y la realidad de tus estudiantes, cerrando la brecha generacional es importante.

Como también lo es que los temas de ciudadanía digital sean reales y relevantes para ellos. Puede haber mil conceptos y perspectivas que jamás han considerado.

¿Qué significa realmente que algo que digas con 15 años en internet quede para siempre registrado? ¿Qué implicaciones negativas tiene el acceso a cualquier contenido gratuito? ¿Y a la libertad para crear lo que uno quiera? ¿y si quién crea contenido no tiene intención de ser sincero o no se rige por la moralidad?

 

Estas cuestiones, pueden ser evidentes y lógicas para nosotras. Hemos crecido con las reticencias iniciales de Internet y siendo adultas, tenemos unas creencias y valores claros, pero… ¿y las niñas y niños?

 

Es importante ser conscientes de las consecuencias de nuestra conducta en la red. Tú como educadora, el mismo centro escolar y las familias, tenemos que acompañar en este proceso, sensibilizar y enseñar a moverse por el entorno digital de forma segura, tolerante y consciente.

 

¿De qué formas crees que podemos llevar a cabo esta tarea?

 

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Ha llegado el momento de usar la imaginación en clase.

Pocas veces se habla de la imaginación en la educación.

Y seguramente sea porque tenemos mal entendido el concepto de imaginación. Generalmente lo asociamos con lo irracional; la imaginación es “fantasía” y “hacer creer”.

Se equipara la imaginación exclusivamente con el aprendizaje temprano. Y es un gran fallo.

Otras veces se asocia la imaginación en la educación como parte de un plan de estudios para asignaturas de arte. Otro fallo.

O directamente se considera que la imaginación es un pensamiento fantástico y ¿quién tiene tiempo para imaginación con el poco tiempo del que se dispone y las elevadas demandas curriculares?

 

Esta idea de que la imaginación está reñida con el aprendizaje académico es errónea. Y son creencias que están profundamente arraigadas.

Quizás deberíamos dedicamos a descubrir cómo involucrar la imaginación en el aprendizaje.

 

En general, nadie considera que ser imaginativo sea una cualidad inútil o una característica inútil de la mente humana, ¿verdad? De hecho, los padres quieren que sus hijos sean imaginativos y solemos admirarla en los demás.

 

No obstante, nos la dejamos en la puerta de las escuelas.

 

Vygotsky, que realizó importantes contribuciones en la psicología del desarrollo y la educación, mantenía que la imaginación es una función psicológica superior conectada con la emoción y con toda actividad intelectual.

 

Citando sus propias palabras:

“… La imaginación es tan necesaria en geometría como en poesía. Todo lo que requiere la transformación artística de la realidad, todo lo que está conectado con la interpretación y la construcción de algo nuevo, requiere la participación indispensable de la imaginación “.

 

Y, de hecho, no ha sido el único que ha hablado de la imaginación como motor de aprendizaje. Kieran Egan situaba la imaginación en el corazón de todo aprendizaje. La imaginación representa la capacidad de imaginar lo posible en todas las cosas. La imaginación es algo que podemos educar; podemos enriquecer esta capacidad en nuestros estudiantes a medida que aprenden todos los aspectos del currículo.

 

¿Por qué es tan importante aprender con la imaginación como tener conocimiento? ¿Por qué deben los profesores y los alumnos utilizar la imaginación en el aprendizaje?

 

La imaginación se considera la facultad o acción de formar nuevas ideas o conceptos de objetos externos que no están presentes en los sentidos. Por otro lado, el conocimiento se trata de hechos e información. Abarca las habilidades que adquirimos a través de la experiencia o la educación; La comprensión teórica o práctica de una asignatura.
Pero, ¿cómo se complementan en el aprendizaje?

Nuestra imaginación cambia; es orgánico y crece a medida que nuestro conocimiento crece. El conocimiento alimenta la imaginación que, a su vez, nos impulsa a un nuevo conocimiento. En última instancia, este es el ciclo de descubrimiento y aprendizaje que perseguimos en la educación.

Un estudiante imaginativo, por ejemplo, sería libre de tomar riesgos y ser un líder, y de expresar opiniones en lugar de solo respuestas correctas. De la misma manera, un maestro imaginativo también puede tomar riesgos, ser un líder y adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes.

 

Como educadoras, es importante traer la imaginación dentro del aula. Hay herramientas cognitivas particulares que usamos para dar sentido al mundo como seres imaginativos que somos. ¿Por qué no usarlas en clase para que el aprendizaje sea significativo, memorable e inspirador?

 

Y también para ayudarles  a desarrollar su propia imaginación y creatividad.

 

¿Cómo podemos hacerlo?

 

Fomentando el crecimiento y la curiosidad. Los hechos y el conocimiento son el punto de partida, pero desde ahí se puede llegar mucho más lejos. Una vez tus alumnas y alumnos conocen los hechos, ¿cómo se puede usar esa información para resolver diferentes problemas? ¿Cómo lo trasladamos a un plano más cotidiano?

No importa el qué, cuando enseñes con imaginación, debes enfocarte en una mentalidad abierta y de crecimiento. En despertarles la curiosidad y las ganas de querer saber más, de romperse el coco, de ir siempre un paso más lejos. Tu propia curiosidad puede ser contagiosa, ¿lo sabías?

 

Tampoco nos olvidemos de seguir jugando.

No dejes de jugar en clase. Prueba con juegos de palabras, acertijos, cuentos para resolver un misterio, rompecabezas de pensamiento lateral y todo lo que se te ocurra. Y si dejas que sean ellos los que se inventen los juegos, aún se involucrarán más. ¿Qué pierdes con probar? Quizás descubres un mundo nuevo lleno de posibilidades 😉

 

La imaginación inspira, pero ¿sabes que tú puedes inspirar a tus alumnos? Las ganas de aprender y la curiosidad son contagiosos y si tú eres la primera que lo siente, vas a transmitirles el gusanillo a tus estudiantes. Puedes darle la vuelta a tus clases. Por mucho que los hechos sean, en general, el punto de partida ¿Por qué no girar la tortilla y dejarlos para el final? ¿y si empezamos jugando, investigando, explorando? Cuando se pone en marcha el mecanismo de la imaginación y la curiosidad, aparecen nuevas preguntas e incógnitas. Y es en este punto donde se pueden presentar los hechos o conocimiento más reglado.

 

El “ problema” de la imaginación es que no se puede enseñar en sí misma, solo puedes enseñar cómo  desarrollarla y potenciarla. Pero no puedes imaginar por tus alumnos.

 

Ten en cuenta que el miedo suele ser un gran enemigo de la imaginación. .Por lo que no te olvides de crear un espacio donde todos tus alumnas y alumnos se sientan seguras/os para hablar, jugar, reflexionar y discutir ideas.

Aprender con imaginación es un ciclo sin fin.

 

 

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¿Para qué te sirve saber comunicarte de forma eficaz?

La comunicación es esencial en cualquier campo de interacción humana. Por medio de la comunicación, ya sea oral o escrita, podemos transmitir y compartir conocimientos, conceptos, sentimientos, ideas, emociones, estados de ánimo…

Comunicarse de forma eficaz es imprescindible, simplemente por el hecho de ser seres sociales y vivir en relación con las demás personas.

 

Sin embargo, para ti es aún más importante ya que necesitarás una buena comunicación para llevar a cabo tu labor docente.

 

Enseñar tiene que ver con la comunicación: escuchar, hablar, leer, presentar y escribir. Si como maestra perfeccionas tus habilidades de comunicación, estarás preparada para instruir, asesorar y orientar a los estudiantes que tengas a tu cuidado.

Sin embargo, no solo en clase es importante saber comunicarse. También debes comunicarte bien para colaborar de forma efectiva con los demás profesores y con los padres de tus alumnas y alumnos.

 

Tal como decía Paulo Freire, educador y uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX, la comunicación y la educación son una misma cosa, es decir, no puede existir una sin la otra. Para él el proceso docente educativo es un proceso comunicativo donde el profesor y el alumno participan activamente en la solución de las tareas y en la adquisición de nuevos conocimientos. Por tanto, aprenden unos de otros durante el proceso.

 

Nos encontramos que la comunicación es el principio de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, una forma de conectar con tus alumnos.

 

La comunicación es tanto receptiva como expresiva. Debes ser experta en escuchar a tus alumnos/as y explicar las cosas claramente. Necesitas claridad de pensamiento para presentar el material. Debes ser capaz de desglosar ideas complejas en partes más simples y pasos más pequeños para transmitirlos a tus estudiantes. Debes poder adaptar tus métodos de comunicación a todos los estudiantes, independientemente de su capacidad o estilo de aprendizaje. Tienes que poder “leer” a tus estudiantes y adaptarte a las necesidades del individuo. La comunicación efectiva incluye transformar lo aburrido en interesante y tener buenas habilidades de presentación.

 

Como buena docente podrás comunicar preocupación y atención por tu tono de voz y el uso del lenguaje corporal. La comunicación es la forma de transmitir un genuino compromiso y cariño por tus alumnos. Además, ¿verdad que te preocupas por el progreso de tus alumnos? Es importante hacérselo saber en todo momento. Aprender los nombres de tus estudiantes a principios del año escolar y usar sus nombres cuando te dirijas a ellos. Conocer las esperanzas, los temores y las preferencias de tus estudiantes y comunicarles este conocimiento a ellos. Comunicar tu aprecio por lo que hacen tus estudiantes al celebrar sus éxitos y alentarlos constantemente. Esto les ayuda a sentirse reconocidos y validados.

Y todo ello se consigue mediante una buena comunicación y habilidades para llevarla a cabo.

Pero, como ya te hemos comentado al principio, no solo te comunicas profesionalmente con tus alumnos. Aquí es donde entran los padres.

Tienes que poder expresarte tanto verbalmente como por escrito, para informales del progreso de sus hijos. Poder explicarles sus fortalezas y debilidades para que los padres entiendan el mensaje y sean receptivos, en lugar de estar a la defensiva. Esto es especialmente importante cuando tienes que transmitir un mensaje difícil sobre una mala conducta de algún alumno o problemas de aprendizaje.

El mensaje debe ser comunicado de forma clara y con tacto. No todo vale. Y por eso es importante tener los recursos y las destrezas necesarias para hacerlo. Y nadie nace enseñado, tienes que desarrollarlas y reforzarlas.

Tienes que sentirte cómoda comunicándote con los padres regularmente, sea mediante llamadas telefónicas, emails, notas informativas o cara a cara. Y tener en cuenta que habrá padres que querrán comunicarse contigo de forma muy constante (por mucho que  tú creas que no es necesario).

 

Aunque una buena parte de tu función educadora se realiza en el aula sin la presencia de otros adultos, trabajas codo a codo con otros docentes y, una buena enseñanza también implica cooperar y coordinarse con los demás compañeros. Una escuela es una comunidad de aprendizaje profesional, al fin y al cabo, y se debe impulsar a que los maestros planifiquen proyectos, actividades y lecciones juntos para poder aprender unos de otros. Ser un equipo en el que se compartan  y discutan nuevas ideas y recursos con la finalidad de ponerlos en práctica. Para conseguirlo se requiere una excelente comunicación.

 

Y obviamente tener unas buenas habilidades comunicativas y ser capaz de transmitir tus ideas y cavilaciones de forma efectiva, no es solo útil en tu entorno profesional. También te va a ayudar en tu vida personal. De hecho, una buena comunicadora lo es en todos los planos de su vida.

 

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La motivación como clave de la educación

Motivar a tus alumnas y alumnos es un big deal, un asunto complicado, tengan la edad que tengan. Pero, la motivación es un potente motor en la educación.

Sabes de lo que te hablamos: cuando algo te motiva, le pones ganas, estás activa, te implicas, pruebas, buscas, piensas… TODO. En cambio, si te enfrentas a algo sin ganas, vas a hacerlo por cumplir pero sin poner toda la carne en el asador. Desaprovechas la oportunidad porque realmente es algo que no te mueve ni te ilusiona.

 

Tus alumnas y alumnos no iban a ser menos. Para querer aprender hay que estar motivado. Sin motivación, tu clase es solo otro bloque de tiempo que tus estudiantes tienen que sufrir.

No nos engañemos, la realidad que te encuentras en el aula muchas veces puede un poco desalentadora y motivar a los estudiantes es tarea complicada, tengan la edad que tengan.

Hay un sentimiento generalizado de desmotivación y seamos realistas: es preocupante.

Pero que adquieran esa motivación que les falta, sin ser sencillo, tampoco es imposible.Conseguir despertar el gusanillo por aprender es una de tus grandes misiones como profesora. No es fácil, pero sabemos que eres más que capaz de aceptar el reto y superarlo con creces.

 

Y te preguntarás… ¿Cuáles son los pasos para motivar?

 

Primero de todo y lo más importante. La motivación viene de amar lo que haces.

Este es el quid de la cuestión. Si no amas lo que haces, no conseguirás que las niñas y niños conecten contigo y menos que estén motivados.

Por lo tanto.. primer paso: AMA LO QUE HACES.

 

Esto se aplica a todo en la vida. Conseguir tener éxito en cualquier cosa que emprendas exige que ames hacer lo que estás haciendo. Si no sientes esa pasión y no te gusta la idea de hacerlo, déjalo antes de perder tu tiempo y el de tus alumnos.

La pasión es como una energía que se transmite de forma intrínseca. Es mucho más fácil conectar con alguien que desprende esta energía y si consigues que tus alumnos conecten ya tienes un gran trecho del camino.

 

Si la pasión es la clave, entonces divertirse es la forma de activar esa pasión.

Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y clases animadas y memorables. Además de saber reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

Pero no solo se trata de salir del método tradicional de: leemos el libro, yo os explico el tema, os pongo ejercicios, los hacéis, corregimos, os mando deberes y hasta el próximo día

Bromea en clase. Invéntate canciones para aprender algo. Habla un poco de ti. Pregunta qué hicieron durante el fin de semana e interésate por sus aficiones. Sonríe mucho. Haz un blog para crear recursos fuera de clase o para mantener a los padres informados de qué hacéis en clase. Haz que sea divertido y que tus alumnos tengan ganas de que llegue tu clase.

Evidentemente no todo se limita a divertirse. Si quieres que tengan interés y ganas, haz preguntas e invita a tus estudiantes a participar, pensar, dialogar…Fomenta la participación activa no te limites a preguntas de conocimiento, ve un poco más allá.

Plantéales problemas o situaciones de la vida cotidiana relacionadas con el tema para que debatan, analicen y se expresen.

 

Recuerdo que en primero de bachillerato una de mis asignaturas favoritas era filosofía y eso que el temario ni fu ni fa. Pero tuve un profesor que en cada clase, nos planteaba situaciones de la vida real que estuvieran relacionadas con el tema y que fueran muy susceptibles a debate.  Era súper interesante porque todos nos implicábamos dando nuestra opinión y él se las ingeniaba para rebatirnos y hacernos dudar. No solo aprendimos conceptos de filosofía sino que también aprendimos a argumentar mucho mejor, a tener más seguridad en nuestras creencias y a aceptar cuando estábamos equivocados.

 

La clave de estas preguntas era que nos provocaba para que pensáramos de forma diferente y eso despertaba nuestra curiosidad. Y la curiosidad es un componente importante de la motivación. Cuando los estudiantes quieren aprender más sobre un tema, abordan tareas desafiantes para satisfacer esa curiosidad.

 

Y de esto pasamos a otro punto vital para que exista esa motivación: que todo aprendizaje tenga un propósito y que tus estudiantes sean conscientes de cuál es. Conseguir que comprendan para qué necesitan esos conocimientos o qué utilidad tendrá en su futuro.

 

Y obviamente también debes mantener tu motivación y curiosidad y para ello, no hay nada como continuar aprendiendo. Ser docente es una profesión de aprendizaje continuo. De tus experiencias en clase, de tus alumnos pero también de técnicas y estrategias para educar de la mejor manera. Lee libros, estudios y ves a conferencias sobre enseñanza, sobre tu asignatura en particular, sobre desarrollo personal, sobre arte, sobre productividad, sobre motivación… Hay tantas áreas que pueden aplicarse en el mundo educativo… ¡que no tiene fin!

 

Aprender es algo maravilloso.

Incita a tus alumnos a querer aprender pero no dejes de hacerlo tú.

 

 

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A todos aquellos que creen que ser profesora es facilísimo

Probablemente, cuando has dicho que eras profesora, habrás escuchado alguna vez el típico comentario de: ¡Qué bien vivís los profes!

Para la gran mayoría de la población ser profesora viene a ser un trabajo fácil que consigues estudiando una carrera en la que te dedicas a pintar y hacer manualidades y que te da más vacaciones que nadie. “Te lo has montado bien”, te dicen.

 

Si preguntas a la mayoría de la población cómo debe ser la vida de profesora, probablemente te dirán que viene a ser algo así:

 

  • Tenemos más vacaciones que nadie. Dos semanas por Navidad, una enterita por semana santa, muchos puentes durante el año y tres meses de vacaciones en verano. (mientras ellos disponen solo de máximo 25 días al año).
  • Horario de 8h a 17h, lo que nos permite apuntarnos a todas las actividades que queremos, poder pasar tiempo con nuestros hijos y descansar por las tardes. Vamos que tenemos muchas horas libres durante el día.
  • Excursiones cada dos por tres, es decir, días en que no tienes que trabajar y te lo pasas de lo lindo charlando con otros profes mientras las alumnas y los alumnos, hacen actividades y juegan entre ellos.
  • Dos horas para comer y relajarse. Y si vives cerca aún tienes tiempo de irte a casa, comer y echarte una siestecilla.
  • Poner exámenes mientras lees un libro y luego corregirlos. Nada, súper sencillo.

 

Claro, esto es lo que ven todos aquellos que no han dedicado un segundo a preguntarnos cómo es realmente nuestro día a día y cuánto nos ha costado llegar hasta dónde estamos.

Como en la teoría del Iceberg, solo ven un 20% de tu trabajo y encima lo ven desde la postura Mr. Wonderful.

 

Debajo de todas estas creencias idílicas y fantásticas que ellos suponen, hay un 80% más.  En él se esconden lágrimas, esfuerzo, noches enteras de trabajo y muchas horas extra que nadie ve.

Cómo es la vida de profesora EN REALIDAD:

 

De 8h a 17h es cuando hay clases lectivas y los estudiantes están en el cole. Nadie ha dicho que trabajemos solo estas horas. Existe una preparación previa, una búsqueda incesante de actividades distintas, una formación continua para actualizarse, y obviamente, una evaluación que se debe hacer de cada alumno que tenemos. ¿Sabes cuánto puede durar una reunión de evaluación y cuánto se puede debatir a final de curso por si un estudiante debería repetir o no?

Y corregir trabajos y exámenes no es solo poner tics o cruces.

Tenemos a nuestro cargo a muchas niñas y niños a los que tenemos que controlar, comprender y enseñar y no solo acerca de matemáticas o lengua, sino que hay muchas habilidades y aspectos a los que se tienen que hacer frente en clase.

No tenemos solo una clase con treinta alumnas/os, tenemos varias. Y cada uno tiene sus propias necesidades que, en la medida de lo posible, es importante conocer y tener en cuenta. Tienes que aprender a marchas forzadas un poco sobre todo. El título de graduada en educación infantil o primaria no viene con nociones básicas sobre enfermedades y trastornos, por ejemplo. Pero si tienes a un alumno/a con diabetes tienes que saber cómo gestionarlo para no tener ningún susto y asegurar que estará bien.

Y no es solo esto; cuando un niño sufre una pérdida o le sucede cualquier cosa, hay que afrontarlo y gestionarlo también. No podemos hacer oídos sordos a lo que les pasa fuera del cole. Hay que tener 80 pares de ojos para detectar si algo no marcha como debería, no solo en el aula, sino también fuera de ella.

 

Y créeme, no es tan fácil. A veces, asusta y te pone el corazón en un puño cuando te das cuenta que alguno/a lo está pasando mal.

 

Pero hay más. Cada alumna/o tiene sus padres y también tenemos que tratar con ellos, sus expectativas, preocupaciones e incluso miedos. Intentar que comprendan que estáis yendo todos a una, no siempre es sencillo.

 

Y hay un seguido de extras que nadie tiene en cuenta, claro. ¿Quién te piensas que vigila los patios y el comedor? ¿Que ayuda al alumno que se cae y se hace una herida, se marea y desmaya o vomita? ¿Y se los lleva de excursión o de colonias asumiendo la responsabilidad que esto conlleva?

En estos momentos toca hacer de profes, de padres y madres y de enfermeras si es necesario. Todo en uno.

 

Y no te creas, podría seguir durante un buen rato.

 

Pero no nos olvidemos de lo que estás haciendo tú. Del camino que tienes que hacer si quieres una plaza pública. De todo el esfuerzo, horas de estudio, sacrificios, fuerza de voluntad y días jodidos que tienes que afrontar.

Si pudieran ponerse en tu piel, otro gallo cantaría.

 

Las cosas no son como parecen siempre, generalmente hay todo un mundo escondido bajo una impresión. Como la teoría del Iceberg, solo atendemos aquello que percibimos a simple vista pero hay toda una parte de la información que no conocemos.

El mundo ve un 20% de nuestro trabajo pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

 

Ser profesora no es pan comido. Ser profesora implica muchas cosas que pasan desapercibidas pero que tienen mucho más peso que lo que se ve.

 

FormArte, el arte de formar.

Descubre cómo tus pensamientos te están frenando y cámbialos (II)

En el pasado post te hablamos de la importancia del diálogo interno y de cómo éste podía tener un importante impacto en tu vida.

 

Como lo prometido es deuda, hoy te vamos a contar cómo domesticar a la crítica imparable que vive en ti y que no para de tirarse dardos envenenados.

¿Empezamos?

 

Pasos para ser conscientes y cambiar tus pensamientos:

Paso número 1: Prestar atención a tus pensamientos.

Estás tan acostumbrada a escuchar tu propia voz y tu propio cuento que es muy fácil volverse inmune a los mensajes que te estás dando a ti mismas.

Se estima que tienes alrededor de 60.000 pensamientos por día. Menuda pasada, ¿verdad?

Pues estas son las 60.000 oportunidades de hacerte más fuerte o de derribarte.

Aprender a reconocer tus patrones de pensamientos es clave para entender cómo tu forma de pensar afecta a tu vida.

Intenta detectar qué tipo de pensamientos tienes. ¿Suelen ser negativos? ¿positivos? ¿focalizas en aquello que no has hecho? ¿te pre-ocupas de cosas que aún no han sucedido? ¿te machacas con cosas del pasado? ¿piensas en las oportunidades que tienes?

Sea cuál sea, ves apuntando los pensamientos que tienes durante un día. Y no solo el contenido sino también cómo lo expresas. ¿Reprendiéndote? ¿Quejándote? ¿Con compasión?

Si tus pensamientos suelen ser positivos y te hablas como hablarías a alguien a quién quieres, puedes dejar el artículo aquí. Si no, ¡vamos a cambiarlo!

 

Paso número 2: Cambia el canal.

Cuando te sigues repitiendo (y reprendiendo) por un error que has cometido una y otra vez o no puedes dejar de pensar en algo malo que te ha sucedido, te estás arrastrando hacia el pozo. Ese lugar en que todo va terriblemente mal, en el que sientes que solo cometes errores y que no tienes ni un ápice de fuerza o motivación para casi nada.

 

La mejor forma de cambiar el canal es activándote. Busca una actividad o algo que te distraiga temporalmente de esta canción negativa que se reproduce en tu cabeza.

 

Puedes probar un día el siguiente ejercicio: Cada vez que  tengas un pensamiento destructivo o que no te aporte nada, coloca tus dedos en forma de pistola, haz como si estuvieran apuntando a tu cabeza y dispara a ese pensamiento. Empezarás a ser consciente REALMENTE de la cantidad de pensamientos negativos que tienes y, simbólicamente los estarás echando.

 

Paso número 3: Examina las pruebas

Tus pensamientos no son siempre verdaderos. De hecho, apostamos lo que quieras a que, a menudo, son EXAGERADAMENTE NEGATIVOS.

Entonces, antes de creerte nada, es importante que examines si son ciertos o no.

Si piensas: “no voy a hacer bien la prueba oral de las opos”, coge un trozo de papel y apunta todas las evidencias que den soporte a esta afirmación. Después, enumera todas las pruebas de que no vas a hacerlo mal.

Mirar la evidencia en ambos lados puede ayudarte a ver la situación de forma más racional y menos emocionalmente. Recordarte a ti misma que tus pensamientos no son 100% verdaderos puede darte un impulso de confianza.

 

Paso número 4: Reemplaza los pensamientos negativos con declaraciones realistas.

Este paso requiere muuuuuuucha práctica. Mucha.

Cuando reconozcas que tus pensamientos negativos no son del todo ciertos, debes intentar reemplazarlos con declaraciones realistas. Si piensas: “Nunca voy a aprobar las opos”, una buena declaración para reemplazarlo podría ser: “Si trabajo duro e invierto en esta meta, es posible que consiga mi plaza algún día”.

 

No es necesario que te vayas al otro extremo happy flower y hagas declaraciones positivas poco realistas. También puede ser contraproducente. Pero una perspectiva equilibrada y realista es clave para volverte mentalmente más fuerte.

 

No hace falta decir que, cuando los pensamientos negativos son acerca de ti misma y tus propias cualidades, debes poner mucho más empeño en ser justa y realista contigo misma.

Debemos ser realistas con nuestras habilidades, virtudes y ser conscientes de nuestros defectos, pero una cosa es ser olvidadiza y otra ser un desastre y no hacer nada bien.

Cuando tus pensamientos sean autrodestructivos, piensa en todas aquellas cualidades que tienes, en todo lo que has conseguido con esfuerzo y en todas las personas que te quieren.

Paso 5: Pregúntate qué consejo le darías a un amigo.

Es mucho más fácil que seas compasiva y amable con otras personas, en lugar de hacia ti misma. Si muy fácilmente puedes llamarte (inserta aquí el insulto que más veces te dedicas). pero es poco probable que le digas eso a uno de tus seres queridos.

Cuando estés en un momento complicado, en un mal día o dudando de ti misma y tu capacidad para alcanzar tus metas, pregúntate: ¿Qué le diría a un amigo que está teniendo ese problema, esas dudas o pensando eso?

Una vez lo tengas, ofrécete estas mismas palabras amables y sabias a ti misma.

 

Paso 6: Equilibrar la superación personal con la autoaceptación.

Hay una diferencia abismal entre decirte que no eres suficientemente buena y recordarte que aún puedes llegar a una mejor versión de ti misma y de tu situación.

Acepta tus defectos por lo que son en este momento mientras te comprometes a hacerlo mejor en el futuro. Aunque suene un poco contradictorio, puedes hacer ambas cosas a la vez.

 

Puedes aceptar que se te olvidan las cosas, pero tomar la decisión de comprometerte a usar una agenda, apuntarlo todo y revisarla cada mañana y noche.

Y recuérdate lo bueno también.

 

FormArte, el arte de formar

 

 

 

Inspirándonos en el sistema educativo finlandés (Parte II)

En el pasado post te hablamos del sistema educativo finlandés y de algunas de sus claves para obtener tan buenos resultados.

 

Como dato curioso, apenas un 8% de los estudiantes finlandeses no terminan los estudios obligatorios. Si lo comparamos con España, en que uno de cada tres estudiantes dejan los estudios antes de terminar la educación obligatoria, es evidente la necesidad de hacer algunas reformas en nuestro sistema.

 

Como limitarnos a 5 aspectos era quedarse muy corto y nos parecen muy interesantes algunas de sus prácticas e ideas, hoy te traemos más claves para que entiendas su éxito y por qué funciona tan bien.

 

Relación profesor-alumno:

Las relaciones entre profesores/as y alumnos/as, son de gran familiaridad y fuertes, hecho que no excluye el respeto mútuo. Los profesores son cercanos, están disponibles, son abiertos y positivos. Su objetivo es ayudar a los alumnos a aprender y hacerlo de la forma más amistosa y cálida posible. Generalmente es una práctica común que los profesores/as tengan el mismo grupo de alumnos durante más de un año.

Además, el vínculo con la familia es considerado por los profesores como parte del trabajo y sí, también fuera del horario escolar.

 

Alumnos activos  y comprometidos:

El profesor en Finlandia tiene un papel de guía, de favorecer el aprendizaje de los estudiantes en un atmósfera de tolerancia y respeto. Parte de su trabajo es crear situaciones de aprendizaje diversos y estimulantes y no imponer el conocimiento.
Hay muchos medios y recursos para poner a los alumnos en contacto con los conocimientos y estos son motivados a adquirir los conocimientos a partir de todo lo que tienen a su alcance. No hay obligación, hay posibilidades para aprender. Son los verdaderos protagonistas de su aprendizaje.

¿Esto que permite? Que los alumnos/as construyan ellos/as mismas su autonomía y desarrollen un sentido de responsabilidad. Además de fomentar la autoestima.

 

 

La famosa evaluación

Para empezar, hasta los 9 años los estudiantes no son evaluados con notas. En este momento se evalúan por primera vez, pero sin usar cifras. Y hasta los 11 no hay más evaluaciones. ¿Qué tiene de positivo? Adiós presión. Sin notas, la tensión desaparece y tampoco entra en juego la comparación de alumnos por sus resultados en exámenes. Cada alumno/a puede progresar a su ritmo sin sentirse menos o inferior por tener una calificación u otra y sin sentirse más o menos con respecto a los demás.

Esto no quita que no se informe a las familias sobre el progreso de sus hijos/as.

El objetivo es valorar aquello que el alumno/a sabe y no lo que no sabe, que sientan que hay áreas en las que son unos cracks y dejar de lado el carácter competitivo. Simplemente aprender por su curiosidad y por querer desarrollarse, estimular la curiosidad.

 

 

El trabajo del profesor:

Los profesores tienen completa libertad pedagógica y un elevado margen de autonomía e iniciativa. Este hecho contribuye a la motivación y a las ganas de seguir dedicándose a la docencia año tras año. Se confía en el profesor y en la forma de organizar y trabajar con sus estudiantes. De hecho, parte de la jornada laboral de un/a profesor/a implica preparar las clases. No pasan tanto tiempo dando clase, sino que dedican muchas horas a preparar sus lecciones, investigar, organizarse o trabajar de forma colaborativa con otros/as docentes.

Además mantenerse al día es importante. Participan de forma regular en acciones de formación continua.

 

La implicación de los padres:

Ya hemos comentado que hay una estrecha relación entre profesores y padres, pero además, las propias familias consideran la educación como algo fundamental y la complementan con actividades culturales. También es verdad que la conciliación de la vida laboral y familiar es un aspecto al que se le da importancia; existen ayudas para facilitarlo y que las familias dispongan de más tiempo para dedicarles a sus hijos/as.

 

 

 

Evidentemente la calidad de la educación en Finlandia es una consecuencia de múltiples factores externos. Este sistema está arraigado a un país y a una cultura concreta. No podemos implementar este sistema en nuestro país de un día para otro o quizás incluso copiarlo al 100%.  pero si podemos inspirarnos en él para ir mejorándolo.

 

¿Qué te ha parecido?

¿Cuál es el cambio más importante que crees que deberíamos hacer en nuestro sistema educativo?

 

FormArte, el arte de formar.