Ha llegado el momento de usar la imaginación en clase.

Pocas veces se habla de la imaginación en la educación.

Y seguramente sea porque tenemos mal entendido el concepto de imaginación. Generalmente lo asociamos con lo irracional; la imaginación es “fantasía” y “hacer creer”.

Se equipara la imaginación exclusivamente con el aprendizaje temprano. Y es un gran fallo.

Otras veces se asocia la imaginación en la educación como parte de un plan de estudios para asignaturas de arte. Otro fallo.

O directamente se considera que la imaginación es un pensamiento fantástico y ¿quién tiene tiempo para imaginación con el poco tiempo del que se dispone y las elevadas demandas curriculares?

 

Esta idea de que la imaginación está reñida con el aprendizaje académico es errónea. Y son creencias que están profundamente arraigadas.

Quizás deberíamos dedicamos a descubrir cómo involucrar la imaginación en el aprendizaje.

 

En general, nadie considera que ser imaginativo sea una cualidad inútil o una característica inútil de la mente humana, ¿verdad? De hecho, los padres quieren que sus hijos sean imaginativos y solemos admirarla en los demás.

 

No obstante, nos la dejamos en la puerta de las escuelas.

 

Vygotsky, que realizó importantes contribuciones en la psicología del desarrollo y la educación, mantenía que la imaginación es una función psicológica superior conectada con la emoción y con toda actividad intelectual.

 

Citando sus propias palabras:

“… La imaginación es tan necesaria en geometría como en poesía. Todo lo que requiere la transformación artística de la realidad, todo lo que está conectado con la interpretación y la construcción de algo nuevo, requiere la participación indispensable de la imaginación “.

 

Y, de hecho, no ha sido el único que ha hablado de la imaginación como motor de aprendizaje. Kieran Egan situaba la imaginación en el corazón de todo aprendizaje. La imaginación representa la capacidad de imaginar lo posible en todas las cosas. La imaginación es algo que podemos educar; podemos enriquecer esta capacidad en nuestros estudiantes a medida que aprenden todos los aspectos del currículo.

 

¿Por qué es tan importante aprender con la imaginación como tener conocimiento? ¿Por qué deben los profesores y los alumnos utilizar la imaginación en el aprendizaje?

 

La imaginación se considera la facultad o acción de formar nuevas ideas o conceptos de objetos externos que no están presentes en los sentidos. Por otro lado, el conocimiento se trata de hechos e información. Abarca las habilidades que adquirimos a través de la experiencia o la educación; La comprensión teórica o práctica de una asignatura.
Pero, ¿cómo se complementan en el aprendizaje?

Nuestra imaginación cambia; es orgánico y crece a medida que nuestro conocimiento crece. El conocimiento alimenta la imaginación que, a su vez, nos impulsa a un nuevo conocimiento. En última instancia, este es el ciclo de descubrimiento y aprendizaje que perseguimos en la educación.

Un estudiante imaginativo, por ejemplo, sería libre de tomar riesgos y ser un líder, y de expresar opiniones en lugar de solo respuestas correctas. De la misma manera, un maestro imaginativo también puede tomar riesgos, ser un líder y adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes.

 

Como educadoras, es importante traer la imaginación dentro del aula. Hay herramientas cognitivas particulares que usamos para dar sentido al mundo como seres imaginativos que somos. ¿Por qué no usarlas en clase para que el aprendizaje sea significativo, memorable e inspirador?

 

Y también para ayudarles  a desarrollar su propia imaginación y creatividad.

 

¿Cómo podemos hacerlo?

 

Fomentando el crecimiento y la curiosidad. Los hechos y el conocimiento son el punto de partida, pero desde ahí se puede llegar mucho más lejos. Una vez tus alumnas y alumnos conocen los hechos, ¿cómo se puede usar esa información para resolver diferentes problemas? ¿Cómo lo trasladamos a un plano más cotidiano?

No importa el qué, cuando enseñes con imaginación, debes enfocarte en una mentalidad abierta y de crecimiento. En despertarles la curiosidad y las ganas de querer saber más, de romperse el coco, de ir siempre un paso más lejos. Tu propia curiosidad puede ser contagiosa, ¿lo sabías?

 

Tampoco nos olvidemos de seguir jugando.

No dejes de jugar en clase. Prueba con juegos de palabras, acertijos, cuentos para resolver un misterio, rompecabezas de pensamiento lateral y todo lo que se te ocurra. Y si dejas que sean ellos los que se inventen los juegos, aún se involucrarán más. ¿Qué pierdes con probar? Quizás descubres un mundo nuevo lleno de posibilidades 😉

 

La imaginación inspira, pero ¿sabes que tú puedes inspirar a tus alumnos? Las ganas de aprender y la curiosidad son contagiosos y si tú eres la primera que lo siente, vas a transmitirles el gusanillo a tus estudiantes. Puedes darle la vuelta a tus clases. Por mucho que los hechos sean, en general, el punto de partida ¿Por qué no girar la tortilla y dejarlos para el final? ¿y si empezamos jugando, investigando, explorando? Cuando se pone en marcha el mecanismo de la imaginación y la curiosidad, aparecen nuevas preguntas e incógnitas. Y es en este punto donde se pueden presentar los hechos o conocimiento más reglado.

 

El “ problema” de la imaginación es que no se puede enseñar en sí misma, solo puedes enseñar cómo  desarrollarla y potenciarla. Pero no puedes imaginar por tus alumnos.

 

Ten en cuenta que el miedo suele ser un gran enemigo de la imaginación. .Por lo que no te olvides de crear un espacio donde todos tus alumnas y alumnos se sientan seguras/os para hablar, jugar, reflexionar y discutir ideas.

Aprender con imaginación es un ciclo sin fin.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Comunicación efectiva para docentes – La voz. 

Retomando el hilo de artículos anteriores (que si no lo leíste, te recomendamos que primero le vayas a echar un vistazo ), volvemos a tocar el tema de la comunicación.

 

Te contamos que  había tres elementos importantes para poder comunicarte de forma eficaz: las palabras que usas, el lenguaje corporal y la voz.

 

Hoy atacaremos el tema de la voz.

 

Tu voz puede revelar tanto sobre tu historia personal como tu apariencia. El sonido de una voz y el contenido del habla pueden proporcionar pistas sobre el estado emocional de un individuo.

 

Por ejemplo, si la autoestima es baja, se puede reflejar con vacilación en la voz. Una persona tímida puede hablar en voz baja, pero es más probable que una persona que confíe en sí misma tenga dominio de su voz y claridad en el habla.

Vale la pena tomarse el tiempo para mejorar tu dominio sobre la voz, especialmente si te resulta difícil hablar en público. ¡Incluso puede ayudarte a aumentar tu confianza!

 

Es importante acostumbrarse al sonido de tu propia voz. La mayoría de las personas se sienten más relajadas en una situación privada, especialmente en casa o con personas de confianza, donde no hay presiones para cumplir con otras normas y expectativas sociales. Este no es el caso en situaciones públicas cuando hay todo tipo de influencias ejercidas sobre la forma en que las personas hablan.

 

Vamos a ver un pequeño ejercicio para mejorar el hecho de hablar en público:

 

Graba tu propia voz en un entorno informal (en casa o con amigos), pero intenta que sea un lugar relajado sin mucho ruido. Escucha atentamente cómo suenas. Observa cualquier aspecto de tu discurso que reduzca la efectividad de tu mensaje. Por ejemplo, una tendencia a usar onomatopeyas como “um” o “eh…”. a tartamudear ligeramente, o a repetir mucho una palabra para empezar las frases como “en plan”.

 

La mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a escuchar nuestras propias voces y por norma, suele no gustarnos. Pasa de la etapa inicial, ‘¿Realmente suena así?’ Y desarrolla una mejor comprensión de tu voz.

Cuanto más te acostumbras al sonido de tu voz que funciona de una manera un poco más formal, más fácil es hacerlo “de verdad”. En una conversación, las personas tienden a hablar en frases cortas, unas pocas a la vez. Hablar o leer en voz alta le ayuda a acostumbrarse al sonido más fluido de tu voz.

 

Cualquiera puede mejorar el sonido de su voz y la forma en que hablan en cuestión de días a través de unos simples ejercicios. Eso sí, para mejorar tendrás que mantener un cierto compromiso y practicar regularmente durante unos minutos.

 

Un ejercicio para practicar puede ser el siguiente:

Escoge algún documento, artículo o las dos primeras páginas de un libro. Eso sí, que lo que vayas a leer esté en soporte físico, es decir, en papel.

Primero, léelo en silencio, luego léelo en voz alta como lo harías en un ambiente relajada. No te preocupes si tropiezas o vacilas en algún momento, simplemente sigue hasta el final.

Después léelo  una tercera vez y graba tu voz al hacerlo. En esta tercera lectura, recuerda las siguientes cosas: .

 

Disminuye la velocidad: es una reacción natural querer superarlo lo más rápido posible y esto a menudo hace que las personas tropiecen con sus palabras. La aceleración también ocurre cuando estás nervioso y por lo general te hace más difícil de entender.

Mantén la cabeza en alto: trata de no meter la barbilla en el libro, ya que tu voz se dirige al suelo y no a la audiencia. Mantén el libro o las hojas lo más alto posible y proyecta tu voz.

Haz una pausa de vez en cuando: deja que el final de una oración o el final de un párrafo te den la posibilidad de descansar dos o tres segundos. Las pausas pueden ser útiles para enfatizar.

Practica este ejercicio tan a menudo como puedas.

 

La voz responde a las emociones y, a veces, se “bloquea”, lo que puede impedir u obstaculizar la expresión de diversos sentimientos.

 

Cuando estás bajo estrés, el patrón de respiración cambia. Cuando tus músculos están tensos, no puedes usar tus pulmones en toda su capacidad. Cuando alguien está asustado o nervioso, un síntoma común es la tensión en el cuello y los hombros. Esto ocurre porque, cuando estamos bajo presión, tendemos a respirar más rápido. Esto significa que inhalamos mucho aire, pero no hay tiempo suficiente para exhalar y relajarnos por completo, por lo que no obtenemos el beneficio completo.

 

 

 

La buena respiración es esencial por dos razones:

 

  1. Al utilizar la capacidad pulmonar total, la respiración apoyará la voz y la voz se volverá más rica, más completa y más fuerte.
    Esto beneficiará a las personas que tienen una pequeña voz y que se preocupan de que no puedan ser escuchadas cuando hablan con un grupo de personas. El volumen se controla en el abdomen y no en la garganta, por lo que respirar con toda tu fuerza permitirá un mayor control de la voz.
  2. La respiración profunda y rítmica tiene un efecto calmante y terapéutico, ya que libera la tensión y promueve la relajación. Las personas que están relajadas son más equilibradas, receptivas y confiadas y, por ende, se comunican mejor.

 

 

Hay otros elementos de la producción vocal que se deben tener en cuenta para comunicar bien. Uno de ellos es la variedad, que ayuda a mantener el interés de la audiencia y hace el discurso mucho más llevadero.

 

Para que el habla sea efectiva e interesante, se pueden aplicar ciertas técnicas. Sin embargo, es importante no sonar falso o como si estuvieras actuando. Las palabras transmiten significado, pero la forma en que se dicen refleja sentimientos y emociones.

 

Aspectos a tener en cuenta:

 

La velocidad a la que hablas. Si hablas demasiado rápido, entonces los oyentes no tendrán tiempo para asimilar lo que estás diciendo, pero si hablas excesivamente lento, pueden morirse del aburrimiento. Variar el ritmo, acelerando a veces y luego disminuyendo la velocidad, puede ser una buena idea porque esto ayudará a mantener el interés.

 

El volumen: Subir o bajar el volumen ocasionalmente, puede crear énfasis. Si bajas tu voz a casi un susurro (siempre y cuando se proyecte) para una oración o dos, tu audiencia se pondrá súbitamente alerta. Sin embargo, ten cuidado de no abusar de esta técnica, ya que perderá su impacto.

 

Énfasis: Cuando hables en público, intenta transmitir la información con la mayor energía vocal y entusiasmo posible. Enfatiza ciertas palabras y frases dentro de la conversación para transmitir su importancia y ayudar a agregar variedad.

Las pausas son poderosas. Se pueden usar para resaltar una declaración anterior o para llamar la atención antes de un mensaje importante. Las pausas significan silencio por unos segundos. Los oyentes interpretan el significado durante las pausas, así que ten el coraje de permanecer callada por hasta cinco segundos; pausas dramáticas como esta transmiten autoridad y confianza.

 

 

Y esta es la última entrega de la trilogía de la comunicación. Esperamos que te sea útil para encarar las pruebas de las oposiciones. Y también para tu futuro.

 

Recuerda que nadie nace enseñado y que, la clave para dominar la comunicación es practicar, practicar y practicar hasta decir basta.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

Comunicación efectiva para docentes – Las palabras y el lenguaje corporal. 

En el pasado post te hablamos de la importancia de la comunicación en tu vida tanto profesional como personal.

 

Uno de tus objetivos como educadora es poder crear en clase un ambiente comunicativo desde el principio, y para ello, tú debes contar con las competencias necesarias para comunicarte de forma eficaz.

Y si tenemos en cuenta que las oposiciones y la defensa ante el tribunal están a la vuelta de la esquina, es el momento de poner toda la carne en el asador e intentar mejorar las habilidades comunicativas.

 

¿Qué se considera una comunicación eficaz?

 

Podríamos definir la comunicación eficaz como aquella comunicación en que el mensaje se entiende claramente y, a ser posible, se actúa en consecuencia de este. Es tan importante lo qué dices como el cómo la dices.

Lo que dices significa tu elección de palabras. Es probable que las palabras y el lenguaje que uses cuando hables con una amiga sean muy diferentes a las que usas en una presentación o en clase con los alumnos.

Del mismo modo, la forma en que hablas también variará en diferentes situaciones.

 

Sea cuál sea la situación, debes poder comunicarte de forma efectiva y considerar todas las herramientas y aspectos posibles para garantizar que nada distraiga o reste valor a tu mensaje, sobre todo ahora que tenemos las pruebas de las oposiciones encima.

 

Hagamos un pequeño repaso a los elementos principales para que se produzca una comunicación eficaz:

 

  • Las palabras que usas.
  • El lenguaje corporal.
  • Tu voz

 

 

 

Hoy hablaremos de los dos primeros elementos: las palabras que eliges para comunicarte y el lenguaje corporal.

Las palabras que usas

Lo que dices, las palabras que elijas, importa.

 

Si a tu audiencia no le quedan suficientemente claras las palabras que usas, interpretará el mensaje en función de lo que ellos crean. Y esto muchas veces puede no ser lo que tú quieres transmitir. Por eso, tienes que elegir cuidadosamente las palabras, especialmente cuando estás diciendo algo importante.

 

Al comunicarte debes tener en cuenta a tu audiencia. Las palabras elegidas tendrán que ser diferentes si estás hablando a tus alumnos, al tribunal de las oposiciones, a tu jefe o a tus amigos. No usamos el mismo vocabulario en todos los casos. Tienes que pensar en el nivel de comprensión de tus interlocutores sobre el tema y también en el tipo de lenguaje que usan.

 

Las oraciones más cortas son más fáciles de procesar y entender. Ante una oración excesivamente larga podemos perdernos por el camino y no llegar a comprender la esencia del mensaje.

 

De la misma forma, las palabras más simples también son más fáciles de comprender. Dicen que si no puedes explicar algo en términos simples, probablemente es porque tampoco terminas de entenderlo. Esto es particularmente importante cuando se trata de niñas y niños, dado que todos tienen unas necesidades educativas diferentes.

 

 

El lenguaje corporal

 

Ya debes saber que una cantidad considerable de la comunicación no es verbal. Algunas investigaciones sugieren que más del 50%. El próximo día te hablaremos del tono de voz, el ritmo y el énfasis, pero hoy nos centraremos en el lenguaje corporal que también es importante.

 

¿Qué incluye el lenguaje corporal? Tu postura corporal, tus expresiones faciales, la forma en que usas las manos para enfatizar el habla e incluso cómo y con quién creas contacto visual.

 

El lenguaje corporal refuerza o enfatiza lo que estás diciendo y también ofrece información sobre las emociones y las actitudes de una persona.

 

Sin embargo, también es posible que los movimientos corporales entren en conflicto con lo que estás diciendo.

Para que la comunicación sea efectiva, tu comunicación no verbal necesita reforzar tus palabras: los dos deben decir lo mismo. La comunicación no verbal es mucho más difícil de disfrazar que la verbal: si ves que el lenguaje corporal de alguien está transmitiendo un mensaje diferente de sus palabras, vale la pena escuchar la comunicación no verbal primero, ya que es más probable que refleje sus puntos de vista reales.

 

¿Cómo puedes proyectar un lenguaje corporal positivo?

Cuando usas un lenguaje verbal positivo, estás dando fuerza a los mensajes verbales o ideas que quieres transmitir y evitas enviar señales confusas o mezcladas.

 

Vamos a echar un vistazo de algunas posturas básicas que proyectan confianza en ti misma y franqueza, para que las tengas en cuenta de cara a tu defensa oral o a situaciones profesionales:

 

Tener una postura abierta: ¡Relájate pero no te acomodes demasiado! Trata de mantener una postura erguida pero sin forzar.

Tanto si estás sentada o de pie, intenta colocar los brazos a los lados o de forma natural. No los pongas en jarras o los cruces  ya que da sensación de agresión o estar a la defensiva y de no estar abierta a nuevas ideas u opiniones.

 

 

Mantén un buen contacto visual. Si estás haciendo una exposición, nada de mirar al suelo todo el rato o a la lejanía. Mira a tu audiencia (o al tribunal, en el caso de las opos) cuando estés exponiendo. Pero, ¡no te pases! Dejar tu mirada fija en alguien durante demasiado tiempo puede indicar desafío o falta de confianza (y es un poco incómodo, ¿verdad?).

Expresión facial: la cara es el mejor reflejo de lo que siente una persona. La mayoría de las veces es fácil reconocer si una persona está feliz, triste, ansiosa, irritada o excitada. Es muy importante que en un escenario profesional controles tus expresiones faciales.

Por ejemplo, si en una presentación sientes que tu exposición no está funcionando tan bien como te gustaría, ¡no muestres signos de estar perdiendo la esperanza! En lugar de esto, puedes intentar que tu audiencia participe más o relajar el ambiente con una anécdota o algún dato curioso. (OJO, esto depende del tipo de exposición o presentación).

 

 

Estas son solo algunas directrices acerca del lenguaje corporal. Este es un tema que puede dar para 20 artículos más y que, volveremos a abordar en un futuro.

 

¿Con qué idea queremos que te quedes?

El objetivo de este artículo es que reflexiones acerca de cómo te comunicas. Si usas el lenguaje corporal de forma adecuada y en sincronía con tu mensaje, si sabes adaptar el mensaje a tu audiencia y elaborar un discurso coherente y comprensible, etc.

 

A la vuelta de la esquina están las pruebas orales de las exposiciones pero también tu futuro como docente. Por lo tanto, puede ser un buen momento para echar la vista hacia una misma y ver en qué podemos mejorar.

 

 

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La motivación como clave de la educación

Motivar a tus alumnas y alumnos es un big deal, un asunto complicado, tengan la edad que tengan. Pero, la motivación es un potente motor en la educación.

Sabes de lo que te hablamos: cuando algo te motiva, le pones ganas, estás activa, te implicas, pruebas, buscas, piensas… TODO. En cambio, si te enfrentas a algo sin ganas, vas a hacerlo por cumplir pero sin poner toda la carne en el asador. Desaprovechas la oportunidad porque realmente es algo que no te mueve ni te ilusiona.

 

Tus alumnas y alumnos no iban a ser menos. Para querer aprender hay que estar motivado. Sin motivación, tu clase es solo otro bloque de tiempo que tus estudiantes tienen que sufrir.

No nos engañemos, la realidad que te encuentras en el aula muchas veces puede un poco desalentadora y motivar a los estudiantes es tarea complicada, tengan la edad que tengan.

Hay un sentimiento generalizado de desmotivación y seamos realistas: es preocupante.

Pero que adquieran esa motivación que les falta, sin ser sencillo, tampoco es imposible.Conseguir despertar el gusanillo por aprender es una de tus grandes misiones como profesora. No es fácil, pero sabemos que eres más que capaz de aceptar el reto y superarlo con creces.

 

Y te preguntarás… ¿Cuáles son los pasos para motivar?

 

Primero de todo y lo más importante. La motivación viene de amar lo que haces.

Este es el quid de la cuestión. Si no amas lo que haces, no conseguirás que las niñas y niños conecten contigo y menos que estén motivados.

Por lo tanto.. primer paso: AMA LO QUE HACES.

 

Esto se aplica a todo en la vida. Conseguir tener éxito en cualquier cosa que emprendas exige que ames hacer lo que estás haciendo. Si no sientes esa pasión y no te gusta la idea de hacerlo, déjalo antes de perder tu tiempo y el de tus alumnos.

La pasión es como una energía que se transmite de forma intrínseca. Es mucho más fácil conectar con alguien que desprende esta energía y si consigues que tus alumnos conecten ya tienes un gran trecho del camino.

 

Si la pasión es la clave, entonces divertirse es la forma de activar esa pasión.

Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y clases animadas y memorables. Además de saber reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

Pero no solo se trata de salir del método tradicional de: leemos el libro, yo os explico el tema, os pongo ejercicios, los hacéis, corregimos, os mando deberes y hasta el próximo día

Bromea en clase. Invéntate canciones para aprender algo. Habla un poco de ti. Pregunta qué hicieron durante el fin de semana e interésate por sus aficiones. Sonríe mucho. Haz un blog para crear recursos fuera de clase o para mantener a los padres informados de qué hacéis en clase. Haz que sea divertido y que tus alumnos tengan ganas de que llegue tu clase.

Evidentemente no todo se limita a divertirse. Si quieres que tengan interés y ganas, haz preguntas e invita a tus estudiantes a participar, pensar, dialogar…Fomenta la participación activa no te limites a preguntas de conocimiento, ve un poco más allá.

Plantéales problemas o situaciones de la vida cotidiana relacionadas con el tema para que debatan, analicen y se expresen.

 

Recuerdo que en primero de bachillerato una de mis asignaturas favoritas era filosofía y eso que el temario ni fu ni fa. Pero tuve un profesor que en cada clase, nos planteaba situaciones de la vida real que estuvieran relacionadas con el tema y que fueran muy susceptibles a debate.  Era súper interesante porque todos nos implicábamos dando nuestra opinión y él se las ingeniaba para rebatirnos y hacernos dudar. No solo aprendimos conceptos de filosofía sino que también aprendimos a argumentar mucho mejor, a tener más seguridad en nuestras creencias y a aceptar cuando estábamos equivocados.

 

La clave de estas preguntas era que nos provocaba para que pensáramos de forma diferente y eso despertaba nuestra curiosidad. Y la curiosidad es un componente importante de la motivación. Cuando los estudiantes quieren aprender más sobre un tema, abordan tareas desafiantes para satisfacer esa curiosidad.

 

Y de esto pasamos a otro punto vital para que exista esa motivación: que todo aprendizaje tenga un propósito y que tus estudiantes sean conscientes de cuál es. Conseguir que comprendan para qué necesitan esos conocimientos o qué utilidad tendrá en su futuro.

 

Y obviamente también debes mantener tu motivación y curiosidad y para ello, no hay nada como continuar aprendiendo. Ser docente es una profesión de aprendizaje continuo. De tus experiencias en clase, de tus alumnos pero también de técnicas y estrategias para educar de la mejor manera. Lee libros, estudios y ves a conferencias sobre enseñanza, sobre tu asignatura en particular, sobre desarrollo personal, sobre arte, sobre productividad, sobre motivación… Hay tantas áreas que pueden aplicarse en el mundo educativo… ¡que no tiene fin!

 

Aprender es algo maravilloso.

Incita a tus alumnos a querer aprender pero no dejes de hacerlo tú.

 

 

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Cómo poner en práctica la flexibilidad

Hace unos cuantos posts te hablamos de la flexibilidad y de por qué era importante incluir esta habilidad en tu mochila.

Ser capaz de ir con el flow y tener un pensamiento flexible es necesario para hacer frente a los cambios inevitables de la vida. Te ayudará a adaptarte más fácilmente a nuevas circunstancias, retos y situaciones tal como surgen.
Vivir sin flexibilidad en tu forma de actuar y ver el mundo, te deja con una desventaja importante.

 

Evidentemente, para la mayoría de nosotros, esto es mucho más fácil de decir que de hacer, sobre todo para aquellas personas que tienden a “quedarse atrapados” en determinados pensamientos y patrones de comportamiento. Y, como seguro sabrás a través de tus experiencias, intentarlo controlar todo no funciona a largo plazo.

El poder real proviene de la flexibilidad, no de la rigidez.

Ya te contamos qué significaba ser más flexible y por qué valía la pena serlo. Pero supongo que te habrá surgido la gran duda: ¿Cómo diantres ser más flexible?

Te vamos a ayudar con algunas reflexiones al respecto peeeero antes de ponernos al lío, no olvides que la flexibilidad es una MENTALIDAD, por lo que estas prácticas que te contaremos, debes incorporarlas de forma consciente en el run run de tu mente.

 

Primero de todo algo muy evidente: no tienes el control de muchas cosas, sólo puedes ver sus resultados.

Y aquí podemos hablar tanto del tiempo, como de las decisiones que toman otras personas. Muchas situaciones que pueden hacer que te agobies y estreses, es resultado de lo que otras personas hacen o de hechos que no puedes controlar tú misma.

Depende del caso, puedes influir hasta cierto punto pero no olvides que no puedes controlar lo que hacen los demás y que tampoco sabes exactamente qué está pasando desde su perspectiva.

Cuando se trata de acciones que llevan a cabo otras personas, intenta empatizar con ellas, evitando juzgarles. No sabes qué está pasando desde su perspectiva ni porqué actúan de la forma en que lo hacen. Haz aquello que tú consideres más adecuado siempre, pero sabiendo que no tiene porque salir como esperas.

 

Y cuando se trate de hechos externos en los que ni pinchas ni cortas, simplemente acéptalos. Dale una vuelta e intenta encontrar la parte positiva o tenlo en cuenta para futuras ocasiones. De todo se puede aprender, pero una ha de querer hacerlo.

 

Muchas veces tendemos a tener una visión túnel cuando se trata de cosas que nos proponemos lograr o que queremos que vayan de una forma determinada.

Nos volvemos más tozudas que una mula.
Ser tozuda no es un defecto porque te permite llegar lejos y esforzarte al 200%. No obstante, puede irte en contra cuando no consideras otras opciones y te dejas cegar por ese objetivo/pensamiento/idea sin mirar más allá.

Si no puedes adaptarte al mundo que te rodea, caput. Si por ejemplo, un restaurante, por muy top que sea y por muchos años que lleve triunfando, si no se adapta ofreciendo platos para celíacos, vegetarianos o veganos, va a cerrarse a un sector de la población que va a la alza. No es el mejor enfoque de negocio, ¿verdad?

 

Sal de tus metas y objetivos para reflexionar detenidamente, de vez en cuando. Sopesa si vale la pena perseguir esa idea y si te está compensando. Cuando estás envuelta en algo importante puede ser muy difícil ser objetiva.

Los cambios están bien.

 

Está bien salirse de tus pautas y esquemas algunas veces.

Cambiar tus acciones, hacer algo que no entraba en tus planes e improvisar.

No constantemente y no para todo. Necesitas un plan y más opositando.

Peeeero, hacer cosas distintas, permitirte un poco de naturalidad e improvisación, te ayudará a tener más flexibilidad. (Y a sentir más emociones, ¡ya de paso!)

Según tu grado de rigidez esto será más fácil o más difícil. Las personas perfeccionistas tienden a tener más control y les cuesta mucho salirse de la rutina. Si es tu caso, intenta empezar por cosas pequeñitas. Por ejemplo cambiando algún hábito algún día.

 

Si siempre haces algo de la misma manera o a la misma hora, intenta no hacerlo alguna vez. Pongamos por ejemplo el desayuno. Cada día desayunas las mismas tostadas con tomate y queso y no hay quien consiga sacarte de ahí.

Oblígate a cambiar el menú algún día. O sal a desayunar fuera como premio por tu esfuerzo estudiando.

 

Parece una tontería, algo muy pequeño, sin embargo, para una persona muy perfeccionista y esquemática puede ser todo un hito. Además, todo empieza con un paso, ¿no?

 

Pero no todo son acciones y hábitos.

A veces parece que cambiar de opinión o de rumbo es una señal de debilidad y que para ir bien en la vida tenemos que tenerlo todo clarísimo desde el minuto 1.

Olvídate de ello.

Cambiar es positivo siempre que lo hagas a conciencia, convencida y que lo hagas por ti. Es crecer y, no olvides que las personas estamos en constante evolución.

 

Además, frecuentemente, los pensamientos y sentimientos no duran, son transitorios. Llegan, calan un poco y se van. La forma en cómo te estás sintiendo ahora no es permanente.

Por ejemplo, si los primeros días como profe te sientes nerviosa e insegura, ¡no pasa nada. es totalmente normal! Estos sentimientos no durarán siempre. Dentro de ti sabes que con el tiempo y la práctica ganarás confianza y te sentirás como pez en el agua.

Por lo tanto, no olvides que todo es pasajero y que si tus sentimientos cambian, tu opinión y tu rumbo, también pueden hacerlo. .

 Ser capaz de adaptarse a las circunstancias es clave para afrontar las oposiciones, una profesión o el día a día. Para crecer y avanzar necesitas tener la mente abierta.

 

Pero no olvides que no es algo que se aprenda de un día para otro. Requiere esfuerzo y perseverancia. Aunque a veces no seas capaz de salirte de tus esquemas, no te machaques, lo harás mejor la próxima vez. Simplemente inténtalo con todas tus fuerzas.

 

FormArte, el arte de formar.

Necesitas dormir bien para opositar.

A medida que se acerca la fecha del examen las horas de estudio, igual que los nervios, aumentan.

Probablemente estés en este punto de: oh dios mio, que esto ya está aquí..

 

Y quizás, has decidido suprimir ese día libre que te habías marcado y sacrificarlo a favor de dedicar más horas delante de los apuntes. Y puestos a sacrificar, quizás has decidido que puedes quitarte también un par de horas de sueño y forzar un poco más la máquina.

 

Es totalmente comprensible llegar a estas conclusiones y empezar a hacer cambios drásticos pero….

¡CUIDADO!

 

Descansar bien es una garantía para rendir adecuadamente. Es tan importante el tiempo de estudio como el que destinamos a descansar. Las jornadas extenuantes de estudio y trabajo, sin un descanso adecuado entre ellas o incluso en una misma jornada, no van a llevarte al éxito, más bien lo único que van a hacer es que tu rendimiento baje de forma dramática.

Dormir es imprescindible para mejorar la memoria y el aprendizaje.

¿Por qué?

Porque dormir bien te permite aprovechar al máximo del día siguiente y además que puedas consolidar lo que has hecho durante el día anterior. Si no duermes suficiente, es muy difícil aprender cosas nuevas ya que no se ha producido una limpieza de las conexiones sinápticas de tus neuronas.

Hablando en plata, tu cerebro se renueva y rejuvenece cada noche durante la fase REM del sueño. Para llegar a esta fase hay que dormir, al menos, entre hora y media – dos horas y seguir. Si no llegas a esta fase, tu cuerpo se desgastará y difícilmente serás capaz de concentrarte.

 

Por lo tanto, ¡NADA DE SALTARSE A LA BRAVA EL MOMENTO DE DESCANSO!

 

Sin embargo, quizás a estas alturas, los nervios empiecen a hacer mella en ti y eso afecte a tu descanso por mucho que no quieras.

¿Repasamos algunos tips para dormir mejor y poder afrontar las jornadas de estudio con energía?

 

Mantenerse sincronizada con el ciclo natural de sueño – vigila de tu cuerpo.

Sincronizarse con el ciclo natural o ritmo circadiano es una de las estrategias más importantes para dormir mejor. Si mantienes un horario regular de sueño – vigilia , te sentirás más renovada.
Intenta ir a dormir y levantarte a la misma hora todos los días. Ves a la cama cuando estés cansada por mucho que te apetezca ver un capítulo más.

 

Controla la exposición a la luz.

La melatonina es una hormona natural controlada por la exposición a la luz que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. Tu cerebro segrega más melatonina cuando es oscuro facilitando el sueño y menos cuando hay luz, facilitando el estado de alerta. No obstante, hay muchos aspectos de tu vida que pueden alterar esta producción natural de melatonina  y cambiar el ritmo circadiano.

Es importante que durante el día te expongas a la luz, ya sea estando un ratito al sol o estudiando con luz natural. En cambio, por la noche evita pantallas luminosas un par de horas antes de acostarte, duerme totalmente a oscuras y, si te levantas por la noche, evita encender todas las luces.

 

Muévete.

Las personas que suelen hacer deporte o ejercicio regularmente duermen mejor por la noche y se sienten menos cansados durante el día. El ejercicio regular también mejora los síntomas de insomnio y apnea del sueño. Además, hay investigaciones que han demostrado que aumenta el tiempo de la fase REM del sueño.

Como más intenso sea el ejercicio, mejor será el sueño pero aún así, hacer ejercicio ligero como caminar 15 minutos al día también mejora su calidad.

¡Eso sí! El ejercicio mejor por la mañana o tarde y no antes de acostarte. Si sólo puedes hacerlo al final del día, intenta que sean ejercicios más relajantes o de bajo impacto como el yoga.

 

Como siempre, la alimentación es importante.

Los hábitos alimenticios durante el día tienen un papel importante en la forma de dormir y descansar, sobre todo antes de ir a la cama. No te diremos nada que no sepas pero, mejor darle un repaso. Solo por si acaso.

  • Si hay dos estimulantes que debemos limitar son: la cafeína y la nicotina.
  • Evita las cenas muy copiosas y ricas en ultraprocesados e intenta cenar dos horas antes de irte a dormir para hacer una buena digestión.
  • Evita el alcohol y beber mucho líquido por la noche (si te tienes que levantar 20 veces durante la noche, descansar bien va a ser misión imposible).

 

Mejora tu entorno

Una rutina pacífica antes de decir a dormir, envía a tu cerebro la señal de que ha llegado el momento de cerrar el chiringuito. Además de algunos consejos prácticos para facilitar el descanso:

  • Mantener tu habitación fresca, a oscuras y sin ruido (dentro de lo posible). Si es necesario puedes usar antifaces o tapones para los oídos.
  • Evita, a toda costa, trabajar, ver la televisión, usar el ordenador o comer en la cama.
  • Cama cómoda.

 

Pa fuera lo malo.

El estrés y la preocupación no son muy amigos del sueño, por no decir directamente que son dos de sus grandes enemigos. Y en estos momentos, es normal que esté ahí dando por saco. Lo mejor que puedes hacer es buscar formas de gestionarlo. Ya sea usando técnicas de relajación, poniendo en marcha estrategias para afrontar las cosas de forma positiva o meditando.

 

FormArte, el arte de formar.

 

A todos aquellos que creen que ser profesora es facilísimo

Probablemente, cuando has dicho que eras profesora, habrás escuchado alguna vez el típico comentario de: ¡Qué bien vivís los profes!

Para la gran mayoría de la población ser profesora viene a ser un trabajo fácil que consigues estudiando una carrera en la que te dedicas a pintar y hacer manualidades y que te da más vacaciones que nadie. “Te lo has montado bien”, te dicen.

 

Si preguntas a la mayoría de la población cómo debe ser la vida de profesora, probablemente te dirán que viene a ser algo así:

 

  • Tenemos más vacaciones que nadie. Dos semanas por Navidad, una enterita por semana santa, muchos puentes durante el año y tres meses de vacaciones en verano. (mientras ellos disponen solo de máximo 25 días al año).
  • Horario de 8h a 17h, lo que nos permite apuntarnos a todas las actividades que queremos, poder pasar tiempo con nuestros hijos y descansar por las tardes. Vamos que tenemos muchas horas libres durante el día.
  • Excursiones cada dos por tres, es decir, días en que no tienes que trabajar y te lo pasas de lo lindo charlando con otros profes mientras las alumnas y los alumnos, hacen actividades y juegan entre ellos.
  • Dos horas para comer y relajarse. Y si vives cerca aún tienes tiempo de irte a casa, comer y echarte una siestecilla.
  • Poner exámenes mientras lees un libro y luego corregirlos. Nada, súper sencillo.

 

Claro, esto es lo que ven todos aquellos que no han dedicado un segundo a preguntarnos cómo es realmente nuestro día a día y cuánto nos ha costado llegar hasta dónde estamos.

Como en la teoría del Iceberg, solo ven un 20% de tu trabajo y encima lo ven desde la postura Mr. Wonderful.

 

Debajo de todas estas creencias idílicas y fantásticas que ellos suponen, hay un 80% más.  En él se esconden lágrimas, esfuerzo, noches enteras de trabajo y muchas horas extra que nadie ve.

Cómo es la vida de profesora EN REALIDAD:

 

De 8h a 17h es cuando hay clases lectivas y los estudiantes están en el cole. Nadie ha dicho que trabajemos solo estas horas. Existe una preparación previa, una búsqueda incesante de actividades distintas, una formación continua para actualizarse, y obviamente, una evaluación que se debe hacer de cada alumno que tenemos. ¿Sabes cuánto puede durar una reunión de evaluación y cuánto se puede debatir a final de curso por si un estudiante debería repetir o no?

Y corregir trabajos y exámenes no es solo poner tics o cruces.

Tenemos a nuestro cargo a muchas niñas y niños a los que tenemos que controlar, comprender y enseñar y no solo acerca de matemáticas o lengua, sino que hay muchas habilidades y aspectos a los que se tienen que hacer frente en clase.

No tenemos solo una clase con treinta alumnas/os, tenemos varias. Y cada uno tiene sus propias necesidades que, en la medida de lo posible, es importante conocer y tener en cuenta. Tienes que aprender a marchas forzadas un poco sobre todo. El título de graduada en educación infantil o primaria no viene con nociones básicas sobre enfermedades y trastornos, por ejemplo. Pero si tienes a un alumno/a con diabetes tienes que saber cómo gestionarlo para no tener ningún susto y asegurar que estará bien.

Y no es solo esto; cuando un niño sufre una pérdida o le sucede cualquier cosa, hay que afrontarlo y gestionarlo también. No podemos hacer oídos sordos a lo que les pasa fuera del cole. Hay que tener 80 pares de ojos para detectar si algo no marcha como debería, no solo en el aula, sino también fuera de ella.

 

Y créeme, no es tan fácil. A veces, asusta y te pone el corazón en un puño cuando te das cuenta que alguno/a lo está pasando mal.

 

Pero hay más. Cada alumna/o tiene sus padres y también tenemos que tratar con ellos, sus expectativas, preocupaciones e incluso miedos. Intentar que comprendan que estáis yendo todos a una, no siempre es sencillo.

 

Y hay un seguido de extras que nadie tiene en cuenta, claro. ¿Quién te piensas que vigila los patios y el comedor? ¿Que ayuda al alumno que se cae y se hace una herida, se marea y desmaya o vomita? ¿Y se los lleva de excursión o de colonias asumiendo la responsabilidad que esto conlleva?

En estos momentos toca hacer de profes, de padres y madres y de enfermeras si es necesario. Todo en uno.

 

Y no te creas, podría seguir durante un buen rato.

 

Pero no nos olvidemos de lo que estás haciendo tú. Del camino que tienes que hacer si quieres una plaza pública. De todo el esfuerzo, horas de estudio, sacrificios, fuerza de voluntad y días jodidos que tienes que afrontar.

Si pudieran ponerse en tu piel, otro gallo cantaría.

 

Las cosas no son como parecen siempre, generalmente hay todo un mundo escondido bajo una impresión. Como la teoría del Iceberg, solo atendemos aquello que percibimos a simple vista pero hay toda una parte de la información que no conocemos.

El mundo ve un 20% de nuestro trabajo pero, ¿qué pasa con todo lo demás?

 

Ser profesora no es pan comido. Ser profesora implica muchas cosas que pasan desapercibidas pero que tienen mucho más peso que lo que se ve.

 

FormArte, el arte de formar.

Lo que puedes aprender cuando opositas

No te juzgues cuando tengas un mal día. No te juzgues si hoy necesitas levantarte ochenta veces de la silla con cualquier excusa tonta. No te juzgues si a media tarde no estás concentrada y necesitas salir a respirar aire fresco o si llamas a tu hermana con las lágrimas a punto de salir para decirle que no puedes más.

No te machaques por no ser tan productiva como te gustaría cada día. Ni por tener días en que estás más apática y cansada. ¿Qué ser humano no se siente ningún día de su vida cansado?

No le estás fallando a nadie cuando decides colgar el hábito por un día.

No te estás fallando a ti.

 

No te juzgues creyendo que deberías llevarlo mejor o que no has conseguido tus objetivos. A veces no son realistas y otras veces simplemente suceden cosas que no podemos prever.

Lo hecho, hecho está. ¿Ahora de qué sirve lamentarse? No pierdas el tiempo echándote la culpa. Una culpa que no te hace bien y que solo te hunde más.

¿Piensas que no estás dando lo suficiente?

Date espacio y date tregua. Te la mereces.

¿Te das cuenta de que no eres la misma persona que cuando empezaste a opositar?

Y esta es una de las mejores cosas que te puedes llevar; todo lo que estás aprendiendo a lo largo del camino. Por ti y para ti.

 

¿Quién te hubiera dicho a ti que te levantarías a las seis de la mañana por propia voluntad? Y que, a pesar de ser no ser capaz de tener el armario ordenado más de dos días seguidos, tus apuntes siempre estarían en su sitio y ordenados. El orden ha entrado en tu vida de una forma que jamás hubieras pensado.

Por no hablar del máster que te has sacado en planificación. Del estudio obviamente, pero también de tu vida. Y de cómo has aprendido a sacar ratitos de dónde antes parecía que no existieran. Le has dado otro valor al tiempo, aunque haya días en que parezca que se te va de las manos y corra demasiado.

Y hablando de dar valor, ahora eres capaz de vivir al 2.000% algunos de los planes que puedes permitirte el lujo de no sacrificar. Son pocos,es cierto, pero intentas maximizarlo, vivirlo tanto como puedes siendo consciente que no sabes cuando será el próximo.

 

Y la santa paciencia con la que te has armado. Es difícil luchar por algo a largo plazo hoy en día. Vivimos en un mundo de inmediatez y tú parece que vas a contracorriente.

Cuando los trabajos se empiezan, terminan, se cambian y casi nadie se plantea quedarse para toda la vida, vas tú y decides que quieres tu para siempre.

La paciencia de avanzar poco a poco. De dejar pasar los días malos. De aprovechar los buenos. De intentarlo una vez más.

Cada experiencia es una ocasión para crecer un poquito más.

 

También te ha dado la oportunidad de conocer a nuevas personas que están en la misma situación que tú. Opositoras a las que admiras y de las que aprendes. ¿Quién dijo que después de los 30 no se podían hacer amigos? Porque sabes, a ciencia cierta, que de las oposiciones te llevas una pequeña familia con la que compartir mucho más que apuntes y conversaciones sobre el temario, las pruebas y las plazas. Has trazado un vínculo con ellos en el momento en que compartiste por primera vez tus miedos, tus dudas, tus sueños…

Porque las amistades, en parte, son eso, ¿no? Compartir aquello que llevamos dentro.

Pero no son sólo las personas que has conocido a raíz de la oposición. Son también las personas que ya estaban ahí antes de que tomaras la decisión. Las que, aunque no puedan comprenderte y a veces les quede un poco lejos tu realidad, intentan apoyarte como buenamente saben. Las que, a pesar de solo poder decirte “ánimos, tú puedes con esto”, te escuchan aunque les vuelvas a repetir lo mismo o les hables de tu programación y no entiendan de la misa la mitad, te abrazan, te llevan de cañas y todos los pequeños gestos que te dedican. Porque te quieren, porque están contigo aunque no te comprendan.

 

Y hay algo más increíble en todo esto. Y eres TÚ.

Sí, TÚ. Lo que estás sacando de ti y no tenías ni puñetera idea que llevabas dentro.

Has aprendido a chutarte tus propias dosis de motivación y hacerlo de forma intrínseca. A sacarte de ese agujero en el que a veces te metes. A mandar callar la vocecita esa que te toca los ovarios cuando le apetece. A defender con uñas y dientes tu elección. A pelear día a día sin garantías.

 

Y si estos no son motivos suficientes para sentirte orgullosa de ti y de tu decisión, ya me dirás tú cuáles lo son.

 

 

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Las habilidades interpersonales y su importancia en tu vida

Hoy queremos hablarte de un aspecto muy importante al construir relaciones y al trabajar con otras personas, como tus alumnos, tus compañeros de trabajo e incluso tus amigos: las habilidades interpersonales.

 

¿Qué son las habilidades interpersonales?

 

Las habilidades interpersonales son las habilidades que usamos todos los días cuando nos comunicamos e interactuamos con otras personas, tanto individualmente como en grupos.

 

Las habilidades interpersonales incluyen una amplia variedad de habilidades, aunque muchas se centran en la comunicación, como escuchar, preguntar y comprender el lenguaje corporal. También incluyen las habilidades y los atributos asociados con la inteligencia emocional, o la capacidad de comprender y gestionar las emociones propias y de los demás.

 

Las personas con buenas habilidades interpersonales tienden a ser capaces de trabajar bien en un equipo o grupo, y con otras personas en general.

Pueden comunicarse eficazmente con los demás, ya sean familiares, amigos, compañeros del trabajo o, en tu caso, tus alumnos.

Por lo tanto, son vitales en todas las áreas de la vida; en el trabajo, en la educación y socialmente.

 

Todos hemos estado desarrollando estas habilidades desde la infancia, generalmente de forma inconsciente. Son algo natural que damos por sentado, no paramos a reflexionar cómo nos comunicamos con los demás. Sin embargo, a veces pueden estar frenando tus relaciones. Por ello, un buen primer paso es fijarte en cómo te comunicas tú.

 

Tomando consciencia de cómo interactúas con los demás y a través de la práctica, puedes mejorar tus habilidades interpersonales. Y esto es precisamente a lo que venimos hoy: a poner énfasis en algunos aspectos clave para tomar consciencia y mejorar tus habilidades interpersonales.

 

Consejos para mejorar las habilidades interpersonales:

Escuchar con la mente abierta.

¿Dónde está tu mente cuando estás escuchando? Hay veces en que escuchamos prestando mucha atención a lo que nos dice la persona que está hablando, con paciencia y tolerancia. En cambio, otras veces, nuestra mente vaga y se sitúa en un lugar de juicio e impaciencia, queriendo ir al grano.

Escuchar es el epicentro de cualquier relación social saludable.

 

Escuchar con la mente abierta significa hacerlo con curiosidad, compasión y de forma paciente. Dar oportunidades para profundizar y fortalecer relaciones.

 

 

Prestar atención al lenguaje corporal.

Lo habrás escuchado mil veces pero realmente la comunicación no verbal puede decir mucho más que las palabras que salen de tu boca.

A veces, el verdadero mensaje que deseas comunicar se envía a través de tu tono, volumen, ritmo y lenguaje corporal.

Es necesario e importante examinar tus propias expresiones no verbales y considerar cómo interpretas las de los demás.

A veces puedes no transmitir el mensaje que quieres por culpa del lenguaje corporal.  Cuando hablas con alguien y percibes un desajuste entre su selección de palabras y su comunicación no verbal, tu confianza en esa persona, inconscientemente, disminuye. Lo mismo al inrevés.

Por ejemplo, si alguien te dice “no pasa nada” con los brazos cruzados y un tono un poco arisco, por mucho que el mensaje sea “no te preocupes”, no lo percibes así, ¿verdad?

 

Es fundamental que ajustemos lo que decimos con lo que expresamos y el primer paso es centrar tu atención en tus propias señales no verbales. Quizás no puedes cambiar las de los demás, pero sí puedes cambiar las tuyas y aprender a interpretar las de los demás.

 

Y, ¿no te parece un aspecto interesante para poner en práctica con tus alumnos? Seguro que puedes plantear alguna actividad en la que se trabaje el lenguaje corporal y ayudarles a comprender la importancia de dar un mensaje congruente al comunicarse.

 

Ampliar la competencia cultural:

La competencia cultural es la capacidad de comprender, apreciar e interactuar con personas de culturas o sistemas de creencias distintos a los tuyos. Es la capacidad para navegar a través de las diferencias interculturales, ya sea para enseñar a los estudiantes, colaborar con compañeros de trabajo o socializar con amigos o nuevas personas.

Ser consciente de tu propia identidad pero también de las diferencias que puedan existir, ya sean generacionales, raciales, de género, nacionales, etc y de los sesgos inconscientes que realizamos.  La cultura puede desempeñar un papel importante en la comunicación, las emociones, el cumplimiento de las normas y las relaciones.

Y no olvides que los rasgos que compartimos en común (que siempre los hay), pueden ofrecer oportunidades para construir puentes en favor de las relaciones.

 

Saber gestionar los conflictos.

Ni a ti ni a nadie nos gusta tener conflictos, problemas o malentendidos con otra persona. Pero la realidad es que es muy difícil que jamás surjan. Un conflicto puede fortalecer o socavar una relación, pero la mayoría de nosotros somos reacios a ellos, intentamos sortearlos como podemos y muchas veces carecemos de las habilidades necesarias para enfrentarlos. Probablemente porque desde pequeños nos han educado para evitarlos.

Pero necesitamos aprender a manejarlos, sobre todo cuando estás al mando de una clase.

Aunque te pueda costar, si tienes un problema o una queja sobre alguien, llévalo directamente a esa persona. No te lo guardes, no empieces a contárselo a todo el mundo menos al implicado, no lo dejes ir. Las cosas hay que solucionarlas al momento para evitar rencores, resentimientos y grandes conflictos. Cuesta pero te garantizamos que, a la larga, tú y las personas de tu alrededor van a agradecértelo.

 

 

Una comunicación sólida y una comunidad saludable pueden reforzarnos a través de momentos difíciles, traer alegría a nuestras vidas y mejorar nuestra capacidad de recuperación.

 

 

Además, no solo tú puedes trabajarlas a nivel personal, sino que puedes ayudar a tus alumnos a desarrollarlas y mejorarlas a través de actividades y ejercicios, permitiéndoles ganar una herramienta muy poderosa para su futuro.

 

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En la piel de una opositora: Entrevistando a Sara

Te traemos una nueva entrevista a otra opositora para que te de energía y motivación para seguir con el estudio.

Hoy te presentamos a Sara; una chica de 30 años que aprobó las oposiciones hace algunos añitos. Estudió educación primaria mientras trabajaba como monitora de niños los fines de semana y en verano. Mientras estudió las oposiciones, a tiempo completo, seguía trabajando como monitora porque le apasionan los niños. Hoy en día es profesora de inglés en ciclo medio y superior de primaria y está encantada con su trabajo.

Le hemos pedido que nos hable un poco de su experiencia durante el camino hacia las opos, ¿quieres conocer cómo fue?

Quédate leyendo e inspírate con su caso.

 

 

¿En qué momento decidiste empezar a opositar?

Lo decidí cuando termine la carrera. Sabía que ser profesora era mi vocación, siempre me han gustado los niños y trabajaba de monitora los fines de semana y en verano.  Además mis padres son docentes, trabajan en escuelas públicas y siempre tuve claro que quería que ese fuera mi camino.

 

¿Por qué decidiste empezar a opositar?

Supongo que por el mismo motivo que la mayoría de personas que se presentan a una oposición; para tener un trabajo estable e independiente.

 

¿Cómo te preparaste? ¿Por libre, preparador, academia…?

Al principio fui a una academia pero no me terminaba de convencer y lo dejé. Seguí estudiando por libre, pero veía que me costaba mucho y que no conseguía ponerme las pilas. Entonces decidí darle otra oportunidad a las academias y me topé con FormArte.

 

¿Por qué escogiste FormArte?

Sinceramente porque sentí que era mi sitio. La primera vez que busqué academia, no me lo plantee demasiado, escogí la primera que encontré. Después de esa primera experiencia estaba bastante desencantada y no confiaba mucho en encontrar una que me convenciera, pero llegué aquí, pregunté, me gustó mucho todo lo que me contaron, ví que eran innovadores y que hacían las cosas distintas y .. me quedé.

 

 

¿Qué has aprendido a lo largo del camino de opositar?

Muchas cosas, pero se podría resumir en que si quieres, puedes.

 

 

 

¿Cuál fue el momento más duro de cara a la oposición?

Hubo algunos momentos duros, pero una de las peores épocas fue justo el enero antes de opositar. Me había pasado las Navidades estudiando, había dejado de hacer muchas cosas por estudiar, sentía que no lo llevaba tan bien como debería… Fue el momento en que pensé que quizás, después de todo lo que me estaba esforzando, no lo conseguiría.

 

¿Cómo te organizabas para estudiar? 

Diariamente. Había terminado la carrera hacía relativamente poco y fue como seguir con la dinámica de la universidad, pero más en serio.

 

 

 

¿Qué crees que es lo más importante para opositar?

Rutina y organización.

 

 

 

¿Qué es lo mejor de haber opositado?

Además de lo que te llevas a nivel personal y ver que realmente puedes conseguirlo si te lo curras, la estabilidad económica y los derechos laborales que tienes.

 

¿Ha cambiado tu punto de vista acerca de la enseñanza durante la preparación de las oposiciones?

En mi caso creo que sí. No diría que  por la preparación en sí, pero cuando compartes este proceso con otras personas tienes la oportunidad de descubrir otros puntos de vistas y de pensar, diferentes formas de enfocar las cosas…

 

 

¿Cómo se superan los momentos de “no puedo más”?

Pensando en lo que te espera al final del camino.

 

 

¿Llegaste a plantear dejarlo en algún momento? Si es que sí, ¿Por qué y cómo lo superaste?

A dejarlo no. Como ya he comentado, hubo algún momento duro de “no puedo” pero no pensé en dejarlo. Sabía que me presentaría pasara lo que pasara.

 

¿Nos puedes dar algún consejo para las futuras opositoras?

Si quieres puedes.

 

Y con esta frase tan importante, cerramos el post de hoy.

Ya sabes opositora, ¡si ella quiso y pudo, TÚ TAMBIÉN!

 

Y si quieres seguir leyendo entrevistas a otras opositoras, puedes hacerlo aquí.

 

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