La otra cara de opositar

Como opositores nos empeñamos frecuentemente en decir lo duro y desmotivante que puede ser opositar. Más que nada porque es una verdad como una catedral.

 

Es muy fácil entrar en el bucle de: no puedo más, no me da la vida, estoy harta, lo mandaría todo a tomar por saco…

Pero no es porque nos guste quejarnos de por sí, es simplemente que es una parte de lo que vivimos, una realidad que está ahí día tras día.

 

Esta es la parte negativa. Hasta aquí todo claro.

 

Sin embargo, esto es como la vida maravillosa de algunas influencers en redes sociales. Aunque nos parezca que su vida es lo más de lo más, también sufren, tienen sus momentos bajos y les suceden cosas poco agradables. Pero se lo guardan para ellas.

 

Con las oposiciones sucede al revés. Aunque nos parezca el pozo más hondo y sin salida de la historia, también hay cosas positivas que, entre tanto estudio y frustración, se nos pasan por alto.

Y este es el objetivo del post de hoy. Darnos cuenta de todo lo bueno que te está aportando opositar como una campeona.

 

Hay aspectos que saltan a la vista de buenas a primeras. El máster en organización que te estás marcando, por ejemplo. Antes de opositar mi capacidad de organización era más bien precaria; me consideraba desorganizada por naturaleza y ahí no había nada que hacer. ¡Si incluso mi madre me lo decía!

Opositando me di cuenta que no era cierto. Soy capaz de planificarme tanto en cuestión de horas como de objetivos a cumplir (cumplirlos siempre todos a rajatabla, ya es otra historia).

A partir de esto he aprendido tres cosas:

 

  1. La primera y más obvia, a organizarme.
  2. La segunda es que lo que creemos de nosotros no es siempre cierto y que muchas veces nos empeñamos en ponernos etiquetas que solo nos limitan.
  3. Y la tercera y última que hay mil capacidades que, quizás de buenas a primeras no tenemos, pero que se pueden desarrollar.

 

Este último punto, si te soy sincera, me da mucha fuerza. Pienso que hay tantas cosas que puedo mejorar de mi misma… y precisamente, que sé que soy capaz. Que solo necesito tiempo y poner el chip adecuado. ¿No son eso buenas noticias?

 

También he aprendido a sacar horas al reloj. No te voy a decir que estoy en el club de las 5 de la mañana porque de eso aún no he sido capaz, pero madrugar forma parte de mi rutina. Y la verdad es que el día tiene más horas de lo que creía. Bueno, no. Tiene 24 horas y ya lo sabía, pero he cambiado la forma de emplearlas.

Opositando me he dado cuenta que antes perdía mucho tiempo en tonterías. Ahora soy capaz de estructurar mis horas mucho mejor y aprovecharlas.

Y con esto de aprovechar el tiempo… he sido capaz de entender con quién quiero aprovecharlo. Es normal dejar atrás a personas a lo largo del camino pero he acelerado bastante este proceso opositando.

Lo que quiero decir es que, como probablemente tú, tengo poco tiempo para pasar con mis amigos. Suelo perderme planes y evidentemente me encantaría poder disfrutar de ellos mucho más de lo que lo hago.

Ante esta situación me he dado cuenta de a quién realmente quiero ver y a quién no me apetece tanto. Al principio me costó aceptarlo porque es duro darse cuenta que hay gente que no es tan importante como pensabas. Pero forma parte de la vida.

Hay personas que te restan más que sumarte. Quedas con ellas y vuelves a casa un poco de bajón y sin muchos ánimos. Sinceramente, esto es lo último que necesito. Por lo tanto, he acabado quedándome con los que estoy a gusto al 100%.

 

Y no solo se trata de amigos sino de actividades que antes hacía por hacer y que realmente no quería hacer. ¿Por qué matarme en el gimnasio si no me gusta? Prefiero ir a yoga que me relaja y le estoy pillando el gustillo.

 

También he aprendido a pasar más tiempo conmigo misma. Cuando opositas, por mucho que vayas a una academia, estás sola muchas horas. Por ejemplo, antes jamás me planteaba ir a pasear yo sola.

¿Yo sola? ¡Pero qué dices!

Hasta que un día, cuando estaba hasta las narices de las paredes de mi casa, decidí ponerme mi música e ir a dar un paseo. Y me gustó. Ese fue el pistoletazo de salida para ser capaz de hacer cosas por mi misma sin necesidad de compañía.

Y es algo muy importante que nadie nos enseña nunca.

 

Y otra cosa que me ha enseñado opositar es que me encanta la profesión que elegí en su momento. Me apasiona ser profesora. Es mi vocación y estoy 100% segura.

No sé si fue cosa de mi universidad pero, durante la carrera no sentí ningún tipo de motivación. Las clases eran más bien aburridas, salvo por algún profesor que realmente quería hacer las cosas distintas.

El mejor momento fueron las prácticas que hice a lo largo de la carrera.

Opositando se ha abierto un mundo nuevo ante mi. Estoy bastante segura que he aprendido más en casi un año y medio opositando que en 4 años de carrera.

 

Ha sido como si se abriera una puerta llena de nuevas ideas, otras forma de abordar la educación, puntos de vista, recursos distintos… Ganas de leer libros, artículos, blogs, de buscar fuentes de inspiración e incluso de replantearme lo que pensaba. Me he dado cuenta que casi cualquier cosa puede convertirse en algo educativo.

Pero además, a no limitarme a la educación en sí, sino a un conjunto de recursos para mi misma. Ser más flexible, más consciente de lo que hago, más abierta de mente..

Otra forma de entender mi profesión como educadora.

 

Y lo pienso y.. guau! qué suerte la mía de haber podido aprender y de darme cuenta de todo esto. Es un enfoque distinto que me da más fuerza para seguir currando y para ir a por ese aprobado y esa plaza. ¿no te pasa a ti?

 

Y tú, ¿qué estás aprendiendo opositando? ¡Cuéntamelo, que seguro que hay muchas cosas en las que no he caído!

 

 

FormArte, el arte de formar

 

 

Ha llegado el momento de usar la imaginación en clase.

Pocas veces se habla de la imaginación en la educación.

Y seguramente sea porque tenemos mal entendido el concepto de imaginación. Generalmente lo asociamos con lo irracional; la imaginación es “fantasía” y “hacer creer”.

Se equipara la imaginación exclusivamente con el aprendizaje temprano. Y es un gran fallo.

Otras veces se asocia la imaginación en la educación como parte de un plan de estudios para asignaturas de arte. Otro fallo.

O directamente se considera que la imaginación es un pensamiento fantástico y ¿quién tiene tiempo para imaginación con el poco tiempo del que se dispone y las elevadas demandas curriculares?

 

Esta idea de que la imaginación está reñida con el aprendizaje académico es errónea. Y son creencias que están profundamente arraigadas.

Quizás deberíamos dedicamos a descubrir cómo involucrar la imaginación en el aprendizaje.

 

En general, nadie considera que ser imaginativo sea una cualidad inútil o una característica inútil de la mente humana, ¿verdad? De hecho, los padres quieren que sus hijos sean imaginativos y solemos admirarla en los demás.

 

No obstante, nos la dejamos en la puerta de las escuelas.

 

Vygotsky, que realizó importantes contribuciones en la psicología del desarrollo y la educación, mantenía que la imaginación es una función psicológica superior conectada con la emoción y con toda actividad intelectual.

 

Citando sus propias palabras:

“… La imaginación es tan necesaria en geometría como en poesía. Todo lo que requiere la transformación artística de la realidad, todo lo que está conectado con la interpretación y la construcción de algo nuevo, requiere la participación indispensable de la imaginación “.

 

Y, de hecho, no ha sido el único que ha hablado de la imaginación como motor de aprendizaje. Kieran Egan situaba la imaginación en el corazón de todo aprendizaje. La imaginación representa la capacidad de imaginar lo posible en todas las cosas. La imaginación es algo que podemos educar; podemos enriquecer esta capacidad en nuestros estudiantes a medida que aprenden todos los aspectos del currículo.

 

¿Por qué es tan importante aprender con la imaginación como tener conocimiento? ¿Por qué deben los profesores y los alumnos utilizar la imaginación en el aprendizaje?

 

La imaginación se considera la facultad o acción de formar nuevas ideas o conceptos de objetos externos que no están presentes en los sentidos. Por otro lado, el conocimiento se trata de hechos e información. Abarca las habilidades que adquirimos a través de la experiencia o la educación; La comprensión teórica o práctica de una asignatura.
Pero, ¿cómo se complementan en el aprendizaje?

Nuestra imaginación cambia; es orgánico y crece a medida que nuestro conocimiento crece. El conocimiento alimenta la imaginación que, a su vez, nos impulsa a un nuevo conocimiento. En última instancia, este es el ciclo de descubrimiento y aprendizaje que perseguimos en la educación.

Un estudiante imaginativo, por ejemplo, sería libre de tomar riesgos y ser un líder, y de expresar opiniones en lugar de solo respuestas correctas. De la misma manera, un maestro imaginativo también puede tomar riesgos, ser un líder y adaptarse a las necesidades cambiantes de sus estudiantes.

 

Como educadoras, es importante traer la imaginación dentro del aula. Hay herramientas cognitivas particulares que usamos para dar sentido al mundo como seres imaginativos que somos. ¿Por qué no usarlas en clase para que el aprendizaje sea significativo, memorable e inspirador?

 

Y también para ayudarles  a desarrollar su propia imaginación y creatividad.

 

¿Cómo podemos hacerlo?

 

Fomentando el crecimiento y la curiosidad. Los hechos y el conocimiento son el punto de partida, pero desde ahí se puede llegar mucho más lejos. Una vez tus alumnas y alumnos conocen los hechos, ¿cómo se puede usar esa información para resolver diferentes problemas? ¿Cómo lo trasladamos a un plano más cotidiano?

No importa el qué, cuando enseñes con imaginación, debes enfocarte en una mentalidad abierta y de crecimiento. En despertarles la curiosidad y las ganas de querer saber más, de romperse el coco, de ir siempre un paso más lejos. Tu propia curiosidad puede ser contagiosa, ¿lo sabías?

 

Tampoco nos olvidemos de seguir jugando.

No dejes de jugar en clase. Prueba con juegos de palabras, acertijos, cuentos para resolver un misterio, rompecabezas de pensamiento lateral y todo lo que se te ocurra. Y si dejas que sean ellos los que se inventen los juegos, aún se involucrarán más. ¿Qué pierdes con probar? Quizás descubres un mundo nuevo lleno de posibilidades 😉

 

La imaginación inspira, pero ¿sabes que tú puedes inspirar a tus alumnos? Las ganas de aprender y la curiosidad son contagiosos y si tú eres la primera que lo siente, vas a transmitirles el gusanillo a tus estudiantes. Puedes darle la vuelta a tus clases. Por mucho que los hechos sean, en general, el punto de partida ¿Por qué no girar la tortilla y dejarlos para el final? ¿y si empezamos jugando, investigando, explorando? Cuando se pone en marcha el mecanismo de la imaginación y la curiosidad, aparecen nuevas preguntas e incógnitas. Y es en este punto donde se pueden presentar los hechos o conocimiento más reglado.

 

El “ problema” de la imaginación es que no se puede enseñar en sí misma, solo puedes enseñar cómo  desarrollarla y potenciarla. Pero no puedes imaginar por tus alumnos.

 

Ten en cuenta que el miedo suele ser un gran enemigo de la imaginación. .Por lo que no te olvides de crear un espacio donde todos tus alumnas y alumnos se sientan seguras/os para hablar, jugar, reflexionar y discutir ideas.

Aprender con imaginación es un ciclo sin fin.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Comunicación efectiva para docentes – La voz. 

Retomando el hilo de artículos anteriores (que si no lo leíste, te recomendamos que primero le vayas a echar un vistazo ), volvemos a tocar el tema de la comunicación.

 

Te contamos que  había tres elementos importantes para poder comunicarte de forma eficaz: las palabras que usas, el lenguaje corporal y la voz.

 

Hoy atacaremos el tema de la voz.

 

Tu voz puede revelar tanto sobre tu historia personal como tu apariencia. El sonido de una voz y el contenido del habla pueden proporcionar pistas sobre el estado emocional de un individuo.

 

Por ejemplo, si la autoestima es baja, se puede reflejar con vacilación en la voz. Una persona tímida puede hablar en voz baja, pero es más probable que una persona que confíe en sí misma tenga dominio de su voz y claridad en el habla.

Vale la pena tomarse el tiempo para mejorar tu dominio sobre la voz, especialmente si te resulta difícil hablar en público. ¡Incluso puede ayudarte a aumentar tu confianza!

 

Es importante acostumbrarse al sonido de tu propia voz. La mayoría de las personas se sienten más relajadas en una situación privada, especialmente en casa o con personas de confianza, donde no hay presiones para cumplir con otras normas y expectativas sociales. Este no es el caso en situaciones públicas cuando hay todo tipo de influencias ejercidas sobre la forma en que las personas hablan.

 

Vamos a ver un pequeño ejercicio para mejorar el hecho de hablar en público:

 

Graba tu propia voz en un entorno informal (en casa o con amigos), pero intenta que sea un lugar relajado sin mucho ruido. Escucha atentamente cómo suenas. Observa cualquier aspecto de tu discurso que reduzca la efectividad de tu mensaje. Por ejemplo, una tendencia a usar onomatopeyas como “um” o “eh…”. a tartamudear ligeramente, o a repetir mucho una palabra para empezar las frases como “en plan”.

 

La mayoría de nosotros no estamos acostumbrados a escuchar nuestras propias voces y por norma, suele no gustarnos. Pasa de la etapa inicial, ‘¿Realmente suena así?’ Y desarrolla una mejor comprensión de tu voz.

Cuanto más te acostumbras al sonido de tu voz que funciona de una manera un poco más formal, más fácil es hacerlo “de verdad”. En una conversación, las personas tienden a hablar en frases cortas, unas pocas a la vez. Hablar o leer en voz alta le ayuda a acostumbrarse al sonido más fluido de tu voz.

 

Cualquiera puede mejorar el sonido de su voz y la forma en que hablan en cuestión de días a través de unos simples ejercicios. Eso sí, para mejorar tendrás que mantener un cierto compromiso y practicar regularmente durante unos minutos.

 

Un ejercicio para practicar puede ser el siguiente:

Escoge algún documento, artículo o las dos primeras páginas de un libro. Eso sí, que lo que vayas a leer esté en soporte físico, es decir, en papel.

Primero, léelo en silencio, luego léelo en voz alta como lo harías en un ambiente relajada. No te preocupes si tropiezas o vacilas en algún momento, simplemente sigue hasta el final.

Después léelo  una tercera vez y graba tu voz al hacerlo. En esta tercera lectura, recuerda las siguientes cosas: .

 

Disminuye la velocidad: es una reacción natural querer superarlo lo más rápido posible y esto a menudo hace que las personas tropiecen con sus palabras. La aceleración también ocurre cuando estás nervioso y por lo general te hace más difícil de entender.

Mantén la cabeza en alto: trata de no meter la barbilla en el libro, ya que tu voz se dirige al suelo y no a la audiencia. Mantén el libro o las hojas lo más alto posible y proyecta tu voz.

Haz una pausa de vez en cuando: deja que el final de una oración o el final de un párrafo te den la posibilidad de descansar dos o tres segundos. Las pausas pueden ser útiles para enfatizar.

Practica este ejercicio tan a menudo como puedas.

 

La voz responde a las emociones y, a veces, se “bloquea”, lo que puede impedir u obstaculizar la expresión de diversos sentimientos.

 

Cuando estás bajo estrés, el patrón de respiración cambia. Cuando tus músculos están tensos, no puedes usar tus pulmones en toda su capacidad. Cuando alguien está asustado o nervioso, un síntoma común es la tensión en el cuello y los hombros. Esto ocurre porque, cuando estamos bajo presión, tendemos a respirar más rápido. Esto significa que inhalamos mucho aire, pero no hay tiempo suficiente para exhalar y relajarnos por completo, por lo que no obtenemos el beneficio completo.

 

 

 

La buena respiración es esencial por dos razones:

 

  1. Al utilizar la capacidad pulmonar total, la respiración apoyará la voz y la voz se volverá más rica, más completa y más fuerte.
    Esto beneficiará a las personas que tienen una pequeña voz y que se preocupan de que no puedan ser escuchadas cuando hablan con un grupo de personas. El volumen se controla en el abdomen y no en la garganta, por lo que respirar con toda tu fuerza permitirá un mayor control de la voz.
  2. La respiración profunda y rítmica tiene un efecto calmante y terapéutico, ya que libera la tensión y promueve la relajación. Las personas que están relajadas son más equilibradas, receptivas y confiadas y, por ende, se comunican mejor.

 

 

Hay otros elementos de la producción vocal que se deben tener en cuenta para comunicar bien. Uno de ellos es la variedad, que ayuda a mantener el interés de la audiencia y hace el discurso mucho más llevadero.

 

Para que el habla sea efectiva e interesante, se pueden aplicar ciertas técnicas. Sin embargo, es importante no sonar falso o como si estuvieras actuando. Las palabras transmiten significado, pero la forma en que se dicen refleja sentimientos y emociones.

 

Aspectos a tener en cuenta:

 

La velocidad a la que hablas. Si hablas demasiado rápido, entonces los oyentes no tendrán tiempo para asimilar lo que estás diciendo, pero si hablas excesivamente lento, pueden morirse del aburrimiento. Variar el ritmo, acelerando a veces y luego disminuyendo la velocidad, puede ser una buena idea porque esto ayudará a mantener el interés.

 

El volumen: Subir o bajar el volumen ocasionalmente, puede crear énfasis. Si bajas tu voz a casi un susurro (siempre y cuando se proyecte) para una oración o dos, tu audiencia se pondrá súbitamente alerta. Sin embargo, ten cuidado de no abusar de esta técnica, ya que perderá su impacto.

 

Énfasis: Cuando hables en público, intenta transmitir la información con la mayor energía vocal y entusiasmo posible. Enfatiza ciertas palabras y frases dentro de la conversación para transmitir su importancia y ayudar a agregar variedad.

Las pausas son poderosas. Se pueden usar para resaltar una declaración anterior o para llamar la atención antes de un mensaje importante. Las pausas significan silencio por unos segundos. Los oyentes interpretan el significado durante las pausas, así que ten el coraje de permanecer callada por hasta cinco segundos; pausas dramáticas como esta transmiten autoridad y confianza.

 

 

Y esta es la última entrega de la trilogía de la comunicación. Esperamos que te sea útil para encarar las pruebas de las oposiciones. Y también para tu futuro.

 

Recuerda que nadie nace enseñado y que, la clave para dominar la comunicación es practicar, practicar y practicar hasta decir basta.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

Opositando en Semana Santa

Este año ha tardado en llegar, pero ya tenemos aquí al semana santa; esos días de vacaciones después del largo periodo invernal. ¡Qué lejos queda la Navidad!

 

Y por mucha Semana Santa que sea, tú sigues con las oposiciones por delante.

 

Una de las claves para aprobar las oposiciones es encararlas como si fueran un trabajo; ser constante y tener una rutina de estudio bien marcada. Pero llegan vacaciones y no sabes qué hacer. Por un lado, desaprovechar los días y perder la rutina puede afectar tus resultados, pero por otro tú también necesitas un descanso y oxigenarte.

 

Dependiendo de si trabajas o no, si tienes hijos o cómo vives la semana santa, tu rutina puede cambiar más o menos durante estos días. Los cambios de rutina o que la mayor parte de tus conocidos estén de vacaciones, no es excusa para dejar de estudiar. Sin embargo, tampoco debes obsesionarte con estudiar sin parar. No es cierto que cuanto más estudies y menos descanses, más avances, en realidad, lo único que te generará es más ansiedad y estrés.

 

Por lo tanto, nuestro consejo es que aproveches estos días para darle caña pero sin agobiarte o ponerte al límite. Encuentra el equilibrio entre el estudio y el ocio.

Tan importante es que aproveches los días festivos para avanzar todo lo posible, como para tomarte un break. Los descansos sirven para renovar energías y recargar pilas para seguir (y para divertirte y despejarte, obviamente).

 

Si quieres que realmente los momentos de descanso sean efectivos, necesitas desconectar por completo del estudio y de la oposición.

Disfruta de las procesiones de semana santa si te gustan, sal con tu familia y amigos, ves al cine, al teatro, aprovecha para ir de excursión, para hacer deporte o algún taller de algo que te apetezca. El qué es lo de menos, siempre y cuando consigas aprovechar el momento, olvidar un poquito la oposición y divertirte.

 

Como es habitual, te recomendamos planificar el estudio de esta semana. Decide qué vas a hacer cada día y márcate objetivos REALISTAS. Hacer un planning de las horas está bien pero no te estanques en medir el tiempo por horas. Mídelo por tareas concretas y objetivos. Es decir, mejor dí: hoy voy a hacer X, Y y Z, en lugar de: Hoy voy a estudiar 8 horas.

 

Respeta tu ritmo biológico y estudia cuando te sea más fácil y efectivo hacerlo, independientemente de si es de noche o de día. Eso sí, no te duermas en los laureles y ponte alarmas para recordar que es momento de empezar.

 

Si estudias en casa y durante estos días crees que no vas a poder concentrarte bien con toda la familia a tu alrededor, busca algún lugar que te  inspire a estudiar. También puedes hacerlo si crees que cambiar de aires te va a sentar bien.

Una biblioteca, una cafetería tranquila… encuentra tu lugar ¡y a darle duro!

 

Un truquito para estos días es que aproveches los primeros días para emplearte a fondo en el estudio. ¿Por qué? Porque aún tienes el chip de la rutina en marcha y te costará mucho menos ponerte a ello. Empieza fuerte y ve disminuyendo el ritmo hasta poder tomarte un par de días para ti, alejada de las opos.

Si tienes que volver a estudiar cuando todos están aún de vacaciones va a ser más duro. En cambio, cuando el lunes  debas volver a la rutina, al igual que la mayoría de la gente, será un poco más fácil. Ya sabes lo que dicen: mal de muchos, consuelo de tontos. Pero consuelo, al fin y al cabo 😉

 

Esperamos que te lo tomes con calma estos días y que disfrutes de momentos para ti.

¡Feliz Semana Santa!

FormArte, el arte de formar.

Comunicación efectiva para docentes – Las palabras y el lenguaje corporal. 

En el pasado post te hablamos de la importancia de la comunicación en tu vida tanto profesional como personal.

 

Uno de tus objetivos como educadora es poder crear en clase un ambiente comunicativo desde el principio, y para ello, tú debes contar con las competencias necesarias para comunicarte de forma eficaz.

Y si tenemos en cuenta que las oposiciones y la defensa ante el tribunal están a la vuelta de la esquina, es el momento de poner toda la carne en el asador e intentar mejorar las habilidades comunicativas.

 

¿Qué se considera una comunicación eficaz?

 

Podríamos definir la comunicación eficaz como aquella comunicación en que el mensaje se entiende claramente y, a ser posible, se actúa en consecuencia de este. Es tan importante lo qué dices como el cómo la dices.

Lo que dices significa tu elección de palabras. Es probable que las palabras y el lenguaje que uses cuando hables con una amiga sean muy diferentes a las que usas en una presentación o en clase con los alumnos.

Del mismo modo, la forma en que hablas también variará en diferentes situaciones.

 

Sea cuál sea la situación, debes poder comunicarte de forma efectiva y considerar todas las herramientas y aspectos posibles para garantizar que nada distraiga o reste valor a tu mensaje, sobre todo ahora que tenemos las pruebas de las oposiciones encima.

 

Hagamos un pequeño repaso a los elementos principales para que se produzca una comunicación eficaz:

 

  • Las palabras que usas.
  • El lenguaje corporal.
  • Tu voz

 

 

 

Hoy hablaremos de los dos primeros elementos: las palabras que eliges para comunicarte y el lenguaje corporal.

Las palabras que usas

Lo que dices, las palabras que elijas, importa.

 

Si a tu audiencia no le quedan suficientemente claras las palabras que usas, interpretará el mensaje en función de lo que ellos crean. Y esto muchas veces puede no ser lo que tú quieres transmitir. Por eso, tienes que elegir cuidadosamente las palabras, especialmente cuando estás diciendo algo importante.

 

Al comunicarte debes tener en cuenta a tu audiencia. Las palabras elegidas tendrán que ser diferentes si estás hablando a tus alumnos, al tribunal de las oposiciones, a tu jefe o a tus amigos. No usamos el mismo vocabulario en todos los casos. Tienes que pensar en el nivel de comprensión de tus interlocutores sobre el tema y también en el tipo de lenguaje que usan.

 

Las oraciones más cortas son más fáciles de procesar y entender. Ante una oración excesivamente larga podemos perdernos por el camino y no llegar a comprender la esencia del mensaje.

 

De la misma forma, las palabras más simples también son más fáciles de comprender. Dicen que si no puedes explicar algo en términos simples, probablemente es porque tampoco terminas de entenderlo. Esto es particularmente importante cuando se trata de niñas y niños, dado que todos tienen unas necesidades educativas diferentes.

 

 

El lenguaje corporal

 

Ya debes saber que una cantidad considerable de la comunicación no es verbal. Algunas investigaciones sugieren que más del 50%. El próximo día te hablaremos del tono de voz, el ritmo y el énfasis, pero hoy nos centraremos en el lenguaje corporal que también es importante.

 

¿Qué incluye el lenguaje corporal? Tu postura corporal, tus expresiones faciales, la forma en que usas las manos para enfatizar el habla e incluso cómo y con quién creas contacto visual.

 

El lenguaje corporal refuerza o enfatiza lo que estás diciendo y también ofrece información sobre las emociones y las actitudes de una persona.

 

Sin embargo, también es posible que los movimientos corporales entren en conflicto con lo que estás diciendo.

Para que la comunicación sea efectiva, tu comunicación no verbal necesita reforzar tus palabras: los dos deben decir lo mismo. La comunicación no verbal es mucho más difícil de disfrazar que la verbal: si ves que el lenguaje corporal de alguien está transmitiendo un mensaje diferente de sus palabras, vale la pena escuchar la comunicación no verbal primero, ya que es más probable que refleje sus puntos de vista reales.

 

¿Cómo puedes proyectar un lenguaje corporal positivo?

Cuando usas un lenguaje verbal positivo, estás dando fuerza a los mensajes verbales o ideas que quieres transmitir y evitas enviar señales confusas o mezcladas.

 

Vamos a echar un vistazo de algunas posturas básicas que proyectan confianza en ti misma y franqueza, para que las tengas en cuenta de cara a tu defensa oral o a situaciones profesionales:

 

Tener una postura abierta: ¡Relájate pero no te acomodes demasiado! Trata de mantener una postura erguida pero sin forzar.

Tanto si estás sentada o de pie, intenta colocar los brazos a los lados o de forma natural. No los pongas en jarras o los cruces  ya que da sensación de agresión o estar a la defensiva y de no estar abierta a nuevas ideas u opiniones.

 

 

Mantén un buen contacto visual. Si estás haciendo una exposición, nada de mirar al suelo todo el rato o a la lejanía. Mira a tu audiencia (o al tribunal, en el caso de las opos) cuando estés exponiendo. Pero, ¡no te pases! Dejar tu mirada fija en alguien durante demasiado tiempo puede indicar desafío o falta de confianza (y es un poco incómodo, ¿verdad?).

Expresión facial: la cara es el mejor reflejo de lo que siente una persona. La mayoría de las veces es fácil reconocer si una persona está feliz, triste, ansiosa, irritada o excitada. Es muy importante que en un escenario profesional controles tus expresiones faciales.

Por ejemplo, si en una presentación sientes que tu exposición no está funcionando tan bien como te gustaría, ¡no muestres signos de estar perdiendo la esperanza! En lugar de esto, puedes intentar que tu audiencia participe más o relajar el ambiente con una anécdota o algún dato curioso. (OJO, esto depende del tipo de exposición o presentación).

 

 

Estas son solo algunas directrices acerca del lenguaje corporal. Este es un tema que puede dar para 20 artículos más y que, volveremos a abordar en un futuro.

 

¿Con qué idea queremos que te quedes?

El objetivo de este artículo es que reflexiones acerca de cómo te comunicas. Si usas el lenguaje corporal de forma adecuada y en sincronía con tu mensaje, si sabes adaptar el mensaje a tu audiencia y elaborar un discurso coherente y comprensible, etc.

 

A la vuelta de la esquina están las pruebas orales de las exposiciones pero también tu futuro como docente. Por lo tanto, puede ser un buen momento para echar la vista hacia una misma y ver en qué podemos mejorar.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

 

 

¿Para qué te sirve saber comunicarte de forma eficaz?

La comunicación es esencial en cualquier campo de interacción humana. Por medio de la comunicación, ya sea oral o escrita, podemos transmitir y compartir conocimientos, conceptos, sentimientos, ideas, emociones, estados de ánimo…

Comunicarse de forma eficaz es imprescindible, simplemente por el hecho de ser seres sociales y vivir en relación con las demás personas.

 

Sin embargo, para ti es aún más importante ya que necesitarás una buena comunicación para llevar a cabo tu labor docente.

 

Enseñar tiene que ver con la comunicación: escuchar, hablar, leer, presentar y escribir. Si como maestra perfeccionas tus habilidades de comunicación, estarás preparada para instruir, asesorar y orientar a los estudiantes que tengas a tu cuidado.

Sin embargo, no solo en clase es importante saber comunicarse. También debes comunicarte bien para colaborar de forma efectiva con los demás profesores y con los padres de tus alumnas y alumnos.

 

Tal como decía Paulo Freire, educador y uno de los más influyentes teóricos de la educación del siglo XX, la comunicación y la educación son una misma cosa, es decir, no puede existir una sin la otra. Para él el proceso docente educativo es un proceso comunicativo donde el profesor y el alumno participan activamente en la solución de las tareas y en la adquisición de nuevos conocimientos. Por tanto, aprenden unos de otros durante el proceso.

 

Nos encontramos que la comunicación es el principio de todo proceso de enseñanza-aprendizaje, una forma de conectar con tus alumnos.

 

La comunicación es tanto receptiva como expresiva. Debes ser experta en escuchar a tus alumnos/as y explicar las cosas claramente. Necesitas claridad de pensamiento para presentar el material. Debes ser capaz de desglosar ideas complejas en partes más simples y pasos más pequeños para transmitirlos a tus estudiantes. Debes poder adaptar tus métodos de comunicación a todos los estudiantes, independientemente de su capacidad o estilo de aprendizaje. Tienes que poder “leer” a tus estudiantes y adaptarte a las necesidades del individuo. La comunicación efectiva incluye transformar lo aburrido en interesante y tener buenas habilidades de presentación.

 

Como buena docente podrás comunicar preocupación y atención por tu tono de voz y el uso del lenguaje corporal. La comunicación es la forma de transmitir un genuino compromiso y cariño por tus alumnos. Además, ¿verdad que te preocupas por el progreso de tus alumnos? Es importante hacérselo saber en todo momento. Aprender los nombres de tus estudiantes a principios del año escolar y usar sus nombres cuando te dirijas a ellos. Conocer las esperanzas, los temores y las preferencias de tus estudiantes y comunicarles este conocimiento a ellos. Comunicar tu aprecio por lo que hacen tus estudiantes al celebrar sus éxitos y alentarlos constantemente. Esto les ayuda a sentirse reconocidos y validados.

Y todo ello se consigue mediante una buena comunicación y habilidades para llevarla a cabo.

Pero, como ya te hemos comentado al principio, no solo te comunicas profesionalmente con tus alumnos. Aquí es donde entran los padres.

Tienes que poder expresarte tanto verbalmente como por escrito, para informales del progreso de sus hijos. Poder explicarles sus fortalezas y debilidades para que los padres entiendan el mensaje y sean receptivos, en lugar de estar a la defensiva. Esto es especialmente importante cuando tienes que transmitir un mensaje difícil sobre una mala conducta de algún alumno o problemas de aprendizaje.

El mensaje debe ser comunicado de forma clara y con tacto. No todo vale. Y por eso es importante tener los recursos y las destrezas necesarias para hacerlo. Y nadie nace enseñado, tienes que desarrollarlas y reforzarlas.

Tienes que sentirte cómoda comunicándote con los padres regularmente, sea mediante llamadas telefónicas, emails, notas informativas o cara a cara. Y tener en cuenta que habrá padres que querrán comunicarse contigo de forma muy constante (por mucho que  tú creas que no es necesario).

 

Aunque una buena parte de tu función educadora se realiza en el aula sin la presencia de otros adultos, trabajas codo a codo con otros docentes y, una buena enseñanza también implica cooperar y coordinarse con los demás compañeros. Una escuela es una comunidad de aprendizaje profesional, al fin y al cabo, y se debe impulsar a que los maestros planifiquen proyectos, actividades y lecciones juntos para poder aprender unos de otros. Ser un equipo en el que se compartan  y discutan nuevas ideas y recursos con la finalidad de ponerlos en práctica. Para conseguirlo se requiere una excelente comunicación.

 

Y obviamente tener unas buenas habilidades comunicativas y ser capaz de transmitir tus ideas y cavilaciones de forma efectiva, no es solo útil en tu entorno profesional. También te va a ayudar en tu vida personal. De hecho, una buena comunicadora lo es en todos los planos de su vida.

 

Formarte, el arte de formar.

 

La motivación como clave de la educación

Motivar a tus alumnas y alumnos es un big deal, un asunto complicado, tengan la edad que tengan. Pero, la motivación es un potente motor en la educación.

Sabes de lo que te hablamos: cuando algo te motiva, le pones ganas, estás activa, te implicas, pruebas, buscas, piensas… TODO. En cambio, si te enfrentas a algo sin ganas, vas a hacerlo por cumplir pero sin poner toda la carne en el asador. Desaprovechas la oportunidad porque realmente es algo que no te mueve ni te ilusiona.

 

Tus alumnas y alumnos no iban a ser menos. Para querer aprender hay que estar motivado. Sin motivación, tu clase es solo otro bloque de tiempo que tus estudiantes tienen que sufrir.

No nos engañemos, la realidad que te encuentras en el aula muchas veces puede un poco desalentadora y motivar a los estudiantes es tarea complicada, tengan la edad que tengan.

Hay un sentimiento generalizado de desmotivación y seamos realistas: es preocupante.

Pero que adquieran esa motivación que les falta, sin ser sencillo, tampoco es imposible.Conseguir despertar el gusanillo por aprender es una de tus grandes misiones como profesora. No es fácil, pero sabemos que eres más que capaz de aceptar el reto y superarlo con creces.

 

Y te preguntarás… ¿Cuáles son los pasos para motivar?

 

Primero de todo y lo más importante. La motivación viene de amar lo que haces.

Este es el quid de la cuestión. Si no amas lo que haces, no conseguirás que las niñas y niños conecten contigo y menos que estén motivados.

Por lo tanto.. primer paso: AMA LO QUE HACES.

 

Esto se aplica a todo en la vida. Conseguir tener éxito en cualquier cosa que emprendas exige que ames hacer lo que estás haciendo. Si no sientes esa pasión y no te gusta la idea de hacerlo, déjalo antes de perder tu tiempo y el de tus alumnos.

La pasión es como una energía que se transmite de forma intrínseca. Es mucho más fácil conectar con alguien que desprende esta energía y si consigues que tus alumnos conecten ya tienes un gran trecho del camino.

 

Si la pasión es la clave, entonces divertirse es la forma de activar esa pasión.

Es necesario saber atraer la atención de tus alumnas y alumnos mediante el uso de técnicas innovadoras y clases animadas y memorables. Además de saber reconocer que distintos alumnos están motivados por cosas diferentes. Educar es una tarea seria e importante pero no es incompatible con divertirse en el aula y encontrar un equilibrio entre el plan académico y ser creativo e innovador.

Pero no solo se trata de salir del método tradicional de: leemos el libro, yo os explico el tema, os pongo ejercicios, los hacéis, corregimos, os mando deberes y hasta el próximo día

Bromea en clase. Invéntate canciones para aprender algo. Habla un poco de ti. Pregunta qué hicieron durante el fin de semana e interésate por sus aficiones. Sonríe mucho. Haz un blog para crear recursos fuera de clase o para mantener a los padres informados de qué hacéis en clase. Haz que sea divertido y que tus alumnos tengan ganas de que llegue tu clase.

Evidentemente no todo se limita a divertirse. Si quieres que tengan interés y ganas, haz preguntas e invita a tus estudiantes a participar, pensar, dialogar…Fomenta la participación activa no te limites a preguntas de conocimiento, ve un poco más allá.

Plantéales problemas o situaciones de la vida cotidiana relacionadas con el tema para que debatan, analicen y se expresen.

 

Recuerdo que en primero de bachillerato una de mis asignaturas favoritas era filosofía y eso que el temario ni fu ni fa. Pero tuve un profesor que en cada clase, nos planteaba situaciones de la vida real que estuvieran relacionadas con el tema y que fueran muy susceptibles a debate.  Era súper interesante porque todos nos implicábamos dando nuestra opinión y él se las ingeniaba para rebatirnos y hacernos dudar. No solo aprendimos conceptos de filosofía sino que también aprendimos a argumentar mucho mejor, a tener más seguridad en nuestras creencias y a aceptar cuando estábamos equivocados.

 

La clave de estas preguntas era que nos provocaba para que pensáramos de forma diferente y eso despertaba nuestra curiosidad. Y la curiosidad es un componente importante de la motivación. Cuando los estudiantes quieren aprender más sobre un tema, abordan tareas desafiantes para satisfacer esa curiosidad.

 

Y de esto pasamos a otro punto vital para que exista esa motivación: que todo aprendizaje tenga un propósito y que tus estudiantes sean conscientes de cuál es. Conseguir que comprendan para qué necesitan esos conocimientos o qué utilidad tendrá en su futuro.

 

Y obviamente también debes mantener tu motivación y curiosidad y para ello, no hay nada como continuar aprendiendo. Ser docente es una profesión de aprendizaje continuo. De tus experiencias en clase, de tus alumnos pero también de técnicas y estrategias para educar de la mejor manera. Lee libros, estudios y ves a conferencias sobre enseñanza, sobre tu asignatura en particular, sobre desarrollo personal, sobre arte, sobre productividad, sobre motivación… Hay tantas áreas que pueden aplicarse en el mundo educativo… ¡que no tiene fin!

 

Aprender es algo maravilloso.

Incita a tus alumnos a querer aprender pero no dejes de hacerlo tú.

 

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

La importancia de las Soft Skills en la docencia

Las habilidades imprescindibles para los maestros hoy en día son bastante diferentes que las de hace treinta años. Y nada tienen que ver si echamos la vista unas cuantas décadas más atrás. No significa que los profesores de antaño no tuvieran esas habilidades o que no fueran importantes, simplemente que pasaban desapercibidas y no se les daba la importancia que se merecen.

Muy lejos quedan esos tiempos en que dominar una asignatura era suficiente para ser un profesor cualificado. Hoy en día se requiere una clase diferente de maestras y maestros.

Se necesita mucho más que experiencia en un campo académico para ser una buena maestra, especialmente si quieres marcar la diferencia en tus alumnos y dejar huella.

 

El conocimiento es importante, pero las educadoras de hoy en día también tienen que poseer las llamadas soft skills, para desempeñar una labor docente efectiva.

Probablemente habrás escuchado hablar de soft skills en algún momento, pero si no tienes el concepto en mente en estos momentos, vamos a explorarlo un poco.

Las soft skills son competencias conductuales que forman parte de las denominadas competencias interpersonales entre las que se encuentran elementos como la capacidad de autonomía, liderazgo, coherencia, interés, integridad, capacidad de atención y escucha, autorregulación y proactividad. Están directamente relacionadas con la inteligencia emocional.

 

Tiene gracia, ¿no? Que se las llame SOFT SKILLS, literalmente habilidades BLANDAS. Precisamente son las soft skills las que marcan la diferencia y te dan valor como un buen docente. (y quien dice docente dice profesional. Tanto valen para educación como para cualquier otra profesión). Es muy necesario saber comunicar correctamente, saber dirigir a los alumnos de forma efectiva, ser capaz de mediar y solucionar conflictos, saber motivar y realizar una escucha activa….y todas aquellas competencias que te permiten realizar una labor mucho más consciente, coherente y equilibrada.

 

Para nosotros los mejores maestros son aquellos que son muy humanos a la vez que profesionales. Que están centrados en la materia sí, pero también en el estudiante.

¿De qué sirve que alguien tenga mucho conocimiento, en matemáticas por ejemplo, si no es capaz de estimular a sus alumnos y motivarlos a querer aprender? Probablemente un % de la clase aprenda el temario pero ¿qué sucederá con los demás? Que simplemente van a dar las matemáticas como perdidas y le van a poner una cruz. Pensarán que no sirven y que no es lo suyo. Y quizás aquí terminará su relación con ellas porque año tras año arrastrarán esta creencia.

 

Suena negativo y deprimente pero… ¿no es esto lo que pasa muchas veces con las asignaturas más difíciles de roer? Las mates tienen mala fama de por si y estamos seguros que, gran parte del problema es no haber sabido motivar a los alumnos a cogerlas con ganas y ayudarles a que crean en su potencial y capacidad.

 

Un docente cualificado tiene que poder combinar a la perfección rasgos positivos de personalidad, conocimiento del contenido y habilidad pedagógica. Es más, también tiene que ser capaz de empatizar y comprender a sus estudiantes y sus necesidades de aprendizaje.

Cuando se educa es esencial involucrarse y poder conectar con los alumnos. Y para ello hay que ser capaz de dominar las soft skills. 

¿La parte positiva? Que probablemente ya tengas muchas de estas habilidades y solo te falte potenciarlas. Hay muchas maneras de desarrollar las soft skills y no solo sirven para tu vida profesional, sino que te serán de gran ayuda en tu vida personal.

 

¿Quieres marcar la diferencia?  DESTACA EN TUS SOFT SKILLS.

 

FormArte, el arte de formar.

 

 

 

Cómo poner en práctica la flexibilidad

Hace unos cuantos posts te hablamos de la flexibilidad y de por qué era importante incluir esta habilidad en tu mochila.

Ser capaz de ir con el flow y tener un pensamiento flexible es necesario para hacer frente a los cambios inevitables de la vida. Te ayudará a adaptarte más fácilmente a nuevas circunstancias, retos y situaciones tal como surgen.
Vivir sin flexibilidad en tu forma de actuar y ver el mundo, te deja con una desventaja importante.

 

Evidentemente, para la mayoría de nosotros, esto es mucho más fácil de decir que de hacer, sobre todo para aquellas personas que tienden a “quedarse atrapados” en determinados pensamientos y patrones de comportamiento. Y, como seguro sabrás a través de tus experiencias, intentarlo controlar todo no funciona a largo plazo.

El poder real proviene de la flexibilidad, no de la rigidez.

Ya te contamos qué significaba ser más flexible y por qué valía la pena serlo. Pero supongo que te habrá surgido la gran duda: ¿Cómo diantres ser más flexible?

Te vamos a ayudar con algunas reflexiones al respecto peeeero antes de ponernos al lío, no olvides que la flexibilidad es una MENTALIDAD, por lo que estas prácticas que te contaremos, debes incorporarlas de forma consciente en el run run de tu mente.

 

Primero de todo algo muy evidente: no tienes el control de muchas cosas, sólo puedes ver sus resultados.

Y aquí podemos hablar tanto del tiempo, como de las decisiones que toman otras personas. Muchas situaciones que pueden hacer que te agobies y estreses, es resultado de lo que otras personas hacen o de hechos que no puedes controlar tú misma.

Depende del caso, puedes influir hasta cierto punto pero no olvides que no puedes controlar lo que hacen los demás y que tampoco sabes exactamente qué está pasando desde su perspectiva.

Cuando se trata de acciones que llevan a cabo otras personas, intenta empatizar con ellas, evitando juzgarles. No sabes qué está pasando desde su perspectiva ni porqué actúan de la forma en que lo hacen. Haz aquello que tú consideres más adecuado siempre, pero sabiendo que no tiene porque salir como esperas.

 

Y cuando se trate de hechos externos en los que ni pinchas ni cortas, simplemente acéptalos. Dale una vuelta e intenta encontrar la parte positiva o tenlo en cuenta para futuras ocasiones. De todo se puede aprender, pero una ha de querer hacerlo.

 

Muchas veces tendemos a tener una visión túnel cuando se trata de cosas que nos proponemos lograr o que queremos que vayan de una forma determinada.

Nos volvemos más tozudas que una mula.
Ser tozuda no es un defecto porque te permite llegar lejos y esforzarte al 200%. No obstante, puede irte en contra cuando no consideras otras opciones y te dejas cegar por ese objetivo/pensamiento/idea sin mirar más allá.

Si no puedes adaptarte al mundo que te rodea, caput. Si por ejemplo, un restaurante, por muy top que sea y por muchos años que lleve triunfando, si no se adapta ofreciendo platos para celíacos, vegetarianos o veganos, va a cerrarse a un sector de la población que va a la alza. No es el mejor enfoque de negocio, ¿verdad?

 

Sal de tus metas y objetivos para reflexionar detenidamente, de vez en cuando. Sopesa si vale la pena perseguir esa idea y si te está compensando. Cuando estás envuelta en algo importante puede ser muy difícil ser objetiva.

Los cambios están bien.

 

Está bien salirse de tus pautas y esquemas algunas veces.

Cambiar tus acciones, hacer algo que no entraba en tus planes e improvisar.

No constantemente y no para todo. Necesitas un plan y más opositando.

Peeeero, hacer cosas distintas, permitirte un poco de naturalidad e improvisación, te ayudará a tener más flexibilidad. (Y a sentir más emociones, ¡ya de paso!)

Según tu grado de rigidez esto será más fácil o más difícil. Las personas perfeccionistas tienden a tener más control y les cuesta mucho salirse de la rutina. Si es tu caso, intenta empezar por cosas pequeñitas. Por ejemplo cambiando algún hábito algún día.

 

Si siempre haces algo de la misma manera o a la misma hora, intenta no hacerlo alguna vez. Pongamos por ejemplo el desayuno. Cada día desayunas las mismas tostadas con tomate y queso y no hay quien consiga sacarte de ahí.

Oblígate a cambiar el menú algún día. O sal a desayunar fuera como premio por tu esfuerzo estudiando.

 

Parece una tontería, algo muy pequeño, sin embargo, para una persona muy perfeccionista y esquemática puede ser todo un hito. Además, todo empieza con un paso, ¿no?

 

Pero no todo son acciones y hábitos.

A veces parece que cambiar de opinión o de rumbo es una señal de debilidad y que para ir bien en la vida tenemos que tenerlo todo clarísimo desde el minuto 1.

Olvídate de ello.

Cambiar es positivo siempre que lo hagas a conciencia, convencida y que lo hagas por ti. Es crecer y, no olvides que las personas estamos en constante evolución.

 

Además, frecuentemente, los pensamientos y sentimientos no duran, son transitorios. Llegan, calan un poco y se van. La forma en cómo te estás sintiendo ahora no es permanente.

Por ejemplo, si los primeros días como profe te sientes nerviosa e insegura, ¡no pasa nada. es totalmente normal! Estos sentimientos no durarán siempre. Dentro de ti sabes que con el tiempo y la práctica ganarás confianza y te sentirás como pez en el agua.

Por lo tanto, no olvides que todo es pasajero y que si tus sentimientos cambian, tu opinión y tu rumbo, también pueden hacerlo. .

 Ser capaz de adaptarse a las circunstancias es clave para afrontar las oposiciones, una profesión o el día a día. Para crecer y avanzar necesitas tener la mente abierta.

 

Pero no olvides que no es algo que se aprenda de un día para otro. Requiere esfuerzo y perseverancia. Aunque a veces no seas capaz de salirte de tus esquemas, no te machaques, lo harás mejor la próxima vez. Simplemente inténtalo con todas tus fuerzas.

 

FormArte, el arte de formar.

Necesitas dormir bien para opositar.

A medida que se acerca la fecha del examen las horas de estudio, igual que los nervios, aumentan.

Probablemente estés en este punto de: oh dios mio, que esto ya está aquí..

 

Y quizás, has decidido suprimir ese día libre que te habías marcado y sacrificarlo a favor de dedicar más horas delante de los apuntes. Y puestos a sacrificar, quizás has decidido que puedes quitarte también un par de horas de sueño y forzar un poco más la máquina.

 

Es totalmente comprensible llegar a estas conclusiones y empezar a hacer cambios drásticos pero….

¡CUIDADO!

 

Descansar bien es una garantía para rendir adecuadamente. Es tan importante el tiempo de estudio como el que destinamos a descansar. Las jornadas extenuantes de estudio y trabajo, sin un descanso adecuado entre ellas o incluso en una misma jornada, no van a llevarte al éxito, más bien lo único que van a hacer es que tu rendimiento baje de forma dramática.

Dormir es imprescindible para mejorar la memoria y el aprendizaje.

¿Por qué?

Porque dormir bien te permite aprovechar al máximo del día siguiente y además que puedas consolidar lo que has hecho durante el día anterior. Si no duermes suficiente, es muy difícil aprender cosas nuevas ya que no se ha producido una limpieza de las conexiones sinápticas de tus neuronas.

Hablando en plata, tu cerebro se renueva y rejuvenece cada noche durante la fase REM del sueño. Para llegar a esta fase hay que dormir, al menos, entre hora y media – dos horas y seguir. Si no llegas a esta fase, tu cuerpo se desgastará y difícilmente serás capaz de concentrarte.

 

Por lo tanto, ¡NADA DE SALTARSE A LA BRAVA EL MOMENTO DE DESCANSO!

 

Sin embargo, quizás a estas alturas, los nervios empiecen a hacer mella en ti y eso afecte a tu descanso por mucho que no quieras.

¿Repasamos algunos tips para dormir mejor y poder afrontar las jornadas de estudio con energía?

 

Mantenerse sincronizada con el ciclo natural de sueño – vigila de tu cuerpo.

Sincronizarse con el ciclo natural o ritmo circadiano es una de las estrategias más importantes para dormir mejor. Si mantienes un horario regular de sueño – vigilia , te sentirás más renovada.
Intenta ir a dormir y levantarte a la misma hora todos los días. Ves a la cama cuando estés cansada por mucho que te apetezca ver un capítulo más.

 

Controla la exposición a la luz.

La melatonina es una hormona natural controlada por la exposición a la luz que ayuda a regular el ciclo sueño-vigilia. Tu cerebro segrega más melatonina cuando es oscuro facilitando el sueño y menos cuando hay luz, facilitando el estado de alerta. No obstante, hay muchos aspectos de tu vida que pueden alterar esta producción natural de melatonina  y cambiar el ritmo circadiano.

Es importante que durante el día te expongas a la luz, ya sea estando un ratito al sol o estudiando con luz natural. En cambio, por la noche evita pantallas luminosas un par de horas antes de acostarte, duerme totalmente a oscuras y, si te levantas por la noche, evita encender todas las luces.

 

Muévete.

Las personas que suelen hacer deporte o ejercicio regularmente duermen mejor por la noche y se sienten menos cansados durante el día. El ejercicio regular también mejora los síntomas de insomnio y apnea del sueño. Además, hay investigaciones que han demostrado que aumenta el tiempo de la fase REM del sueño.

Como más intenso sea el ejercicio, mejor será el sueño pero aún así, hacer ejercicio ligero como caminar 15 minutos al día también mejora su calidad.

¡Eso sí! El ejercicio mejor por la mañana o tarde y no antes de acostarte. Si sólo puedes hacerlo al final del día, intenta que sean ejercicios más relajantes o de bajo impacto como el yoga.

 

Como siempre, la alimentación es importante.

Los hábitos alimenticios durante el día tienen un papel importante en la forma de dormir y descansar, sobre todo antes de ir a la cama. No te diremos nada que no sepas pero, mejor darle un repaso. Solo por si acaso.

  • Si hay dos estimulantes que debemos limitar son: la cafeína y la nicotina.
  • Evita las cenas muy copiosas y ricas en ultraprocesados e intenta cenar dos horas antes de irte a dormir para hacer una buena digestión.
  • Evita el alcohol y beber mucho líquido por la noche (si te tienes que levantar 20 veces durante la noche, descansar bien va a ser misión imposible).

 

Mejora tu entorno

Una rutina pacífica antes de decir a dormir, envía a tu cerebro la señal de que ha llegado el momento de cerrar el chiringuito. Además de algunos consejos prácticos para facilitar el descanso:

  • Mantener tu habitación fresca, a oscuras y sin ruido (dentro de lo posible). Si es necesario puedes usar antifaces o tapones para los oídos.
  • Evita, a toda costa, trabajar, ver la televisión, usar el ordenador o comer en la cama.
  • Cama cómoda.

 

Pa fuera lo malo.

El estrés y la preocupación no son muy amigos del sueño, por no decir directamente que son dos de sus grandes enemigos. Y en estos momentos, es normal que esté ahí dando por saco. Lo mejor que puedes hacer es buscar formas de gestionarlo. Ya sea usando técnicas de relajación, poniendo en marcha estrategias para afrontar las cosas de forma positiva o meditando.

 

FormArte, el arte de formar.